Ideas feministas de Nuestra América

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I.21 Marysa Navarro, “El primer encuentro feminista de Latinoamérica y el Caribe”, 1982

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Marysa Navarro,[1] “El primer encuentro feminista de Latinoamérica y el Caribe”,[2]1982

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En el mes de julio de 1981, más de doscientas feministas latinoamericanas se reunieron en Bogotá para conocerse, intercambiar ideas y hacer proyectos para el futuro. Hasta ese momento, América Latina había permanecido aparentemente ajena al movimiento de liberación de la mujer. Si bien había grupos feministas en algunos países como México, Colombia o Brasil, no parecía existir un movimiento de proporciones continentales. Los hechos daban ostensiblemente la razón a aquellos o aquellas que veían al feminismo como un fenómeno característico de los países industrializados pero sin futuro en América Latina y a las feministas como pequeñas burguesas que se habían entusiasmado con una moda y no se daban cuenta de que “le habían el juego a los Estados Unidos”. Sin embargo, el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe demostró que contrariamente a muchas predicciones, también existe un movimiento feminista en América Latina que ha crecido apreciablemente en los últimos años y no es una moda, no lo ha sido nunca.

El encuentro se realizó en las afueras de Bogotá, en el Instituto Nacional de Estudios Sociales, una escuela para trabajadores rurales pertenecientes al CGT. Las condiciones ofrecidas por INES para la discusión, el trabajo así como el esparcimiento, no podían ser mejores. Es un edificio moderno, de planta cuadrada, con un patio central lleno de flores rodeado de oficinas, un enorme salón de actos y un amplio comedor, y de costado, salas de clase y cómodos dormitorios. Para la llegada de las participantes, el patio estaba engalanado con grandes banderas moradas de bienvenida y desde el primer día, las paredes se fueron llegando de carteles: uno grande detallando las condiciones de la mujer en Chile bajo la dictadura de Pinochet; un mapa de América Latina que se fue cubriendo de nombres de representaciones (un total de cuarenta) y muchos otros ofreciendo información sobre grupos y actividades en cada país. Además, quien sentía la necesidad de expresar su pensamiento, conseguía un gran pedazo de papel, lápiz de color, escribía lo que quería y lo pegaba a la pared. Así lo hizo alguien: “hemos borrado las fronteras recorriendo nuestros caminos, atravesando el mar, colando, para reencontrarnos aquí en la solidaridad de mujeres que luchamos, no sintiéndonos extranjeras por nuestras diferentes nacionalidades, nuestras culturas, nuestras lenguas. Hemos logrado romper estos esquemas de pertenencia a un país, a un padre: lo que nos puede hacer sentir extranjeras es el Discurso!”.

A pesar de que todas las convidadas al encuentro no pudieron asistir al mismo, los siguientes países latinoamericanos estuvieron representados: México, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Curaçao, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, y Colombia, claro está. Casi todas las participantes viajaron desde sus países de origen, pero algunas exiliadas chilenas, vinieron de Canadá, Panamá, Estados Unidos e Italia y una estudiante mexicana lo hizo desde París. Cada una pagó sus gastos de viaje y una cuota de inscripción que cubría la comida y el alojamiento durante cuatro días: 50 dólares para las latinoamericanas y 80 par las demás. Si bien la reunión de Bogotá fue concebida desde un principio para mujeres latinoamericanas, se permitió la asistencia a dos mujeres del Canadá, tres de los Estados Unidos y una docena de Europa (españolas, italianas, francesas, suizas, holandesas y alemanas). La prensa colombiana anunció el comienzo del encuentro y después decidió ignóralo por completo. Sin embargo las siguientes publicaciones enviaron representantes: El Socialista (República Dominicana), fem (México), Dones en Luita (España), ISIS y Noi Donne (Italia), des femmes (Francia) y Ms. (Estados Unidos).

La planificación del encuentro estuvo a cargo de la Coordinadora de Bogotá, un grupo de feministas, algunas independientes y otras pertenecientes a grupos autónomos, creada con el propósito de llevar a cabo el proyecto de reunir por primera vez a las feministas latinoamericanas. El trabajo realizado por la Coordinadora fue realmente extraordinario pues implicó un esfuerzo continuo durante largos meses para buscar fondos, hallar un local, mandar publicidad al extranjero y preparar todos los detalles del encuentro en sí para que todo funcionara sin contratiempos.

Según la convocatoria enviada a diversas organizaciones de mujeres y anunciada en la Asamblea de la ONU en Copenhague, el objetivo del encuentro de Bogotá era “hacer una reunión de mujeres latinoamericanas, comprometidas en una práctica feminista, para intercambiar experiencias, opiniones, identificar problemas y evaluar las distintas prácticas desarrolladas, así como planear tareas y proyectos hacia el futuro”. Aunque la participación debía ser a “a título individual, esto no excluye a las delegadas de los grupos feministas autónomos. Las mujeres que allí (Bogotá) se encuentren tendrán una práctica feminista y en particular interés por avanzar en el proceso de organización y liberación de la mujer”.

En su origen, la iniciativa del encuentro surgió del grupo venezolano La Conjura, hace dos años. Según explica un miembro de la Coordinadora, las venezolanas “plantearon la posibilidad de que asumiéramos su preparación, por cuanto era más viable, por muchas razones, hacerlo en Colombia”. La definición del encuentro provocó desde un principio numerosas y acaloradas discusiones: Sin embargo, la tarea de prepararlo “fue emprendida con entusiasmo por la mujeres independientes y de grupo, tales como el Círculo de Mujeres, Mujeres en Lucha, El Grupo, entre otros, las mujeres del PSR y en menor medida y por poco tiempo las del PST”. Esto en Bogotá, pues en ese momento, el proyecto de un encuentro feminista era un compromiso de alcance nacional. El 19 y 20 de abril de 1980, se llevó a cabo una reunión en Sopó, Cundinamarca, para coordinar a los distintos grupos de todo el país. Allí se acordó que el encuentro se realizaría en diciembre de este año, que estaría abierto a feministas, que seria amplio y que el temario consistiría en los siguientes puntos: feminismo y lucha política; sexualidad y vida cotidiana; la mujer y el trabajo y la mujer, la comunicación y la cultura.

A pesar de esos acuerdos, la definición del encuentro no quedó claramente resuelta, y siguió produciendo malestar. Tanto es así que de hecho se fueron paralizando los preparativos. La Coordinadora de Cali, integrada en su mayoría por militantes de partido, decidió entonces llamar a una reunión nacional para resolver la situación. Antes de asistir a la misma, la Coordinadora de Bogotá se reunió el 7 de agosto y acordó propiciar un encuentro “de mujeres latinoamericanas comprometidas en una práctica feminista” y que las participantes en el mismo lo harían a título personal: Este compromiso se llamó “el acuerdo de la Candelaria” y fue apoyado por las tres militantes del PSR que en ese entonces pertenecían a la Coordinadora de Bogotá.

En la reunión de Cali, en la cual predominaron mujeres militantes de partido, se decidió que el encuentro estaría abierto a todas aquellas “comprometidas en la lucha por su liberación”. Además se votó que la representación no sería a título individual sino en base a organizaciones partidarias o grupos. Estas decisiones polarizaron las posiciones y produjeron una escisión irreparable entre las varias coordinadoras, pues la de Bogotá (menos las tres militantes del PSR) y la de Medellín rehusaron aceptar los acuerdos de Cali y llevaron a recriminaciones y acusaciones de parte y otra. En octubre, la Coordinadora de Cali llamó a otra reunión nacional a la que solo asistieron representantes de Cali, Sincelejo, Barranquilla y Cartagena y en la que se decidió postergar el encuentro por no tener estos grupos las condiciones necesarias para llevarlo a cabo. Mientras tanto, la Coordinadora de Bogotá decidió continuar preparando un encuentro tal como había sido aprobado en el acuerdo de la Candelaria y organizarlo para julio de 1981, del 16 al 19.

Cuando llegó el momento del encuentro, los ánimos de las colombianas no se habían calmado. Al contrario, pues un grupo de militantes quiso inscribirse para participar en la reunión pero la Coordinadora no la aceptó, dándoles razones poco convincentes Aunque se reavivaron las divisiones, las militantes se presentaron de todos modos al encuentro. Durante la primera mañana se oyeron las dos versiones del conflicto y por lo tanto las denuncias por ambos lados, pero prevaleció el espíritu de conciliación, el cual por otra parte no dejo de imperar durante los cuatro días pues hubo una voluntad expresa en todas las participantes de explicar, compartir, escuchar y aprender, dejando de lado sectarismo y prejuicios.

El encuentro empezó con presentaciones de las distintas delegaciones (aparte de la colombiana, la más numerosa era la de República Dominicana, 16 personas) y con informes sobre el movimiento feminista en cada uno de los países representados. El segundo y tercer día las participantes se dividieron en comisiones para discutir el temario acordado, y volvieron a reunirse en sesión plenaria el último día. En alguna ocasión, las comisiones terminaron antes de lo establecido para que las participantes pudieran ver películas de corto metraje y audiovisuales, realizados por feministas mejicanas, ecuatorianas, colombianas y venezolanas. En el patio, a la espera del almuerzo o la cena, continuaban las discusiones, se podía adquirir material exhibido en una mesa, y entre improvisadas sesiones de canto y baile, se entablaban o fortalecían amistades.

La extraordinaria atmósfera de compañerismo y alegría que prevaleció durante los cuatro días no impidió que el debate de los temas fuera a veces acalorado. No podía ser de otro modo pues si bien lo que unía a todas las participantes era el trabajar en organizaciones de mujeres y para mujeres, esto no quiere decir que todas concibieran el feminismo de la misma manera o tuvieran el mismo compromiso con él. Venían además con experiencias personales muy distintas, de países que si bien comparten ciertas características comunes también tienen diferencias políticas, económicas, culturales y raciales entre ellos, así como las tienen en sus relaciones de dependencia con los Estados Unidos. La mayor parte se había iniciado en la actividad política, a través de un compromiso con partidos políticos de izquierda. Algunas habían abandonado la militancia en un partido para dedicarse de lleno al feminismo […]. Algunas habían pasado temporadas de estudio o de turismo en los Estados Unidos o Europa y estaban en contacto con feministas de esos países desde hacia años. Muchas salían por primera vez de su país, no habían asistido en su vida a una reunión de feministas y no habían hablado nunca con lesbianas.

La comisión que suscitó mayores discusiones fue la de feminismo y lucha política. En ésta, se decidió dejar de lado las ponencias preparadas y discutir una serie de temas tales como la autonomía del movimiento feminista, la doble militancia, cómo ampliar y fortalecer la participación de mujeres de los sectores populares y de clase media, feminismo e imperialismo y el lesbianismo como opción política. Este temario ambicioso no fue seguido punto por punto pero a pesar de que la discusión tuvo momentos de caos, se fueron planteando dos posiciones, ya clásicas por otra parte con algunas variantes son adoptadas por feministas en otras regiones. El punto de partida de la primera posición era que la mujer sufre una opresión específica y que por lo tanto tiene reivindicaciones concretas tales como la doble jornada de trabajo, la igualdad de salario, el derecho al trabajo, al aborto, a la maternidad libre y voluntaria, al control de su cuerpo, etc., etc. Estas reivindicaciones no han sido contempladas y no pueden ser resueltas ni por el capitalismo, ni por el socialismo de por sí y así lo demuestran los hecho tanto en los países capitalistas como en los socialistas. De allí que las mujeres tengan que crear un movimiento, el feminismo, para plantear sus reivindicaciones a través de una lucha política específica que vaya de lo socioeconómico hasta lo cultural. El feminismo es un cambio revolucionario que representa la primera alternativa de cambio integral ya que puede llevar a la transformación de las actuales relaciones de poder y dominación entre sexos, clases, razas y naciones.

Para las que defendían esta posición, su experiencia les había demostrado que militar en un partido político y en el feminismo, si bien teóricamente posible, presenta problemas prácticos imposibles de resolver por las estructuras y los valores machistas de los partidos y de sus integrantes masculinos. La única alternativa viable es crear organizaciones autónomas, es decir, grupos de mujeres independientes de partidos o sindicatos. Para algunas participantes, la existencia de grupos autónomos de mujeres no implicaba que en ciertas circunstancias no se pudieran establecer alianzas o cooperar con partidos de izquierda, mientras que para otras este tipo de colaboración no era viable, por lo menos ahora.

La segunda posición adoptada concordaba con el planteo de que la mujer sufre una opresión específica, que su reivindicaciones no han sido resueltas por el socialismo y que las feministas de doble militancia enfrentan dificultades reales. Pero no coincidía con que el feminismo pudiera ser un proyecto de cambio integral, con la necesidad de crear grupos feministas autónomos independientes de los partidos políticos, como tampoco con la idea de que los problemas de la doble militancia no pueden ser solucionados. De hecho, para las defensoras de esta posición, la doble militancia no era solamente viable, sino que es deseable pues la única manera de liberar no sólo la muerte sin la clase obrera y todos los sectores más explotados de la sociedad. Además, esta estrategia representa una ventaja para el feminismo pues le permite tener mayor acceso a los sectores populares y así contar con una base de acción más amplia.

Lo más notable de esta discusión es que tuvo lugar; el debate de la comisión de feminismo y lucha política fue entre militantes dentro y fuera de partidos. Significa que se ha producido un cambio apreciable en el tradicional enfrentamiento entre militantes de partido y feministas. A pesar de los desacuerdos, se dieron varias coincidencias y esto no puede dejar de representar un avance importante. El encuentro de Bogotá marca indudablemente un hito en la historia del feminismo latinoamericano pues reveló este cambio cualitativo. Dejó además claramente establecido que la oposición de los partidos al feminismo se ha resquebrajado ante la lucha llevada a cabo por las feministas y que el movimiento ya no está compuesto por grupúsculos aislados sino que tiene dimensión continental.

En términos generales, cuando las feministas discuten de política, aparecen otras posiciones además de las mencionadas. Por un lado, están por ejemplo las que defienden la posibilidad de llevar a cabo conquistas políticas sin la necesidad de plantear el cambio de estabilidad, de llevar a cabo conquistas políticas sin la necesidad de plantear el cambio de estructuras o las que buscan ante todo la transformación de las estructuras de la personalidad o las que propician un replanteo de la cultura. En Bogotá, estas posiciones no estuvieron ausentes entre las mujeres latinoamericanas pero no tuvieron portavoces en la comisión de política. Las que compartían estos enfoques eran pocas y aún así concordaban con las demás en que el feminismo en Latinoamérica debe estar insertado en la realidad política y social del continente. Las condiciones históricas, socioeconómicas y políticas de América Latina exigen que el feminismo forme parte de la lucha antiimperialista. En lo concreto, debe centrar su lucha en los problemas enfrentados por la población femenina en lo que atañe a su salud, educación, discriminación y la violencia que sufre en el trabajo o en la falta de preparación para el mismo, a su sexualidad, a sus condiciones de vida, a la manipulación que hacen de ella los programas de desarrollo, etc., etc. El denominador común de las feministas que asistieron al encuentro es el convencimiento de que el feminismo latinoamericano debe estar comprometido con los cambios sociales profundos y debe dirigir sus actividades a las mujeres de los sectores más oprimidos. Sus componentes liberales o reformistas son reducidos. Tanto es así que algunas participantes recalcaron la necesidad de establecer contactos con mujeres de clase media para crear un movimiento feminista amplio en el que tengan cabida tanto las reformistas como las mujeres de posiciones más radicales porque los frentes de lucha son múltiples. Si en algún país como Venezuela el movimiento tienen grupos profesionales como la Federación Venezolana de Abogadas que se han movilizado para reformar el Código Civil, en su gran mayoría, el feminismo en América Latina se diferencia de los otros movimientos de liberación de la mujer por la ausencia de reformismo en sus planteos. Esto se debe al hecho de que las feministas latinoamericanas no han traspuesto indiscriminadamente conceptos, planteos o problemáticas, sino que los han adaptado a las condiciones específicas en que vive la gran mayoría de las mujeres en este continente.

Las organizaciones que se han ido creando en estos últimos años son de varios tipos. Algunas son centros de crisis como CAMVAC, Centro de Apoyo a Mujeres Violadas, Asociación Civil, que funciona en la ciudad de México. Fue creado en 1980 para investigar y difundir información sobre el problema de la violación en México, crear conciencia en la población –especialmente en las mujeres- de la necesidad de enfrentar el mismo y proporcionar servicios de apoyo (médico, psicológico y legal) a mujeres que han sido violadas. Así mismo, CAMVAC funciona como centro para mujeres que han sido maltratadas y en este sentido es semejante al que existe en Sao Paulo, SOS Mulher, y al Centro de los Derechos de la Mujer creado en Belo Horizonte en 1980, a raíz del asesinato de dos mujeres por sus maridos. También en Puerto Rico hay centros de este tipo, el Centro de Ayuda a Víctimas de la Violación, la Casa para Mujeres Maltratadas y además un Taller de Salud donde se proporciona información a mujeres sobre sexualidad, se hacen demostraciones de autoayuda y se denuncian problemas como la esterilización forzada.

Otros grupos, como el Centro para Mujeres Flora Tristán, buscan organizar a las mujeres limeñas “e impulsarlas a tomar conciencia de su opresión y a luchar por sus reivindicaciones. Eso se logra a través de acciones permanentes: de jornadas, de talleres de discusión, de elaboración de materiales didácticos, publicación de separadas, etc. y a través de la implementación de algunos servicios: Servicio de documentación y biblioteca; Servicio de asesoría Legal para Mujeres”. La Conjura, un grupo de Caracas fundado en 1978, está constituido por estudiantes, empleadas profesionales, amas de casa, etc. Y tiene como propósito fundamental la difusión del feminismo a través de una revista, de artículos publicados en la prensa venezolana, afiches, piezas teatrales, foros, conferencias y seminarios. “Igualmente el grupo apoya todas las actividades que tiendan a mejorar las condiciones de vida de la mujer venezolana, tales como: reforma al Código Civil y Penal, legislación de ida de la mujer venezolana, tales como: reforma al Código Civil y Penal, legislación del aborto, reconocimiento del valor del trabajo doméstico, obligatoriedad de la instalación de guarderías infantiles, cese a las violaciones, etc. Desde 1969, en México funciona CIDHAL (Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina) un centro de documentación con material publicado en todas las partes del mundo sobre mujeres.

Hay también grupos que producen revistas tales como Cuéntame tu vida en Cali; Herejías, publicación de mujeres latinoamericanas que viven en París; Una mujer cualquiera, “Boletín Lunático” publicado por La Conjura y en México fem y La Revuelta, revista ésta fundada por un colectivo de mujeres “hartas de que escriban sobre nosotras, ahora escribiremos de y para nosotras. Y hemos tomado la palabra y nos expresamos. Nuestra voz significa una rebelión contra el discurso masculino impuesto […] estamos todavía en la fase de toma de conciencia de nuestra colonización cultural: buscar el camino hacia la descolonización representa una de las principales tareas. Queremos reivindicar nuestras formas de expresión, revalorizar nuestra espontaneidad ya consciente que no cabe dentro de las categorías reconocidas”. Otros grupos forman colectivos de cine, como Cine-Mujer, creado en México en 1974. En la actualidad trabajan en él seis mujeres que han hecho varias películas, tres de las cuales fueron llevadas al encuentro de Bogotá, una sobre aborto, otra sobre violación y la última sobre trabajo doméstico. El Grupo Feminista Miércoles de Venezuela es también un colectivo de cine que ha hecho un documental sobre alfareras del Táchira, titulado “Yo, tú, Ismelina”.

Hay también otros tipos de grupos como la Unión de Mujeres Trabajadoras de Ecuador, fundada en 1978 que aúna obreras y campesinas o el Centro de la Mujer que trabaja con mujeres de los barrios marginales de Guayaquil, organizando guarderías infantiles y apoyando la lucha por la luz, agua corriente o pavimentación entre esas poblaciones. En México, CASED, Colectivo de Acción Solidaria con Empleadas Doméstica, asesora a las empleadas domésticas que quieran acreditar su instrucción primaria y les proporciona ayuda para analizar críticamente su realidad. En la República Dominicana hay grupos que trabajan con mujeres del campo y otros como CIPAF (Centro de Instrucción para la Acción Femenina) que organizan talleres, hacen investigaciones y elaboran materiales didácticos para escuelas y organizaciones de mujeres.

El último día del encuentro, las participantes se reunieron en una sesión plenaria durante la cual se leyeron informes y resoluciones de las distintas comisiones. En la de Sexualidad, por ejemplo hubo dieciocho ponencias, algunas escritas y otras en forma de audiovisuales. Los temas principales discutidos fueron: liberación sexual, lesbianismo, el placer sexual, reproducción, maternidad, contracepción, violación y aborto. Una de las sesiones se transformó en un taller de autoayuda, en el cual se hizo una demostración del uso del espéculo. Entre las recomendaciones presentadas a la sesión plenaria cabe mencionar la necesidad de impulsar la creación de centros de prevención y de ayuda a mujeres violadas y la de centros de autoconocimiento y autoayuda. Además, la propuesta de organizar actos en toda América Latina contra la violencia que sufre la mujer se concretó en la decisión de declarar el 25 de noviembre el Día Internacional de la NO Violencia contra la Mujer. Esa fecha fue adoptada en memoria de tres mujeres dominicanas, Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, asesinadas en 1960 durante la dictadura de Rafael Trujillo.

Entre las numerosas resoluciones presentadas en la asamblea plenaria vale la pena mencionar: el pedido de igual salario por igual trabajo sin distinción de sexo; la maternidad libre y sin perdida de empleo, el establecimiento de guarderías infantiles; el libre acceso a la preparación y capacitación sin distinción de sexo; la denuncia de la doble jornada, el desconocimiento del trabajo doméstico como trabajo; el repudio de la práctica implantada por el gobierno chileno actual del contrato a 28 días, la pérdida del fuero maternal y el aumento de las causas de despido para la mujer; el apoyo a las madres de la Plaza de Mayo en la búsqueda de su hijos desaparecidos; la necesidad de construir una estética feminista, de buscar un lenguaje para crear una literatura por mujeres, para mujeres y criticada por mujeres; la denuncia de la literatura infantil por su refuerzo de los roles sexuales; de denuncia de la violación que se ejerce contra las mujeres a través del aborto, la violación, los golpes, la falta de condiciones materiales en los hospitales para la maternidad; la prostitución, la tortura y el derecho al trabajo; la solidaridad con las mujeres de Haití, Paraguay, Uruguay y Honduras; la solidaridad con las mujeres nicaragüenses y su incorporación cada día más militante al proceso revolucionario, con sus demandas específicas; la lucha contra la intervención imperialista, directa o indirecta, militar o de cualquier tipo en nuestros países, por el cese de la represión y las torturas a todas las compañeras presas políticas que cumplen condenas en el continente y por su libertad inmediata. La última resolución, adoptada entre abrazos, lágrimas y vivas al feminismo fue acordar que el encuentro debía repetirse en dos años y se eligió Lima para la próxima reunión.


[1] Marysa Navarro es una historiadora nacida en Pamplona que ha acompañado el feminismo nuestroamericano desde los inicios de su etapa de liberación, participando con ideas, presencia y acciones en la mayoría de los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe. Se interesa en la historia del feminismo latinoamericano, así como en la historia de las mujeres en la América precolombina y colonial, impartiendo cátedra sobre ello en el departamento de Historia del Dartmouth College en New Hampshire, Estados Unidos. Autora del primer libro histórico sobre Eva Perón (Evita, editorial Planeta argentina, Buenos Aires 1997) ha analizado las condiciones e ideas de las mujeres en el peronismo.

[2] En Magdalena León (ed.) Sociedad, subordinación y feminismo. Debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe: Discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción, Vol. III, Asociación Colombiana para el Estudio de la Población, Bogotá, 1982, pp. 261-266.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 8:34 pm

4 comentarios

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  2. […] se conmemora el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer. Esto fue establecido en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia en el año […]

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