Ideas feministas de Nuestra América

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K.3 Margarita Pisano, "El 'nudo del saber' desde la Mujer", 1990

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Margarita Pisano,[1] “El ‘nudo del saber’ desde la Mujer”,[2] 1990

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Creo que el proceso de real comunicación con un texto se da en una lectura que se conecta con una experiencia vivida; en ese momento la lectura vuelve palabra la propia experiencia, entra en el mundo de lo comunicado, entra en una misma, se vuelve sentido y entra también en el mundo del SABER. Entonces cada persona se conecta con un texto a partir de su diferencia. Por esto hay tantas maneras de leer y por eso en estos días me pregunto: ¿Dónde encuentro a la Julieta? ¿Dónde me leo en la Julieta?

Lo que yo aprendí de la Julieta está más allá de su escritura, en el gesto que la trasciende. Aprendo con ella en lo íntimo, en lo casi escondido, cuando ella se habla bajito:

[…] Con este verbo desatado, con esta capacidad de juego en la vida, de placer, de gesto libre, de salto al ir en el vacío de la plenitud de todo deseo […] con esto en dominante, en hegemónico, sin cálculo, sin suspensión ni ahorro previo, sin apropiación ni acumulación para suplir vacíos y todo reproducido en maternidades […] Con todo esto, es cierto, no se constituyen civilizaciones de la manera conocida (p. 220).

En este texto me incluye, incluye mi íntimo y mi corporalidad, porque en el discurso hegemónico construido desde las ciencias sociales, me siento excluida de mi experiencia de mujer.

Sin embargo, la propia Julieta lo traspasa, lo transgrede solapadamente lo manipula. En este espacio quiero reconocer las diferencias y legitimar este discurso, oculto, escondido, que sin embargo permea todos sus textos y que queremos hacer cada vez más visible.

Por esta misma razón quiero interrogarte, entre los nudos que Julieta nos dejó, el nudo del saber:

el nudo del saber podría dar lugar a todo un tratado. Así lo espero. Habría que considerar la lingüística, las palabras mismas puestas en género, la subjetividad que lleva incorporada cada conocimiento y cada sistema de conocer, etc… Apenas, en verdad, debí mencionarlo (p. 216).

En este “apenas debí mencionarlo” nuevamente está esta hablar bajito, porque ¿Cuál es entonces el saber desde la mujer?

La experiencia del saber reconocido está fundada desde una experiencia corporal masculina, bipolar, que es el nacer y el morir; la experiencia del saber que las feministas estamos buscando está signada por la experiencia biológica de la mujer que es nacer-producir vida-desprendernos emocional y corporalmente de esa vida que ha producido, finalmente morir; este proceso genera otra lógica, que implica una dinámica triple frente la biporalidad masculina. Vivimos inmersas en una cultura de violencia que se aferra incluso a aquello que la destruye.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿Cuál es el deber que no está, que falta en el sistema de valores éticos con que construimos sociedad?, sentimos que la respuesta está en aceptar que en este saber cíclico hay una lógica, un conocimiento y que el desafío para el movimiento feminista está en encontrar en él nuestra fuente de poder, poder que nos permitirá construir desde nosotras mismas, en una interlocución horizontal con el otro, saber que surge de una experiencia distinta al del saber patriarcal.

Nuestra gran dificultad con este sistema civilizatorio y cultural está en reconocer una dimensión de la espiritualidad fundada en un gesto ególatra –como especie- de declararnos dioses, construyendo a Dios a imagen y semejanza del hombre, declarándonos superiores a todas las demás especies que no pueden advenir a la divinidad. Se entenderá que me refiero a la cultura hegemónica eurocentrista –leamos en este gesto nuestra tragedia ecológica y planetaria-.

Después de construir a Dios, le dimos género (masculino). Nuestras aspiraciones espirituales han quedado así asignadas estáticamente en lo masculino. Pienso que la libertad se construirá, solamente cuando recuperemos esta dimensión espiritual, desde la responsabilidad compartida, de ser humanas y humanos con un sentimiento integral hacia el planeta y todas las demás especies.

Hoy, cuando nos enfrentamos al poder, las mujeres nos enfrentamos ubicadas en ese plano inclinado, no horizontal, mirando al otro hacia arriba; y sabemos cuán incómodas nos sentimos al negociar primero con nosotras mismas, nuestro saber propio. Transamos nuestro saber fundado en maternidades por el otro, por ese saber que no conoce ni sospecha de este saber nuestro. Sólo cuando este saber sea fuerza lograremos tener poder.

Las mujeres nos reconocemos inmersas en esta dinámica de sumisión-rebelión que sólo nos permite hacer demandas, es decir, pedir un espacio dentro de ese otro saber, con lo que finalizamos siendo siempre funcionales al sistema; en ello nos estamos negando y negamos también al mundo  todo el aporte y conocimiento significado en nuestro “saber”.

Este “saber” que no está representado, ni simbolizado en el sistema de valores éticos y estéticos de la cultura patriarcal y que tampoco está incorporado a nuestra emocionalidad, requiere de un re-conocimiento que sólo se logrará en espacios propios, autónomos, que nos movilicen a la reconstrucción de esta otra simbolización, desde esta otra forma de representarnos y sólo así podemos advenir a la horizontalidad que nos permitirá ser vistas constituyéndonos en un otro referente, otro cuerpo, en relaciones de horizontalidad. Sólo así saldremos de la tragedia de ser otro invisible.

Este camino nos lo dejó marcado Julieta, desde su hablar bajito. Hemos transitado en estos años buscando los signos, las huellas que relaciono con esta Fiesta que ella nos propone:

[…] Parte también de la idea de que deseamos y queremos realizar una nueva conciliación con la sabiduría, porque ¿qué otra cosa sino, es plantear la incorporación triunfal de la Fiesta a una sociedad generada, planteada y administrada en forma lúgubre? ¿Una sociedad monumental y masculina que nos arrastra –sin goce, sin deseo de plenitud, de llama y vida-, tozudamente, una y otra vez a sus juegos/fuegos de muerte, de tortura atroz, de aniquilación galáctica?


[1] Margarita Pisano es hoy una de las voces más fuertes y controversiales del feminismo nuestroamericano, al punto que ya no se reivindica feminista, sino crítica radical del sistema civilizatorio del patriarcado que puede visualizar en su conjunto gracias a su estar afuera de él por su condición histórica de mujer. Arquitecta reconocida durante el gobierno de Salvador Allende, después del golpe de 1973 resistió la militarización a través del activismo con mujeres de los sectores populares, fundando la Casa de la Mujer La Morada junto con Julieta Kirkwood, así como Radio Tierra y, en la década de 1990, con feministas residentes en Chile y en México, el Movimiento Feminista Autónomo. Crítica radical de la cultura contemporánea combate toda dicotomía que sostenga la validez de la masculinidad y la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Entre sus numerosos escritos destacan los libros: Deseos de cambio o… ¿el cambio de los deseos?, de 1995; Un cierto desparpajo, de 1996; El triunfo de la masculinidad, 2001; Julia, quiero que seas feliz, de 2004.

[2] Texto leído durante la presentación del libro Ser política en Chile, los nudos de la sabiduría feminista, de Julieta Kirkwood, Santiago de Chile, 1990.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:25 pm

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