Ideas feministas de Nuestra América

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I.24 Grupo de Mujeres de Porto Alegre “Costilla de Adán”, “Presentación”, “Quiénes somos”, “Feminismo”, “Sexualidad homo”, “El sentido de la unión sexual”, Escritos sobre feminismo, n. 0, 2ª edición, Porto Alegre, 1980

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Grupo de Mujeres de Porto Alegre “Costilla de Adán”, “Presentación”, “Quiénes somos”, “Feminismo”, “Sexualidad homo”, “El sentido de la unión sexual”, Escritos sobre feminismo, nº 0, 2ª edición[1], Porto Alegre, 1980

[Texto proporcionado y traducido por marian pessah]

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Presentación

Esta es una publicación del Grupo de Mujeres de Porto Alegre “Costilla de Adán”. No tiene una periodicidad definida, pudiendo salir otro número en cualquier momento. Estos primeros escritos representan un homenaje al día 8 de marzo, Día internacional de la Mujer. Los contenidos aquí expresados representan nuestras ideas como hoy se presentan, mas sin carácter cerrado, definitivo. La intención es divulgar nuestras ideas y debatirlas.

Quiénes somos

El grupo de Mujeres de Porto Alegre (GMPA) tuvo su origen en un grupo de personas que, de alguna manera ya se conocían y decidieron reunirse en torno de un tema que interesaba a todas: mujer. En ese entonces corría el año 1976, no era común, como hoy , la existencia de grupos feministas, de modo que no sabíamos por dónde comenzar, ni siquiera teníamos claro lo que un grupo de mujeres en Porto Alegre podría hacer. Nos parecía importante hacer reuniones con mujeres, sentir una problemática que es común, intercambiar experiencias, discutir sobre nuestra situación concreta. Paralelamente, hicimos seminarios sobre el libro de Heleieth Saffioti La Mujer en la Sociedad de Clases, con reuniones semanales, lo que nos trajo contribuciones importantes a nivel intelectual y también suscitó la abertura de nuevos caminos de investigación.

Con interrupción durante el período de vacaciones, el grupo demostraba tendencias a continuar su trabajo en esta línea durante el año de 1977. Fue, entretanto interrumpido  por una dispersión de sus integrantes, causada por la represión policial que, por motivos hasta hoy poco claros, nos envuelven cuestiones cuya investigación nada tenía que ver con nosotras. De cualquier forma, eso nos intimidó por mucho tiempo.

Volviendo a reunirse esporádicamente en el primer semestre de 1978, el grupo no mantuvo actividades regulares hasta agosto, luego de una reunión anual de la Sociedad Brasilera para el Progreso de la Ciencia –SBPC, de la cual participaron algunas integrantes. Contando con la participación de nuevas compañeras, el grupo se rearticuló en torno a varios frentes de trabajo, que fueron llevados paralelamente, incluyendo actividades prácticas y de reflexión. En este sentido, se mantuvieron contactos por correspondencia con otros grupos de mujeres de Brasil y diarios feministas para intercambio de ideas y de experiencias. En esa época, mantuvimos contactos con el Centro de la Mujer Brasilera, de Río de Janeiro, y con el diario Nós Mulheres, de Sao Paulo.

Mientras tanto, el sector femenino del MDB de Porto Alegre, nos solicitaba para colaborar en la preparación de un forum de debates que pretendía promover. Presentamos una sugerencia de temarios y un pequeño texto sobre la situación de la mujer que sería publicado en un boletín a ser distribuido en los debates. Los debates no se realizaron por razones que desconocemos en profundidad. Así, el grupo buscó nuevamente dinamizar sus actividades más reflexivas, en la tentativa de abrir un espacio donde se pudiese discutir más abiertamente los problemas que, en el día-día, nos afligen como mujeres.

Cuando fuimos informadas por el CMB de la realización, en marzo del 79, del I Encuentro Nacional de Mujeres, en Rio, el grupo fue absorbido por actividades preparatorias, desde lecturas de textos, redacción, hasta organización de promociones (fiestas, rifas) para recaudación de fondos que viabilizasen nuestra participación en el Encuentro.

Dentro de nuestra propuesta de implementar el debate sobre la situación de la mujer, decidimos ampliar el grupo, y a partir de enero del 79, ya contaba con un número de participantes mayor a lo esperado. En un inicio nos pareció muy bueno, pero con el  tiempo, aparecieron dificultades de adaptación que no pudimos prever y una diversidad de puntos de vista respecto a las maneras de acción, que sólo pudieron ser resueltas con la división del grupo recién formado. Estas divergencias surgieron en medio de la preparación de nuestra participación en el Encuentro, y fueron resueltas  definitivamente después de él. A pesar de todo esto, la experiencia tuvo su lado positivo, trajo mayor unidad al núcleo ya existente, generando mayor conciencia y seguridad más consistente en cuanto a la defensa de nuestras ideas. También, proporcionó el surgimiento de nuevos grupos feministas en Porto Alegre, lo que por sí solo, ya es muy bueno.

Entre las actividades del grupo, a partir de marzo de 1979, destacamos nuestra correspondencia con las personas del diario Nós Mulheres, que se intensificó y profundizó. Abrimos una nueva frente, esta vez con el diario Lampião, que se mostró bastante serio cuando trataba de feminismo, que inclusive, publicó un artículo de Escritos.

Internacionalmente, se buscó un tema específico para estudios, que fue el de la sexualidad. Al comienzo, leímos y discutimos algunas partes del libro de Sulamith Firestone A Dialética do Sexo, partes del Relatório Hite, entre otros.

A partir de ahí, nuestras preocupaciones fueron dirigidas para afuera del grupo, en el sentido de promover debates abiertos, con personas invitadas y que no tuvieran compromiso directo con las actividades del grupo. Los temas seleccionados fueron: relaciones “paralelas”, sexualidad, homosexualidad, “vida autónoma” y anticoncepción. El primer asunto, trataba de analizar la situación de una persona que se relaciona afectivamente con más de un compañero al mismo tiempo. Bajo el título “vida autónoma”, las atenciones se dirigían a las alternativas de la convivencia familiar, o sea, vivir sola o en grupo. En los demás temas, el contenido de las discusiones está más claro. La importancia de estos debates está más en la innovación de la actitud, que en el agotamiento propio de los temas, sabemos que quedaron muchas cosas para ser debatidas y profundizadas. Nuestra intención es dar continuidad a estas iniciativas, en el 80, con la inclusión de nuevos asuntos.

[Comentarios sobre algunos conceptos claves]

FEMINISMO

1

La idea de feminismo está vestida de tantos preconceptos y prejuicios que provoca una aversión, a veces tan grande, incluso en personas aparentemente abiertas, que es preciso insistir con el tema más de la cuenta. De todos los movimientos más o menos revolucionarios que buscan formas de organización no necesariamente partidarias, el feminismo es donde se encuentra mayor resistencia a ser aceptado, incluso por parte de quienes se pretenden contrarios al “sistema” por pensamientos, palabras y obras.

Por cierto, la resistencia no se queda apenas con los preconceptos de los “otros”, pero se justifica, a veces, por la actuación prejuiciosa de las propias feministas que se encargan de ofrecer argumentos preciosos a la crítica del feminismo como movimiento.

De todas formas, las críticas a los posibles equívocos de una práctica feminista no pueden ser extendidas al feminismo como un todo. Y si esa generalización indebida parte más comúnmente de los hombres, es bueno recordar que el feminismo trae en sí una nueva manera de pensar la realidad tanto para la mujer cuanto para el hombre. Entonces, si bien por motivos obvios nació entre las mujeres, es una lucha tanto del hombre cuanto de ella, porque quiere libertarlos de los papeles rígidos que son obligados a representar, tanto uno para el otro, cuanto en las respuestas que dan a las  exigencias sociales.

Tal vez sea natural la casi total ausencia de hombres en ritos primeros pasos del feminismo en Brasil. Natural porque en esta rígida división de roles, el del hombre es aparentemente mejor. Más fácilmente el dominado se rebela y no el dominador, pero seguramente ninguna de las dos posiciones es feliz. Y es justamente eso lo que se precisa descubrir: más felicidad en las formas de relación, relacionamientos no basados en el poder y en la dominación de un ser humano por otro, sea hombre o mujer.

Ésta es una tarea fundamental del feminismo: encontrar una forma nueva de pensar, sentir y vivir las diferencias entre los seres humanos. Entenderlas no como opuestas irreconciliables, sino como una pluralidad de manifestaciones de la vida, y luchar para que esta riqueza encuentre su espacio.

2

La lucha feminista está inserta en un plano más amplio de transformaciones estructurales de la sociedad que conocemos, a modo de reconducir al hombre a su propia naturaleza, esto es, desalienarlo, darle condiciones necesarias para que él haga su propia felicidad.

La condición actual de sumisión de la mujer es apenas una parte de toda una situación en que vive la raza humana. Concientizarse de su situación de opresión específica es concientizarse de una situación de dominación, de autoritarismo en todos los niveles de la sociedad, en sus diversas manifestaciones.

Es contra eso que luchamos, contra una situación que transforma las diferencias de la naturaleza en discriminación social.

Nuestro objetivo no es conseguir un lugar al lado del hombre, sino mostrarle a él que también conseguimos lo que queremos o hacer ver a la sociedad que también podemos hacer lo que el hombre hace, y tan bien como él. No creemos en la competencia como camino para la liberación. Creemos en la búsqueda de nuevas formas de relacionamientos entre las criaturas, y queremos mostrar a los hombres que no es el lugar de ellos que nos interesa, en una sociedad que negamos, basada en valores que no creemos. Queremos que la exigencia de un nuevo espacio sea también la existencia de los hombres, un nuevo espacio que pensamos recuperar para nuestra identidad como mujeres y ellos como hombres, y los niños como niños. Queremos que la simple característica del sexo, o de edad, no sea motivo de dominación/sumisión, mas simplemente una manifestación de la vida en sus diversos aspectos.

De esta forma entra la conciencia feminista en un campo que puede abarcar más y más profundo que simplemente reivindicar un lugar al sol en una sociedad autoritaria y represiva. Es tarea del movimiento feminista poner en jaque los elementos fundamentales que permiten la manutención de la sociedad en esos moldes.

Al cuestionar el papel secularmente impuesto a la mujer, la conciencia feminista trae a luz uno de los pilares de sustento económico e ideológico del sistema capitalista, y con él toda una gama de contradicciones se transparentan con mayor nitidez. Son cuestionados los padrones de comportamiento sexual, la moral burguesa, la religión, la ciencia (que descubrió tantas explicaciones “científicas” para la inferioridad femenina), la organización familiar monogámica, etcétera.

Es cuestionado también el uso del cuerpo como objeto, esto es, como instrumento de trabajo y de reproducción. En este sentido, por ejemplo, la lucha feminista es contra el propio concepto de trabajo productivo, que aliena el cuerpo del individuo que lo posee, en función de la producción de una mercadería completamente extraña a su productor.

En el caso especifico de la mujer, el sistema capitalista hace uso de su cuerpo con la finalidad de reproducción, pues a través de la educación, la mujer es dirigida a cumplir las funciones de reproductora, de una forma también ajena a su propia elección. Por eso es que los movimientos feministas reivindican la liberación del aborto, lo que haría que las mujeres pudiesen asumir la maternidad como una opción, y no resignarse al cumplimiento de un deber socialmente impuesto. Además, reivindicar el aborto legalizado significa exigir el derecho al placer, relacionado con el ejercicio libre de la sexualidad, y no delimitado por la máxima de la procreación, que es lo que boga actualmente en la sociedad que conocemos.

Considerando el feminismo en su acepción más amplia y profunda, se observa que tiene condiciones de proponer un nuevo orden social, que trasciende la simple transformación de orden político y económico, que no se limita a la exigencia de igualdad social entre las personas. La situación de sumisión social de la mujer no comenzó en el siglo pasado, viene desde mucho tiempo atrás, y persistió, si bien asumiendo formas diferentes, en varios tipos de organización económica. Por lo tanto, se trata de una cuestión de carácter diferente, y la liberación de la mujer no vendrá como simple consecuencia de una transformación socio-económica, exige cambios más profundos.

Luchamos por un feminismo radical, o sea, que vaya a las raíces de la situación de la mujer; situación que está muy lejos de ser resuelta quemando corpiños, haciendo “huelga a los hombres” y otras prácticas de semejante tenor. El feminismo que defendemos es aquel que tiene condiciones de negar radicalmente la situación de opresión femenina (y todo lo que de ahí resulta y que con eso se relaciona), para así sembrar una nueva forma de relacionamiento entre los seres vivos, que los haga menos condicionados y más felices.

SEXUALIDAD HOMO

Las relaciones afectivo-sexuales entre personas del mismo sexo,[2] han recibido las más diversas interpretaciones -desde perversión hasta el sinónimo de más alto grado de liberación. Si bien es cierto que ya se ha teorizado mucho al respecto, en la práctica todavía hay una enorme espina atravesada en la garganta de la famosa “moral occidental y cristiana”. La existencia de este prejuicio sería más que suficiente para justificar la necesidad de debate en torno al tema. Entretanto, es más grave la manera como gran parte de los “homosexuales” interpreta y vive este tipo de relación. Es por eso que nos parece extremadamente pertinente, en los días que corren, no solamente levantar cuestiones relativas a la represión social institucionalizada (aquella claramente expresada por el pensamiento conservador) sino, también, analizar la manera cómo tal represión fue interiorizada y asumida por quienes establecen relaciones homosexuales.

Hecha esta observación, nos parece que el primer paso a ser dado, para la comprensión real del significado de la homosexualidad, es que este hecho sea visto a partir de una problemática más amplia, cuya esencia es la sexualidad humana en su totalidad. De la misma manera, la explicación de las razones de su represión por la sociedad, pasa necesariamente por las mismas que la sociedad rechaza y se asquea con cualquier manifestación sexual que escape a la normalidad.

La interpretación de la homosexualidad como una cuestión aparte y como consecuente división de la sociedad en dos categorías sexuales distintas y sin mezclarse –lo “homo” y lo “hétero”– encierra una visión altamente prejuiciosa. El presupuesto por detrás de tal afirmación, es que los individuos se dividen en normales y pervertidos. Normales serían aquellos cuya sexualidad es coherente con la conformación de sus órganos genitales, de donde se originarían los impulsos sexuales, siendo su meta natural otro aparato genital anatómicamente complementario. En otras palabras, normal sería la búsqueda de una complementariedad sexual donde la genitalidad femenina funcione como receptáculo de una genitalidad masculina destinada a la penetración, unión que para ser todavía más natural, no debe tener más objetivo que la procreación. Por otro lado, los perversos o “anti-naturales”, serían aquellos cuyas actividades sexuales se extienden en un sentido anatómico, más allá de las regiones del cuerpo que se destinan a la unión sexual, o se demoran en las relaciones preliminares con el objeto sexual (la otra persona), que deben normalmente ser atravesadas rápidamente en el camino directo al objetivo sexual final (la penetración).

El SENTIDO DE LA UNIÓN SEXUAL

Esta tentativa de delimitar nítidamente los patrones de comportamiento sexual, conduce a una forma de relacionamiento que saca de foco el placer, una vez que ya está determinado lo que está bien y lo que está mal, sin tener en cuenta la amplia gama de potencialidades de cada relación y la originalidad de cada una de ellas. El resultado último de la imposición de este comportamiento restrictivo es la negación del placer, en tanto elemento profundamente cuestionador del orden moral vigente. Lo que tendrá como consecuencia la negación del hecho de que cualquier persona puede vivir su sexualidad íntegramente, de la cabeza a los pies, e irá a determinar la definición sexual de cada uno, en cada momento. Según fue escrito en el libro “Sexo y Poder”: “La reivindicación básica es el placer, […], la sexualidad del individuo es un abanico abierto. No existe, por lo tanto, el homosexual con determinadas características; existe el homosexual como adjetivo, en la relación que acontece en la cama”.

Otra cosa que nos parece de extrema importancia y bien merece ser profundizada, es la manera cómo los “homosexuales”, en general, a partir de la represión existente, pasaron a asumir determinadas posturas a través de las cuales piden ser aceptados por la sociedad. Una de las formas de manifestación de este comportamiento oprimido es la auto-exclusión, a través de la formación de “guetos homosexuales”. El primer paso, en este sentido, es exactamente la aceptación de la clasificación dada por el pensamiento conservador, de que aquel que establece relaciones de este tipo sea un homosexual, como una categoría estancado. Siendo así, el precio de su existencia -de una forma no disfrazada– es el aislamiento en grupos, bares, boites, hoteles, etc. Esta forma de vivir, clandestinamente, a la que el “homosexual” es empujado y acaba por aceptar, no sólo funciona en el sentido de no amenazar la vida de los “normales”, así también de otorgar al “homo” una falsa idea de liberación, altamente esquizofrénica y alienada.

Este sabor de desafío a las normas vigentes empaña la cuestión central ya planteada anteriormente, que es la necesidad del ser humano de vencer las barreras de aquello que es conocido y aceptado, en términos de relacionamiento interpersonal. Lejos de esto, es común observar entre los pares afectivos del mismo sexo, de la misma manera que entre los “heterosexuales”, la tentativa de adoptar para sí una forma de comportamiento adecuada a los patrones vigentes. O sea, en general, se intenta reproducir una relación heterotradicional, con sus características conservadoras, donde uno es el elemento-activo-en la-cama-y-en la-calle (este es el hombre) y el otro es el elemento-pasivo-en-casa-y-en la-cama (es la mujer).

De esta forma, en la medida que el homosexual, o se asume como categoría aparte (a través de la auto-exclusión), o busca copiar los modelos morales vigentes (llegando a reivindicar cosas como casamientos y religiones “gay”),  está apenas asegurando para sí nada más que la mediocridad existencial garantizada para los demás reprimidos.

Vamos entrando ahora en el último tema que es exactamente donde se encuentra el punto de unión entre los movimientos homosexuales y los de liberación de la mujer. Al estudiarse la historia de las civilizaciones, es posible percibir el profundo vínculo existente entre la manera en que la sociedad trata la relación entre los sexos y la forma como considera las relaciones homosexuales. En las sociedades donde las mujeres y hombres se encuentran estrechamente asociados y dividen entre sí el trabajo y las responsabilidades, sin que ninguno de los dos sexos pretenda dominar o vencer al otro, la homosexualidad es mucho más fácilmente aceptada, porque no implica una ruptura en las concepciones habituales, en la medida que los papeles masculino y femenino no obedecen a estereotipos.

Mientras que en las sociedades de tipo patriarcal, como las contemporáneas, en las cuales los sexos son nítidamente separados y donde la supremacía del hombre está afirmada por la ley y por la costumbre, las cosas se dan de otra manera. Dentro de estos modelos, el hecho de que un hombre ame a otro –por lo tanto, asumir el rol inferior de mujer- ofenderá profundamente la virilidad vigente. De la misma forma, la mujer que mantiene relaciones homosexuales, siendo por esta causa doblemente oprimida, tenderá a asumir un estereotipo masculino en el sentido de adquirir mayores posibilidades de existir, pues sólo el hombre ocupa un lugar privilegiado en este tipo de sociedad.

Es por esto que los movimientos feministas y homosexuales, cuando se unen contra los fundamentos de su opresión, van a identificarse necesariamente una vez que, al reivindicar el placer en su sentido más profundo– se opongan a los modelos morales de las sociedades machistas en que, al hombre y a la mujer, le fueron atribuidos lugares rígidamente delimitados e inconfundibles.


[1] ESCRITOS sobre feminismo fue producido por las Mujeres de Porto Alegre en 1980. De ese trabajo dos de las integrantes de La Costilla de Adán, Clarisse y Áurea, quienes entregaron estos escritos a marian pessah, recuerdan ahora:

“El grupo feminista Costela de Adão surgió en Porto Alegre, extremo sur de Brasil, a finales de los 70, a partir de conversaciones entre amigas oriundas del medio universitario. Estábamos todavía bajo el régimen militar, pero la sociedad civil se organizaba en función de la lucha por las libertades democráticas en diversos campos. En 1988 fue promulgada la constitución que cerraría el período de la dictadura en Brasil.

La mayoría de las mujeres de Costela de Adão tuvo alguna actuación en el movimiento estudiantil –relacionado a la lucha contra la dictadura–, cuyos líderes eran predominantemente masculinos. En ese medio era casi imposible insertar temas feministas, teniendo en vista la hegemonía de las formas tradicionales de hacer política, que la izquierda proponía. Las banderas feministas eran vistas como un “desvío” de los objetivos fundamentales de la lucha política, cuando no una “reivindicación burguesa”.

Costela de Adão buscaba comprender las transformaciones sociales en un sentido, al mismo tiempo, más amplio y más profundo. Así, las cuestiones feministas estaban necesariamente integradas en este contexto, por la simple razón de que la situación de las mujeres es específica a cada sociedad, a cada momento histórico, siendo por lo tanto, condicionada por el tipo de organización social en que se vive”.

[2] Usaremos los términos “homosexual” y “heterosexual” para designar, además de las relaciones, los individuos que establecen ese tipo de relación, siendo que en este caso las palabras estarán entre comillas. Estamos en total desacuerdo con la clasificación de los individuos en homosexuales, bisexuales, heterosexuales, etc. Nos estaremos refiriendo al respecto, más adelante.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 9:00 pm

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