Ideas feministas de Nuestra América

╰♀╮ ╰♀╮

J.1 Sueli Carneiro y Thereza Santos, Mujer negra. Política gubernamental y mujer , São Paulo, 1985

:.

Sueli Carneiro y Thereza Santos,[1] Mujer negra. Política gubernamental y mujer ,[2] São Paulo, 1985

[Rescate y traducción del portugués de Sandra Escutia]

:.

1. Introducción

La intención inicial de este trabajo era emprender un análisis de la evolución de la situación socio-económica de la mujer negra brasileña en la “Década de la Mujer”, en conformidad con los objetivos expresados en la “Conferencia del Año Internacional de la Mujer”, realizada en México en 1975.

Sin embargo, el análisis quedó sesgado por algunos problemas  característicos de los censos nacionales, algunos de ellos son:

  • La recolección sistemática, por los órganos responsables, de datos estadísticos desagregados en la pregunta por el color para el censo de la población brasileña. La ausencia  de la pregunta por el color en el censo de 1970 es un ejemplo de esto.
  • Las pocas tablas que son divulgadas cuando existe esta pregunta. El caso del censo de 1980.
  • Los cambios de criterio entre un censo y otro. Esto dificulta  la comparación o compatibilidad. El caso de los censos de 50, 60 y 80.[3]

Las Investigaciones Nacionales de Domicilios –PNAD- realizadas entre los Censos observan los mismos problemas de falta de continuidad en el levantamiento de la pregunta, alteraciones de criterio o simple omisión.

La PNAD de 1976, aun cuando es la que ofrece mayor información sobre la población negra y, en la que más se apoyan los estudios recientes sobre lo negro, tampoco nos ayudó mucho en cuanto a la intención de hacer un diagnóstico evolutivo sobre la mujer negra, ya que, posteriormente, sólo en la PNAD de 1982 nos fue posible encontrar datos desagregados por color, pero en menor cantidad a los existentes en la PNAD de 1976.  Eso  no permitió que la comparación entre ambas ofreciese una caracterización amplia de las alteraciones existentes en la situación de la mujer negra brasileña.

Frente a la precariedad de los datos estadísticos existentes sobre la población negra, y,  en particular, sobre la mujer negra, es inevitable que se reiteren las criticas, ya expuestas en otras ocasiones por el Movimiento Negro brasileño, acerca del carácter político e ideológico que se reviste esa “entrada” y “salida”  arbitraria de la pregunta por el color  en los censos oficiales y del número insignificante de tablas que, a partir de ellos, son divulgadas cuando esta pregunta es recogida.

Este “tratamiento” dispensado a la población negra en las estadísticas oficiales forma parte  de un repertorio de estrategias que han determinado la invisibilidad del negro en las diferentes esferas de la vida nacional, a través de conocidos mecanismos socialmente instituidos de discriminación racial.

Los esfuerzos de integración del negro en la sociedad brasileña se encuentran constantemente con la ausencia, por parte de esta misma sociedad, de un proyecto efectivo de integración social, como se ha demostrado exhaustivamente en los estudios relativos al negro brasileño.

Otro rasgo característico de las prácticas discriminatorias presentes en Brasil consiste en que prevalecen designaciones arbitrarias en cuanto a la atribución de la pregunta por el color a la población negra, por la recurrencia a una tipificación que tiene por objetivo fundamentalmente establecer fisuras en la identidad étnica y cultural a través de su división en: pretos,[4] pardos,[5] etc. El IBGE define a propósito del Censo de 1980: “en la investigación fueron discriminadas las siguientes respuestas: blanca, negra,[6] amarilla[7] y parda (mulata, mestiza, india, cabocla[8], mameluca, cafuza, etc.).[9]

Estas diferenciaciones han funcionado como:

  • Factor que disminuye la importancia numérica de la población negra en el conjunto de la población brasileña.
  • Factor de fragmentación de la identidad racial del negro brasileño.
  • Instrumento indispensable en el esfuerzo oficial del emblanquecimiento del país.

El segundo nivel de esta cuestión, y complemento a la anterior, reside en el hecho de que los estudios más actuales sobre el negro brasileño revelan que las desigualdades sociales existentes entre blancos y no blancos (inclusive los amarillos) en Brasil, inciden de manera aguda sobre el segundo grupo, volviendo irrelevantes las diferencias socio-económicas perceptibles entre pretos y pardos, tal como se percibirá también a lo largo de este trabajo, lo que cuestiona el “valor” del mestizaje como factor de movilidad social para el negro  brasileño. Pretos y pardos se vuelven un grupo homogéneo respecto a las desventajas sufridas en la sociedad brasileña.

Por lo tanto, se evidencia el carácter político e ideológico que estas diferenciaciones tienen al interior de esta sociedad, así como sus consecuencias para la población negra en general.

Por otro lado, el Movimiento Feminista Brasileño produjo, aunque en un ámbito menor al de los censos oficiales, innumerables investigaciones y estudios de caso sobre la mujer durante diez años. La variable color no fue incorporada de manera sistemática en esta producción teórica de manera tal que las mujeres negras se pudieran beneficiar  de los  estudios en cuestión.

La displicencia con que  el color ha sido tratado, sea en las estadísticas oficiales o en la producción teórica feminista, indica los niveles de contradicción existentes entre negros y blancos en la sociedad brasileña en general, y entre las mujeres blancas y negras en particular.

1.1 Procedimientos/objetivos

La recolección de datos secundarios para la elaboración del presente trabajo nos condujo a obtener, junto al Departamento de Indicadores Sociales (DEISO) del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), los datos referentes a la Población Económicamente activa (PEA) de Sao Paulo y de Brasil, desagregados según color, sexo, grupos ocupacionales y rendimiento medio mensual. La relevancia de esta información  se debe  a la riqueza de datos en ella contenidos y porque no forma parte de las tablas publicadas por el IBGE  en el Censo de 1980, esto determinó que la tomásemos como fuente básica de apoyo para el presente trabajo.

Tal opción se volvió más relevante al considerarse que estos datos se constituyen en un importante instrumento para la reflexión y actuación política del Movimiento Feminista y del Movimiento Negro, en cuanto a la elaboración de directrices políticas que buscan la erradicación de esas dos perversiones básicas de la sociedad brasileña: el racismo y el sexismo.

De esta forma aquí se privilegia el análisis de:

  • Situación educacional de la mujer negra en Sao Paulo y en Brasil, a partir de las informaciones ofrecidas por el Censo de 1980 sobre la “Población residente, por color y sexo, situación del domicilio y años de estudio”; donde se buscó identificar desventajas raciales presentes en el acceso a la educación entre las mujeres;
  • Estructura ocupacional, teniendo como universo de nuestro estudio la Población Económicamente Activa (PEA) en Sao Paulo por la importancia económica que este Estado tiene, pues resulta que residir en él conlleva acceder a mejores oportunidades en términos de mercado de trabajo, siendo utilizados todavía los mismos datos para el conjunto del país. Se busca explicar a partir de estos datos, diferencias en la participación de la mujer negra en relación a las demás en el mercado de trabajo;
  • Se considera que debe mantener la desagregación de los datos recogidos, tal como ellos aparecen en las tablas elaboradas por el IBGE, por mujeres negras pues está aquí designada la agregación de pretas e pardas, apareciendo todavía en las tablas que serán presentadas los resultados de este trabajo:
  • Finalmente, se procuró acentuar las repercusiones políticas e ideológicas, manifestadas a partir del perfil socio-económico encontrado para las mujeres negras.

2. Situación socio-económica

2.1 Educación

Presentamos, en primer lugar, los datos relativos a la educación pues observamos que esta variable se constituyó en uno de los factores de movilidad social. La Tabla 1 muestra un cuadro general de la situación de cada grupo étnico en el proceso educacional. Las desigualdades educacionales entre los grupos anticipan las desigualdades percibidas en su participación en la estructura ocupacional y en la obtención del rendimiento medio mensual.

Las diferencias percibidas entre los grupos étnicos en relación al nivel de escolaridad en Sao Paulo indican que cerca del 30% de la población negra paulista es prácticamente analfabeta pues no rebasan la franja de un año de estudio; para negros y amarillos este porcentaje disminuye hacia el 20 y el 12,4 % respectivamente, en la misma condición.  Cuando consideramos los mismos datos para el país, tenemos que casi el 50% de la población negra brasileña se encuentra en estado de semi-analfabetismo, contra el 25 % de los blancos y el 15,3% de los amarillos en igual situación.

La mayoría de la población negra, sea en Sao Paulo o en Brasil se concentra en términos de educación, en la franja de 0 a 4 años de estudio y es prácticamente inexistente en la franjas de escolaridad equivalente al nivel universitario.

En los niveles medios de educación hay un porcentaje aproximado del 18,5% de los negros en Sao Paulo y el 13, 6% en Brasil, en promedio tiene de 5 a 11 años de estudios comparados con un 28% de los blancos de Sao Paulo y el 25% en Brasil; y el 39,7% de los amarillos en Sao Paulo y el 41% en Brasil.

 Tabla 1 Distribución porcentual de los Grupos Étnicos según años de estudio. (Personas de 5 años o más)

Años de estudio

Blanco

Preto

Pardo (mulato)

Amarillo (asiáticos)

Negro

Total

S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil

Sin instrucción/ 1 año

20,0

25,0

31,0

47,7

30,0

48,0

12,4

15,3

30,2

48,0

22,1

35,0

de 1 a 4

46,0

44,4

50,9

39,6

50,3

37,2

32,8

31,5

50,4

37,5

46,7

41,3

de 5 a 8

18,4

16,5

14,1

9,5

15,4

10,1

20,1

22,2

15,1

10,0

17,7

13,7

de 9 a 11

9,7

9,2

3,2

2,6

3,4

3,7

19,6

18,9

3,4

3,6

8,5

6,8

Más de 12

5,9

4,9

0,8

0,5

0,8

0,9

15,0

12,1

0,8

0,8

5,0

3,2

Años de estudio no determinados

0,06

0,05

0,02

0,02

0,02

0,03

0,1

0,04

0,02

0,03

0,05

0,04

Sin declaración

Total %

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

por mil

16.449

56.583

1.032

6.185

3.995

38.693

439

698

5.028

44.879

21.994

102.421

Fuente: IBGE, Censo 1980.(*) preto + pardo(**) inclusive sin declaración (Brasil: 260.1222) (Sao Paulo: 77.034)

 “En 1980 los blancos tenían 1,6 veces más oportunidades que los negros y mulatos de realizar entre 9 y 11 años de estudio y seis veces más oportunidades de completar 12 años o más de estudio”.[10]

En cuanto al desempeño superior de la población de origen asiático en relación a los demás grupos raciales en el proceso educacional, Eduardo M. Suplicy indica que: “[…] en Japón, especialmente a partir de 1870, con la Revolución Meiji, hubo un esfuerzo educacional que fue fundamental para arrancar a aquel país del subdesarrollo. Por lo tanto, era de esperar que sus descendientes en Brasil se encontraran con relativa ventaja  en esta ponderación respecto a la población  a la que le fue negada, por mucho tiempo, las condiciones de acceso hasta de la educación primaria.

2.1.1 Desigualdad entre mujeres en la estructura educacional

Si se toman como referencia los valores relativos encontrados para los diversos niveles de educación por color y sexo para el Estado de Sao Paulo (Tabla 2), se percibe que las desigualdades entre los sexos a nivel de educación son menores que las desigualdades raciales.

Tabla 2Años de estudio según sexo y color. Sao Paulo (personas de 5 años y  más)

hombres

mujeres

Blanco

Preto

Pardo

amarillo

Blancas

Negras

Pardas

amarillas

Sin instrucción

18,4

28,7

28,1

11,0

21,4

33,3

32,0

13,8

De 1 a 4 años

46,3

52,8

52,0

30,5

45,6

48,9

48,6

35,2

De 5 a 8 años

19,0

14,5

15,6

21,0

17,8

13,8

15,2

19,2

De 9 a 11 años

9,5

3,1

3,4

20,2

9,9

3,3

3,5

18,9

De 12 a 17 o más

6,7

0,8

0,9

17,1

5,2

0,7

0,8

12,7

Años de estudios no determinados

0,06

0,03

0,02

0,1

0,06

0,06

0,02

0,1

Total (%)

100

100

100

100

100

100

100

100

(En mil)

8.321

517

2.065

224

8.128

515

1.930

215

Fuente: IBGE. Censo Demográfico 1980.

En el grupo blanco, las diferencias entre hombres y mujeres varían de 0 a 3%  en contra de las mujeres; en el grupo negro, tal variación es de 0 a 5% y entre los amarillos de 2 a 5%. Por tanto, si se comparan mujeres y hombres según color, estos porcentajes aumentan de manera significativa, es decir, “las disparidades educacionales entre los sexos evolucionan de manera muy diferente con una tendencia clara que mostraría que las mujeres  se estarían aproximando a una situación de igualdad educacional respecto a los hombres. Este proceso está claramente relacionado a la desigual distribución de mujeres y negros en la estructura de clases y estratificación social y, posiblemente, a una mayor flexibilidad en la redefinición en el plano político y cultural de los papeles sociales de las mujeres.[11]

En la Tabla 2 observamos que alrededor del 32% de las mujeres negras paulistas tiene hasta un año de estudio. Si este cuadro es alarmante por sí solo es catastrófico cuando observamos que esta tasa se eleva hasta casi el 50% en Brasil (Tabla 3)

Tabla 3Distribución porcentual de las mujeres en años de estudio en Brasil(personas de cinco años o más)
Años de estudio

Blancas

Negras

Pardas

Amarillas

Sin instrucción o hasta un año

25,6

48,6

47,8

16,9

De 1 a 4

44,2

38,5

36,8

34,4

De 5 a 8

16,1

9,4

10,3

21,7

De 9 a 11

9,6

2,8

4,0

17,5

12 años o más

4,2

0,4

0,8

8,5

Total %

100

100

100

100

(en mil)

28.988

3.076

19.203

335

Fuente: IBGE, Censo de 1980

En este nivel de escolaridad, los datos relativos a las mujeres blancas y amarillas de Sao Paulo sufren una disminución en relación al conjunto del país de 3 a 4%, en cambio para las mujeres negras éste aumenta al 15%, lo cual significa que casi la mitad de las mujeres negras brasileñas son prácticamente analfabetas.

En los niveles superiores de educación (más de 12 años de estudio o equivalente al grado universitario) tanto para Sao Paulo como para el resto del país las mujeres negras presentan porcentajes inferiores al 1%. En cambio este porcentaje se eleva al 5,2% para las mujeres blancas paulistas y  al 4,3% de las mujeres blancas de todo Brasil quienes se encuentran en este nivel de escolaridad. Las amarillas aparecen con un 12,7% en Sao Paulo y un 8,5% en Brasil para el nivel equivalente al grado universitario.

En síntesis, casi el 90% de las mujeres negras brasileñas sólo llega a tener hasta 4 años de educación, porcentaje que disminuye al 69,8% para las mujeres blancas y al 51% para las mujeres amarillas.

Si los niveles de educación son indicadores del potencial de cada grupo racial en relación al lugar que ocupan en la estructura ocupacional, los datos  presentados sobre la situación educacional de la mujer negra permiten preveer sus perspectivas en el mercado de trabajo, así como las condiciones materiales de existencia a la que se encuentra sometida.

2.2 Mercado de trabajo

Según la Tabla 4, la fuerza de trabajo negra se distribuye fundamentalmente en tres grupos ocupacionales:

 Ocupaciones agropecuarias; industria y transformación, construcción y civil;  prestación de servicios. Estas ocupaciones concentran el 66,1% de mano de obra negra en Sao Paulo y 70,6% en el país. En estas mismas actividades están concentrados 47% del grupo blanco en Sao Paulo y 52,1% en Brasil, Los amarillos se representan en estas ocupaciones con apenas 28% en Sao Paulo y 32,4% en el país.

Esos datos son suficientes para demostrar el lugar del negro en la estructura ocupacional del país, o sea, en las actividades reconocidas como peor remuneradas y, en conformidad, con los niveles más bajos de escolaridad vistos anteriormente, características que se encuentran localizadas en la mano de obra menos calificada.

En ocupaciones administrativas, técnicas, científicas, artísticas se encuentra localizada la mano de obra más calificada, con mayor  nivel de instrucción y, por consiguiente, con mayor rendimiento mensual. Estas ocupaciones, que representan a la elite  de la estructura ocupacional brasileña, se encuentran casi totalmente monopolizadas por los grupos blancos y amarillos.

En ocupaciones administrativas se encuentran agregadas, tal como las define el IBGE, las categorías profesionales de los empleadores, directores y jefes en la administración pública; administradores y gerentes de empresas; jefes y encargados de servicios administrativos de empresas y funciones burocráticas o de oficina.

Por ocupaciones técnicas, científicas, artísticas y semejantes, están designadas las categorías de técnicos de nivel superior o profesiones liberales en general.

Tabla 4. Población económicamente activa por color, según los grupos ocupacionales para Sao Paulo y Brasil

Ocupaciones

Blanco

Preto

Pardo

Amarillo

Total

Negra*

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

Administrativas

19,5

16,1

6,2

4,1

8,0

6,4

30,1

28,4

16,8

11,8

7,6

6,1

Técnicas, científicas/artísticas

8,4

8,6

2,8

2,4

2,4

3,6

14,9

13,9

7,1

6,4

2,5

3,4

Agropecuaria

10,0

21,

12,9

30,3

10,9

37,0

9,6

14,6

10,3

28,0

11,3

36,0

Producción minera

0,06

0,2

0,1

0,4

0,1

0,4

0,009

0,05

0,07

0,3

0,1

0,4

Industria de transformación y construcción civil

25,5

19,9

32,3

23,1

35,3

20,2

13,6

12,8

27,5

20,2

34,6

20,7

Comercio y actividades auxiliares

9,4

8,7

3,8

3,9

5,9

6,3

18,0

16,4

8,6

7,5

5,4

5,9

Transporte y comunicación

5,4

4,9

4,2

3,3

5,1

3,9

3,3

3,2

5,2

4,4

4,9

Prestación de servicios

11,5

10,3

24,9

21,7

18,9

12,5

4,9

5,0

13,5

11,8

20,2

13,9

Defensa Nacional y Seguridad Pública

1,3

1,5

1,0

1,4

1,2

1,4

0,3

0,4

1,2

1,4

1,2

1,4

Otras mal definidas o no declaradas

7,3

5,8

9,9

6,9

10,3

5,6

4,1

3,9

8,1

5,8

10,2

5,8

Buscando trabajo

1,6

2,0

1,8

2,4

1,.9

2,6

1,2

1,4

1,7

2,2

1,9

2,6

Total %

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

En mil

7.609

24.036

547

2.876

2000

15.861

218

294

10.411

43.235

2.548

18.738

Fuente: IBGE, Censo 1980.      (*) preto + pardo

Participan en estas ocupaciones el 28% de los blancos de Sao Paulo y el 24,7% en Brasil; los amarillos tienen en Sao Paulo el 45% y, en el conjunto del país, el 42%; los pretos aparecen apenas con 9% en Sao Paulo, disminuyendo para Brasil a 6.5%; y los pardos con el 10% en ambos casos.

Los grupos blanco y amarillo muestran en estas ocupaciones una participación porcentual por encima de la importancia poblacional relativa a estas ocupaciones en la estructura ocupacional, lo que indica que, para ellos, entre los grupos étnicos, está destinado el monopolio de las actividades de mejor “status” social y a quienes se destina a niveles inferiores en la jerarquía ocupacional, pues, los “empleos relacionados con las ocupaciones técnicas cuentan con más prestigio, más renta y mayor probabilidad de movilidad… los empleos relacionados a las ocupaciones no manuales de rutina también generan innumerables oportunidades de movilidad aunque sus participantes recorren menos distancia en la estructura social. ¿Y el tercer grupo? Por un lado, estos empleos son potencialmente más limitados en términos de movilidad estructural, de otro, es necesario considerar que la movilidad va a depender del punto de partida de los individuos. Migrantes de la zona rural pueden encontrar en el bajo terciario urbano una oportunidad para la ascensión social. Por tanto, la actividad terciaria sería perversa para la movilidad de los individuos que están en la zona urbana y facilitador de movilidad para los que proceden de una zona rural.[12]

Considerando, por lo tanto, que la mayoría de la población negra brasileña se encuentra asignada en las ocupaciones manuales, fundamentalmente en la agricultura y en la prestación de servicios, las posibilidades de cambio estructural en su situación ocupacional son desalentadoras, pues, considerando las desventajas iniciales del grupo negro en términos de nivel de instrucción, además de los mecanismos socialmente instituidos de discriminación racial actuando constantemente en el mercado de trabajo.

Vale la pena recordar que en un estudio que se elaboró con base en datos de la PNAD de 1973, José Pastore demuestra que era “[…] elevado el número de individuos bien colocados en la estructura social cuyo nivel de escolarización formal es relativamente básico. Por ejemplo, cerca del 20% de los individuos que componían el estrato alto de 1973 tenían apenas la educación primaria, o menos. Entre los miembros del estrato medio superior, la asociación entre desigualdad social y desigualdad educacional es alta, pero no es perfecta”.[13]

A partir de esto se puede inferir que las diferencias existentes entre negros y blancos, en términos de instrucción, no son suficientes para explicar cabalmente sus diferencias en términos ocupacionales y de rendimiento (que veremos a continuación). Y tampoco se explican a partir de la tasa de actividad de estos grupos ya que la participación relativa de negros en la Población Económicamente Activa es superior a su participación relativa en el conjunto de la población.

2.2.1 Desigualdad entre mujeres en la estructura ocupacional.

La tabla 5 muestra la distribución porcentual de las mujeres económicamente activas en la estructura ocupacional por color para Sao Paulo y Brasil. La comparación entre los datos referentes a las mujeres negras, blancas y amarillas, revelan el acceso diferenciado en el mercado de trabajo según el color y el confinamiento al que la mujer negra está destinada en las actividades terciarias, a pesar de los significativos cambios ocurridos en la estructura ocupacional de la PEA Femenina en los últimos veinte años, tal como lo han apuntado Carlos Hasembalg y Valle Silva:

En cuanto a la inserción de la mujer en la estructura ocupacional, a pensar de que todavía existe un grado elevado de segregación ocupacional vertical y horizontal, la creciente división técnica del trabajo,  a través de la generación de nuevas posiciones ocupacionales llevó a una mejor distribución de fuerza de trabajo femenina en la estructura ocupacional y a una disminución de la concentración de mujeres en grupos específicos de ocupación. Basta señalar algunas tendencias en este sentido. La participación relativa en la PEA femenina en las ocupaciones administrativas aumenta del 8,2% en 1960 al  15,4% en 1980. Cabe destacar que este aumento, tanto en términos relativos como absolutos, ocurre, principalmente en posiciones subordinadas, esto es, en las funciones burocráticas y de escritorio Dentro de las ocupaciones técnicas y científicas disminuye en 10%, dentro del periodo considerado la proporción de mujeres en dos ocupaciones sexualmente tipificadas: profesoras de primer y segundo grado y enfermeras. En contrapartida, el número de mujeres en profesiones de prestigio más elevado (ingenieras, arquitectas, médicas, dentistas, economistas, profesoras universitarias y abogadas) aumenta. De la misma manera disminuye la proporción de mujeres ocupadas en la industria textil y del vestido entre aquellas ocupadas en la industria y la proporción de las empleadas domésticas entre las mujeres ocupadas en la prestación de servicios.[14]

La cita extensa nos permite tener el cuadro evolutivo de la situación de la mujer brasileña en general en la estructura ocupacional del país en los últimos veinte años. Aún así, en la Tabla 5, es posible inferir que la redistribución de las mujeres en la estructura ocupacional se dio de forma desigual entre los diferentes grupos étnicos.

En 1960, el 30,1 % de la PEA femenina realizaba actividades relacionadas con la agricultura, cosecha y pesca y el 36,3% a la prestación de servicios. En 1980 tales porcentajes caen hacia el 14,8%  y el 33, 8% respectivamente.

En la misma tabla podemos verificar que en 1980 la participación de las mujeres en estas dos ocupaciones era significativamente desigual si comparamos mujeres blancas, pretas y pardas. El 9,6% de las mujeres blancas permanecen en la agricultura; el 15,3% de las pretas y el 19,6% de las pardas. En la prestación de servicios la distribución  es: el 24,2% de las blancas,  56,4% (sic) de las pretas y 35,7% de las pardas.

Podemos deducir a partir de estos datos que la movilidad de las mujeres pretas y pardas se dio básicamente en el sector primario para el bajo-terciario, como reflejo del proceso de urbanización. La movilidad vertical experimentada por la mujer brasileña en general habrá sido un proceso vivido fundamentalmente por las mujeres blancas.

En Sao Paulo, el 84% de las mujeres pretas y el 78,2 de las pardas se distribuyen entre las actividades de prestación de servicios, agricultura y de la industria de transformación y construcción civil o en ocupaciones mal definidas o no declaradas. Para el país estos mismos porcentajes son del mismo orden para las pretas y caen  hacia el 72% para las pardas.

La presencia de las mujeres blancas en Brasil en el total de estos grupos ocupacionales es de 51% y las amarillas en un porcentaje en torno al 30%. Debemos observar que las mujeres de estos dos últimos grupos étnicos aparecen excesivamente representadas en los sectores nobles de la estructura ocupacional (ocupaciones administrativas, técnicas, científicas y artísticas) concentrándose  en el 36,9% de las mujeres blancas de  Sao Paulo y el 36,4 en  el resto del país.

El porcentaje de las mujeres amarillas es de 53,2% en Sao Paulo y el 51, 6% en Brasil. La participación de las mujeres negras en estos dos grupos ocupacionales es de 10, 6% en Sao Paulo y hasta el 8,8% en Brasil, quedando las pardas con 13,2% y 17,5% en Sao Paulo y en el Brasil respectivamente.

Tabla 5

Distribución porcentual femenina económicamente activa en la estructura ocupacional según color

Ocupaciones

Blancas

Pretas

Pardas

Amarillas

Total

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

Administrativas

23,5

19,6

6,0

3,9

9,1

8,2

36,0

34,0

19,9

14,6

Técnicas/científicas/artísticas

13,4

16,8

4,6

4,9

4,1

9,3

17,2

17,6

11,1

13,4

Agricultura/extractiva vegetal y Animal

5,2

9,6

8,2

15,3

6,9

19,6

5,2

6,9

5,7

13,7

Producción minera

0,004

0,007

0,03

0,004

0,04

0,0004

0,002

Industria de Transformación y construcción civil

16,4

13,2

14,8

9,5

20,4

12,7

11,0

10,4

16,9

12,7

Comercio y actividades auxiliares

8,8

8,8

2,9

3,5

5,7

6,8

15,7

15,2

8,0

7,8

Trasportes y comunicaciones

1,1

1,0

0,5

0,4

0,7

0,6

0,5

0,5

1,0

0,8

Prestación de servicios

24,4

24,2

56,3

56,4

45,0

35,7

8,8

9,8

30,1

30,3

Defensa Nacional y Seguridad Pública

0,09

0,06

0,06

0,03

0,05

0,04

0,08

0,08

0,08

0,05

Mal definidas o no declaradas

5,0

4,1

4,7

3,3

5,9

3,7

3,9

3,7

5,2

3,9

Buscando empleo

2,1

2,6

1,8

2,5

2,2

3,4

1,4

1,8

2,0

2,8

Total (%)

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

en mil

2.280

6.824

199

897

608

3.988

68

86

3.166

11.842

Fuente: IBGE. Censo 1980

2.3 Rendimiento

La primera constatación que recorre el análisis de los datos referentes a los niveles de rendimiento medio mensual, percibidos por el grueso de la Población Económicamente Activa brasileña, es que somos, antes de todo, una población sobre-explotada. El 82% de la mano de obra empleada del país no rebasaba en 1980 la franja de los 5 salarios mínimos.

Aún así, tal estado de pobreza no se distribuye, como era de esperar, en los datos presentados anteriormente, uniforme e igualitariamente entre los grupos raciales.

Tabla 6

Distribución porcentual de los grupos raciales según el rendimiento medio mensual para Sao Paulo y Brasil. PEA

 

Blanco

Amarillo

Preto

Pardo

Negro (*)

Total

  S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil S. Paulo Brasil

Hasta 1 S.M

15,3

24,6

5,2

9,5

26,5

47,1

21,4

44,4

22,6

44,8

16,8

33,2

De 1 a 5 S.M

62,9

54,0

49,7

48,1

67,0

44,2

69,9

42,0

69,3

42,3

64,4

48,7

Más de 5 S.M

180

13,8

38,1

34,6

3,5

2,0

5,1

3,7

4,7

3,4

15,2

9,4

Sin rendimiento/
Sin declaración/
Buscando empleo

3,6

7,6

7,0

7,8

2,9

6,7

3,5

9,9

3,4

9,4

3,4

9,4

Total (%)

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

En mil

7.609

24.036

218

294

547

2.876

2.00

15.861

2.548

18.738

10.411

43.235

Fuente: IBGE, Censo de 1980

(*) Preto + pardo

 

La Tabla 6 nos permite observar los efectos concretos de la desigualdad racial en lo relativo a las posibilidades de gozar de una renta de los diversos grupos raciales, evidenciando, por lo tanto, los niveles diferenciados de explotación presentes en la sociedad brasileña además de señalar los grupos raciales  donde es mayor  la distribución injusta de renta.  Toca a los negros, evidentemente, la mayor participación en la franja inferior de rendimientos (hasta un salario mínimo). El 44,8%  de los negros brasileños ganaban en 1980 hasta un salario mínimo comparado con el 24,6% de los blancos y 9,5% de los amarillos. Con el  92% en Sao Paulo y 87% en Brasil de la fuerza de trabajo negra no pasaba de la barrera de los 5 salarios mínimos, siendo que para Brasil más del 9,4% de negros corresponden a personas que trabajaban y no ganan, o que no declaran rendimiento o estaban en esa época buscando trabajo. Para el grupo blanco, en la misma franja de rendimiento, los porcentajes disminuyen sensiblemente, quedando en general en torno del 78%, mientras que los amarillos comparecen con 55% en Sao Paulo y 58% en Brasil.  En consecuencia, en la franja que rebasa  los 5 salarios mínimos están solamente los blancos y  los amarillos tienen una participación porcentual considerable, quedando el grupo negro con menos del 5% de participación relativa en esta franja de rendimiento, sea en Sao Paulo o en el total del país. En Sao Paulo los blancos aparecen en esta franja con el 18% y con 13,8% en Brasil y los amarillos con 38% y 34, 6% respectivamente.

 

2.3.1 Desigualdad entre mujeres a nivel de Rendimiento Medio mensual

Los datos generales relativos al rendimiento medio mensual percibido por las mujeres económicamente activas son presentados en la Tabla 7. Aquí también, como era de esperar, persisten las desventajas de las mujeres negras y pardas en relación a las demás.

Si en la primera franja de renta, hasta ¼ de salario mínimo, para Sao Paulo, los porcentajes entre las mujeres muestran pequeñas diferencias, cuando observamos los datos para Brasil la diferencia es de cerca del 15%: Ya que las mujeres negras brasileñas ganan hasta ¼ de salario mínimo mientras que el 5,6% de las mujeres blancas brasileñas y el 1,5% de las amarillas se encuentran en tal condición. El 26,3% de las mujeres blancas paulistas ganan hasta un salario mínimo, subiendo este porcentaje hasta un 34,8% en para el resto del país.

Tabla 7PEA femenina según color y rendimiento medio mensual para Sao Paulo y Brasil

Rendimiento

Blanca

Preta

Parda

Amarilla

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

Hasta ¼

2,2

5,6

3,2

13,7

3,1

14,8

0,3

1,5

De ¼ a ½

6,1

9,1

10,0

19,1

8,8

17,4

1,3

2,6

De ½ a 1

18,0

20,1

30,0

29,9

27,0

26,0

6,6

8,6

De 1 a 2

35,2

29,4

42,0

23,9

44,0

21,3

21,4

21,7

De 2 a 5

25,2

19,4

11,0

5,5

12,0

7,3

38,8

35,4

De 5 a 10

6,7

5,4

0,8

0,5

1,1

1,2

15,5

14,4

De 10 a 20

1,7

1,5

0,09

0,07

0,1

0,2

4,1

3,7

Más de 20

0,3

0,3

0,0

0,007

0,03

0,004

0,09

0,8

Sin rendimiento

2,1

6,2

0,9

3,9

1,5

7,5

9,1

9,5

Sin declaración

0,2

0,4

0,3

0,7

0,3

0,6

0,4

0,4

Buscando trabajo

2,1

1,8

2,1

1,4

Total (%)

100

100

100

100

100

100

100

100

(en mil)

2.280

6.824

199

897

608

3.988

68

86

Fuente: IBGE. Censo de 1980

Entre las negras el 43,2%, en Sao Paulo,  ganan hasta un salario mínimo y 62,7% de las pretas brasileñas están en esta franja de rendimiento. Los pardos participan en esta franja (de ¼ a 1 salario mínimo) en Sao Paulo con 38,9% de su fuerza de trabajo y en Brasil con el 58,2%

En términos generales, dos salarios mínimos representan el máximo de rendimiento medio mensual que la mayoría de las mujeres negras consiguen obtener en el mercado de trabajo, ya que en esta franja de rendimiento se encuentran el 85,2% de las pretas y el 83% de las pardas en Sao Paulo, manteniendo porcentajes semejantes para el resto del país. En las franjas superiores, los números absolutos son más expresivos que los porcentajes. En Sao Paulo, apenas 7 mujeres pretas y 195 pardas ganan encima de los 20 salarios mínimos. Para Brasil esos datos aumentan para 64 pretas y 1 693 pardas, en una población económicamente activa de cerca de 900 000 y de 4 millones de mujeres respectivamente.

2.3.2 Desigualdad entre mujeres a nivel de rendimiento dentro del mismo grupo ocupacional

Hasta aquí hemos presentado las desventajas socio-económicas sufridas por el grupo negro, en general, y de la mujer negra en particular.  Constatamos que tales desigualdades están presentes en el acceso diferenciado al proceso educacional; en la asignación en la estructura ocupacional y en la obtención de rendimientos.  Se podría suponer que las diferencias a nivel educacional del grupo negro y, en relación a los demás grupos, tendría como consecuencia natural la dificultad en la participación en mejores franjas del mercado de trabajo, lo que relativizaría el peso de la discriminación racial en este proceso.

Por eso nos parece importante ahora averiguar cuál es la situación de la mujer negra a nivel de rendimiento medio mensual percibido dentro de los grupos ocupacionales,

El análisis de las desventajas sufridas por las mujeres negras en las ocupaciones superiores que exigirían mayor escolaridad, especialización, etc., tal como las ocupaciones administrativas, técnicas, científicas y artísticas, resentirían posiblemente las restricciones señaladas arriba. Así, tomaremos como referencia para la percepción de las desigualdades raciales presentes en el interior de los grupos ocupacionales, la prestación de servicios, caracterizada por ser un sector ocupacional concentrado en mano de obra de baja cualificación profesional, bajos niveles de instrucción y rendimiento. Este grupo es definido  ya agregado por el IBGE a las categorías profesionales de los propietarios en los servicios, ocupaciones de los servicios de hospedaje y alimentación; ocupaciones de los servicios de higiene personal; atletas profesionales y actividades similares, porteros, elevadoristas, vigilantes y sirvientes.

La participación de la mujer negra en esta ocupación es del 47,8%  en Sao Paulo y 53,5% en Brasil, en tanto que la mujeres blancas tienen un 24,8% en los dos casos Evidentemente, gran parte de esta mano de obra esta localizada en el empleo doméstico.

En la Tabla 8 se muestran los rendimientos medios mensuales percibidos por las mujeres en esta categoría. El primer dato chocante es el número de mujeres brasileñas que reciben hasta ¼ de salario mínimo: 18,1%. El porcentaje de mujeres negras en esta franja sobrepasa  7% al de las mujeres blancas.

Tabla 8Distribución porcentual de las mujeres en la prestación de servicios para Sao Paulo y Brasil

Blancas

Pretas

Pardas

Negras (*)

Total (**)

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

S. Paulo

Brasil

Hasta ¼ a ½

6,8

14,5

4,7

17,7

5,7

22,5

5,4

21,2

6,2

18,1

De ½ a 1

16,9

22,3

14,7

23,1

15,1

24,2

15,0

24,0

16,0

23,1

De 1 a 2

34,7

33,5

37,9

34,6

37,8

31,7

37,8

32,5

35,8

32,9

De 2 a 5

6,0

3,4

4,7

1,9

4,0

1,7

4,2

1,9

5,5

2,7

De 5 a 10

0,5

0,4

0,0,07

0,005

0,1

0,1

0,1

0,09

0,4

0,2

De 10 a 20

0,1

0,08

0,03

0.01

0,03

0,02

0,03

0,01

0,08

0,05

Más de 20

0,01

0,01

0,00

0,004

0,00

0,003

0,003

0,009

0,006

Sin rendimiento

0,8

1,1

0,4

0,8

0,5

1,0

0,5

0,9

0,7

1,0

Sin declaración

0,2

0,7

0,2

1,0

0,2

1,2

0,2

1,1

0,3

0,9

Total (%)

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

(en mil)

557

1.652

112

505

274

1.423

386

1.929

952

3.605

Fuente: IBGE. Censo de 1980(*) pretas + pardas(**) inclusive amarillas y sin declaración

En las franjas entre ¼ a 1 salario mínimo, la participación de las mujeres es porcentualmente semejante. El próximo corte significativo ocurre en la franja de 1 a 2 salarios mínimos, donde disminuye la presencia porcentual de las mujeres negras en relación a las blancas con el 23,8% y las negras 18,4%. Para esta ocupación,  esta franja de rendimiento representa niveles superiores de rendimiento que pueden ser percibidos por las mujeres en general y que se constituye prácticamente en la barrera de nivel de rendimiento, para las mujeres negras, pues en la franja posterior, de 2 a 5 salarios mínimos, participan  menos del 2% contra el 3,6% de las mujeres blancas.

Por lo tanto, a través de esta actividad podemos concluir definitivamente que el color no solo funciona en relación a las mujeres negras como un factor de expulsión de la población femenina  negra hacia las peores actividades del mercado de trabajo sino que también determina los rendimientos más bajos asimismo en estas funciones subalternas, lo que ocurre de manera sistemática en el interior de las demás ocupaciones.

En aquellos grupos ocupacionales tradicionalmente tenidos como el lugar natural del negro como la prestación de servicios o la agricultura/vegetal y animal, las desventajas sociales persisten agudizando las condiciones de existencia de pretos y pardos en el país.

No nos fue posible recoger la información en cuanto al peso del empleo doméstico en esta ocupación. Es frecuente, que sean mujeres quienes estén en él colocadas y sean mayoritariamente empleadas domésticas. Admitiéndose tal hipótesis podríamos inferir que las desigualdades raciales continúan determinando los rendimientos inferiores de las mujeres negras hasta en esta categoría profesional. La fuerte presencia de las mujeres negras en la prestación de servicios ratifica que, tal como en el pasado pos-abolicionista, ésta continua siendo para las mujeres negras la principal modalidad de actividad económica  a la que tienen acceso, a pesar de estar próximos a cien años de la Abolición de la Esclavitud y, por tanto, ni la “tradición” ni “kno how” (sic) que históricamente hemos acumulado en tales funciones, son suficientes para que, al menos en estas ocupaciones, las mujeres negras perciban rendimientos semejantes al de las mujeres blancas. Al contrario, participamos mayoritariamente en este grupo ocupacional y dentro de él ganamos proporcionalmente menos y estamos más desprotegidas en términos de garantías sociales. Según los datos de la PNAD de 76, “el rendimiento medio mensual encontrado en 76 para las mujeres negras que estaban en la categoría de los empleados en la prestación de servicios era cerca de 476,20 cruceiros. Ese rendimiento equivalía a cerca de 79,5% del que ganaban la s blancas, 598.00 cruceiros”. Y aún más, “en la prestación de servicios apenas el 22,4% de las mujeres negras tienen credencial de trabajo, siendo el 30,9%  la proporción encontrada para las blancas”.[15]

En la Tabla  9 se señala la distribución porcentual de las mujeres negras y blancas trabajadoras en ocupaciones  de agricultura, extracción vegetal y animal. Se observa que en las franjas de rendimientos inferiores (hasta ½ salario mínimo) las mujeres negras aparecen representadas el doble que las mujeres blancas, siendo que en torno al 19,3% de éstas ganan hasta ½ salario mínimo, tal porcentaje para las mujeres negras para un 40,9% en esta misma franja de rendimiento. Se incrementa hasta un 58,4% la mano de obra femenina negra y que además tiene rendimientos desproporcionadamente inferiores dentro de un grupo ocupacional caracterizado por la actividad manual y por el bajo grado de instrucción.

La mujer blanca percibe ventajas en todas las franjas de rendimiento y, en su mayoría aparecen sin rendimiento, lo que puede ser indicador o reflejo del acceso privilegiado del grupo blanco a la tierra.

Tabla 9Mujeres económicamente activas colocadas en la Agricultura, Cosecha y animal

Salario Mínimo

Blancas

Negras

Hasta ¼

6,2

14,5

De ¼ a ½

13,1

26,4

De ½ a 1

18,0

20,9

De 1 a 2

7,9

5,0

De 2 a 5

1,5

0,6

De 5 a 10

0,2

0,05

De 10 a 20

0,09

0,01

Más de 20

0,04

Sin rendimiento

52,6

32,1

Sin declaración

0,2

0,3

Total (%)

100

100

(en mil)

652

917

Fuente: IBGE. Censo Demográfico de 1980.

3. Consecuencias políticas/ideológicas

En el esfuerzo de configuración de un movimiento de mujeres negras está reflejado el sentido y la complejidad de la problemática de la mujer negra en la sociedad brasileña. Al situarse en la intersección del Movimiento Negro y del Movimiento Feminista, identifica  la identidad como la problemática entre el racismo, la discriminación racial y hasta con las cuestiones generales señaladas por el sexismo.

Sin embargo, tales identidades no son suficientes, ni para la erradicación del machismo en la población negra ni para la superación del racismo como ideología introyectada en la población blanca en general y la feminista en particular.

De esto ha resultado el surgimiento de grupos feministas en las diversas entidades negras o la emergencia de entidades negras en diversos estados del país en función de las dificultad es,  tanto del Movimiento Negro como del Movimiento Feminista al asimilar, de manera efectiva, la problemática específica de la mujer negra.

3.1 Desigualdades Interraciales

Los datos estadísticos presentados anteriormente permitirán visualizar que los negros en general tienen acceso limitado al mercado de trabajo y a la movilidad social por causa o en función de formas de discriminación racial presentes en nuestra sociedad. Con todo, el hombre negro a pesar del racismo y de la discriminación racial, al ser comparado con la mujer negra presenta ventajas relativas que sólo pueden ser atribuidos a su condición sexual. Apartir del análisis de algunos indicadores sociales, que evidencian que nacer como hombre negro, en términos de oportunidades sociales, es menos desastroso que nacer mujer negra.

El carácter de la desigualdad basada en la diferenciación de sexo se acentúa cuando se considera que las diferencias existentes entre hombres negros y mujeres negras, en cuanto a la educación (ver Tabla 2), son irrelevantes para justificar las diferencias presentes entre ambos en cuanto a disfrute de renta.

Oliveira, Porcaro y Araújo Costa, en el estudio: “Repensando o lugar da mulher negra”, presentan en el cuadro siguiente, los diferenciales de rendimiento encontrados entre hombres negros y mujeres negras en los diversos grupos ocupacionales.

En todos ellos, la mujer negra se encuentra en situación de inferioridad, percibiendo en términos de rendimiento medio mensual un 29,5% en comparación con el 72,0% de lo que gana el hombre negro.

En Sao Paulo, como muestra la Tabla 10, tales disparidades entre hombres y mujeres negras son más evidentes en dos franjas de rendimiento: pasa de 1/2 a 1 salario mínimo y más de 2 a 5. En la primera, las mujeres negras aparecen representadas más del doble en relación a los hombres negros. En la segunda, la situación se invierte (la mayoría de las negras quedan en las franjas anteriores) correspondiendo a un tercio de los hombres negros.

Considerando que 5 salarios mínimos representa, en Sao Paulo o en Brasil, el límite de que la mayoría de la población negra llega a ganar, los efectos del sexismo se evidencian puesto que ganan de 2 a 5 salarios mínimos 33,4% de los hombres pretos y 37,2% los pardos, contra el 11% de las mujeres pretas y 12,0% de las pardas. En la franja superior (de 5 a 10) salarios mínimos), las mujeres negras comienza a desaparecer, mientras que los hombres pretos y pardos aparecen respectivamente con 4,1 y 5,6%.

Categorías socio-ocupacionales

Diferencias de rendimiento

Mujeres negras / hombres negros

Total

57, 5

1. Ocupaciones de nivel superior, empresarios y administradores

65,8

2. Ocupaciones de nivel medio y personal administrativo

61,4

3. Empleados en ocupaciones de agricultura vegetal

68,7

4. Trabajadores autónomos y no remunerados en ocupaciones de Agricultura

29,5

Trabajadores autónomos en ocupaciones de la agricultura y la cosecha

46,0

5. Empleados en ocupaciones de la industria de transformación y extractiva mineral

56,4

6. Empleados en ocupaciones de la construcción civil

65,8

7. Empleados en ocupaciones de comercio

72,0

8. Empleados en ocupaciones de transporte

63,5

9.Empleados en ocupaciones de prestación de servicios

52,7

10. Trabajadores autónomos y no remunerados en ocupaciones de la industria y del comercio de las prestaciones de servicios y de los transportes

34,2

Trabajadores autónomos en ocupaciones de la industria, comercio y prestación de servicios y transportes

35,6

Trabajadores autónomos en ocupaciones de la prestación de servicios

56,8

11. Otros

53,11

Fuente: Resultados preliminares del censo demográfico

En relación a Brasil, estas diferencias asumen proporciones brutales, habiendo, manteniendo tal porcentaje en la franja posterior (de ¼ A ½). En la franja de 2 a 5 salarios mínimos la diferencia, ahora alta, disminuyó significativamente en relación a Sao Paulo, ya que para el resto del país hay un empobrecimiento mayor todavía en el hombre negro. Debe notarse que en Brasil  2,2% de los pretos y 3,2 de pardos en la franja de 5 a 10 salarios mínimos, aunque en Sao Paulo estos porcentajes suben hasta un 4, 1% y 5,6 respectivamente.

En síntesis, las mujeres y hombres negros en Sao Paulo aparecen mejor distribuidos en relación a Brasil en las franjas de rendimiento, expresando las “ventajas” relativas ofrecidas por Sao Paulo, dada su importancia económica, grado de urbanización y desarrollo en relación al resto del país.

Sin embargo, es todavía en Sao Paulo donde las diferencias entre hombres y mujeres negras son más acentuadas en términos de goce de reta, haciendo suponer que las mejores oportunidades de trabajo encontradas en Sao Paulo van a acompañadas de la exacerbación de los efectos tanto del racismo como del sexismo, considerando que tanto la competencia entre hombres y mujeres se agudiza en el mercado de trabajo tanto como la competición entre los grupos raciales, ya que en el resto del país el confinamiento de los dos grupos a sus lugares “naturales” es mayor. Por lo tanto, la lógica racista y machista presente en el mercado de trabajo determina que, así como el racismo establece ventajas sociales para el grupo blanco en general, la ideología machista de manera similar garantiza las ventajas de los hombres en general, beneficiando indirectamente segmentos masculinos de los grupos estigmatizados racialmente.

Tabla 10

color

sexo

localidad

Hasta ¼

De ¼ a ½

De ½ a 1

De 1 a 2

De 2 a 5

De 5 a 10

De 10 a 20

Más de 20

Otros

Total

Hombres S. Paulo 0,6 1,7 8,2 27,5 36,5 13,2 6,0 2,7 3,8 100
Blancos Brasil 1,5 4,2 15,0 28,0 28,0 9,5 4,7 2,1 6,9 100
Mujeres S. Paulo 2,2 6,1 18,0 35,2 25,2 6,7 1,7 0,3 4,4 100
Brasil 5,6 9,0 20,1 29,4 19,4 5,4 1,5 0,3 9,2 100
Hombres S. Paulo 0,9 2,6 13,5 41,7 33,4 4,1 0,6 0,1 3,0 100
Pretos Brasil 3,1 8,7 28,2 33,3 17,5 2,2 0,4 0,08 6,4 100
Mujeres S. Paulo 3,2 10,0 30,0 41,8 11,8 0,8 0,09 0,003 3,0 100
Brasil 13,7 19,1 29,9 23,9 5,5 0,5 0,08 0,007 7,2 100
Pardos Hombres S. Paulo 0,7 2,1 11,0 38,8 37,2 5,6 0,9 0,2 3,4 100
Brasil 3,4 9,4 26,9 28,7 17,3 3,2 0,9 0,3 9,4 100
Mujeres S. Paulo 3,1 8,8 27,0 44,1 12,0 1,1 1,1 0,03 3,9 100
Brasil 14,8 17,4 26,0 21,3 7,3 1,2 0,2 0,04 11,6 100
amarillos Hombres S. Paulo 0,2 0,6 3,1 11,8 33,1 23,3 15,7 7,1 5,2 100
Brasil 0,6 1,7 5,7 13,5 30,8 20,6 14,0 6,8 6,1 100
Mujeres S. Paulo 0,3 1,3 6,6 21,4 38,8 15,5 4,1 0,9 10,9 100
Brasil 1,5 2,6 8,6 21,7 35,4 14,0 3,7 0,8 11,7 100
Fuente: IBGECenso de 1980

Entre los negros, este mecanismo determina que las diferencias entre hombres y mujeres, en cuanto a la obtención de renta, sea más significativa que entre los demás grupos raciales, haciendo suponer que uno de los efectos de la conjugación de racismo y sexismo está en el incremento de distancia entre hombres y mujeres de este grupo racial, exponiendo a las mujeres negras a niveles de mayor dependencia, disminuyendo la importancia en su participación en las estrategias de sobrevivencia del grupo negro.

Nótese que tales dispositivos determinan que en las franjas de rendimiento consideradas anteriormente, el hombre negro aparezca más próximo de los porcentajes entrados para las mujeres blancas, o sea, el hombre negro presenta diferencias menores en relación a la mujer blanca que en relación a la mujer negra.

Esas desigualdades en el interior del mismo grupo racial resultan en contradicciones políticas e ideológicas de las cuales las palabras de un militante negro son ilustrativas:

[…] el blanco posibilita a un negro paulatinamente ganar espacios y cuando el gano ese espacio, le hace aquello que es una cosa terrible: corta la mejor cabeza que la comunidad negra produjo y lo copta para su grupo, sea un ingeniero, profesor, lo que sea, él pasa a colaborar… el tiene un espacio cultural, el tiene acceso al ocio al bienestar. Ahí el mira para si y dice: “estoy solo aquí, no existen mujeres negras para mí”. En verdad, es una ideología al mismo tiempo racista pero al mismo tiempo fundada en la supuesta desigualdad entre los individuos. “Yo no puedo ir a San Mateo para conversar con una mujer negra porque ella no va a entender nada de los filósofos que leí”. O sea, es proceso es aquello que la gente llama acefalía de la comunidad negra, es decir, e corte de las mejores cabezas que existen en el Movimiento Negro para que ellas figuren dentro del universo blanco y pérdidas en relación al Movimiento Negro. Es una violencia terrible.[16]

Por lo tanto, y paradójicamente, las ventajas percibidas socialmente por el hombre negro frente a la mujer negra, se introducen en aquellos considerados como “los mejor colocados” de la población negra, o  a través de cooptación o de alienación en relación a la comunidad negra.

Estas cuestiones han sensibilizado de manera especial a las mujeres negras en lo relativo al hecho de que esta alienación tiene como resultado la preferencia manifiesta de este tipo de hombre negro por mujeres blancas como consecuencia de este proceso de alienación y colonización en los valores estéticos blancos.

La expresión de tal comportamiento pude ser mensurada por las tasas de matrimonios interétnicos encontrados por Oliveira, Porcaro y Araújo Costa que indican que:

la tendencia de homogamia racial también se aplica a los negros de forma más nítida, es decir, verificamos en la medida en que aumenta el nivel de rendimiento de los jefes negros (pretos y pardos) y el nivel educacional, hay una proporción expresada de que éstos se casan con mujeres blancas –cerca del 36,9% de los jefes negros que tienen entre ocho y diez años de estudio y 43,2% de los que tienen once años o más. Es interesante mostrar que de los jefes blancos en igual situación, apenas el 8.7% y 4,8% respectivamente, se casan con mujeres negras.[17]

La demostración de la desigualdad en las oportunidades existentes entre hombres y mujeres negras no debe conducir a que se piense que estamos relativizando el peso de la discriminación racial sobre el hombre negro. Lo datos aquí presentados son suficientes para demostrar que los hombres negros, en general, y el designado preto en particular, se encuentran en situación de mayor marginalidad que las mujeres blancas o amarillas.

De igual manera, no cabe todavía la suposición de que una perspectiva feminista para el movimiento de mujeres negras pase por la oposición o el distanciamiento del hombre negro. El propósito, recordémoslo, de Lélia Gonzales cuando, evalúa la importancia de la participación de la mujer negra en los movimientos negros, enfatiza que “la presencia de la mujer negra ha sido de fundamental importancia, una vez que, comprendiendo que el combate al racismo es prioritario, ella no se dispersa en un feminismo que apartara a sus hermanos y compañeros”. [18]

Por lo tanto, lo que se expone aquí es la necesidad de destacar los efectos perversos que la ideología machista tiene contra la lucha emprendida por el grupo negro en general, en la medida, en que objetivamente, tanto el racismo o el sexismo actúa como componente intrínseco de subalternidad de expresión contingente de la población negra que son las mujeres negras, generando entre otras condiciones, la fragmentación de la identidad racial.

El incremento todavía de este conjunto de desventajas sufridas por las mujeres negras ha retardado el surgimiento de cuadros negros actuantes políticos en la escala y proporción que la lucha del negro exige, lo que resulta en un factor de debilitamiento del Movimiento Negro como un todo. Este será, entonces, claro y contundente cuando pueda contar políticamente con todo el coraje y combatividad que la mujer negra ha demostrado históricamente en la vida cotidiana de la gente negra.

Desde este punto de vista, el combate a la ideología machista dice: respeto a hombres y mujeres negras en general, pues la opresión que tal ideología promueve sobre las mujeres en general, entre nosotros, los negros, tiene un significado especial.

Así lo define el poeta negro Arnaldo Xavier: “el machismo es, por excelencia, el espacio de la solidaridad existente entre hombres negros y blancos” y el resultado principal de esta “solidaridad” es la ampliación de los niveles de explotación sobre la mujer negra, pues el hombre negro sólo se beneficia concretamente de ella delante de la mujer negra, ya que cuando está en cuestión la disputa por las mejores oportunidades del mercado de trabajo, lo más altos dividendos generados socialmente, la cosa se vuelve “ pelea de blancos y/o asiáticos”, donde el negro no entra, sea hombre o mujer.

Los hechos presentados revelan la impotencia del hombre negro delante de los mecanismos de discriminación racial para superar, por ejemplo, la barrera de los 5 salarios mínimos.  En Brasil, en las franjas superiores de rendimiento, perciben más de 10 a 20 salarios mínimos de entre los hombres económicamente activos, 14% de los amarillos, 4,7% de los blancos, 0,9 de los pardos y 0,4% de los pretos y todavía 1,5% de las mujeres blancas.

Percibiendo más de 20 salarios mínimos se encuentran el 0,8% de los hombres pretos, 0,3% de los pardos, 0,3 de mujeres blancas, 2,1% de blancas y 6.8% de amarillos.

3.2 La mujer negra y el Movimiento Feminista

Tal como se puede apuntar, la fragilidad de la identidad racial para sustraer la ideología machista del interior de la población masculina negra, igualmente la identidad femenina no es elemento suficiente, como vimos anteriormente a partir del análisis de algunos indicadores socio-económicos, para ofrecer a las mujeres en general un perfil semejante en tanto a las desigualdades sufridas socialmente, hemos visto que son evidentes las ventajas significativas percibidas especialmente por las mujeres blancas (dada su importancia numérica al contrario de las amarillas) en cuanto al acceso a la educación, la estructura educacional y la obtención de renta. Se supone que a partir de ahí, que ellas hayan sido las principales beneficiarias de la diversificación de las posiciones ocupacionales ocurridas en el país en las últimas dos décadas por el incremento de la división técnica del trabajo y, por consiguiente, aumento de la PEA femenina en el periodo especialmente de la década de los 70.

En definitiva, las mujeres no sólo tienden a conseguir una mejor distribución en la estructura ocupacional, sino que también abandonan los sectores de actividades que absorben la fuerza de trabajo menos calificada o peor remunera, para ingresar en proporciones crecientes en la industria y en los servicios modernos. Las tendencias observadas permiten sugerir, de manera provisional, la posibilidad de una diferenciación de los mercados de trabajo para las mujeres: mientras las mujeres oriundas de clases populares, con bajos niveles de escolaridad, tienden a concentrarse en la prestación de servicios y en los empleos ligados a la producción en la industria, las mujeres de clase media, que cuentan con mayores niveles de educación formal, se dirigen hacia los servicios de producción y de consumo colectivo.[19]

Por lo tanto, las tendencia observadas por los autores, junto con los datos presentados, permiten inferir (en vista que está claro que quien dice respeto de manera mayoritaria ya que habla desde el concepto de clase populares), que el cuadro verificado en relación la mujeres negras será difícilmente revertido a mediano y largo plazo sin la intervención de medidas concreta que permitan romper con las desventajas acumulativas resultado de la discriminación racial que expone al negro en general, y a la mujer, en particular, en la sociedad brasileña a un círculo vicioso de desventajas en cualquier aspecto de la vida social.

Las desigualdades apuntadas entre negras y blancas anticipan por sí mismas las tensiones que política e ideológicamente acarrean, colocando en la mayoría de las veces a blancas y negras en contradicción política, mal logrando la condición femenina.

Innegablemente, el Movimiento Feminista Nacional viene luchando históricamente contra a diferentes formas de discriminación sexual que alcanzan a las mujeres en general. Y es precisamente en este en general que residen las dificultades en la medida en que

[…] el presupuesto que afirma la identidad femenina como un campo de significaciones particulares incurre en el riesgo de no considerar la complejidad de las relaciones sociales. Tal complejidad, implica en la inexistencia de totalidades femeninas y masculinas exentas de diferenciación. Lo que equivale a decir que el feminismo al reivindicar el derecho a al a diversidad, se refiere a la valorización de determinados trazos del comportamiento femenino (emotividad, fragilidad) destinado al silencio del conjunto de actitudes femeninas que es contradictorio, ambiguo repleto de matices.[20]

La prevalencia de estos trazos en el interior del discurso feminista si, por un lado, se cuestionan ciertos niveles de realidad femenina, aprisionan otros dentro de este cuado de referencias, generalizando una “identidad femenina” a femeninos históricamente construidos de manera diferenciada, esto es, presenta a las mujeres en una problemática de uniformidad que aparentemente explica y rescata estandarizando experiencias diversas.

 El primer efecto de este discurso es de colonización, o sea, las portadoras de problemáticas distintas tienden a ajustar sus complejidades al campo explicativo fortalecido por esa hipotética identidad femenina. Las dificultades de tal ajuste han resultado unas veces en una adecuación a la crítica: otras, en oposición racial, o de demarcación de especialidades al interior de este discurso que funcionan como elementos “perfeccionadores” del mismo, tal y como los programas de los partidos políticos, se constituyen en subtemas de las cuestiones generales del Movimiento Feminista: la mujer negra, la mujer india, la mujer lésbica, etc.

Al hablar de mujeres negras y de discriminación racial no se está hablando de ninguna minoría, o subtema. Hablamos casi del 50% de la población femenina nacional en vista de que el 44% de la población brasileña está compuesta por negros, sus descendientes de los diversos matices e indios y que todos sufren procesos semejantes de discriminación racial, tal como afirman los datos ya presentados.

Por lo tanto, dada la importancia numérica de la población femenina descendiente de negros, bien como de los problemas resultantes del racismo que alcanza tal contingente femenino, la variable color debería de introducirse necesariamente como componente indispensable en la configuración efectiva del Movimiento Femenino Brasileño.

La desaparición de esta cuestión o de su relativización tiene entre otras cosas, imposibilitado la explicitación de contenidos originales presentes en el segmento de las mujeres brasileñas y establece para nosotras, las negras, la necesidad de privilegiar la cuestión racial sobre la sexual incluso porque la opresión sobre la mujer negra en la sociedad brasileña no sobreviene originalmente de diferencias biológicas sino raciales.

Tal y como afirma Lélia Gonzalez, “el sistema (colonial) no suavizó el trabajo de la mujer negra. La encontramos en las dos categorías citadas: trabajadora de eito[21] o mucama.[22] Su condición biológica propicio una extensión en sus niveles de explotación a la que estaba sometido el negro en general, ya que a la mujer se le podía extraer la leche para amamantar a los futuros opresores y aliviar taras sexuales de los amos.

El discurso feminista sobre la opresión de la mujer oriunda de las relaciones de género que establece la ideología patriarcal no da cuenta de la diferencia cualitativa que este tipo de opresión tuvo y tiene todavía en la construcción de la identidad femenina de la mujer negra. En el interior del discurso feminista “la opresión gana… un carácter ‘universalista’ pues supone que por detrás de las diferencias sociales existe una identidad que se afirma por la interdicción. Se observa todavía descrita la idea de que esa opresión se sustenta en los valores que le son atribuidos a diferencias biológicas culminando en la manera por la cual se efectúa la división de papeles sociales”. [23]

Las condiciones de anomia en que vivía la población negra durante la esclavitud no permitieron al hombre negro ejercer sobre la mujer negra la opresión “paternalistamente protectora” a la que estaban sometidas las mujeres blancas. Igualmente las relaciones establecidas entre hombre blanco y mujeres negras, evidentemente estaban lejos de reproducir las formas de opresión características de las relaciones de género entre blancos.

La constitución de la familia negra en los moldes de la familia nuclear burguesa o monogámica es un fenómeno históricamente reciente y no totalmente consolidado, expresado antes en el idea de patrón familiar de estar ligado a aquello que él representa ideológicamente como indicador de integración social de lo que una estructura concretamente posible dadas las precarias condiciones de existencia de la población negra.

Por lo tanto, las mujeres negras vienen de una experiencia histórica diferenciada, marcada por la pérdida de poder de dominación del hombre negro por su situación de esclavo, por la sujeción al hombre blanco opresor y por el ejercicio de diferencias estrategias de resistencia y sobrevivencia. Mientras la relación convencional de dominación y subordinación social de la mujer tiene como complementariedad la elección del hombre como proveedor, tenemos al hombre negro castrado de tal poder mientras esclavo y, posteriormente, mientras alejado del proceso de la industrialización reciente. La recuperación de la condición de proveedor familiar es para el hombre negro históricamente también un fenómeno reciente y los datos presentados revelan aún en el presente la precariedad de tal condición.

El carácter antifeminista atribuido a las mujeres negras brasileñas resulta fundamentalmente de la incapacidad del Movimiento Feminista de contemplar este abanico de cuestiones generadoras de diferencias de oportunidades efectivas que existen entre blancas y negras en todos los sectores de la vida social, pues las críticas y las reivindicaciones resultado de la actuación de las mujeres blancas feministas, ahora denunciando los estereotipos que estigmatizan a las mujeres socialmente, se eximió de la denuncia contundente sobre los aspectos de que tales estereotipos mantienen elementos de privilegio racial. Un ejemplo concreto de esto es la exigencia de “buena apariencia” tan frecuente en los anuncios de empleo, eufemismo utilizado para esconder el imperialismo y etnocentrismo de la estética blanca, actuando como un actor de la asignación de recursos humanos en la estructura ocupacional.

Tal pregunta, cuando está dirigido a las mujeres, indica la reserva de parcela del mercado de trabajo para las mujeres blancas o sea, tanto para las funciones socialmente consideradas subalternas como las destinadas a las mujeres dentro de las ocupaciones de mejor status o no, el grupo blanco garantiza para sus cuadros considerados inferiores, como las mujeres blancas, el monopolio de las mejores funciones existentes en el mercado de trabajo reservado a las mujeres tal como ya se ha visto en la parte 2.

Por lo tanto, “está bien resaltar que la lucha de la mujer blanca por su equiparación al hombre ante los medios de desarrollo del pensamiento y acción de la diferencia de la mujer negra ya que la mujer blanca está asegurada históricamente una cierta movilidad vertical en la sociedad, lo que la contra pone no solo al mujer negra sino más bien al hombre negro […] en el sentido explícito que: la libertad por la que se luchó por la mujer blanca implica la exclusión de la mujer negra ya que ésta no está identificada con la otra por el sistema de valores racial-etnocéntrico que delega a la mujer negra a las tareas más ínfimas de la sociedad brasileña”.[24]

Así, si la división sexual del trabajo configuro papeles a la mujer que el Movimiento Feminista busca cuestionar y redefinir, la división racial del trabajo instaura papeles y funciones diferenciadas en el interior del grupo femenino donde la validación de de los costos y beneficios ganados expresa los niveles diferenciados de explotación y opresión que cabe a las mujeres de los diferentes grupos raciales.

Se concluye que la “visión según la cual el racismo sólo genera ganancias materiales para la clase capitalista y pérdida para todos los trabajadores subestima los beneficios económicos y no económicos acumulados a lo largo del tiempo por una parcela significativa de la población blanca por el simple confinamiento del negro a las posiciones inferiores de jerarquía social. De hecho, el resultado de las prácticas racistas de selección social y el acceso preferencial de los blancos a las posiciones de clase que comportan mayor remuneración, prestigio y autoridad”.[25]

Estas condiciones procesan desdoblamientos ideológicos y, de la misma forma, la crítica feminista no actúo sobre el aparato ideológico machista y racista en aquello en que él, al no instituir a la mujer negra como patrón estético e ideal femenino, se constituyo en forma de opresión para las mujeres no blancas en general, actuando de forma imperialista sobre las demás mujeres en la medida en que él refleje también a quien está delegando el estatus de patrón o ideal femenino en este tipo de sociedades.

Como apunta un militante negro: “[…] toda construcción ideológica, toda la representación europea del romancen, del romanticismo, de la pasión y del amor, fue siempre pensando en la mujer blanca como musa. A la mujer negra nunca le fue dada la condición de musa… en relación a la mujer negra, cómo debemos mirarla. La mirada que tenemos de la mujer negra, es una mirada donde ella es un fruto erótico, una cosa para ser comida. Es la representación que Affonso R. Sant’Ana hace –a mulher negra nao  é musa, ela é um fruto, uma coisa a ser comida”.[26]

Reflexionar sobre estos estererotipos indica que ellos actúan también como factores de preservación de mercado afectivo de las mujeres blancas, en el cual hombres negros y no blancos en general se insertan como mercado alternativo por la descalificación estética de negra y no blanca en general, asociado al grado de compromiso del sector de los hombres negros en los valores estéticos occidentales.

En la investigación realizada por Irene Barbosa, la autora constata que “cuando el matrimonio es mixto, la tendencia mayor es del conjugue blanco es de clase inferior al del negro, se observa esta tendencia en las relaciones de noviazgo”.[27]

Por lo tanto, la blancura es, por sí sola, capaz de nivelar diferencias sociales y de clase. Este aspecto de deserción del hombre negro en relación a la mujer negra, indica que la mujer blanca, además de beneficiarse de la hegemonía económica del hombre blanco, su sector natural, puede, en caso de fracaso en su mercado afectivo principal, echar mano de los sectores masculinos negros mejor colocados económicamente (evidentemente no ideológicamente), pues tal como ilustra Vanderlei Jose María:

[…] cuando un hombre negro opta por una mujer blanca, lo que está funcionando ya en su cabeza son todas as estructuras que dictan esa opción para él […] es que la representación ideológica, blanca, llegó a tal nivel en el interior de ese negro, que es imposible retroceder, hasta en su intimidad, de la representación blanca […] esa representación me parece extremadamente violentadota y racista […] porque en esta relación en que esta escamoteada la relación de dominación blanca, de la mujer blanca, porque ella tiene el privilegio de la raza, porque ella detenta el mérito estético para mantener el mérito físico […] Quiero dejar claro que la peor cosa que existe en una relación amorosa, en una relación de blancos y negros es no percibir que existe una tensión ideológica, que el blanco mantiene privilegios, independientemente de cualquier cosa, por ser blanco o el negro posee desventajas por ser negro.[28]

El carácter devastador que este conjunto de prácticas discriminatorias que van desde las restricciones sufridas en el mercado de trabajo a los estereotipos negativos que estigmatizan de manera especial a las mujeres negras, puede ser medido por las palabras de la militante negra Adélia Santos a propósito del bajo grado de expectativa encontrado en las mujeres negras cariocas a propósito de su inserción en el mercado de trabajo: “la gente comenzó a ver principalmente a las niñas, o que ellas pedían como iniciación profesional eran las profesiones más bajas, querían preparación para ser empleada del hogar, cocineras, manicurista y la gente empezó a ver por qué eso, y ahí comenzó un trabajo de arte escénico con ellas y se llegó a la conclusión que la autoestima de estas niñas era bajísima porque ellas no esperaban nada […] por ejemplo, si la madre era empleada del hogar, ellas creen que deben serlo y muchas de ellas ya están insertas en la prostitución (14 o 15 años), cobradoras de autobuses, etc.”.[29]

En otro nivel, el testimonio valeroso de Benedicta Silva da cuenta de secuelas de este proceso de opresión: “quiero contarles una cosa muy dura. Yo ya me he bañado mucho y lo hacía con agua clorada; era apenas era una niña y lo hacía porque tenía que clarear mi piel y el agua clorada clareaba la ropa. Cuando había un casamiento, yo recogía los trozos de velos que quedaban y los ataba a mi pelo para que fuera bien largo, porque lo que yo quería era un cabello liso, largo hasta que entendí mi negritud, mi cabello duro”.[30]

Como consecuencia de este abanico de contradicciones, mujeres negras y blancas se enfrentan en el espacio del Movimiento Feminista de forma conflictuante y desconfiada, resultado de referencias históricas, políticas e ideológicas diferenciadas que determinan ópticas diferentes en cuanto a problemas comunes. Veamos como ejemplo concreto de estas divergencias, las cuestiones referentes al planeamiento familiar y control de la natalidad.

Son diversas las experiencias etnocidas emprendidas históricamente contra la población negra que van desde las normas arcaicas de mestizaje racial por la utilización de la mujer negra como objeto sexual, a las acciones criminales en la cotidiana violencia policial sufrida por la población negra, de las cuales, el proyecto elaborado por Benedito Pio del GAP, durante el gobierno de de Paulo Maluf en Sao Paulo, con vistas a la esterilización de las mujeres negras bajo el argumento de que si no se contenía el crecimiento poblacional negro, en el año 2000 constituiríamos la mayoría de la población brasileña y podríamos ascender al poder y, aún más, las sucesivas y escandalosas denuncias de esterilización masiva de mujeres de clase subalterna a través de clínicas clandestinas o por la distribución arbitraria de anticonceptivos.

Todas estas estrategias han desarrollado una actitud fóbica, especialmente en las mujeres negras militantes en relación a la política natalista, en la medida en que el blanco principal se dirige sobre nosotras las negras.

Para nosotras, las mujeres negras, la conjugación de las discriminaciones de raza, sexo y clase implica una triple militancia, en vista de que no hay una solución efectiva para los problemas que nos afligen y puede resultar en la alienación de cualquiera de estos tres factores.

Es la emergencia de este tipo de conciencia entre las mujeres, lo que permite a Benedita Silva afirmar que la reivindicación de un grifo de agua es para la mujer negra de zonas marginales una cuestión principal desde el ejercicio satisfactorio de la sexualidad que está condicionado, entre otras cosas, por la no existencia de agua en la favela, por ejemplo, para la asepsia del acto sexual.

Igualmente, la alianza entre negras y blancas en el propio avance del Movimiento Feminista Nacional depende fundamentalmente de la asimilación de las cuestiones aquí expuestas, bien como una búsqueda de soluciones conjuntas de forma tal que “[…] sugerir un camino distinto del que ha sido señalado por muchos de aquellos y aquellas que piensan poder realizar una ruptura con la construcción de una historia que no sea machista, pero que sigue siendo blanca”.[31]

4. Conclusiones

Este trabajo es apenas una re-evaluación de la mujer negra en los años ochenta bajo el prisma de su participación en la estructura ocupacional, en cuanto al nivel de instrucción y rendimiento. Busca contemplar también las condiciones en que vive específicamente la población negra en Sao Paulo y en Brasil, consustanciando la existencia de una división racial y sexual en el trabajo que acentúan las desigualdades sociales en el ámbito de la estructura socio-económica y cultural del país. Retomando diversos estudios ya realizados sobre el negro brasileño se constata que:

1º La mujer negra no participa en el proceso productivo en igualdad de condiciones con hombres blancos, negros, amarillos y mujeres blancas y amarillas, situándose así en la base de la jerarquía social, penalizada en la relación de oportunidades y movilidad en la estructura ocupacional.

2º Las diferencias abruptas que generan esas distorsiones pernearon en la lucha de la mujer negra imprimiéndole un carácter específico, determinado y elaborado por fuerzas políticas y económicas bien vivas y atenuantes resultado de una práctica social etnocida, que se extiende al hombre negro con intensidad semejante.

3º El cuadro abajo expuesto representa el cociente de distribución de oportunidades sociales/raciales en Brasil, donde, en términos de renta y educación, las mujeres blancas estaban mejor que los hombres negros en 1980, evidenciando el peso del privilegio de raza sobre la condición sexual.

Blancos

Negros

Hombres

1

3

Mujeres

2

4

La distancia entre hombres y mujeres negras se expresa de manera diferente, en el resultado del machismo y del sexismo presentes en los mecanismos de selección social para posiciones de jerarquía, donde el sexo y la raza actual acumulativamente para configurar las desventajas de la mujer negra en relación al hombre negro y que las ideologías de ascensión social y de emblanquecimiento tienden a crecer.

4º En este contexto, al margen del proceso de educación y del proceso de lucha en torno de la relación hombre/mujer, una vez que el peso de su participación en el mercado de trabajo es definido por las desigualdades impuestas por el prejuicio de la discriminación etnosexual; contradicciones mucho más antiguas que la lucha de clases.

5º Resalta que los modelos económicos que dirigieron las políticas gubernamentales en las últimas décadas ampliaron las desigualdades regionales y, en este contexto, también tuvieron sus connotaciones discriminatorias y genocidas, especialmente en relación a los negros. Del enriquecimiento ilícito a la institucionalización de la corrupción; la excesiva especulación del capital financiero al privilegio (en turnos) de determinados sectores de la economía, se estableció una sociedad de consumo de bienes artificiales bajo los impactos de la modernización de los medios de producción y comunicación, principalmente en los grandes centros urbanos, contrastando con las ínfimas condiciones de subsistencia, acentuando las profundas desigualdades entre individuos y grupos.

Si bien el presente estudio no posee una amplitud que posibilite detectar la situación de la mujer negra en otros aspectos inherentes a su supervivencia, se debe concluir o inferir sobre la precariedad en lo relativo a la salud y habitación de la población negra en Brasil. Dispersada en el trágico recorrido de la senzala[32] a la favela en la periferia de las grandes ciudades.

De los datos presentados resulta que la revisión de este cuadro negativo de los negros en general y de las mujeres negras en particular, entre otras cosas, de un esfuerzo educacional centrado en la población negra de la instauración de medidas legislativas y punitivas eficaces en el combate a la discriminación racial en todas su manifestaciones, y, en especial, en el mercado de trabajo, del combate sistemático a los estereotipos negativos vinculados sobre el negro en los medios de comunicación de masa, en los libros didácticos, etcétera.

En el momento en que la sociedad brasileña se organiza en torno del restablecimiento de las libertades democráticas, a través de la convocatoria para una Nueva Constituyente, se introduce como pre-requisito para el pleno ejercicio de la democracia, que se “erradique el más grave arbitrio de esta sociedad que es la discriminación racial contra los negros que se ha constituido en un práctica social, independiente de coyunturas”,[33] tal como se expresó en el documento del “Coletivo de Mulheres Negras de Sao Paulo”:

“En nosotras, las mujeres negras, representamos la mayor violencia que una sociedad machista y racista tiende a perpetuar…”, por eso luchamos por los derechos de la mujer, que para nosotros significa antes que todo el derecho y el respeto a la diferencia… por eso luchamos también por la Constituyente, confiadas de que la igualdad entre los sexos y el reconocimiento de la equivalencia racial concretaran los anhelos de todas nosotras por una sociedad democrática, que sólo puede ser consolidada a través del pleno ejercicio de los derechos civiles.

Por lo tanto, creemos que la conquista en la equiparación entre los sexos y las razas, aliados a la creación de formas democráticas de convivencia social y racial son las condiciones necesarias para alcanzar la pacificación social, que para nosotros significa, entre otras cosas, la supresión de la violencia policial contra la población negra, el fin del desempleo que nos alcanza en trágica escala y la garantía de participación igualitaria en los bienes y valores producidos socialmente”.[34]

Bibliografía consultada

Pacheco, Moema de Poli T.  Aguentando a barra. Uma reflexão sobre a familia negra de baixa renda. DEISO/DINSO, outubro 1983, mimeo.

_______________________ A familia negra. Exame de algumas questões, mimeo.

IBGE. Aspectos da situação sócio-econô´mica de brancos e negros no Brasil. Rio de Janeiro, mimeo.

Oliveira, Lúcia Elena G.  Algumas questões sobre o trabalho da mulher negra.  Trabalho apresentado na SBPC, 1981, mimeo.

Hasembalg, C. y  Valle Silva, Nelson do. Industrialização, emprego e estratificação social no Brasil. IUPRJ, Série Estudos n° 23, Fevereiro de 1984.

Pastore, José,  Desigualdade e mobilidade socil no Brasil. EDUSP, São Paulo, 1979.

Bruschini, Cristina y  Morais, Maria.  Seminário Zahide Machado Neto. Fundação Carlos Chagas e Neim. Núcleo de Estudos  Interdisciplinarés sobre a Mulher, maio/junho, 1984

Barroso, Carmen y Costa, Arbertina O.  Mulher. Mulheres. Cortez Editora/ Fundação Carlos Chagas, 1983

Hasembalg, C.A. Discriminação  e desiguldades raciais no Brasil. Graaal, 1979.

Gonzalez, Léia.  O papel da mulher negra na sociedade brasileña,  mimeo.


[1] Sueli Carneiro es brasileña, feminista, doctora en Pedagogía y directora del Instituto GELEDES de la Mujer Negra en Sao Paulo. Participó en el Seminario Internacional sobre Racismo, Xenofobia y Género organizado por Lolapress en Durban, Sudáfrica, el 27 y 28 de agosto de 2001. Thereza Santos es una afrobrasileña nacida en 1930 que abordó desde la década de 1960 la negritud como una categoría política al interior del Partido Comunista Brasileño. Feminista y antirracista, es una escritora, maestra, publicista, actriz y directora de teatro comprometida con darle voz a la experiencia negra en Brasil. Participó de los procesos de Independencia de varios países africanos en la década de 1970. Viajó por trece meses a Guinea Bissau y a Cabo Verde para desarrollar proyectos de arte negro en África; fue maestra de teatro por veintinueve meses en Angola. En 2008, la Universidade Federal de Sao Carlos publicó Malunga Thereza Santos –história de vida de uma guerreira, de su autoría.

[2] En: Sueli Carneiro y Thereza Santos. Mulher negra. Política governamental e a mulher, São Paulo, Nobel, Conselho Estadual da Condição Feminina, 1985.

[3] El censo  de 1960 apenas nos  ofrece la variable color por sexo y edad.

[4] Preto, es el negro. La denominación “preto” es despectiva y racista en el cotidfiano, aunque sea usada en los censos.

[5] Pardo: es el que tiene la piel morena, de color indígena, pero en el caso de los brasileños, no son indígenas sino gente mestiza.

[6] Negro: afrodescendiente.

[7] Amarillo: descendiente de, fundamentalmente, japoneses.

[8] Cabocla: mestizo de blanco con indio.

[9] Censo demográfico. Datos Generales –Migración, Instrucción, Fecundidad, Mortalidad. Sao Paulo, vol. 1, tomo 4 nº 19 p. xxxviii.

[10] Carlos Hasembalg y Nelson do Vale Silva, Industrializçao, emprego e estratificaçao social en Brasil, p. 37.

[11] Ibid., p. 7.

[12] José Pastore, Desigualdade y Mobilidade Social no Brasil, p. 61.

[13] José Pastore, op.cit., p. 99.

[14] Hasembald, C. e Valle Silva, N., op.cit., pp. 39-40.

[15] Lúcia Elena G. Oiveira. Algumas questoes sobre o trabalho da mulher negra, mimeo, p. 16,

[16] Vanderlei José Maria, Ponencia presentada em el “Encontro Estadual de Mulheres Negras”. Sao Paulo, agosto de 1984.

[17] Oliveira, Porcaro y Araújo Costa. O lugar do negra na força de trabalho, p. 100.

[18] Lélia Gonzales, op. cit.

[19] Hasembalg, C. e Valle Silva, N., op. cit., p. 40.

[20] Heloísa Pontes. Notas sobre el problema de la violencia, desde el punto de vista antropológico y feminista. En: Seminario Zahide Machado Neto Fundaçao Carlos Chagas e Neim. Núcleo de Estudos Interdisciplinares sobre a mulher. Salvador, maio 1984, p. 116.

[21] Mujer que acompaña al marido en el trabajo de campo.

[22] Lélia Gonzalez, op. cit.

[23] Heloísa Pontes, op. cit., p. 115.

[24] Arnaldo Xavier, Ponencia presentada en el 1er encuentro Estatual de Mulheres Negras, Sao Paulo, agosto 1984.

[25] Lélia Gonzalez y Carlos Hasembalg, Lugar del Negro, p. 80.

[26] Vanderlei José Maria, op. cit.

[27] Irene María Barbosa, Socializaçao y relaciones raciales: un estudo da família negra en Campinas, p. 119

[28] Venderlei, José María, idem

[29] Adélia Santos, militante negra feminista del IPCN, Rio de Janeiro, en el I Encontro Estadual de Mulheres negras. Sao Paulo, agosto 1984.

[30] Benedita Silva, testimonio dado en el I Encontro Estadual Mulheres Negras. Sao Paulo, agosto 1984.

[31] Elizabeth K.C de Magalhaes e Sonia M. Giacomini. A Escrava ama de leite –anjo ou demônio, en Mulheres, Cortez Editora/Fundaçao Carlos Chagas, p. 74.

[32] Senzala: alojamiento de esclavos. Favela: barrio marginal de bajas condiciones.

[33] Documento del Colectivo de Mulheres Negras de Sao Paulo, marzo 1985.

[34] Idem.

:.

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 9:32 pm

A %d blogueros les gusta esto: