Ideas feministas de Nuestra América

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K.14 Yuderkis Espinosa Miñoso, “Consideraciones y reflexiones acerca del VII Encuentro”, Santo Domingo, mayo de 1997

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Yuderkis Espinosa Miñoso,[1] “Consideraciones y reflexiones acerca del VII Encuentro”,[2] Santo Domingo, mayo de 1997

[Texto proporcionado por la autora]

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En los últimos años el movimiento feminista de América Latina y el Caribe está atravesando un momento crítico. Ha tenido que vérselas con una serie de nudos necesarios para redefinir su quehacer en los diferentes espacios donde se concretiza. Elementos tales como la legitimidad y representación de los liderazgos, la cooptación del discurso por sectores de preeminencia patriarcal, las encrucijadas del financiamiento y los riesgos de la imposición de agendas y el descubrimiento de la existencia de diferentes corrientes a su interior, son sólo algunas de las cuestiones que han estado en el centro de los debates y que son necesarias debatir a profundidad para así fortalecer y cohesionar nuestro hacer feminista.

El VII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, celebrado en Chile en noviembre de 1996, marca un hito importante al poner en el tapete estas cuestiones trascendentes para el feminismo de la región, mismas que habían sido postergadas durante todos estos años debido a los costos políticos y emocionales para el movimiento.

Al margen de fallas logísticas que, en ocasiones, obstaculizaron el mejor desarrollo del Encuentro; al margen de la imposibilidad real del equipo coordinador de, ante los problemas, socializar, delegar, integrar y buscar apoyo en las compañeras de los diferentes países, nos parece que éste es uno de los encuentros más revolucionariamente políticos de los últimos años en cuanto a contenidos y concepción metodológica.

En medio de la tensión que produjo, hicimos transparente, iniciamos el trabajo planteando las diferencias dentro de cada mesa. Este fue un elemento positivo de la metodología pues evitó la dispersión que provocan los cientos de talleres realizados al mismo tiempo en temáticas distintas, al que nos tenían acostumbradas los encuentros anteriores. Esto posibilitó que unas y otras nos escucháramos, que se pusieran a debate las diferentes concepciones. Y con ello fue posible identificar los puntos de encuentro y de diferenciación.

Las reacciones de las mujeres de las diferentes corrientes provocaron que en el Encuentro se produjeran subgrupos para profundizar en las posiciones en las que cada una se sentía contenida. Esta profundización más que un punto negativo de división de las participantes, fue un paso necesario, pues estábamos ante el inicio de una nueva manera de encontrarnos entre nosotras, basada en reglas de juego mucho más claras; un proceso de descubrimiento de la otra, de identificación personal, de intercambio de experiencias hasta ahora fragmentadas.

A nuestro entender, esta división permitió encontrar referentes válidos de posicionamiento, de entendimiento de lo que nos une y separa; algo que empezó a tomar forma cuando nos sentamos a dialogar las que nos sentíamos cómplices y convocadas por un mismo posicionamiento respecto del feminismo actual. El reto se plantea en la medida que estos encuentros entre corrientes se producen para profundizar y fortalecer las ideas comunes, pero no se quedan allí, sino que se plantean la incidencia en la construcción de la utopía feminista.

De nuestra parte, en el grupo que se autodenominó “feministas autónomas” encontramos una gran retroalimentación política cuando visualizamos que otras mujeres de la región se habían estado planteando cuestiones como la autonomía en relación al Estado, en relación a ONGs que adquieren recursos a partir de la expropiación de nuestras luchas, ONGs que negocian nuestros principios fundamentales en esta ola de concertación impuesta, pensada y forzada por los diferentes mecanismos de sustentación del sistema. Una autonomía en relación a un tipo de cooperación internacional que por sobre todo negocia nuestros principios éticos y que aniquila nuestra capacidad organizativa, creativa y subversiva. Una autonomía que tiene como base fundamental la militancia y el compromiso que trasciende a un horario fijo de trabajo y que asume las más diversas formas creativas para “indigestar al patriarcado”.

El VII encuentro de América Latina y el Caribe nos refuerza en retomar la propuesta política que sospecha de todo, en tanto está alerta a todo hecho que conlleve una ideología antidemocrática, violadora de nuestra integridad como sujetas históricas, actuando en presente y soñando futuros a partir de una reflexión crítica del pasado. Una propuesta política que no tiene como bandera la negociación en la búsqueda de pequeñas cuotas de poder, sino que transgrede y cuestiona las raíces mismas de una cultura que niega de arranque toda posibilidad de realización y trascendencia humana.

El VII Encuentro nos permite  replantearnos la idea de que las utopías no han muerto, de que es posible seguir siendo feminista y continuar la ardua lucha y el gran reto de serlo, de que es posible no concertar con sectores que utilizan a las mujeres para justificar u ocultar las miserias de las que son responsables y sustentadores fundamentales.

El VII Encuentro nos enfatizó que a partir de las múltiples identidades y diversidades se hace necesario retomar los fundamentos feministas, mínimos comunes, para poder enfrentar al patriarcado y sus múltiples manifestaciones, de lo contrario nos diluiremos en la atomización, lo cual es un gran peligro para el movimiento.

En definitiva, este Encuentro nos plantea que se hace necesario debatir entre nosotras sin miedos, con madurez y respeto para poder trascender a una práctica política responsable.

Es por todo lo anterior que nos negamos a la idea de que el Encuentro fue un fracaso y un caos sin resultados; por el contrario, nos pone en posición de continuar construyendo y  buscando los puntos de coincidencia a partir de los propios principios éticos de la propuesta feminista.

Nos negamos a la idea de que fue un Encuentro sustentado en la violencia. Las pasiones salieron de nuestros cuerpos y de nuestras emociones. Las actitudes de protesta de muchas mujeres tildadas de violentas, las entendemos como parte de la reacción a un proceso no menos agresivo de exclusión y silenciamiento a la que muchas de nosotras  hemos sido sometidas  por parte de nuestras propias compañeras.

Reivindicamos el derecho a disentir, a rabiar a enfrentar y a proteger con uñas y dientes una historia y una lucha legítimamente propia, en la medida en que la hemos construido día a día con nuestra ganas, nuestras lágrimas, nuestros cuerpos, nuestras energías.

Nos negamos a la idea de que éste será el último Encuentro Feminista. Por el contrario, ahora se hace más necesario reunirnos para debatir y producir nuevos entendimientos y acercamientos a la realidad, nuevas estrategias y formas de acción. Una de las formas de hacerlo es vernos cada tres años para inyectarnos de esa energía entre mujeres, necesaria para continuar combatiendo al patriarcado en todas sus manifestaciones.

Hacia futuro, deberemos construir puentes entre nosotras, aprender a pactar. Esto no pudo lograrse en el VII Encuentro, entendemos que no era el momento. El VII Encuentro cumplió con el  papel que tenía que cumplir: generar debate, despertarnos a la conciencia, provocarnos, incitarnos, develar, en fin, las máscaras que ocultaban las verdaderas caras de nuestro Feminismo de finales de siglo. Éste es el primer gran paso que se ha dado en pos de un real entendimiento entre nosotras.

El VII Encuentro reafirma nuestro ser feminista y nos retorna a la utopía. Por eso hoy nos atrevemos a decir, con mucha mayor convicción que:

¡¡¡LAS LOCAS UNIDAS JAMÁS SERÁN VENCIDAS!!!

 


[1] Yuderkis Espinosa Miñoso nació en Santo Domingo, República Dominicana, donde desde finales de los años 1980 actuó y se reconoció como una activista feminista, fundadora de diversos grupos de mujeres que hoy son parte de la historia de su país. Desde 2001, se trasladó con su hija a Argentina, donde sigue viviendo en la actualidad, tras haber terminado un doctorado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Desde 1995, incursiona en la teoría feminista lésbica. Es una frecuente colaboradora de revistas y publicaciones periódicas de Nuestramérica. Así como en 1999 participó en la organización del VIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Juan Dolio, República Dominicana, en 2009 participó en la organización internacional del IV Encuentro Feminista Autónomo en la Ciudad de México. Entre sus libros destaca Escritos de una lesbiana oscura. Reflexiones sobre feminismo y política de identidad en América Latina, En la frontera, Buenos Aires-Lima, 2007

[2] Este entusiasta manifiesto fue co-escrito con Ochy Curiel y publicado originalmente en Ximena Bedregal (coord.), Permanencia voluntaria en la utopía, CICAM, México, 1997, p. 135-139.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:50 pm

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