Ideas feministas de Nuestra América

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K.16 Mónica Mayer, “De La Vida y el Arte Como Feminista”, N. Paradoxa, International Feminist Art Journal, n. 8, noviembre de 1998

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Mónica Mayer,[1] “De La Vida y el Arte Como Feminista”, N. Paradoxa, International Feminist Art Journal, n. 8, noviembre de 1998

[Texto proporcionado por la autora]

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De cómo un buen día me di cuenta que yo sin el feminismo, no puedo vivir

Mi ingreso a las filas del feminismo coincide con el inicio de mi vida profesional como artista visual. Como provengo de una familia bastante alivianada y crecí entre puros hermanos varones, aunque durante mi adolescencia había escuchado sobre el importante movimiento de liberación de la mujer que empezaba a tomar fuerza en todo el mundo, hasta ese momento no me había percatado del sexismo, por lo que la sentía una lucha valiosa pero irrelevante a nivel personal.

Un día, a principios de los años setenta durante un seminario en la licenciatura en artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (alias “San Carlos”), una compañera presentó un trabajo sobre las mujeres artistas y cual no sería mi sorpresa cuando al final de su exposición la mayoría de los chavos afirmaron que por cuestiones biológicas las mujeres no eramos tan buenas artistas como ellos ya que nuestra creatividad sólo se encausaba a la maternidad. Aparte del asombro que me causó que aceptaran un concepto tan poco científico, a pesar de ser disque artistas, intelectuales y progresistas, esa discusión me hizo entender que como artista no solo tendría que enfrentar criterios misóginos, sino que a mí me correspondía tomar cartas en el asunto para tratar de cambiar esta situación. Comprendí que de nada serviría hacer el mejor trabajo artístico del mundo si por el hecho de ser producido por una mujer sería mal recibido. Por primera vez me entristeció el enorme potencial artístico que había desperdiciado la humanidad por estos prejuicios estúpidos.

En otra ocasión, habiendo cerrado San Carlos como parte de un importante movimiento estudiantil que llevó a un cambio curricular completo (eran los setentas, la generación de Los Grupos estaba naciendo, todos eramos de izquierda, cargábamos el 68 a cuestas y no existían ni el internet ni el SIDA), me tocó encontrarme un letrero en el baño de mujeres que decía “Compañeras, haced el amor, apoyad a los compañeros en su lucha”. De un brochazo habían borrado nuestra participación en el movimiento, por no mencionar la lucha que las jóvenes emprendíamos en esos momentos para apropiarnos de nuestra sexualidad y pretendían que nuestra vida se limitara a mantenerle las camas calientes y los pinceles limpios a los compañeritos.

Pase automático al feminismo o de como traté y traté infructuosamente de formar un grupo de artistas feministas

En 1975 se realizó en México la conferencia internacional del Año Internacional de la Mujer por lo que el Museo de Arte Moderno organizó la exposición “La Mujer como Creadora y Tema del Arte”. Curiosamente, la mayor parte de los participantes eran hombres. A poco más de veinte años, a muchos nos parece increíble que en ese momento no hayan encontrado suficientes mujeres artistas para organizar una espléndida muestra o que ni siquiera se les hubiera ocurrido que era incongruente plantear una exposición paralela a un evento feminista en la que la mujer seguía siendo solo musa, por no decir objeto. Por lo menos en este aspecto las cosas más o menos parecen haber cambiado. El empuje que traen las nuevas generaciones de mujeres artistas que hoy en día integran más de la mitad de los productores visuales y los cambios profundos que ha aportado la teoría feminista al estudio de la historia del arte a nivel internacional han tendido un efecto fundamental tanto en la visibilidad de las artistas como en la concepción misma del arte. Hoy la lucha ya no es que se haga una exposición de mujeres artistas, sino por el contrario, que sólo se organicen cuando exista una justificación académica o curatorial específica que lo requiera.

A la par de la exposición, el MAM dedicó un número de su revista Artes Visuales (1) al tema de las mujeres artistas. En sus últimas páginas venía una entrevista con Judy Chicago, la pionera del arte feminista en Estados Unidos gracias a la cual me enteré que había una escuela de arte feminista en Los Angeles. Me puse en contacto con ellas, fui a un taller de dos semanas y decidí que era exacto lo que necesitaba para mis estudios de posgrado. A partir de ese momento Víctor Lerma (mi compañero de toda la vida) y yo empezamos a ahorrar para irnos a California.

Me incorporé al movimiento feminista en México durante el par de años que nos tomó reunir fondos para irnos a Los Angeles porque me parecía que era importante empezar a averiguar más a fondo sobre todo este rollo antes de llegar al Woman´s Building. Empecé a participar en el grupo Movimiento Feminsta Mexicano con Mireya Toto, Sylvia Pandolfi, Lourdes Arizpe y otras compañeras porque realizaban un periodiquito llamado CIHUAT: VOZ DE LA COALICIÓN DE MUJERES y yo necesitaba integrar mis preocupaciones políticas a las artísticas. Los temas candentes eran la violación y el aborto… el lesbianismo se discutía con miedito.

En ese momento, la Coalición solo estaba integrada por el Movimiento Nacional de Mujeres y por el Movimiento Feminsta Mexicano y poco a poco fueron integrándose La Revuelta, el Movimiento de Liberación de la Mujer y el Colectivo de Mujeres. Nos cambiamos de las calles de Yucatán al local de Río Ebro donde las sesiones eran maratónicas, las discusiones recias, las posturas radicales, las recriminaciones dolorosas y el humo de cigarrillo impenetrable. Aún recuerdo una maravillosa manifestación frente la Cámara de Senadores en diciembre de 1977 para exigir la liberalización del aborto en la que participamos todas las huestes feministas que no pasábamos de 30 mujeres. Como mi mamá estaba preocupada de que fuera a una manifestación decidió acompañarme y a partir de ese momento se integró al Movimiento Nacional de Mujeres. En la acera de enfrente nos esperaban mi papá (que fue a cuidar a mi mamá) y Víctor que estaba documentando la manifestación.

Uno de los eventos más importantes para mí durante este período fue el Primer Simposio Mexicano Centroamericano de Investigación sobre la Mujer por la exposición paralela (2) que se efectuó en el Museo de Arte Carrillo Gil, cuya curaduría estuvo a cargo de Alaíde Foppa, Sylvia Pandolfi y Raquel Tibol y en la que colaboré como chalana. En esta magna exposición participaron poco más de ochenta pintoras, escultoras, grabadoras, tejedoras, fotógrafas y ceramistas. Después de años de clases de historia del arte en las que difícilmente se mencionaba una que otra artista (invariablemente muertas y con vidas trágicas), para muchas de las que éramos artistas jóvenes fue una verdadera sorpresa encontrarnos con tantas colegas.

Posteriormente me uní al grupo de cine de Rosa Marta Fernández porque como no cuajaba uno de artistas, éste por lo menos se acercaba más a mi campo. Sin duda fue la época de mayor aprendizaje porque me tocó participar en la investigación para su película en torno a la violación “Rompiendo el Silencio”. Nunca olvidaré a un doctor que entrevistamos en una delegación afirmando que la violación siempre es provocada por la mujer, aunque acababa de atender a una anciana a quien habían violado y de pasadita asesinando a su marido. Ésta sin duda fue mi época de feminista furiosa: ese primer momento en el que uno toma conciencia de los estragos del sexismo, desmenuza todos los mitos que se ha tragado y que es tan fuerte que hasta nos hace perder el sentido del humor e irnos con la finta de que el enemigo es el hombre y no el sistema en el que todos participamos. Afortunadamente el período aunque intenso, fue breve. En el grupo de Rosa Marta participaban, entre otras, Laura Rosetti, Ana Victoria Jiménez, Lilian Liberman y Beatriz Mira.

Durante esa época, a pesar de los infructuosos intentos por formar un grupo de mujeres artistas, por lo menos organizamos varias exposiciones. La primera en la que nos identificamos como artistas feministas fue Collage Íntimo. Se llevó a cabo en 1977 en la Casa del Lago y en ella participamos Rosalba Huerta, Lucila Santiago y yo. Mi obra en ese momento se refería a la sexualidad (sin duda el tema que más me interesaba) y por todos lados aparecían falos y vaginas, escandalizando, aunque hoy parezca chistoso, a más de una persona. Al año siguiente organizamos la Muestra Colectiva Feminista en la Galería Contraste en la que todas las feministas que quisieran participaron aunque su obra no tuviera una postura política y también “Lo Normal”, que se presentó en la Casa de la Juventud en la Col. Guadalupe Tepeyac y reunió obra con un fuerte contenido feminista en torno el rol social asignado a nuestro género, aunque las artistas no se asumían como feministas. En fin, la lucha por definir lo que podría ser un “arte feminista” se hacía por todos lados.

Algo que fue particularmente difícil durante esa época es que ni siquiera las feministas dedicadas a la crítica de arte como Alaíde Foppa estaban de acuerdo con nosotras en que hubiera la posibilidad de producir un arte feminista. Y a la fecha, aunque los principales debates teóricos del arte en Estados Unidos y Europa invariablemente reconocen las constantes aportaciones de la teoría feminista al arte, pocos críticos mexicanos le han entrado al debate.

El “Woman´s Building” en Los Angeles y los puentes con México

En 1978 por fin ingresé al Feminist Studio Workshop en el Woman´s Building en Los Angeles. El proceso educativo en esta institución singular era muy especial porque estaba basado en el formato de pequeño grupo tan utilizado por todo el movimiento feminista y se buscaba desarrollar la creatividad y crear conciencia a través de dinámicas de grupo e investigaciones sobre las artistas en el pasado. Acostumbrada a una educación tradicional, para mí fue una sorpresa encontrarme en clases en las que lo que más se valoraba era mi experiencia personal.

Además del curso de dos años al que me inscribí, trabajé de achichincle de Suzanne Lacy y Leslie Labowitz en su grupo Ariadne: A Social Art Network en proyectos que integraban el trabajo político con el artístico. Uno de ellos fue Making it Safe y su objetivo fue reducir el índice de violaciones en la comunidad de Ocean Park organizando exposiciones, mesas redondas, performances, sesiones de denuncias públicas, clases de defensa personal y cualquier otra cosa que creara conciencia entre el público. Si algo confirmé en ese momento es que si uno pretende hacer un arte revolucionario en términos políticos, primero tiene que serlo en términos artísticos. También trabajamos en obras hechas específicamente para las manifestaciones feministas (a las que llegaban 5,000 personas), para los medios de comunicación masiva. Eran obras de difícil definición que, en la mejor tradición del arte conceptual, rompían las fronteras de lo previamente aceptado como “arte”.

En 1980 obtuve mi maestría en sociología del arte con una tesis titulada Feminist Art: An Effective Political Tool y como proyecto final organicé una obra de arte conceptual que se llamó “Traducciones: un diálogo internacional de mujeres artistas”. La idea del proyecto era venir a México con varias de mis compañeras del Woman´s Building para impartir una serie de conferencias y talleres sobre arte feminista en el Museo Carrillo Gil, en la casa de Nancy Cárdenas en Cuernavaca y en Oaxaca. Aquí el proyecto lo coordinó un grupo integrado por Ana Victoria Jiménez, Yolanda Andrade, Magali Lara, Yan Castro, Lilia Lucido (mi mamá) y otras compañeras. A la vez reunimos información para regresar a E.U. a impartir conferencias sobre las artistas mexicanas en diversas sedes. La documentación de este proyecto la presenté en la exposición Künstlerinnen Aus Mexico en Berlín que fue una importante muestra organizada por Magali Lara y Ema Cecilia García que arrancó en el Instituto Goethe y recorrió varios países europeos.

Una de las obras mexicanas que documentamos que más me impactó en ese momento fue la manifestación para un día de la madre que habían diseñado varias artistas y feministas mexicanas en protesta por las mujeres que mueren en abortos clandestinos. En ella, todas las feministas llegaron vestidas de negro al Monumento a la Madre y depositaron una corona que además de flores estaba adornada con los instrumentos, pastillas, hierbas, etc. utilizadas con este propósito.

También recuerdo la participación de varios grupos feministas en una obra de Suzanne Lacy en San Francisco. Esta pieza se realizó en forma paralela a la exposición The Dinner Party de Judy Chicago, misma que probablemente ha sido la exposición de arte feminista más sonada del siglo. Para esta muestra Lacy creó The International Dinner Party en la cual convocó a mujeres de todo el mundo a organizar una cena en honor a una o varias mujeres importantes en su comunidad. En México se efectuó una para festejar a Adelina Zendejas, Amalia Castillo Ledón y Concha Michel. En el museo Lacy tenía un enorme mapa del mundo con pequeñas banderitas en cada ciudad de la que recibía un telegrama avisando de una cena homenaje.

De regreso al terruño: por fin los grupos de arte feminista

A finales de 1981, después de una gira de cinco meses impartiendo conferencias sobre arte político contemporáneo mexicano, arte feminista y las artistas mexicanas por varios países de Europa, Víctor y yo regresamos a México. Mi mamá había muerto hacía unos meses y Adán, nuestro primer hijo, era apenas un recién nacido. Un día me presenté ante José de Santiago, director de posgrado en San Carlos y le propuse un curso sobre arte feminista, mismo que, para mi asombro, inmediatamente aceptó. Se integró el grupo y nos abocamos a investigar la situación de las artistas en México, a estudiar diversos aspectos teóricos del arte feminista y a desarrollar nuestro trabajo creativo a través de las técnicas que aprendí en E.U. Después de un año decidimos que era importante formar un grupo de arte feminista, y en 1984 nació “Tlacuilas y Retrateras”. Para nuestro primer proyecto decidimos trabajar sobre el tema de la fiesta de quince años por considerar que sigue siendo un ritual social muy arraigado en nuestra comunidad. El grupo estaba integrado por Ana Victoria Jiménez, Karen Cordero, Patricia Torres, Elizabeth Valenzuela, Lorena Loaiza, Ruth Albores, Nicola, Consuelo Almeda y Marcela Ramírez.

El resultado de nuestro trabajo de investigación fue un evento llamado “La Fiesta de Quince Años” que se presentó en agosto de 1984 en San Carlos. A la entrada de la Academia la Victoria de Samotracia, vestida de quinceañera y rodeada de hielo seco, recibía al público. Esa tarde cayó un aguacero torrencial y como estaban arreglando el techo del patio de San Carlos, empezamos el evento en medio de un caos que jamás logramos sacudirnos porque después llegaron más de 2,000 personas (siendo que esperábamos máximo unas 300) y ni siquiera podíamos atravesar los pasillos para manejar las pocas luces que nos permitían utilizar por miedo a que los cables mojados hicieran corto circuito. La fiesta, bajo la conducción de María Eugenia Pulido y Armando de León y basándose en un guión escrito por el grupo, dio inicio con su tradicional baile.

En nuestra fiesta las damas de honor fueron artistas que diseñaron sus vestidos: la que no traía un cinturón de castidad, vestía la crinolina por fuera o traía huellas de manos sobre su ropa. Como parte del proyecto convocamos a diversos miembros de la comunidad a ser nuestros padrinos. Raquel Tibol, por ejemplo, fue madrina de libro; Sanborn´s nos donó un enorme pastel en forma de zapatilla; Eric Zeolla compuso el vals “Sopa Inglesa” especialmente la ocasión y José Luis Cuevas fue el padre de la quinceañera, aunque por desgracia llegó tarde y las multitudes impidieron que nos diéramos cuenta de su presencia. Además de la fiesta en la que hubo varios performances, hubo una muestra con obra realizada ex-profeso por cerca de 30 mujeres artistas y Nahum B. Zenil a quien invitamos a exponer para que no se dijera que éramos sexistas. Entre las participantes estuvieron Fanny Rabel, Yolanda Andrade, Magali Lara y Leticia Ocharán. Quizá lo más importante de la exposición es que junto con la revaloración de la temática de los quince años, también se abrió de par en par la puerta a todo tipo de propuestas artísticas basadas en el kitch, hoy tan de moda. Además hubo lecturas de poesía en las que participaron Patricia Vega y Magali Tercero y la presentación de la obra Cocinar Hombres de Carmen Boullosa.

Entre los performances que se presentaron esa noche estuvo “Nacida entre Mujeres” del grupo de arte feminista Bio-Arte, integrado por Nunik Sauret, Roselle Faure, Rose Van Lengen, Guadalupe García y Laita. Su propuesta grupal era realizar obras que tuvieran que ver con los cambios biológicos de la mujer y para esa noche se confeccionaron unos hermosos vestidos de quinceañera hechos de plástico. También participaron Robin Luccini, Eloy Tarcicio y María Guerra en un controvertido performance en el que ellas se vistieron con bisteces. Por su parte Patricia Torres y Elizabeth Valenzuela realizaron “Espejito-Espejito” una pieza muy íntima que se perdió en el tumulto, el caos y los bastonazos de Raquel Tibol que, cual madre regañona de quinceañera, les gritaba que se apuraran. En el grupo Polvo de Gallina Negra (del cual les platicaré en detalle más adelante) optamos por una participación mixta con Rubén Valencia y Víctor Lerma que se llamó “Las Ilusiones y las Perversiones”. Mientras Víctor y yo nos besábamos apasionadamente con un enorme corazón de fondo, Maris portaba un vestido con el sexo de fuera que Rubén le desprendió dejando correr un hilo de sangre. Después Rubén agarró un frasquito de semen para rociar a todo el público. En el evento de clausura de La Fiesta de Quince Años realizamos el performance “TRES RECETAS DEL GRUPO POLVO DE GALLINA NEGRA” en el que hacíamos un análisis del evento de Tlacuilas y Retrateras y proponíamos varias dinámicas de grupo para aprender a aceptar la crítica sin achicopalarse.

La crítica, por cierto, nos destrozó Hoy que releo sus textos comprendo que aunque hubo muchas fallas técnicas en la realización de un proyecto muy ambicioso sin recursos económicos, ni apoyo institucional, los críticos y los periodistas ni siquiera contaban con el vocabulario elemental para hablar de ese tipo de obra. Se nos tacha de malas actrices, por ejemplo, sin darse cuenta de que estábamos haciendo un performance, y por ende debía evaluarse desde otros parámetros. Más aún, si ni siquiera conocían la palabra performance, por lo que difícilmente podíamos esperar que agarraran la onda. Entre el agotamiento por el evento, el sustito por las críticas y el hecho de que mi curso en San Carlos terminó, el grupo se desintegró al poco tiempo.

Más o menos por esas mismas fechas, el Museo de Bellas Artes de Toluca me pidió que organizara una exposición de mujeres artistas. En 1984, Mujeres Artistas/ Artistas Mujeres reunió a casi un centenar de participantes, incluyendo pintoras, grabadoras, escultoras y performanceras y, aunque su concepto no era muy diferente al de la exposición del Carrillo Gil, personalmente me sirvió para conocerlas a todas, en especial un grupo amplio de artistas identificadas con la causa de la mujer, entre ellas Elena Villaseñor, Herlinda Sánchez Laurel, Susana Campos, Carla Rippey, Noemí Ramírez, Fanny Rabel, Leticia Ocharán. Durante el período que estuvo montada la exposición llegó a México Nilda Peraza para curar una exposición de mujeres artistas patrocinada por Avon. “NUEVOS CAMINOS: PINTORAS MEXICANAS” se presentó en Washington y Nueva York, concluyendo su gira en el Foro de Arte Contemporáneo en el D.F.

La época de oro del arte feminista en México fue a principios de los ochenta, tanto así que hasta la revista fem. (3) dedicó un número a la mujer en el arte. Para mí fue un momento muy importante porque algo que siempre me ha preocupado es la falta de comunicación entre el feminismo político o académico y el arte feminista. Estoy convencida de que una de las grandes debilidades del arte feminista mexicano ha sido no encontrar en su público natural entre las feministas. O nosotras no hemos sabido cómo responder a sus necesidades o ellas no han entendido que nuestros planteamientos no sólo son políticos sino primordialmente artísticos.

Hacia finales de 1983 empezamos a reunirnos varias artistas nuevamente con miras a integrar un grupo. Ya habíamos participado en una serie de colaboraciones, como fue la instalación colectiva para el Foro de la Mujer en el Festival de Oposición en diciembre de 1982 en la que Magali Lara, Rowena Morales, Maris Bustamante, Adriana Slemenson y yo realizamos una serie de camas para hablar de los roles sexuales tradicionales. A principios de 1983, Magali, Silvia Orozco, Carmen Boullosa y yo realizamos una serie de videos para la exposición de Rowena Morales “Cartas a esa monja” en el Museo Carrillo Gil. Al plantearles la idea de que fuera un grupo feminista, la mayoría huyeron. Algunas argumentaron que era una propuesta demasiado radical y otras temían perder al novio. En el grupo quedamos Maris Bustamante, Herminia Dosal y yo. Herminia abandonó el grupo al poco tiempo por no compartir nuestras ideas estéticas y desde entonces Maris y yo quedamos como únicas integrantes de “Polvo de Gallina Negra”.

Los objetivos de “Polvo de Gallina Negra” eran: 1) Analizar la imagen de la mujer en el arte y en los medios de comunicación 2) Estudiar y promover la participación de la mujer en el arte y 3) Crear imágenes a partir de la experiencia de ser mujer en un sistema patriarcal, basadas en una perspectiva feminista y con miras a ir transformando el mundo visual para así alterar la realidad. La decisión del nombre fue fácil porque considerábamos que: en este mundo es difícil ser artista, más peliagudo ser mujer artista y tremendo tratar de ser artista feminista, por lo que decidimos ponerle al grupo “Polvo de Gallina Negra”, un remedio en contra del mal de ojo, y así desde el nombre estaríamos protegidas.

Nuestro primer evento fue el performance “EL RESPETO AL DERECHO AL CUERPO AJENO ES LA PAZ” que realizamos durante la marcha en contra de la violación el 7 de octubre de 1983 en el Hemiciclo a Juárez en donde preparamos una pócima para causarle el mal de ojo a los violadores. Posteriormente repartimos sobrecitos de nuestro menjurje especial. La receta fue publicada en varias revistas y agendas feministas, e incluso ha salido en la televisión.

En 1984 participamos con el performance “LAS MUJERES ARTISTAS O SE SOLICITA ESPOSA” en la Biblioteca de México y en “LA FIESTA DE QUINCE AÑOS”.

Pero nuestro gran evento ese año fue una gira de 30 conferencias por diversas instituciones educativas en el Estado de México impartiendo una conferencia performanceada que también se llamó “LAS MUJERES ARTISTAS O SE SOLICITA ESPOSA” y en las que después de hacer un breve análisis del uso sexista de la imagen de la mujer en los medios y en el arte, les mencionábamos algunas de las principales artistas a través de la historia del arte, para llegar a México y centrarnos en las artistas jóvenes. Sin embargo, nuestro énfasis no era promover a las colegas, sino hablar de temas feministas tomando como punto de partida las imágenes. Así, las fotos de las luchadoras de Lourdes Grobet nos daban pié para hablar de las mujeres golpeadas, los dibujos de diarios de infancia de Magali Lara de la educación de las niñas, el trabajo de Maris para hablar del erotismo, el mío para referirnos a la violación o el de Ana Victoria Jiménez para hablar del trabajo doméstico. Cabe mencionar que en ese momento yo estaba en el sexto mes de mi segundo embarazo y Maris en el tercero de su primero y así llegábamos a las distintas escuelas con unos delantales de utilería que acentuaban aún más nuestras panzas. En más de una institución logramos que se prendieran los chavos y entraran en acaloradas discusiones.

El proyecto más ambicioso de “Polvo de Gallina Negra” se llevó a cabo durante 1987 y llamó ¡MADRES! Aunque hoy podría clasificarse como una obra conceptual o de proceso, a nosotros nos gustó el término Proyecto Visual para definir este tipo de trabajo cuyas características principales son su integración a una propuesta política, su empeño en borrar los límites entre lo que se considera o no arte y por último, el hecho de que se efectuó a lo largo de varios meses. Nos planteamos ¡MADRES!, como una forma de integrar el arte y la vida ya que en ese momento la maternidad era el eje central de nuestra experiencia. De ahí que nos presentáramos como el único grupo que creía en el parto por el arte y afirmábamos que nos habíamos embarazado para llevar a cabo una investigación de campo antes de realizar el proyecto. Naturalmente para esta hazaña contamos con la ayuda de nuestros esposos quienes, como artistas, entendieron perfectamente bien nuestras intenciones. Como buenas feministas, tuvimos hijas y, para probar nuestra exactitud científica, Yuruen y Andrea nacieron con sólo 3 meses de diferencia en 1985, el año del terremoto.

¡MADRES! tuvo varios sub-proyectos. En primer lugar una serie de envíos de arte correo a la comunidad artística y a la prensa abordando diversos aspectos de la maternidad, desde la relación con nuestras propias madres, hasta un imaginario suceso en el futuro en el que nuestras descendientes lograban destruir el arquetipo de la madre. Por otro lado organizamos el “CONCURSO CARTA A MI MADRE” en el cual convocamos a todo el público a escribir una carta con todo lo que hubieran querido decirle a su madre pero no se habían atrevido. Llegaron casi 70 respuestas y hubo una ceremonia de premiación en la que le regalamos una obra de arte al ganador y rifamos otra entre todos los participantes. Otro evento fue una velada en la que Carmen Boullosa y Perla Schwartz, entre otras, leyeron sus poemas sobre la maternidad.

Como parte de “MADRES”, Maris por su cuenta o entre las dos, realizamos una serie de performances en el Museo Carrillo Gil, la Esmeralda, etc.. Curiosamente el último que se llevo a cabo en la UAM y en el cual Maris me serruchaba una panza de unicel, fue el día antes de que naciera su hija Neus. A partir de ese momento definimos como un grupo totalmente endógamo y decidimos que la única manera de integrarse a éste era por descendencia directa. Sólo nuestras hijas o nietas tendrán derecho a ser miembros de “Polvo de Gallina Negra”.

Además de los performances ante públicos en vivo, realizamos un par de ellos específicamente para los medios de comunicación. Uno de ellos se llevó a cabo en el programa Nuestro Mundo de Guillermo Ochoa. Vestidas con nuestras enormes panzas con mandil y cargando una muñeca de ventrílocuo que llevaba un parche sobre el ojo como el famoso personaje de Catalina Creel, la mala madre en la telenovela “Cuna de Lobos”, le llevamos su propia panza al famoso conductor y lo nombramos “Madre por un Día”. Ochoa se prestó padrísimo para jugar en este performance y se tragó sus pastillitas para causarle náuseas mañaneras y aceptó que le pusiéramos su corona como reina del hogar. El público inmediatamente respondió: los hombres profundamente ofendidos y muchas mujeres fascinadas. A los nueve meses alguien del público llamó a Ochoa para preguntarle si había sido niña o niño. El proyecto “¡MADRES!” concluyó con mi exposición “NOVELA ROSA O ME AGARRÓ EL ARQUETIPO” en el Museo Carrillo Gil.

Posteriormente participamos esporádicamente en diversas conferencias y uno que otro performance, Después de 10 años, dimos por concluido el ciclo de “Polvo de Gallina Negra” en 1993.

El arte feminista en los noventas

No sé si fue el desgaste de tantos años de trabajar en grupo, pero hacia finales de los ochenta ya estaba yo lista para trabajar sola. A diferencia de los grupos de arte feminista de Estados Unidos y Europa que lograron una importante mancuerna entre las teóricas (historiadoras, críticas, etc.) y las artistas, en México aún no cuaja. Por eso, cuando en 1988 se me presentó la oportunidad de colaborar en El Universal en forma regular, acepté de volada para escribir sobre los temas que más me apasionan: las mujeres artistas y el arte no-objetual. Para mi lo más importante de escribir es que poco a poco he ido reuniendo una colección de artículos sobre las artistas mexicanas y me ha permitido analizar los cambios en nuestra situación durante los últimos 20 años.

Lo primero que habría que subrayar es que hoy en día hay una gran cantidad de excelentes artistas jóvenes, entre las que destacan Mónica Castillo, Sofía Taboas, Yolanda Paulsen, Laura Anderson, Patricia Soriano, Isabel Leñero, Rosario García Crespo o Elvira Santamaría, cuya producción, aunque ellas no se asuman como tal, ha sido influenciada directa o indirectamente por el arte feminista. También hay otro tanto de excelentes artistas cuyas preocupaciones nada tienen que ver con el tema de la mujer, como Estrella Carmona, Doris Steinbichler o Lorena Orozco. A partir de su generación, por lo menos 50% de los estudiantes en las escuelas de arte son mujeres. En el terreno de las becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y de premios nacionales como el Encuentro Nacional de Arte Jóven, las chavas van a la par de sus compañeros. Sin embargo, tanto en exposiciones colectivas como individuales, la presencia de la mujer sigue siendo menor y por cada 10 críticas que se escriben de ellos, sólo una nos dedican a nosotras.

A pesar de los avances que hemos visto y de que cuando hablo con las artistas más jóvenes me dicen que todo ha cambiado y que ya no perciben sexismo en nuestro medio profesional (aunque las que empiezan a tener hijos parece que están cambiando de opinión) a mi me siguen desesperando las carencias. En verdad son pocos los libros sobre mujeres artistas y menos aún los que tengan una perspectiva feminista. Aún en los centros de estudios de género el tema del arte casi no se trata, aunque sé que hay dos o tres estudios y tesis en proceso. No existe una sola guardería para atender a los hijos de los artistas, lo que sigue imponiendo una carga muy fuerte a las mujeres, pero tampoco hay una organización de mujeres artistas que luche por mejorar nuestras condiciones profesionales.

Por otra parte, a 20 años de las exposiciones de mujeres artistas en las que el objetivo era comprobar su existencia y que yo creí que ya eran parte de la historia, hace poco me enteré que la UNAM está organizando una exposición de 100 artistas con el criterio exclusivo de que las participantes sean mujeres, sin tomar en cuenta tendencias políticas o artísticas y ni siquiera la calidad de la obra. Hoy en día esto es tan absurdo como querer organizar una exposición de “mexicanos” y meter ahí desde Francisco Toledo hasta estudiantes de arte y pintores domingueros. Quizá, como decía la canción, caminamos “un pasito pa’delante y veinticuatro para atrás”.

A últimas fechas en el D.F. han surgido un par de grupos de mujeres artistas, aunque sus objetivos son muy distintos a lo que fueron los nuestros. LINEA ABIERTA es un grupo en el que participan Cecilia Sánchez Duarte, Erika Bulle y Tania de León, entre otras y han organizado exposiciones con el objetivo de promoverse profesionalmente aunque no pretendan buscar coincidencias temáticas ni utilizar su producción artística con fines políticos. Por cierto, Cecilia ha organizado varias exposiciones de mujeres artistas mexicanas y chicanas. También está el grupo COYOLXAUHQUI ARTICULADA en el que participan Lilia Valencia, Ema Sosa y Yan María Castro entre otras y cual no sería mi sorpresa cuando me enteré, en 1996, que se presentaban como el primer grupo de arte feminista en México, aunque si son el primer grupo de artistas lésbico feminista que conozco.

No quiero dejar de mencionar, aunque sea al final, que para mí la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo… tenemos chamba pa’rato.

Notas

1 ARTES VISUALES. México. Instituto Nacional de Bellas Artes, 1976, Num. 9

2 Catálogo: Exposición PINTORAS/ESCULTORAS/GRABADORAS/FOTOGRAFAS/ TEJEDORAS/CERAMISTAS, Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil, noviembre de 1977. Texto de presentación por Alaíde Foppa.

3 La Mujer En El Arte, FEM,  Vol. IX, No.33, México, abril-mayo 1984.


[1] Mónica Mayer (México, 1954) estudió artes visuales en la ENAP.  Participó en los grupos Movimiento Feminista Mexicano y el colectivo Cine-Mujer en los setenta. Entre 1978 y 1980 cursó el Feminist Art Program en el Woman’s Building en Los Ángeles, California, y obtuvo la maestría en sociología del arte con la tesis Feminist art: an effective political tool. Su asesora fue Suzanne Lacy. A su regreso a México impartió un taller de arte feminista en la Escuela Nacional de Artes Plásticas del cual surgió el grupo Tlacuilas y Retrateras.  Fundó el grupo Polvo de Gallina Negra con Maris Bustamante.  Ha escrito incesantemente sobre mujeres artistas durante 30 años. En 2004 publicó Rosa Chillante: mujeres y performance en México. Su obra artística ha sido expuesta ampliamente y fue seleccionada para la exposición WACK: Art and the Feminist Revolution en 2007.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:59 pm

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