Ideas feministas de Nuestra América

╰♀╮ ╰♀╮

K.7 “Sobre nuestras vidas y nuestros derechos. Mujeres indias: derecho y tradición”, 1994

:.

“Sobre nuestras vidas y nuestros derechos. Mujeres indias: derecho y tradición”,[1] 1994

:.

Las mujeres indígenas hemos comenzado a reflexionar sobre nuestros derechos y los de nuestros pueblos. Así lo hicimos en el taller de Los derechos de las mujeres en nuestras costumbres y tradiciones.

Nos juntamos en la ciudad de San Cristóbal los días 19 y 20 de mayo un poco más de 50 mujeres tzotziles, tzetzales, tojolabales y mames. Venimos de varias comunidades de los municipios de San Juan Chamula, San Cristóbal de las Casas, Motozintla, La Independencia, Oxchuc, Teopisca, Ocosingo, Chenalhó, Chanal y Pantelhó.

Platicamos sobre la pobreza, la discriminación y la injusticia que sufren los indígenas y también sobre la violencia y maltrato hacia la mujer. Hablamos de todo lo que ahora no podemos hacer, lo que no nos dejan hacer. Platicamos sobre los derechos que nos quitan a los indígenas y a las mujeres, los derechos que nos quitan las autoridades, los cashlanes (no indios), la pobreza. También hablamos sobre los derechos que nos quitan a las mujeres de la comunidad el marido, los hijos, los padres y hasta nosotras mismas.

A nosotras nos han enseñado desde chiquitas a obedecer, a no protestar, a callarnos, a aguantar, a no hablar, a no participar. Pero ahora no queremos quedarnos atrás; no queremos que nos pisoteen. Exigimos que nos respeten como indígenas  y como mujeres y que tomen en cuenta todos nuestros derechos. Queremos que se respeten nuestras costumbres, las que la comunidad  vea que son buenas para todas las mujeres, hombres y niños. También queremos participar en hacer leyes que nos tomen en cuenta a nosotras y a nuestros pueblos y respeten nuestros derechos.

Queremos hacer más reuniones para pensar juntas el Artículo Cuarto de la Constitución de México y otras leyes, para que seamos los indígenas hombres y mujeres, los que pongamos como queremos la ley. Con valor y decisión presentamos este documento con nuestras ideas y nuestras propuestas para acabar con el maltrato y la injusticia que sufrimos las mujeres.

En este documento primero platicamos sobre nuestra vida y nuestros derechos y después decimos como nos gustaría que estuviera el Artículo Cuarto de la Constitución.

Es necesario que se tome en cuenta a las mujeres. Si no salimos a las reuniones nunca van a cambiar las cosas, hay que compartir los pensamientos. Debemos participar las mujeres, no sólo los hombres. Las mujeres podemos pensar, decidir, somos iguales de cuerpo, de sangre. Cuando participamos y nos reunimos con otras mujeres se siente fuerte nuestro corazón. Si no hay organización, si no hay plática, se sienten cerrados los ojos. Si no escucho no sé cómo defenderme, ahí estoy aguantando. Para luchar por la libertad se puede luchar de diferentes maneras: con ideas, con participaciones en nuestras organizaciones, en la comunidad, en la salud, en el hogar. Es importante ser decididas.

Las mujeres debemos tener cargos en la comunidad y en las organizaciones y que estos cargos los respeten los hombres. Las autoridades ahora sólo son hombres; pero las mujeres también debemos ser autoridades. Es necesario que haya mujeres dirigentes para organizarnos más, porque así se siente más fuerza de la voz de las mujeres y así tendremos más derechos. Al tomar un cargo vamos a comprometernos con la comunidad igual que el hombre para que salga adelante; si no hay compromiso no se avanza.

A las mujeres no nos pagan igual que a los hombres, y eso que nuestra fuerza y trabajo es igual: nos pagan menos. Cuando nos decidimos a buscar trabajo no nos pagan el salario justo, a veces nos dan ochenta nuevos pesos mensuales por servicio doméstico. Nos ofrecen un salario y nos dan otro, con hijos no alcanza.

Los ricos quieren su trabajador pero no lo pagan bien, sólo los estamos enriqueciendo más. En algunas comunidades no dejan trabajar a las mujeres. Algunas mujeres tienen que entregar el salario al marido y él decide como gastarlo, eso no es justo.

Trabajar permite salir de la comunidad, viajar, ver cosas y comprar. Queremos un salario para mantenernos, comprar nuestra ropa y alimentos. Las mujeres tenemos derecho a trabajar y a que nos paguen nuestro trabajo, además de recibir un precio justo por nuestros productos.

Las mujeres tenemos derecho a decir cuántos hijos tener y cuándo, porque se sufre teniendo muchos hijos, por la comida y todo su mantenimiento. También porque nos limita nuestra participación. Las mujeres no queremos tantos hijos porque nos cansamos mucho, nos enfermamos mucho, la matriz se pone aguada y ya no hay fuerza para parir, ya no hay fuerza a la hora del parto. Ahí se puede una morir.

El hombre pide tantos hijos porque no piensa, no le importa. El no siente el dolor de embarazar, de nacerlos, de cuidarlos, de mantenerlos. Así mismo nosotras nos estamos matando, nos estamos obligando a matarnos. A veces los maridos se enojan cuando tenemos hijas porque dicen que las mujeres no salen a trabajar con su papá. Para el número de hijos hay que ponerse de acuerdo con el marido. Hay que conocer nuestro cuerpo para poderlo cuidar. Necesitamos capacitación, información completa y verdadera y que los médicos nos informen, pero no decidan por nosotras, porque a veces llegan los médicos y piden que se firmen papeles donde las mujeres dan permiso para que se dejen ligar, a veces sin explicar de que se trata.

Es importante que las mujeres tengamos un cargo, que nos miren que tenemos valor, que sabemos algo. No sólo los hombres pueden pensar; nosotras también sabemos pensar como los hombres (mejor, porque la mayoría de las mujeres no tomamos posh [aguardiente]). A veces, cuando nos dan un cargo, los hombres no nos respetan. Queremos que las que tienen cargos participen más, se las respete, se las defienda y que sepan hablar. Sí nos gustaría que fuera una mujer autoridad porque algunos hombres no escuchan y no respetan. En cambio si fuera una mujer, ella sí escucharía porque conoce las necesidades, las costumbres. Esa mujer tendría que ser alguien que sepa de leyes y conozca la comunidad.

Queremos ir a la escuela para que de verdad podamos ser elegidas como autoridad. A veces hemos logrado algo de espacio; algunas de nosotras somos vocales, tesoreras, secretarias o participamos en los proyectos. Las mujeres debemos tener decisión, fuerza, valor. Tenemos derecho de participar en las decisiones de la comunidad, en la elección de agente municipal, comisariado ejidal, presidente municipal, gobernador o presidente de México, como en las elecciones del 21 de agosto de este año. Y también el pueblo nos puede elegir para cualquier cargo de estos o para ser maestras o promotoras de salud o coordinadoras de las organizaciones de los ejidos, colonias o parajes.

No hay clínicas en unas comunidades, no hay doctor, y donde hay no te atienden o no te respetan, nos dejan esperando mucho tiempo. Con trabajo nos dejan entrar porque nos ven que somos indias. A veces nos dan la receta nos mandan a la farmacia no les importa si no tenemos dinero. Las medicinas las venden muy caras en las comunidades.

Donde hay buen servicio es porque hay mujeres de la comunidad que participan en los comités de salud y hay parteras. En los hospitales se burlan de nosotras, no respetan nuestras costumbres, no nos ayudan. La mala atención principalmente es en el Imss-Solidaridad. Además es caro curarse fuera de la comunidad. Se necesitan clínicas, más atención y medicinas en las comunidades y que el trato sea bueno. Queremos que nos de las medicinas adecuadas, no cualquier pastilla que quita el dolor y no cura.

También es necesario que haya traductores en los hospitales y en las clínicas para que nos puedan entender los doctores y nos atiendan bien. A los doctores les paga el gobierno, pero no dan buena ayuda. El gobierno debe pagar a las parteras porque hacen un trabajo muy importante para la comunidad y las mujeres son muy pobres, no pueden pagar. Las parteras ayudan más. Los doctores rápido cortan a la mujer si no nace el niño, si viene mal el niño dicen que para eso hay cuchillo; el cambio la partera acomoda al niño, busca que nazca bien, nunca abre con cuchillo. Queremos que pague el gobierno a las parteras.

Queremos que los doctores ayuden más. Entre parteras y doctores se puede dar mejor ayuda, entre los dos es mejor. También debe haber más comida y cuidado cuando estamos embarazadas. Las mujeres y nuestros hijos tenemos derecho a tener una alimentación suficiente para evitar la desnutrición.

Nuestros papás no nos dejaban ir a la escuela. Antes no era obligado que fueran las mujeres, nuestros papas eran igual que nosotras, sin escuela. Los papás piensan que es más útil trabajar en el campo que ir a la escuela. Nosotras no pensamos así, porque saber nos permite trabajar mejor. Nosotras pensamos enviar a nuestros hijos. Pero cuesta mucho viajar, además la ropa, el cuaderno… Los pobres no podemos. Quisiéramos que hubiera escuela para adultos, porque no hay allá en las comunidades y nos gustaría aprender. En las pocas comunidades donde llega el INEA sólo se levantan listas para justificar su trabajo y ganar su salario, pero no se enseña. La gente dice que cuando vamos ya grandes a la escuela sólo vamos a que nos agarre el maestro. Es importante mandar a las hijas a la escuela, y aunque seamos viejitas, como algunas de nosotras, podemos aprender. Las mujeres que saben deben enseñar lo poquito que saben a las demás, pero los señores dicen que no, que ya lo van a aprender porque tienen mucho trabajo. Las mujeres tienen miedo a sus maridos. Debe haber apoyo para las niñas, solicitar educación de mayor nivel en las comunidades porque es difícil salir. No basta que haya escuelas sino también dinero para ir a estudiar, y que se enseñe bien. En las escuelas debe enseñarse en nuestras lenguas y en español.

En las comunidades a veces nos obligan a casarnos; a veces cambian a las mujeres por una vaca. No es justo lo que nos hacen, nos maltratan al casarnos a fuerzas: Deben respetar la decisión de las hijas y el casamiento debe ser con la pura voluntad de la pareja. Cuando una mujer no es su gusto casarse, hay pleito y el hombre más fácil maltrata a la mujer. Los culpables son los papás por casarla a fuerza, es parte de nuestra costumbre.

A veces los papás quieren a las hijas o a las entenadas para que sean su mujer un rato y no para el novio, por eso ni aunque las pague el novio que ellas quieren las dejan casar. Las mujeres tenemos derecho a elegir nuestro esposo y no nos pueden obligar a casarnos con alguien que no queremos, ni agarrarnos a la fuerza ni vendernos.

El marido, los hijos, el papá, la mamá, el suegro o la suegra, los cuñados, no nos pueden maltratar ni golpear; tampoco los policías ni los soldados ni ninguna otra persona. No son justos los golpes del marido, para eso no se junta una. Está bien que a los maridos que nos golpean los castiguen, pero no es suficiente la cárcel para el que golpea. Cuando sale nos pega más. Las autoridades pueden meterlos a la cárcel y separarnos, cuidando que no regresen, porque nos pueden hasta matar. A los que intentan violar o de plano violan a una mujer se les debe castigar fuertemente. Al violador hay que tenerlo muchos años en la cárcel, fuera de la comunidad (hasta Cerro Hueco). Tenemos derecho de defendernos de la violación estando casadas o solteras. Ni el marido nos puede obligar a estar con él si no queremos. A veces los mismos padres no nos apoyan en las denuncias. Hay papás que violan a sus hijas, hermanos que violan a sus hermanas yernos que violan a sus suegras. Es importante que las mujeres nos apoyemos.

Las mujeres tenemos derechos y obligaciones iguales que los hombres. Las mujeres debemos saber también de leyes para que no sólo los hombres las tengan en sus manos y se crean mucho y sean alzados. Proponemos que haya una ley que exija que nos den terreno a las mujeres, porque también nosotras trabajamos, comemos y tenemos necesidades. Les dan tierra a los hombres más chicos, y debe ser parejo para todos los niños y niñas. Debemos tener derecho a heredar tierras, a créditos, a  tener casa propia y buena, derecho a impulsar y dirigir proyectos productivos. Las mujeres debemos tener derecho a comprar y tener tierra, casa y demás, y a que no nos quiten nuestras cosas el marido. Las viudas deben recibir apoyo para vivir mejor, porque es muy dura su vida.

 

SOBRE EL ARTÍCULO CUARTO CONSTITUCIONAL

El 28 de enero de 1992, el Diario Oficial de México publicó el texto de una adición al Artículo Cuarto Constitucional. Ahora su primer párrafo dice así:

La nación mexicana tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. La ley protegerá y promoverá el desarrollo de sus lenguas, culturas, usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social, garantizará a sus integrantes el efectivo acceso a la jurisdicción del estado. En los juicios y procedimientos agrarios en que aquellos sean parte, se tomarán en cuenta sus prácticas y costumbres jurídicas en los términos que establece la ley.

El pueblo de México tiene tradiciones diferentes, distintos idiomas y modos de vestir. Tiene distintos modos de trabajar y de hacer fiestas, distintas organizaciones y religiones, diferente alimentación. No son iguales las casas y el clima. Hay diferentes modos de pensar. En Chiapas hay mames, zoques, tojolabales, tzotziles, tzetzales y otros. Se habla tzotzil, tzetzal, español, tojolabal. La forma de vivir en comunidades también es diferente. No todas nuestras costumbres son iguales, todos los lugares tienen sus propias tradiciones. Así nos han dejado nuestros antepasados y no debemos perderlo. Estamos de acuerdo en que la ley reconozca que hay gente con diferentes modos de vivir.

Hasta ahora la autoridad no ha cumplido con cuidar la costumbre. No sabemos leer y nos tienen abandonados. De nosotros nadie conoce la ley, ni sabemos qué es. Y cuando tenemos problemas con los cashlanes las autoridades no nos hacen caso. El ministerio público tampoco hace caso cuando llevan a una mujer golpeada, aunque vayan con traductor. No nos respetan cuando salimos a otro lado, cuando vamos a comprar nos quieren dar lo que quieren los vendedores. Las mismas mujeres nos tratan mal.

Se debe garantizar que hombres y mujeres estudiemos y conozcamos las leyes, y que se nos defienda con justicia en cualquier lugar del país. Debemos aconsejar a nuestras hijas para que vayan a la escuela y aprendan, porque es bueno para su vida, para que no las humillen.

Está bien que no perdamos nuestra lengua, para mostrar que somos indígenas y que pensamos diferente a los que sólo hablan español. Pero tenemos que aprender el español, para que podamos salir a otros lugares, para que no nos dé vergüenza y miedo hablar con otras personas.

La gente tiene hijos y así les enseña su lengua, sólo eso se habla. Es en la escuela en donde aprenden algo de castilla. La gente pide que los maestros enseñen en español. Pero es importante que el gobierno también pague maestros que enseñen en nuestras lenguas, que haya libros en nuestras lenguas. Las mujeres indígenas queremos tener educación primaria, secundaria, preparatoria y universidad. Queremos aprender a escribir novelas y cuentos, conocer las leyes que hablan de la mujer, aprender política, aprender a pintar, dibujar, diseñar ropa, aprender a practicar los deportes.

El costumbre es diferente. El cashlán tiene la costumbre de usar medicina de la farmacia. Nosotros nos atendemos con curanderos, con plantas, con rezadores. Queremos que la medicina oficial respete la medicina tradicional. Pero también para los problemas de salud, tenemos que contar con médicas que comprendan nuestra cultura, que tengamos traductores. Que haya recursos: ambulancia, farmacias, radiocomunicación, caminos buenos para trasladarnos y todo que nos ayude para tener una buena salud.

Hay cosas de la costumbre que son buenas. La tierra la debemos de trabajar con cuidado, conservándola y no hacer quemazón. No usar pesticida (gramoxón). Si no hay respeto a la tierra, se la va matando. En vez de nutrir, los alimentos con pesticidas nos enferman. Hay que aprender a comer comida sana y no enlatados y animales que se alimentan de químicos. Nuestros antepasados usaban estiércol, abono orgánico y respetaban la tierra. Hay que recuperar de la cultura de nuestros antepasados el respeto a la tierra. El trabajo de telar también es muy bueno.

Las leyes deben ver los problemas del campo para producir, para vender. Se tiene que apoyar con buenos programas. Queremos que sigan los Fondos Regionales, manejados por nosotros los indígenas. Que nosotros podamos administrar los recursos y no permitir que haya caciques. Queremos seguir con las formas de organización ejidal y comunal, y no permitir presiones políticas para meternos un partido.

A pesar de la diferencia que existe, todos merecemos respeto, todas, porque nosotros somos también personas de sangre y hueso como el cashlán. Él no es de oro o plata. Y no es cierto, como piensan algunos mestizos, que nuestra costumbre es solamente comer verdura y pozol. Queremos tener derecho a comer carne, a tomar leche, a que nuestros hijos no mueran de desnutrición, ni que las mujeres mueran en el parto.

Si queremos conocer la ley, debemos organizarnos. Es necesario que se escriba en folletos, cartillas, programas de radio; que se hagan encuentros en el idioma de la población. Se necesitan licenciados y licenciadas, traductores y traductoras que hablen nuestra lengua y que nos entendamos; si no tenemos esos abogados seguiremos siendo igual. Las leyes no tienen que ser escritas por los licenciados en sus oficinas. Su corazón no piensa lo mismo que nosotros.

Es bueno que haya leyes que nos apoyen en nuestro trabajo, que nuestras pláticas y nuestras experiencias se intercambien para hacer una buena ley. Queremos hacer reuniones y encuentros para que podamos pensar juntos las leyes, que hablemos con los indígenas de Campeche, Yucatán, Sinaloa y todos los lugares donde hay indígenas para que seamos nosotros los que pongamos como queremos la ley.

También tenemos que pensar qué se tiene que hacer nuevo en nuestras costumbres. La ley sólo debiera proteger y promover los usos y costumbres que las comunidades y organizaciones analicen si son buenas. Las costumbres cuando las autoridades hacen chanchuyo y son las que deciden cómo repartir la tierra. La autoridad hace lo que quiere y no siempre nos podemos defender. Hay que buscar que la ley se cumpla aunque sea con el esfuerzo y ayuda de otras comunidades.

Proponemos que las autoridades sean elegidas entre nosotros y nosotras mismas, que sean alguien que conozca nuestro sufrimiento, nuestra pobreza. Que no existan caciques para que no haya tanta explotación.

En algunos lugares sí se respeta a las mujeres, también le toca terreno; y cuando hay que dar cooperación o gasto para un enfermo, todos igual cooperan. Pero en otros lados no es así, no les dan a las hijas, sólo a los varones. El problema es que si las autoridades de la comunidad dicen que no se puede heredar la tierra, este Artículo Cuarto va a dejar que las mujeres nos quedemos sin tierra. Y si somos viudas o tenemos muchos hijos nos vamos a quedar sin tierra. Se debe cambiar la costumbre del reparto de tierras, que sea parejo para mujeres y hombres. Queremos que al ver los problemas de las tierras (créditos, reparto agrario, herencia familiar) se tome en cuenta a la mujer. Que haya proyectos productivos y de comercialización que incluya la construcción de caminos para poder vender nuestros productos. Necesitamos tener dinero para pagar el impuesto predial, para la luz y otros servicios.

Tal vez esta modificación va junto con la del Artículo 27 que tampoco nos beneficia a las mujeres, ni a las familias, ni a los hombres, ni a las comunidades.

Las autoridades de la comunidad tampoco ayudan a las mujeres a pedir créditos, a hacer trámites para trabajar o solicitar vivienda. Primero, si se trata de recibir apoyos o servicios de un programa, sí nos toman en cuenta; pero después ya no, aunque pertenezcamos a la organización. No les gusta que las mujeres nos organicemos y no nos dan la firma. Por eso es importante que las mujeres podamos ser dirigentes de nuestras organizaciones para que nos apoyen.

Es mejor que haya papeles donde digamos las mujeres que las costumbres que hay no nos respetan y queremos que cambien. No está bien la violencia (golpes, violación). No es justo que nos vendan por dinero. Estas eran las costumbres de antes, pero también tenemos que cambiar. Cuando no queramos casarnos es mejor que platiquemos con nuestros papás y el hombre; no obligar porque arruinamos a la mujer, peor si después hay hijos. Tampoco es justo cuando “por costumbre” no nos dejan ser representantes, ni tener derecho a la tierra. No nos gusta la costumbre de que los hombres tomen mucho, porque regañan o pegan a la esposa, y gastan el dinero de la comida. El mismo gobierno pone negocios de trago o da los permisos. No queremos las malas costumbres.

Sentimos más confianza entre mujeres. Nos gustaría que llegaran compañeras de otras organizaciones a dar pláticas de los derechos de las mujeres a las que no lo creen, para enseñarles las leyes, porque están muy dormidas. Ahora cualquiera las puede engañar y quedan bien creídas.

Las mujeres podemos participar en reuniones, encuentros, coordinarnos con mujeres de otros estados, también para hablar con el presidente municipal, gobernador, o el presidente de la república. Las leyes pueden estar bien escritas y así las vamos platicando. Queremos que las mujeres podamos entrar en cualquier institución y hacer proyectos para las mujeres, para organizarnos bien y defender a nuestro grupo, nuestro pueblo.

Este es el resultado de un primer taller de dos días de trabajo. Todavía falta mucho que decir. Falta que participen más municipios, más comunidades y ejidos, más indígena, más mujeres. Es necesario que las organizaciones y el gobierno nos escuchen a las mujeres. Las consultas deben hacerse con más tiempo, con traductores, con respeto; y con nuestras propuestas se deben hacer leyes.


([1]) Síntesis de las memorias del encuentro-taller: “Los derechos de las mujeres en nuestra costumbre y tradiciones,” realizada en San Cristóbal de Las Casas, Chipas, 19 y 20 de mayo de 1994. En Rosa Rojas (comp.), Chiapas ¿Y las mujeres qué?, ediciones La Correa Feminista, Centro de Investigación y Capacitación de la Mujer A.C, México, 1994.  pp. 177-189.

:.

 

Anuncios

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:36 pm

A %d blogueros les gusta esto: