Ideas feministas de Nuestra América

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K.20 Lore Aresti, “La violación”, 1999

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Lore Aresti,  “La violación”,[1] 1999

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La violación es uno de los actos delictivos de mayor aumento en las últimas décadas. Este fenómeno se presenta no sólo en México, sino en la mayoría de los países del mundo occidental.

En este acto criminal, el delincuente viola el cuerpo de otro ser humano con absoluta impunidad e indiferencia respecto de los sentimientos, autonomía y derechos de otra persona. Además del daño físico más o menos grave que puede sufrir la víctima, ésta puede y suele quedar emocionalmente dañada de por vida, además de qué paradójicamente, al tratar de obtener justicia por el crimen cometido contra su persona, la víctima, suele estar sujeta la denigración personal por parte de los responsables de impartir justicia.

Es sólo a partir de las últimas décadas que la violación está recibiendo la atención social que semejante crimen merece. Este cambio se debe al movimiento y lucha de las mujeres pertenecientes a los grupos feministas, quienes están logrando que este crimen y el sufrimiento que implica para las víctimas, se convierta en un tema central en términos políticos y sociales.

El movimiento feminista nos ha evidenciado la poca o nula atención que se le ha dedicado a este delito, particularmente en lo relativo a la poca preocupación existente, en cuanto las complicaciones físicas, psíquicas y legales de la víctima. Nos ha mostrado que dentro de las múltiples formas de violencia que se ejercen sobre la mujer, la violación se constituye en la más degradante y silenciada, pues a pesar de la violencia brutal que se ejerce contra ella, la víctima suele resultar señalada de manera abierta o implícita, como la culpable.

Es a partir de los señalamientos de los grupos feministas que se ha exigido una re-conceptualización del rol de la mujer en nuestra sociedad y de la violación como un crimen político en tanto implica un ataque la libertad e la persona. “Es una agresión que repercute, más allá de la materialidad del hecho, en la capacidad psíquica y en la integridad de la mujer, debe ser catalogado no como un delito sexual, sino como un delito contra la libertad”[2].

Lo anterior se sustenta, si recordamos que desde el punto de vista tradicional, la violación es catalogada como un delito sexual. Las mujeres insisten en que sea conceptualizado como un delito político, ya que sucede dentro del ámbito de las relaciones de poder, íntimamente asociado al uso de la fuerza y de la coerción. Implica, en consecuencia, un delito contra la libertad.

Cabe destacar además que, a pesar de ser un hecho que tiene en muchos casos repercusiones más serias y duraderas que cualquier otro acto delictivo, es un delito aceptado socialmente como inevitable y con una penalización muy leve, Así, la violación, cuya posibilidad asusta y atormenta a miles de mujeres, restringiendo además su libertad de acción y decisión, es de hecho un delito tolerado y sobre el cual poco se habla a nivel público, sea para entenderlo, denunciarlo y/o para penalizarlo seriamente.

 

¿Cómo es esto posible?

 Es posible dentro del patriarcado, el cual, como sistema de dominación, implica el uso de la fuerza y del poder como instrumento de intimidación. Recordemos que cuando hacemos referencia a una sociedad patriarcal, queremos señalar a una sociedad caracterizada por el hecho de que las instancias de poder se encuentran en manos de los hombres, siendo la esencia de la misma, la dominación de los hombres sobre las mujeres. La conceptualización hecha por la sociedad patriarcal sobre la mujer y la represión de la sexualidad forman la base sobre la que se instala la tolerancia de la violación.

En el tipo de sociedad en la que vivimos, las relaciones entre mujeres y hombres se van desarrollando dentro de un proceso de socialización, a través del cual vamos adquiriendo nuestra propia identidad, que es del orden psicosexual. Desde el momento del nacimiento, somos caracterizados por la pertenencia a uno de los dos sexos: masculino o femenino. Es a partir de la pertenencia a uno de los géneros sexuales que vamos aprendiendo a ser niños o niñas; adquiriendo así los valores, formas de comportamiento y características asignadas socialmente a cada uno de los sexos.

Estas características son diferentes, generando los estereotipos de feminidad y masculinidad en cada sociedad, los cuales son contrapuestos. Inicialmente la contraposición se basa en la existencia de diferencias de tipo anatomofisiológicas que tienen que ver con la reproducción de la especie. Sin embargo, a partir de esta diferenciación inicial, todas las demás características asignadas a cada uno de los sexos son de orden cultural y están en función de las tareas que la cultura de una sociedad dada determina para cada sexo, es decir, de los roles sexuales que a cada sexo le corresponde desarrollar.

En una sociedad patriarcal, las relaciones entre mujeres y hombres son jerárquicas, en tanto a los hombres se les socializa en la creencia de que son superiores (más inteligentes, más fuertes, más algo) que las mujeres. Las relaciones entre ambos sexos son también complementarias en tanto a los hombres se les han asignado durante siglos las tareas públicas (económicas, políticas, culturales, etc.) y a las mujeres les han tocado las tareas privadas (el hogar, el cuidado de los hijos, etc.) Estas formas de socialización de tipo jerárquico van generando entre los dos sexos, relaciones marcadas por la desigualdad, la dominación y la violencia.

Es en este marco de desigualdad y dominación de un sexo sobre otro que se presenta de manera casi natural la violación. Una gran cantidad de hombres (socializados dentro del marco de desigualdad y dominación de los hombres sobre las mujeres), son incapaces de aceptar un rechazo, pues consideran que su sexualidad no puede ser cuestionada, forzando así a la mujer que sienten desear. ¿Por qué no hacerlo si consideran que la mujer es un ser jerárquicamente inferior que debe aceptar la autoridad y los requerimientos del hombre? ¿Por qué no hacerlo si han sido enseñados desde niños que la mujer es un objeto sexual para el uso y abuso de los hombres?

Es dentro de esta lógica socialmente validada, de manera implícita o explícita que se presenta el fenómeno de la violación. Es dentro de esta ideología que se da la violación, por lo que no es necesario ser un enfermo sexual para sentirse con el derecho de tomar, penetrar y usar la mujer que se desee.


[1] En La violencia impune. Una mirada sobre la Violencia Sexual contra la Mujer, op. cit., pp. 31-34.

[2] L. Aresti , S. Emmer y M. Toto, P.I. Folleto.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:11 pm

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