Ideas feministas de Nuestra América

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K.2 Marta Lamas, “Editorial”, Debate Feminista, año 1, n. 1, México, marzo de 1990

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Marta Lamas,[1] “Editorial”, Debate Feminista, año 1, n. 1, México, marzo de 1990

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Debate feminista nace de la necesidad compartida entre varias feministas de disponer de un medio de reflexión y debate, un puente entre el trabajo académico y el político, que contribuya a movilizar la investigación y la teoría feminista, dentro y fuera de las instituciones académicas, y ayude a superar la esterilidad de los estudios aislados del debate político. No compartimos la concepción de las “mujerólogas” (especialistas en el tema de la mujer, desvinculadas del movimiento feminista) y tampoco aprobamos el antiintelectualismo que tiñe algunas posiciones frente a la fabricación de estudios banales (y su aprovechamiento curricular) y las explosiones de sentimiento a nombre de la Revolución.

Nos proponemos analizar los asuntos necesarios para el cambio político y trabajar en la fundamentación de un programa político feminista. Para transformar las condiciones de vida y la práctica política en México, también es preciso reflexionar y teorizar sobre esas condiciones de vida, sobre esa práctica y sobre el país.

En México hay distintas posiciones feministas. Quienes participamos en esta revista no representamos, por su puesto, a todas las tendencias ni pretendemos dar cuenta de la amplitud de las preocupaciones e intereses del horizonte feminista. Sin negar no esconder las diferencias, nos une el deseo de un movimiento feminista autónomo, fuerte y la urgencia de participar en el debate político actual. También al rechazar la idea de “esencia femenina”, pensamos que el tema del feminismo no son las mujeres, sino las relaciones entre el género femenino y masculino.

Debate feminista no surge de la nada. Es el resultado del desarrollo del feminismo. Nos anteceden publicaciones para nosotras complementarias, especialmente la revista fem. y el suplemento doblejornada. Para el diálogo con el movimiento feminista y los demás sectores del movimiento democrático, queremos buscar y preparar materiales de teoría y análisis que, por su extensión, elaboración y lenguaje no suelen tener cabida en las publicaciones que ya circulan. Aunque mucho de lo que queremos publicar son textos de corte académico, también nos interesan otros trabajos, los esbozos, notas o testimonios de muchas personas que abordan cuestiones medulares. Nos proponemos dar sitio prioritario a textos oportunos y útiles para el debate, coincidamos o no con ellos. En ese sentido, volveremos a publicar ensayos poco conocidos en México.

Debate feminista se involucra sin duda con el proceso político mexicano, pero queremos atender la perspectiva internacional, especialmente la latinoamericana, y trataremos de mantener un grupo de corresponsales en nuestro continente y sostener una sección con traducciones.

Debate feminista no es sólo un equipo editorial sino también es un grupo donde participan militantes. Esperamos que esta unión de teoría y práctica se refleje en la revista y contribuya a darnos actualidad política y hacer más fructífero el diálogo en el interior del propio movimiento.

En este primer número exploraremos uno de los debates de mayor actualidad, el de la democracia. Aunque la preocupación por una práctica democrática ha estado presente desde el surgimiento del movimiento feminista, no hemos logrado una reflexión sistemática y rigurosa sobre el alcance y las implicaciones de la democracia. En México las distintas tendencias del feminismo han quedado atrapadas, en el mejor de los casos, en denuncias de cuestiones sociales y económicas, y en el peor, en un discurso mujerista. Por mujerismo entendemos la idea de que las mujeres, por el hecho de serlo, poseen ciertas virtudes que las hacen mejores que los hombres. No es mujerismo el hecho de dar prioridad política a las mujeres, sino concepciones de cierto tipo de acción y por eso sólo hay que trabajar con mujeres, “las verdaderas portadoras del cambio revolucionario”. Esta diferencia, por sencilla que parezca, es fundamental. Puesto que las mujeres, como grupo social –como género-, están en condiciones singulares de discriminación, opresión y explotación, es correcto plantearse un trabajo específico con ellas.

El mujerismo es la perversión más insidiosa del feminismo. Una lectura política del mundo de las mujeres nos lleva a un reconocimiento: no hay asunto femenino que una, por sí, a todas las mujeres, y ni siquiera los temas específicos de género le importan todo el tiempo a todas las mujeres. La unidad entre las mujeres no es “natural”, y debe ser construida políticamente, día con día, desarrollándose alianzas. El gran desafío es establecer una política para el género femenino que no sea mujerista: una política feminista.

Una práctica feminista democrática supone un difícil equilibrio: funcionar sectorialmente (género femenino) y participar en la democratización de la política nacional. En nuestro país esto implica cambios saludables: salir de la atomización de los pequeños grupos e intentar la recomposición política del movimiento. Por marginarse de la dinámica política, centrándose en una organización informal a base de pequeños grupos e iniciativas personales, el movimiento ha sido incapaz de una estrategia eficaz a largo plazo. El costo político de la dispersión y desestructuración de un movimiento que en México ya cumple veinte años, es evidente y se ha pagado con creces el rechazo a toda forma institucionalizada de organización y representación. Felizmente la creación de la Coordinadora Feminista del D.F. parece revertir esa tendencia. El reconocimiento de lo obvio (cada vez más nuestra vida cotidiana se ve afectada por las decisiones políticas más eficaces).

Claus Offe[2] llamó “iniciativas ciudadanas” a las acciones orientadas hacia la mejora, en términos colectivos y no individualistas, de las condiciones de vida. Este tipo de acciones ciudadanas no se reducen a mecanismos de ayuda mutua, sino que “dan lugar a formas de autoorganización política que no han sido previstas por las instituciones del sistema político”. Una dificultad que presenta dichas formas de autoorganización radica en su fragmentación, ya que como Offe señala, estas iniciativas no son sumidas por “grupos homogéneos”. Críticos de Offe[3] señalan que “la profundización en las condiciones de la lucha política organizada obligaría a las iniciativas ciudadanas a estructurarse de una forma muy similar a la de los partidos políticos de corte tradicional”. Así, aunque el rechazo a los partidos impulsó a la mayoría de las feministas a buscar nuevas formas de militancia, hoy tenemos que redefinir nuestra política de cara a partidos y a espacios institucionales de la política. Estas cuestiones, que nos atañen indudablemente, derivan a una preocupación política central: ¿cómo tener acceso al juego político al margen de los mecanismos institucionales?

Si bien es imprescindible la reformulación de la política, también es necesaria una recuperación. Offe define a los “nuevos movimientos sociales” principalmente por el ámbito de acción social que exigen para su actuación política: estos movimientos “reclaman ser reconocidos como actores políticos por la comunidad –aunque sus formas de acción no gocen de la legitimidad conferida por las instituciones políticas establecidas- y apuntan a objetivos cuya consecución tendría efectos vinculantes para el conjunto de la sociedad y no tan sólo para el grupo”. Offe analiza los movimientos y los concibe como fuerza política susceptible de alterar la balanza del poder político institucional, aunque su “primitivismo organizativo” apenas los capacita para negociar políticamente.

En el análisis de Offe sobre los nuevos movimientos sociales aparecen como problemas de primera línea la “pobreza organizativa” y la debilidad inherente a su fragmentación, que los vuelve susceptibles de ser integrados por el sistema. Las feministas mexicanas enfrentamos hoy estos problemas. El feminismo en nuestro país está disperso y desorganizado y, aunque pretende prácticas alternativas de representación, no tiene presencia política. ¿Cómo articular, en el terreno de lo político, una alternativa coherente con los principios feministas y viable con las reglas del juego político? En torno a esta interrogante planteamos el debate sobre la democracia.

En debate feminista estamos convencidas de la necesidad de replantear a fondo lo que es y lo que implica la democracia participativa. Si bien en México grandes sectores urbanos se movilizaron por la democracia en 1988, hoy, a principios de 1990, la democracia es más un tema de discusión que una preocupación por actuar. ¿Cómo participar, y dónde? Probablemente las ganas de participación de muchos de esos sectores urbanos despertarán de nuevo ante los estímulos de las campañas para elegir diputados en 1991. ¿Qué opciones presentará el movimiento feminista? Si bien el feminista no es el único grupo político que tiene dificultades en ofrecer alternativas, sí es el que tiene menos estructurada su propuesta. En función de estas consideraciones, debate feminista armó este número, ofreciendo varias puntas de la madeja del debate sobre la democracia, para empezar a discutir y, esperamos, también empezar a ponernos de acuerdo. Lo importante ahora, creemos, es una actitud política que impulse procesos de unificación.


[1] Marta Lamas es una feminista mexicana que empezó a expresar una posición acerca de lo político del feminismo y, en particular, de la lucha por una maternidad libre y voluntaria, entendida como suma de la apropiación del propio cuerpo como instrumento de vida y de decisión por parte de las mujeres, a principios de la década de 1970. Etnóloga de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestra en antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha cruzado la historia del feminismo reivindicativo de los últimos 30 años. Fundó y dirige la revista Debate feminista, es integrante del Consejo Directivo del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, de la Sociedad Mexicana Pro-Derechos de la Mujer (SEMILLAS) y colaboradora en varias revistas y periódicos.

[2] Claus Offe, “New Social Movements: Challenging the Boundaries of Institutional Polítcs”, Social Research, vol. 52, n, 4, 1985.

[3] Francisco Colom González y Salvador Mas Torres, “Críticas y Alternativas a la democracia representativa: En torno al pensamiento político de Claus Offe”, en Teorías de la democracia, eds. José M. González y Fernando Quesada, Anthropos, Barcelona, 1998.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:21 pm

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