Ideas feministas de Nuestra América

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K.21 Julieta Paredes y María Galindo, “Cómo ser una IMILLA y no morir en el intento: racismo, clasismo, machismo y sexualidad”, 1999

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Julieta Paredes y María Galindo,[1] “Cómo ser una IMILLA y no morir en el intento: racismo, clasismo, machismo y sexualidad”, 1999*

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Desde bien changuita sabía que yo no era ninguna rubia, sin embargo, y cada vez que tenía algún problema con las chicas de mi colegio o en el barrio, el primer insulto que nos saltaba a la boca era el de imilla, era una de las armas contundentes que nos permitían, de verdad, lastimar a la “otra” y era un va y viene de palabras que las lanzábamos al azar: “hija de puta”, y vos “puta”, “no me vengas a hablar si tu madre es una chola”, “y la tuya acaso es una señorita, si tu madre es una birlocha, “y tú no sabes ni cocinar eres una marimacho” “y vos mirate, eres una gorda inflada con agua sucia”, y vos eres una… etc., etc.

Interminable sarta de babosadas que se iban asentando en nuestro inconsciente, en esa parte de nuestro ser que nos hace preguntarnos ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿por qué me dicen eso?

Reaccionar en forma positiva a una violencia racista y prejuiciosa que desde pequeñitas nos autoimpartimos es una tarea difícil, es una especie de terapia colectiva que nos tenemos que hacer, para poder entender las relaciones entre personas y las violencias entre personas.

Las niñas y niños son las primeras víctimas de esta violencia, la tele, la radio, además de imágenes visuales y auditivas ya violentas, imparten estereotipos de belleza, de ser humana y ser humano, el color de piel que es bonito, el mito de ser pronto grandes, fuertes, machos, estereotipos que las niñas y los niños se tienen  que tragar.

Las wawas son las que primero canalizan la miseria que las y los adultos destilamos en nuestra cotidianeidad repleta de prejuicios, intolerancias y autoritarismos, podemos escuchar bien rápido los frutos de nuestra basura cotidiana, los insultos que entre niñas y niños se dicen, las discriminaciones entre las/los que visten a la moda, las/los que no. “Mi papá trabaja en tal lado”, “mi mamá no es chola, la tuya sí” son los resultados de nuestra “educación”. No reciclamos en amor el odio, ni en solidaridad y respeto los prejuicios, ahí están las wawas que siguen los infames pasos de las y los adultos.

Cuando las niñas que nos hemos autoflagelado con insultos, empezamos a crecer, tenemos que confrontarnos con la formación de prejuicios en nuestras formas de pensar. Descubrimos al espejo que no somos ni parecidas a las señoritas de la publicidad, el cine o la tele, nos produce un choque que tiene sus primeras víctimas, las personas desclasadas, las que se blanquean la piel o se cambian el apellido.

Es en estos momentos cuando también se presenta un gran dilema: CÓMO SER UNA IMILLA Y NO MORIR EN EL INTENTO. En esta autoterapia el feminismo me ha ayudado increíblemente a amar mi cuerpo; me ha lavado de tanta porquería internalizada, reconocerme amable, querible, deseable; ha reconstituido la belleza del color de mi piel, mi tamaño, mi grosor, mi ser imilla morenita, bajita, gordita.

Y aquí me tienen, imilla, para las y los señoritos, y una birlocha para quienes son prejuiciosos-as aymaras.

Vivo mi existencia en libertad y eso molesta a quienes son normadores, a las y los que se creen dueños de la verdad y a las y los regentes de la moral y… a mí qué me importan todas y todos ellos.

            Yo soy una mujer libre.

birlochitas, chotitas, cholitas,

señoritas, gringuitas, todas

somos hermosas mujeres.

¡¡¡basta de racismo!!!

 

Mujeres, sociedad y sexualidad

 

1 Cuando insulto a otra mujer me insulto a mí misma, cuando alguien insulta a una mujer, me está insultando también a mí. ¿Por qué?

Fea, gorda, negra, plástica, sopilota, zopenca, cereca, flaca, asquerosa, hedionda, niña boba, arrastrada, puta, flauta, celosa, tirana, incesto, malcriada, pobretona, muerta de hambre, torpe, burra, vulgar, melosa, piojosa, cabeza hueca, liquirichi, loca, mocosa, huesito, interesada, hipócrita, opa, zombi, cholera, perra, estúpida, maricona, imilla, mamona, imbécil, india, mamani, chancha, sibarita, machista, burra, metiche, hueca, vaga, cochina, caballo, pesuña, jodida, pata chueca, potona.

Los insultos y las bromas pesadas que son las cosas que lanzamos en momentos de descuido, son una de las muestras más claras sobre la idea que tenemos de nosotras mismas, porque esa otra a quien desprecio y por lo cual la insulto no es más que un espejo de mí y de partes mías que desprecio, o de partes de ella que yo siento que no tengo o de partes de ella por las que yo me siento amenazada.

Esta lista de insultos que les presento es una selección hecha por Mujeres jóvenes sobre las bromas y cosas que se dicen entre ellas; los escritos que aparecen en las paredes corresponden también a baños de Mujeres donde son Mujeres las que están escribiendo sobre otras mujeres.

Revisando los insultos en su conjunto podemos ver que se dividen en grupos.

Primero en la fila está el grupo de insultos que hacen alusión a la relación de las Mujeres con los hombres como ser perra, puta, arrastrada, flauta, arrecha, fácil y demás. Con estos insultos las Mujeres expresan la rivalidad que tienen con otra mujer por el afecto y la atención de un hombre. Estos insultos por lo general no expresan simplemente celos, sino más profundamente están expresando el hecho de que somos nosotras mismas, las Mujeres y también las Mujeres jóvenes, quienes hemos aprendido de tal manera la lección de que condenar a una mujer es lo más efectivo para paralizarla. Hemos aprendido tan profundamente esa lección que ni por un instante nos permitimos identificarnos con esa otra como una igual.

La forma cómo nos aferramos a la relación con un varón es producto de las ideas tan profundamente enraizadas de que una mujer sin un hombre no es nada, de que nuestra vida tiene algún valor si somos queridas o valoradas por un hombre.

El segundo gran grupo de insultos hace a la apariencia física: gorda, negra, flaca, narigona, potona, todo es motivo para un insulto. Y es que la fijación en la apariencia física, cuando se trata de nosotras las Mujeres es prácticamente una obsesión, que nos ata y no nos deja ser libres. Como no somos capaces de apreciar la originalidad y la belleza de nuestros propios cuerpos y de nuestros rasgos fisonómicos, tampoco podemos apreciar los rasgos de ninguna otra. Necesitamos de los modelos que nos da la televisión para construir nuestro concepto de lo que es bello y a partir de este modelo, necesitamos fijarnos en el “defecto” de la otra para no sentirnos amenazadas.

El tercer grupo no menos doloroso y muy relacionado con el anterior es el que se refiere a los insultos racistas: imilla, chola, birlocha, india, son insultos que mezclan la apariencia física con el desprecio por el color de piel, los rasgos de la cara, la complexión del cuerpo de quienes no responden a un modelo de mujer blanca, tipo Barbie y las que no respondemos a ese modelo en este país somos la gran mayoría de las Mujeres, porque somos una sociedad de hermosas mujeres aymaras, quechuas y de los pueblos del oriente. Éstos no son insultos que únicamente salen de las blancotas, sino también por parte de las Mujeres morenas que se tiñen el cabello, que se ponen polvos, que se desesperan por blanquear su piel, por disimular sus rasgos. Tanto nos despreciamos a nosotras mismas que no podemos convivir con tanto autodesprecio, es entonces que necesitamos escupir, aunque sea un poco de ese desprecio, contra la otra, para sentirnos un poco menos imilla, menos chotas o menos birlochas. Esto nos destruye poco a poco, lentamente, cada día una dosis de veneno contra nosotras mismas, pero aparentemente botada hacia “esa otra mujer” a quien desprecio y la insulto.

Otro grupo importante de insultos son los que hacen a la condición de clase: pobretona, muerta de hambre, interesada, etc. Estos insultos refuerzan el hecho de que los modelos estéticos de lo que es bello, como también los morales de lo que es “ser buena”, son modelos que están expresando el sentir, el pensar y el ser de quienes en la sociedad están en una posición dominante, de quienes tienen poder y se constituyen en un modelo para imitar, en este caso la gente que tiene dinero. Pero nuevamente estos insultos no salen necesariamente de boca de quien tiene dinero, sino justamente de quien siendo pobre condena el hambre de su vecina de barrio. ¿No soy acaso yo también una muerta de hambre?

Hay una inmensa variedad de insultos que se pueden seguir clasificando en grupos, pero existen dos grupos más que me parecen muy interesantes, son los que hacen alusión a la higiene: sucia, hedionda, asquerosa, cochina; y los que hacen alusión a la inteligencia: burra, tonta, inútil, imbécil, etc. Estos dos últimos grupos son también veneno hiriente en el cual nadamos las Mujeres y puede un día ahogarnos. Los primeros en realidad no sólo recaen específicamente sobre el hábito de la higiene, sino que son frecuentemente una alusión velada a la sexualidad y al color de la piel. Y en cuanto a los segundos han sido tan poderosos que una inmensa cantidad de Mujeres hoy se sienten a sí mismas inútiles, tontas e incapaces de pensar por sí mismas.

Los insultos recaen sobre el cuerpo, porque nuestro cuerpo expresa lo que somos y por eso destruyéndolo, aunque sea con palabras, es la forma como las Mujeres vamos dando testimonio de que no nos amamos a nosotras mismas. Testimoniamos cada día cuánto nos despreciamos, cuánto nuestro trabajo cotidiano es embarrarnos el cuerpo de desprecio por no ser la blanca barbie, sintiéndonos tan sucias y a la vez tan inútiles por ser de otro color, de otro grosor y de otro tamaño.

Ante tanta autodestrucción, parece que hubiese una palabra mágica a la cual aspiramos como etiqueta para llevarla clavada en la frente y que esta palabrita nos libre de ser humilladas en la calle, el estudio, el trabajo, es la palabra “señorita”.

¿Qué joven mujer no se siente halagada de ser llamada “señorita”?

Esto de ser “señorita” quiere decir muchas cosas a la vez:

– ser una mujer disponible, es decir no ser una señora

– no ser india, ni cualquiera de sus descendencias, es decir de chotas o birlochas porque ésas no pueden ser llamadas “señoritas”, o sea que supuestamente nos “limpia” de nuestro origen

– es también una alusión al tipo de comportamiento que debemos tener, “modales de una señorita”, no hablar fuerte, no ser respondona, ser sumisa, ser pasiva, ser “femenina” en el modo de vestir, por ejemplo usar minis y carteras que son propias de las “señoritas”, estar a la moda, etc.

– “señorita” es además una palabra mágica que no tiene correlato para el varón, él es simplemente varón o joven  y con eso basta.

¿Y a esta altura, tú, amiga lectora, todavía te sientes halagada de ser llamada señorita?

2. Qué vivan las gordas, qué vivan las morenas, quiero ser mujer sin modelos a imitar

Constantemente la televisión a través de las telenovelas y de la publicidad nos presenta modelos de Mujeres que debemos imitar. Por lo menos el 50% de nuestro tiempo debe estar dirigido a querer ser otra. ¿Te imaginas cuánta pérdida de energía y de tiempo? Querer tener los ojos verdes de la no sé quien, o el cuerpito de la no sé cuantos y demás.

Nuestra propuesta para ti es que no imites a nadie, que seas nada más que tú misma, auténtica, única, original, creativa y hermosa, es eso lo que te hará libre y te hará también feliz. No buscamos que nos imites a nosotras, ni absolutamente a nadie, todas tenemos derecho a vivir sin modelos, y éste es un pensamiento muy profundo. Porque significa entender que cada una de ustedes y nosotras tiene algo nuevo que aportar, no repetir el discurso, ni la vida de la mamá, la tía o la profesora. Tampoco jugar a ser la cantante de la tele o la chica “bonita” de la telenovela. Usar nuestras propias palabras para expresar nuestros sentimientos, y toda esa búsqueda de autenticidad empieza por conocer y amar nuestro cuerpo.

 

Para vivir sin modelos

sintamos nuestro cuerpo.

El color de tu piel no se puede clasificar

Buscar esa libertad y esa autenticidad no es fácil, te propongo que lo primero que descubras es el color de tu piel con todos sus matices. Verás cómo no lo puedes clasificar entre blanco o negro porque es original y propio.

Te propongo que te compres una polera blanca, un poco de aleñina amarilla, un poco de añelina roja y un poco de aleñina café. Hagas hervir unos dos litros de agua y mezcles en el agua hervida por lo menos un cuarto litro de alcohol.

Entonces prepares un color base, si tu piel es clara entonces prepara como color base un amarillo bajito, si tu piel es oscura prepara como color base un amarillo más fuerte, y con mucha paciencia hasta encontrar el tono exacto de tu piel puedes ir aumentando rojo y café. Cuando hayas encontrado el color probando en pedacitos de tela que no te sirvan puedes sumergir tu polera y luego exprimirla y hacerla secar. Cuando seca el color tiende a aclararse un poco.

Será una experiencia muy agradable mucho más si lo haces entre amigas y ven entre ustedes que el color de la piel no se puede clasificar en bello o feo. Simplemente es. Y por la armonía de la naturaleza el color de las cejas, ojos y cabellos es el que mejor combina con el color de tu piel.

 

Tu cara

Después de haber descubierto el color de tu piel te propongo que empieces con los rasgos de tu cara.

Con una amiga dibújense recíprocamente, tómense todo el tiempo que necesiten o quieren, quizás poniendo buena música. Sólo necesitan lápiz y papel. Ah, y ojo, no es para un concurso de dibujo sino para algo más importante. ¡¡PARA NOSOTRAS MISMAS!!, así que no te rayes si no sabes dibujar, eso no es lo más importante, lo más importante es saber mirar con cariño y respeto. Tu papel que sea lo más grande posible para que ambas se dibujen a tamaño natural. Sólo dibújense la cara.

Descubrirán que nunca se habían mirado con tanto detenimiento, sentirán cómo es ser mirada con respeto y con afecto y el resultado será impactante. Luego, si quieren, pueden comparar sus dibujos con figuras que aparezcan en revistas, verán cómo la mirada de ustedes ha sido capaz de llegar más profundamente y cómo se trata de una mirada original que pocas veces podemos ver. Seguro que ese retrato será un gran recuerdo para ti.

Tu voz, tus movimientos y la forma de tu cuerpo

Los otros tres mundos tuyos que faltan descubrir y que están interrelacionados son el mundo de tu voz, el de tus movimientos y el de la forma que tiene tu cuerpo.

Tu voz seguramente va muy relacionada con tu estado de ánimo, con sensaciones como miedo o vergüenza, que hacen que no salga o que hacen que se quede oculta en la cueva de tu estómago. Para descubrir tu voz y su potencia te propongo que salgas a alguna altura, sea una terraza, un parque, y grites con todas tus fuerzas palabras que te vengan desordenadamente a la mente. Sentirás que después de haber gritado has hecho posible que tu voz salga de una manera distinta, pero debes gritar con todas tus fuerzas posibles. Es una experiencia linda, que si la haces con amigas luego vendrá la risa, y la risa o la carcajada es otra forma de liberar tu voz.

En momentos de tensión si lo que te sucede es que tiendes a apagar tu voz, entonces respira profundamente y empieza a hablar con calma, concéntrate en tus pensamientos. Por último, grábate un casete con tu voz, puedes leer algunos poemas que te gustan para grabar. Y luego escucha y evalúa tu voz, es bien claro, cuando respiramos bien, la voz sale con mayor belleza, si no respiramos bien, la voz sale entrecortada.

Los movimientos y la forma de tu cuerpo… Para esto, tu mejor amiga será un espejo, y la madre que te abraza y sostiene será la tierra.

Si eres baja, alta, flaca, gorda, si tienes los pies muy grandes o los tienes pequeñitos, si tus brazos son largos o cortos, lo importante es que cada una de las proporciones de tu cuerpo armoniza con el resto; si eres una mujer con alguna discapacidad también es importante que veas tu cuerpo armonizado con los esfuerzos que haces por realizar tus ideales, incorporando en esta tu lucha la discapacidad que tienes, y ten la certeza de que también eres una mujer bellamente armoniosa, con toda tu realidad de mujer luchadora. Si te detienes a observar a las personas verás cómo eso se cumple en la más grande diversidad de las personas. Tanto en las gorditas como en las flaquitas las proporciones expresan una belleza oculta que hace resaltar rasgos en particular. Hay personas en quienes los bordes de la cara son muy sobresalientes, otras que no tienen demarcados los límites y todo resbala suavemente en líneas curvadas. Hay casos en los que de todo el cuerpo sobresalen las manos con gran fuerza y expresividad, o los ojos, o la forma de la cabeza. Las combinaciones son inagotables y por eso mismo, si realmente nos adentramos a explorar las infinitas formas que encierra nuestro cuerpo, si somos sinceras, no podremos clasificarlas en formas lindas y feas, mucho menos si nuestro parámetro son códigos repetitivos donde el modelo es una muñeca de plástico.

El movimiento, una expresión de libertad

El movimiento de nuestro cuerpo en el espacio es siempre una expresión de libertad, aunque sea muy, muy restringido, es siempre un ocupar nuestro espacio en el mundo. Piensa, por ejemplo, cuando corremos hasta que el viento choque nuestra cara y vamos sintiendo cómo nuestras piernas sostienen el peso de nuestro cuerpo sin dejarnos caer.

En cuanto al movimiento, éste será mucho más restringido mientras menos autovaloradas nosotras nos sintamos, mientras más fuerte sea nuestro sentimiento inconsciente de que no tenemos derecho de ocupar este mundo. Por ejemplo, cuando cruzamos los brazos y bajamos la cabeza, o cuando cruzamos los pies haciendo tensión en nuestras piernas para retraerlas lo más posible. Ahí nuestra actitud es la de romper la relación de nuestro cuerpo con el mundo que le rodea, pero si utilizamos el cabello para cubrirnos los ojos, en ese caso lo que estamos manifestando es que no queremos ocupar ni siquiera el mínimo espacio que nuestro propio cuerpo inevitablemente necesita ocupar. Esto es más claro o menos claro en la actitud de unas y otras chicas, pero si observas y comparas con el manejo que los chicos tienen de su cuerpo, verás cómo en nosotras las Mujeres el retraernos es una tendencia muy fuerte.

De una manera muy sutil también la educación en la casa y el colegio nos lleva a retraer nuestro cuerpo y nuestro movimiento. Piensa en “la orden” que llevamos todo el tiempo de cruzar las piernas, de que una  “señorita” se sienta así o asá. ¿Te parece que eso tiene algún sentido?

Piensa también en la forma cruel y permanente cómo nos enfrentamos a la intimidación de hombres machistas y vulgares en las calles, esa vivencia nos duele mucho más, por ejemplo, cuando recién nos están creciendo nuestros pechos. Por otro lado, la intimidación violenta y machista en las calles es también muy fuerte cuando una mujer camina con paso libre, con la espalda erguida en actitud de alegría. Es como si de manera anónima eso fuese inaceptable y que los hombres machistas y las Mujeres machistas también se sintieran con el derecho de hacerla retroceder y que se someta. En muchos casos la forma como se mueven las niñas, es más libre de la forma como se mueven las Mujeres jóvenes, y esto está mostrando la huella de una educación, que lo que hace es reprimirnos y coartarnos hasta la libertad de movimiento. ¡¡¡NO ACATEMOS EL MACHISMO!!!

 

“Mi cuerpo es bello y

como todas las Mujeres decido por

mí misma, nadie decide por mi cuerpo”.

 

Te pido que te eches de barriga en un lugar de la tierra o pasto con las palmas contra la tierra y el cuerpo contra la tierra, que huelas, que sientas el olor, que sientas como se siente a una madre que nos va a sostener. Luego échate de espaldas y mira el cielo, siente su inmensidad; luego colócate sentada en una posición bien cómoda en ese mismo lugar y empieza a girar los brazos tratando de cubrir todo el gran círculo que tus brazos pueden abarcar. Después párate y da vueltas a ambos lados sintiendo todo el espacio que te rodea, a ambos lados y detrás de ti; y por último, con tus piernas estirándolas hacia adelante, avanza como dando grandes patadas en el aire, analizando con tus movimientos todo el gran espacio que por delante de ti puedes ocupar. Ahora pon una música que te guste y baila en ese mismo lugar ocupando todo el espacio que has descubierto, hacia atrás, hacia los lados y hacia arriba saltando. Es bellísimo, verás cómo hasta sentirás que bailas más lindo si te sientes en la necesidad de ocupar todo el espacio que a tu cuerpo le corresponde.

 

Todas las mujeres debemos ser libres,

vivir sin miedo, sobre todo sin vergüenza

Ahora, en un segundo momento, te pido que escojas un recuerdo donde hayas tenido un sentimiento de vergüenza, que estés unos momentos sintiendo este sentimiento, y luego escojas una piedra, del tamaño que tú consideras que tiene alguno de tus sentimientos de vergüenza, no importa cuál de tantos de esos sentimientos escojas, y coloca la piedra entre tus piernas.

Ahora debes caminar sin que la piedra se te caiga. Verás cómo necesitas presionar tus piernas, bajar la cabeza para concentrarte en tu piedra y automáticamente la tensión de las piernas se apoderará de todo tu cuerpo, tronco y brazos también. Te pido que mantengas el ejercicio por un tiempo lo más prolongado posible, mejor si son hasta varias veces o varias horas. Lo que buscamos con esto es que compares cómo te sientes respecto al otro ejercicio de contacto con la tierra y de “ocupación de tu espacio”.

Al ocupar la tierra y convertir el baile en un movimiento de libertad estaremos desatando lenta y placenteramente miedos y vergüenzas hasta convertirlos en movimientos de desplazamiento de brazos y piernas, en gritos de reconocimiento de nuestra voz, es un camino largo pero no imposible. Ocupar el espacio que nos corresponde es aprender a vivir sin vergüenza, y vivir sin vergüenza es una experiencia placentera.

Para terminar esta parte quiero presentarte estas fotos solamente como una pequeñísima muestra de cómo para el machismo y por la idea de que una mujer debe ser “un objeto, una cosa bonita” se controla el movimiento y la forma de vestir.

En estas  fotos vemos un día de desfile típico de todas las ciudades y pueblos de nuestro país. Día en que los y las estudiantes se manifiestan en la calle.

Chicos y chicas usan uniformes que muchas veces están dentro de los parámetros de la sociedad, pero la gran diferencia es que el uniforme de los chicos no los somete a tan grandes humillaciones e incluso a la incomodidad física, como a nosotras. Ellos, aunque usan ternos y puede ser en parte incómodo, pero por ejemplo los pantalones de sus ternos son anchos y sus zapatos son bajos; sus camisas son igualmente cómodas; mientras que la ropa que usan las chicas, por ejemplo los zapatos, son muy incómodos, y las minis ya condicionan una postura del propio cuerpo.

En el momento del desfile todo esto se hace más dramático; la posición de la chica y de la niña es la misma, es una posición simbólica. La mano sobre el vientre volcada hacia los genitales, el paso cruzando las piernas y generando tensión corporal. Todo el conjunto expresa tensión física y retraimiento al cual incluso la niña ya está siendo introducida. Los sentimientos que esta posición corporal suscita, son por lo general de vergüenza, de miedo, son sentimientos además inconscientes, es decir que ni siquiera podemos reconocerlos y procesarlos sino que se van convirtiendo en una parte más que habita con nosotras permanentemente.

Nosotras no tenemos nada en contra de la forma de vestir, creemos que cada quien debe vestirse como le gusta y como le da la gana, simplemente que hay actividades que exigen un cierto tipo de ropa para poder desplazarte mejor, por ejemplo cierto tipo de trabajos, y lo más curioso es que muchas veces las Mujeres sólo por normas sociales no usan una ropa más cómoda, sino que en general tienden a cumplir con la norma de presentarse como objetos y al mismo tiempo tienen que realizar su trabajo, esto es sin duda muy tensionante y desgastante para cualquier persona.

El machismo es la parte cultural y psicológica de algo más grande que es lo que llamamos “el patriarcado”. El patriarcado es un concepto más amplio que trata de explicar el hecho de que en todas las sociedades del mundo entero, desde las pequeñas hasta las grandes, están en estos momentos organizadas en torno del varón como figura central, pero no sólo alrededor del varón, sino y sobre todo alrededor de ciertos valores que se consideran propios del varón, como la fuerza por ejemplo. Otro componente importante de las sociedades patriarcales es el uso gratuito y no reconocido del trabajo de las Mujeres y el reservar cierto tipo de trabajo exclusivamente para ellas, de manera que las Mujeres sean dependientes económicamente de los varones y de manera también que las mujeres asuman solitas su responsabilidad del preparado de los alimentos, de la limpieza del lugar que habitamos, de la crianza y cuidado de los niños y niñas, etc. Es decir que las Mujeres asumamos como propias de nosotras todas las responsabilidades domésticas. A las actividades domésticas se las muestra como inútiles y poco pesadas, sin embargo las Mujeres sabemos que lavar la ropa, limpiar la casa o hacer los alimentos nos puede consumir todo el día. Esto además implica que los varones dispongan de más tiempo que nosotras para actividades extras como son la recreación, el deporte o la política, es decir la toma de las decisiones sociales más grandes.

Esto que te explico es un poco más complejo porque se mezclan allí también las cuestiones de clase, es decir que no todos los varones son iguales, pero éste no es el lugar donde pueda extenderme a explicarte esto, te sugiero que si te interesa el tema continúes tú investigando y reflexionando por tu parte, sobre todo en libros y revistas feministas. Lo que nos parece acá importante es descubrir ¿qué relación tiene esta forma de distribución de los privilegios, de la riqueza y del tiempo libre con nuestra sexualidad?

La primera, es que esta relación de privilegios de varones respecto a Mujeres se traduce en comportamientos culturales y afectivos machistas, donde los hombres se colocan en una posición de vigilancia y control de las Mujeres como sintiéndose en el derecho de cercar y circunscribir el movimiento de nosotras.

Es a partir de este cercar el espacio de las Mujeres que la sociedad machista ha considerado que los hombres sí pueden hablar de sexo y saber de sexo y practicar el sexo “libremente” en función de sus necesidades (necesidades que además son cuestionables porque afecto, amor y respeto ellos también necesitan para ser felices, y el hecho de no respetar o no amar, sino utilizar a la mujer con la que se relacionan los destruye también). Es decir que las sensaciones de nuestro cuerpo y nuestros deseos son un campo de decisión de los varones sobre nosotras y no de nosotras sobre nosotras mismas. De esta manera se nos presenta nuestra sexualidad como algo que no es nuestro, que nos es extraño y que es en función de un “otro”.

La segunda relación es la forma como se hace que las Mujeres acaten o acepten esta norma. Hay formas sutiles de hacer que nosotras vayamos aceptando como nuestros los papeles de servir y cocinar para ellos, pero también hay formas violentas.

Una de esas es intimidándonos, planteándonos que la que habla de sexo es sucia, mala o enferma. Esta actitud machista es en realidad la que enferma, porque todos los seres humanos, varones y Mujeres, necesitamos conocer nuestro cuerpo y decidir libremente sobre nuestro cuerpo.

La persecución que se hace de las Mujeres respecto al sexo es enfermante tanto para varones como para mujeres. Aquí tenemos una pequeña muestra de lo que es el pensamiento machista sobre la sexualidad de las Mujeres por parte de varones. Son fotografías tomadas en baños de varones en escuelas y universidades de nuestras ciudades:

Esta fotografía no está clara pero la leyenda dice:

“Las mujeres sólo sirven para tirar (escrito por algún chico y corregido por otro), mentira sino para ser tiradas”.

Es una inscripción que refleja la gran violencia del machismo sobre la sexualidad y sobre el cuerpo de las mujeres. Se nos quita todo sentido propio de humanidad para decir que sólo servimos para ser usadas, es decir, para “tirar”, y la corrección es aún peor, porque apunta al hecho de la pasividad total de las Mujeres convertidas en meros objetos para satisfacción del “macho”.

Sabemos del asco y la indignación por la que están pasando muchas de ustedes al leer estas cosas, pero nosotras consideramos que es muy importante presentar esto porque se trata de pensamientos que circulan entre varones.

Ya hemos observado bastante que muchos varones se expresan de una manera cuando están con chicas y de otra manera mucho más violenta y machista cuando están entre ellos. Donde el que gana es el más torpe, el más macho, el más violento. Es por esto que nos parece importante confrontar a las Mujeres con esa forma como se expresan muchas veces nuestros propios amigos sobre nosotras cuando están entre ellos.

(Otra) foto (“¿y qué sería de ti sin verga?”) refleja la omnipotencia y la prepotencia con que la visión machista recarga la imagen del pene. Autoconvenciéndose de que el pene resulta casi una fuente ya no sólo de placer, sino también de vida. Esto no sólo daña a las Mujeres en el sentido en que nos está planteando, que sin un pene no somos nada, sino precisamente a los varones, porque un varón no es su pene, sino un ser humano con un universo afectivo que debiera ser más amplio. El que escribió esto se muestra como solamente su pene, y al mismo tiempo hace de su pene el máximo valor.

Esta otra foto que dice: “que rico sentir tu verga dentro de una concha, pero qué mierda es pasar pensiones después de haber culeado”.

Aquí vemos cómo la relación sexual tiene por objeto de placer la humillación y la denigración de la mujer, el hecho de que la mujer quede embarazada es señalado como una mierda, es decir como algo que no tiene absolutamente ningún valor, sólo un perjuicio del cual no está dispuesto a hacerse responsable. Como verán hasta ahora la palabra amor no aparece ni por error, ni por casualidad, no hay ternura o valoración de la mujer con la que se ha hecho el amor, porque las relaciones sexuales en el contexto machista no son muestra de amor, sino de potencia, de poder y de capacidad de uso y humillación de la mujer.

Esta última foto muestra imágenes gráficas que retratan la imagen de la mujer por parte de estos  “machos”. Una imagen mutilada, sin cabeza, ni manos, sólo pechos, vagina o poto. Es justamente la imagen que la publicidad y la pornografía muestran, aunque llena de otros detalles como colores, etc., que logran disimular la violencia con que la que se está convirtiendo el cuerpo de la mujer en un mero objeto para satisfacer. Las frases sueltas que la rodean, como este es tu potito, quien le da el tiro al negro, etc., sólo son una verbalización escrita de la forma como se ha mutilado. Es decir cortado el cuerpo de la mujer por partes.

 

“Mi cuerpo es bello y

como todas Mujeres

decido por mí misma.

nadie decide sobre mi cuerpo”.

No podemos medir exactamente la fuerza con que las fuerzas sociales de controlar la sexualidad de las Mujeres logran anular en verdad a las Mujeres y sus propias voluntades. Es impredecible cuánto el imponer la virginidad, el imponer la pasividad, el imponer a la mujer el papel de objeto sexual, es una imposición que las Mujeres aceptan o rechazan; cuánto el dividir a las Mujeres en buenas y malas, o sea en esposas, madres e hijas sonsas y obedientes y clasificar a todas las demás como locas, putas e indecentes, lesbianas es una imposición contra la cual muchas Mujeres se rebelan y tantas otras se acomodan.

Lo importante para nosotras es resaltar que somos responsables de nuestras decisiones y de nuestra vida. Si dejamos las decisiones fundamentales de nuestra vida en manos de otras personas, por ejemplo de un enamorado, somos responsables de haber dejado en manos de otro, algo que debimos tener el valor de asumir nosotras. El sentirnos responsables de lo que hacemos es una condición imprescindible para sentirnos capaces de cambiar una situación que nos hace daño.

 

“Deseo ser una mujer libre

sin violencia, sin racismo,

porque todas tenemos derecho a ser felices.”

Éste es un deseo expresado por una mujer joven, son las palabras de ella, palabras en las cuales creo que todas nos sentimos identificadas. No creo que exista una mujer que pueda encontrar destructivo o malo este deseo, sino que es un deseo con esperanza, con ganas de cambiar las cosas. Te invito a que lo hagamos juntas y que empieces por ti misma. Que no te importe lo que digan, que no te importe que te critiquen porque deseas ser una mujer libre y sin violencia, éste es un proceso largo y lleno de lucha y dificultades porque, como hemos visto en este libro, la violencia se ha hecho parte de la vida cotidiana y hay muchas personas, hombres y Mujeres y quizás también gente que tú amas, que cree que debemos continuar siendo parte de la violencia que heredamos, y cuando nos rebelamos ante esa violencia nos dicen que estamos locas.


[1] Julieta Paredes y María Galindo son dos lesbianas feministas autónomas a cuyo alrededor se congregan diferentes tipos de mujeres, todas reunidas bajo una causa común: la lucha contra el sistema patriarcal. Mujeres Creando es el nombre del grupo pensado por ellas que difícilmente puede pasar desapercibido en la ciudad de La Paz, Bolivia, debido a la frecuentes “pintas” que se leen en las paredes, firmadas por ellas; además, mediante la representación de intervenciones artísticas y performances denuncian al patriarcado en lo que tiene de violento y discriminador.

* Quinto capítulo, en Julieta Paredes y María Galindo, Sexo, placer y sexualidad. Manual para conocer tu sexualidad por ti misma, Producción Mujeres Creando, La Paz, Bolivia, 1999

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:15 pm

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