Ideas feministas de Nuestra América

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I.20 Magdalena León, “Presentación” de Sociedad, subordinación y feminismo. Debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe: Discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción, 1982

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Magdalena León, “Presentación” de Sociedad, subordinación y feminismo. Debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe: Discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción,[1] 1982

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El debate sobre la mujer en el Tercer Mundo, especialmente en cuanto se refiere a los efectos que el proceso de desarrollo ha tenido sobre ella, o en cuanto a su promoción o a su incorporación al mismo proceso, ha venido creciendo en forma sostenida desde principios de la década de los sesenta, particularmente en América Latina. Durante estos últimos años ha ido apareciendo un número creciente de estudios y nueva documentación sobre el trabajo y posición de la mujer en la sociedad.

Sin embargo, la información sobre la mujer no está siendo leída y discutida en forma amplia. Una serie de reuniones regionales realizadas en la última década[2] han servido de impulso al trabajo investigativo y de medio para diseminar los resultados.[3] Pero ello no ha sido suficiente par a que en los diferentes países los investigadores, los estudiantes universitarios, los profesionales interesados en temas colaterales, los integrantes de los amplios grupos feministas y los planificadores, hayan tenido la oportunidad de incorporar a su pensamiento la variada gama de puntos de vista y ejemplos concretos que se debaten.

El propósito de la colección de trabajos aquí presentada es llenar este vacío de información en la región de América Latina y el Caribe; tiene el carácter de debate, porque con ella se pretende estimular la discusión a nivel analítico-teórico, incorporar el conocimiento existente sobre la mujer a las corrientes encaminadas a la formulación de políticas y, por sobre todo, hacer de las mujeres sujetos actuantes en su propio proceso de liberación. Es así como esta publicación de cuarenta y cinco artículos busca encontrar respuestas a tres niveles que, aunque diferentes, conforman espacios esenciales para la transformación de la posición de la mujer en nuestras sociedades.

En primer lugar, se espera que las ideas debatidas estimulen en el futuro una respuesta analítica que permita incrementar el cuerpo teórico sobre el problema. En segundo lugar, se tiene el interés de que la reflexión del material empírico que se ventila sirva de voz de alerta a instituciones y personas que, con el sentido de “promover” a la mujer, actúan con una visión miope e inadecuada de la naturaleza de las desigualdades entre los sexos y de la estructura de la sociedad dentro de la cual ellas se dan, llegando a proponer políticas y programas con implicaciones prácticas amorfas y desfavorables. Finalmente, se quiere llegar a la mujer para que con el entendimiento de la dinámica social e ideológica que ha sido la base de su subordinación, sirva para desmitificar su rol social secundario y, de esta manera, pueda nutrir como sujeto militante con su respuesta agresiva el amplio movimiento de liberación. En este sentido, el material publicado señala que, además de las transformaciones en la estructura de la personalidad o del replanteo de la cultura, son necesarias conquistas políticas que implican cambios en las estructuras.

De esta manera, e llenar un vacío de información, la colección pretende acercar o hacer un puente, no bien trazado anteriormente, entre el floreciente y productivo movimiento académico de los años sesenta y setenta, y el más joven pero promisorio arranque de los grupos feministas militantes, tal como se describe en el artículo “El Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe” que se publica en esta colección.

En lo que sigue de esta presentación se planteará, en forma muy sucinta, el carácter que ha tenido la investigación sobre la mujer en América Latina y sus tendencias más recientes. El material que aquí se publica, sobre el cual también se hará referencia más adelante, expresa este proceso de cambio, conservando elementos del inmediato pasado y proyectando posibilidades futuras.

Al revisar en 1979 la investigación sobre la mujer en América Latina,[4] Marysa Navarro caracterizaba la naturaleza de la misma como no feminista y la ubicaba dentro del marco de referencia de la dependencia estructural. Según Navarro, el carácter no feminista, aunque la mujer sea el sujeto de estudio, podría tener varias explicaciones, especialmente si se lo compara con el mismo fenómeno en los Estados Unidos y en algunos países europeos. Así, la investigación antecede a un movimiento fuerte de liberación de la mujer. No se partió de una militancia para entrar en el examen de las instituciones sociales o cuestionar los supuestos académicos. Además, los regímenes militares que gobernaban parte de los países latinoamericanos suprimían cualquier forma de actividad política, aparte de que el origen norteamericano del feminismo creaba sospechas sobre el carácter político del mismo. También, ante las condiciones de pobreza general de la población, las desigualdades originadas en las diferencias de los sexos fueron consideradas como secundarias.

En lo que respecta al carácter dependiente de la investigación sobre la mujer, habría que ubicarlo en el mayor énfasis dado en la formación social, en detrimento del análisis particular de la mujer misma. El objeto principal de los científicos sociales que han investigado a la mujer ha sido, entonces, analizar a través del estudio de la fuerza del trabajo femenina la formación social latinoamericana para entender cómo opera el modo de producción capitalista en su forma dependiente. Fue útil enfocar a la mujer dentro de esta amplia perspectiva, en el sentido de que su estudio no podía hacerse aislado de las condiciones del sistema a nivel macro, ni de los determinantes de clase o de los parámetros de la estructura familiar. Así, se definieron como necesarias las ligazones entre los diferentes niveles de análisis, para llegar a comprender mejor las relaciones entre los sexos. Desde esta perspectiva, se han hecho importantes aportes, al proponer nuevos conceptos que se aplican mejor a la realidad estudiada. También se han hecho insistentes críticas a conceptos tales como ocupación, mercado formal e informal de trabajo, fuerza de trabajo y empleo, y se ha avanzado para desagregar el concepto de actividad económica, en forma tal que tenga en cuenta la variada gama de aspectos en que trabaja la mujer, ya sea en forma remunerada o no, en el sector urbano o en el rural. El ampliar el concepto de trabajo y actividad económica, y refinar los instrumentos de medición, ha permitido dar cuenta de la reiterada subestimación hacia las labores realizadas por la mujer.

Observando otro aspecto, el número creciente de estudios que han aparecido o están en proceso de desarrollo en América Latina muestra que la dinámica en el análisis del tema de la mujer ha rebasado, en muy poco tiempo, tal vez los últimos tres años, las características que fueron planteadas por Navarro y que aquí se describieron. En efecto, el amplio marco de la dependencia estructural ha ido concentrándose cada vez más en reconocer la dimensión del análisis de clase como indispensable para la cabal comprensión de la situación de los diferentes grupos de mujeres en la sociedad. De allí se desprende que la categoría mujer no es de por sí homogénea, sino más bien el producto de la inserción de los diferentes grupos de hombres y mujeres en el sistema de clase que prevalece en una determinada sociedad, y que varían los papeles sociales de ama de casa, esposa, madre, hija, hermana, etc., que se le asignan a la mujer según dicha situación de clase. Al identificar distintos agrupamientos de mujeres y ubicar la naturaleza social de los papeles que se les asignan, el llamado problema de la mujer (o de la situación de la mujer) no cae en un vacío social amorfo o indeterminable. Por otra parte, el análisis actual sobre la mujer, no en forma alternativa sino complementaria al análisis y clase, reconoce que el estudio del rol de la mujer en el proceso de desarrollo requiere un total entendimiento de su papel en la reproducción y de las consecuencias que esta trae para el desempeño de los diferentes aspectos de su vida económica y comunitaria. El análisis de la reproducción implica tener en cuenta no sólo el rol biológico, sino también las diferentes tareas relativas al mantenimiento diario e intergeneracional de la fuerza de trabajo, además de la reproducción social que equivale a la perpetuación del sistema social. Este enfoque ha permitido traer a primer plano el debate aspectos tales como el matrimonio y la familia, el trabajo doméstico, la sexualidad, la división sexual del trabajo dentro y fuera del hogar, las relaciones de dominación y subordinación entre sexos, las bases históricas de la ideología patriarcal, el sentido de lo cotidiano en las relaciones sociales entre hombres y mujeres, y analizar la participación de la mujer en el proceso productivo según determinantes que le da su ubicación en la esfera de la reproducción.

La investigación desarrollada con este enfoque produce una fuente de conocimiento empírico de la que directamente se puede derivar una denuncia sistemática de las desigualdades vigentes en el campo de la división sexual del trabajo. En este proceso, la investigación pasa a tener un carácter marcadamente feminista y a nutrirse del pujante movimiento de liberación que surge en los diferentes países. Tanto las mujeres académicas como las militantes, si es que es válida la distinción para todos los casos, no ven la presente división sexual del trabajo como algo fijo, dado y “natural”, sin más bien como el punto focal en torno al cual deben ocurrir cambios de gran alcance.

Pasando al tema de la mujer y el desarrollo, a la luz de los avances en el estudio de la mujer ligado a los debates teóricos con los hallazgos empíricos, no es suficiente ni válido proponer como problema central la integración de la mujer al desarrollo. En la década de los años sesenta para América Latina, la corriente desarrollista, como la llama Jorge Graciarena,[5] propende por un tipo de desarrollo fundamentado en el crecimiento del producto interno bruto y sin ruptura política. Se visualiza a la mujer como un recurso humano no aprovechado, o se ve el proceso de modernización como desventajoso para la mujer. Como respuesta se plantea la necesidad de su “integración”, como si no se diera o como si el alcance del proceso la excluyera. El aporte de la creciente documentación sobre el tema de la mujer critica esta postura y plantea que no hay ausencia de integración, sino más bien que las mujeres están integradas y lo que cuestiona es la forma de integración. En otras palabras, no se plantea un problema de “desintegración” o “marginalización” de la mujer al proceso de desarrollo; se cuestiona la forma concreta cómo el proceso de desarrollo dependiente y las formas de producción capitalista utilizan la división sexual del trabajo para ubicar particularmente en el proceso a las mujeres de bajos ingresos. En efecto, la mayoría de las mujeres están integradas, pero en la parte más baja de un proceso que dentro de las estructuras actuales es inherentemente jerárquico y contradictorio, y que conlleva parámetros de dominación y subordinación entre clases y sexos.

En este contexto, tampoco es suficiente decir que para el desarrollo beneficie a la mujer ella debe convertirse en parte igual al hombre dentro del proceso. Sería utópico proponer que la mujer se convierta en contraparte igual al hombre en el proceso producido, a menos que las políticas de desarrollo se dirigieran tanto a las participación de la mujer en producción como en la reproducción. Los análisis demuestran que el papel que la mujer juega en la reproducción limita y condiciona su participación en la producción. Este punto reviste vital importancia, ya que aún en sociedades donde es evidente una ruptura política, no se ha considerado una redefinición del rol reproducido de la mujer. En este sentido, trabajos sobre la situación de la mujer en países socialistas y más específicamente en países del Tercer Mundo, dejan ver claramente que un cambio del sistema socio-político, aunque conlleva cambios favorables, no implica necesariamente una redefinición de la representación social de la esfera de la reproducción y de los papeles sexuales a ella asociados.

La unidad o interacción entre reproducción y producción impide considerar en forma independiente la supuesta integración de la mujer al desarrollo para convertirla en contraparte del hombre en pie de igualdad. Las políticas de desarrollo que no entienden esta unidad llevan consigo el incremento de la doble jornada de trabajo. Una perspectiva más integral implicaría unas políticas tendientes a cambiar la división sexual del trabajo dentro y fuera del hogar, el grado de responsabilidad de hombres y mujeres en las actividades de reproducción de la fuerza de trabajo, los factores que afectan la socialización de los roles sexuales y la relaciones de poder entre sexos.

La colección que aquí entregamos con el título “Debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe: Discusiones acerca de la unidad reproducción-producción” se propone divulgar algunos trabajos que muestran nuevas perspectivas de estudio y que han iniciado o dan base para continuar con el debate. Se incluyen trabajos que señalan caminos hacia una teoría universal pero históricamente específica, trabajos empíricos sobre situaciones concretas en los países de la región y trabajo que aunque no se ubican concretamente a nivel regional, sí debaten la postura de sociedades del mundo desarrollado capitalista o socialista. La colección publica tres volúmenes con un total de cuarenta y cinco artículos, cada uno de ellos dedicado a diferentes aspectos. Así, el Volumen I, “La Realidad Colombiana”, presenta 13 trabajos de estudiosos nacionales y extranjeros con relación a la sociedad colombiana; el Volumen II “Sociedad, Subordinación y Feminismo”, recoge 14 artículos que discuten sobre modelos de sociedad y el rol de la mujer, el matrimonio y la familia, y la ideología patriarcal. Además, se dan ejemplos ilustrativos de la penetración del capital internacional, el servicio doméstico, el papel de la ideología y los movimientos feministas como fuerza de cambio.

Este tercer volumen titulado “Sociedad, Subordinación y Feminismo” se divide en cuatro partes: 1) Discusiones sobre la familia y el patriarcalismo, 2) La mujer y el desarrollo, 3) Capital, trabajo y mujer en contextos urbanos, y 4) Perspectivas y luchas del feminismo.

En la primera parte, Discusiones sobre la familia y el patriarcalismo, se publican tres artículos en los que se presentan tesis polémicas y contradictorias sobre el por qué del papel subordinado de la mujer, la función de la familia y la dominación patriarcal. La discusión contrapone, por una parte, el papel que cumple la familia, vista como la base de subordinación de la mujer al ejercer aquella el control sobre su sexualidad y centralizar el trabajo doméstico, y por otra, con aquella tendencia que ve en la familia de la clase obrera una base para la lucha de clases.

El primer artículo, escrito por Verena Stolcke y titulado “Los trabajos de las mujeres”, crítica el sesgo economicista que ha caracterizado en buena medida la polémica en torno a las raíces de la subordinación de la mujer, en cuanto se considera que el obstáculo básico para su emancipación lo constituyen las limitaciones que en el campo económico ejercen sobre ella el matrimonio y la familia: En este sentido, se ha olvidado que la definición de los papeles sexuales atribuidos a los sexos surge como efecto de la construcción ideológica de la reproducción en la sociedad de clases. Stolcke sostiene que la condición de la mujer está determinada fundamentalmente por el papel específico que juega el matrimonio y la familia en la reproducción de la desigualdad social; la reproducción de las relaciones de clase se logra esencialmente mediante el control ejercido sobre la capacidad procreadora de las mujeres, esto es, sobre la sexualidad. Es allí donde Stolcke encuentra la raíz y la determinación de todas las manifestaciones de la subordinación de la mujer. La autora también reconoce que las familias burguesas y obreras tienen papeles sociales diferentes. En efecto, el control sexual de la mujer a través del matrimonio tiene un significado social diferente según su clase social: Por lo tanto, estas instituciones traen distintas consecuencias para los papeles económicos de la mujer en la sociedad.

Continuando con el debate teórico se divulga el artículo “la familia de clase obrera, la liberación de la mujer y la lucha de clases” de Jane Humphries. Allí se plantea que en los trabajos más recientes se ha hecho énfasis en la familia de la clase obrera como el centro del trabajo doméstico y el contexto donde se reproduce la fuerza de trabajo. Esta perspectiva ha llevado según la autora, a visualizar la familia básicamente en términos de los prerrequisitos funcionales del capitalismo y a localizar su reproducción conjuntamente con la reproducción del capital. Para Humphries mirar la familia sólo desde el punto de vista del capital es olvidar el rol de la lucha de clases, y que ya que la familia cumple un papel en la determinación del nivel de vida, en el desarrollo de la cohesión de la clase y en el aumento de la conciencia. Estos papeles que cumple la familia son importantes para su supervivencia y no sólo para la funcionalidad del capital.

Beatriz Shmukler, en su trabajo “Familia y dominación patriarcal en el capitalismo”, centra su análisis en la transición al capitalismo en Europa. Como caso histórico permite entender en su forma más pura la relación entre patriarcado y modo de producción. Este conocimiento es útil para comprender las modalidades de las combinaciones que se dan hoy día en el capitalismo latinoamericano y las expresiones de la dominación patriarcal.

En su segunda parte, relativa a la mujer y el desarrollo, este volumen de la colección destaca los puntos centrales de las implicaciones teóricas y prácticas que ha dejado la discusión sobre la integración de la oblación femenina al desarrollo del mundo capitalista y socialista. En el artículo de Lourdes Benería y Gita Sen, titulado “Desigualdades de clase y género y el rol de la mujer en el desarrollo económico: implicaciones teóricas y prácticas”, se argumenta que es necesario un examen de la interacción de la formación de clase y de las relaciones entre los sexos, para entender las posibilidades y limitaciones que tienen las acciones prácticas que se llevan a cabo por individuos o instituciones en el Tercer Mundo. Los pilares teóricos que las autoras tienen para desarrollar su análisis son los conceptos de acumulación de capital y de reproducción.

Maxine Molyneux en su trabajo “Las mujeres en los estados socialistas actuales”, aunque demuestra que estos estados han promovido mejoras sustanciales en la posición de la mujer, señala que es muy difícil establecer una “unidad necesaria” entre socialismo y feminismo, especialmente cuando se mira el registro de los logros obtenidos, ya que persiste la desigualdad sexual en estos países. Molyneux entra en las explicaciones de los factores que dan cuenta tanto de la emancipación como de la continuación de la subordinación en algunas sociedades presentes.

La tercer parte del presente volumen, capital, trabajo y mujer en contextos urbanos, contiene seis artículos, Helen I. Safa en su artículo “Las maquiladoras y el empleo femenino: la búsqueda de trabajo barato,” indica la gran expansión que ha tenido la empresa multinacional que se caracteriza por la manufactura de productos de exportación para mercados externos ubicada en países del Tercer Mundo. El artículo destaca la importancia que tiene evaluar el impacto de este tipo de empresas, no sólo en cuanto a criterios económicos convencionales (generación de divisas, niveles de empleo, acceso a la tecnología), sino también en cuanto al impacto sobre la población femenina. Si bien es cierto que se ofrecen nuevos empleos industriales para la mujer, también se refuerzan las posibilidades de explotación por sexo.

El trabajo escrito por Marianne Scmink “La mujer en la economía urbana en América Latina”, presenta, a manera de síntesis y aceptando la dificultad de generalizar, la información existente sobre la posición de la mujer de bajos ingresos. Se presentan, a manera de marco dentro del cual se determinan los trabajos de la mujer, los aspectos más sobresalientes del desarrollo urbano industrial, encontrándose que las mujeres cumplen actividades productivas múltiples que van desde la generación directa de ingresos hasta las labores no remuneradas. También se presenta información sobre el acceso y la utilización, por parte de la mujer, de algunos tipos de servicios urbanos.

Patricia Fernández Kelly, en el artículo “Las maquiladoras y las mujeres en Ciudad Juárez (México): paradojas de la industrialización bajo el capitalismo integral”, analiza qué factores como la búsqueda de bajos salarios, abundante mano de obra y situación política estable, han estimulado el traslado de procesos productivos de Estados Unidos a la frontera mexicana. Aunque el fenómeno genera empleo, éste se da con marcadas tendencias de feminización y falta de calificación. Así mismo, estos empleos son en gran medida transitorios, mal remunerados y con agotadoras jornadas de trabajo. El artículo se detiene en el proceso de feminización en la división del trabajo y en sus consecuencias para la vida de las mujeres y sus familias.

Ilda Elena Grau escribe sobre “Trabajo y vida cotidiana de empleadas domésticas en la ciudad de México: un estudio cualitativo”. El artículo habla tanto de la e experiencias de trabajo como de los diversos aspectos de la vida diría de este grupo de la fuerza de trabajo que representa no sólo en México sino en los demás países de América Latina, una alta cuota del sector trabajador femenino. Aunque todas las empleadas comparten una misma situación generacional se hace distinción entre empleadas domésticas “residentes” y “no residentes”.

Heleieth Saffioti, en su artículo “La modernización de la industria textil y la estructura de empleo femenino, un caso en Brasil”, menciona los resultados contradictorios que tienen el desarrollo de la tecnología en la vida de la mujer. Por un lado, vuelve menos pesados los trabajos domésticos, pero, por el otro, expulsa mano de obra femenina de la industria. Saffioti en su estudio de caso, documenta la parte relativa a los cambios en el trabajo de la mujer, según las transformaciones en la estructura de la producción.

Para finalizar esta tercera parte, también con datos de un estudio de caso de Brasil, Mariza Correa, en su artículo “Fidelidad y trabajo, la definición de hombres y mujeres por la justicia, un caso en Brasil”, intenta reflexionar sobre cómo la sociedad brasilera expresa su visión de lo que es una mujer socialmente adecuada. La autora centra su análisis en los casos de parejas llevadas a juicio por la acusación de haber asesinado a sus compañeras o compañeros de vida común. El seguimiento detallado del proceso y las bases de las decisiones del jurado permiten desenmascarar las normas y valores sociales que sirven de base ideológica para juzgar la actuación de hombres y mujeres: el valor principal de un hombre será su trabajo y el de la mujer su fidelidad.

La cuarta y última parte de este volumen, perspectivas y luchas del feminismo, incluye tres artículos que cubren el tema del feminismo desde una perspectiva amplia. Se dibujan desde sus bases ideológicas hasta aspectos y casos concretos de la lucha feminista pasada y presente en América Latina. En contra de la idea corriente de que el feminismo es en sí mismo una ideología única y coherente o una visión del mundo, Norma Chincilla presente  en su artículo “Ideologías del feminismo: liberal, radical y marxista”, las diferentes tendencias ideológicas dentro del movimiento feminista. Analiza en cada una de ellas las respuestas que dan a los siguientes interrogantes: 1) por qué son oprimidas las mujeres, 2) quién se visualiza como el enemigo principal, 3) ¿cuáles son las metas y la organización de cada tendencia? Las ilustraciones de los ejemplos son tomadas en su memoría de la experiencia del movimiento feminista de Estados Unidos.

Claudia von Werlhof, en su trabajo “Unidas como una banda de águilas furiosas… Luchas femeninas y machismo en América Latina”, analiza las relaciones entre las luchas de clase y de sexo. Encuentra que éstas se realizan simultáneamente, se impulsan entre sí, se contradicen, pero solamente son separables artificialmente, analíticamente; así por ejemplo, cuando se detiene una se paraliza la otra. Para ilustrar su análisis, la autora da ejemplos históricos de la Revolución Mexicana y del Movimiento Indígena de Colombia; también de casos más recientes del Perú rural, de Bolivia, de Venezuela de México.

Finalmente, Marysa Navarro, en su trabajo “El primer encuentro feminista de Latinoamérica y el Caribe” da a conocer la realidad pujante del feminismo latinoamericano. Su trabajo permite divulgar lo que pasó en la reunión de Bogotá en julio de 1981, cuando más de doscientas mujeres se reunieron para conocerse,, intercambiar ideas y hacer proyectos para el futuro. El encuentro sirvió para demostrar que sí existe un movimiento feminista en América Latina, que ha crecido apreciablemente y que no representa una distracción de un pequeño puñado de mujeres sino más bien una fuerza inspiradora de un cambio comprometido con su sociedad.

El desarrollo del proyecto, que culmina con la publicación de los tres volúmenes fue posible por el esfuerzo de un equipo amplio de personas y la colaboración de diferentes instituciones. En primer lugar, la Fundación Interamericana apoyó con su financiación los diferentes pasos de esta empresa. En segundo término, la Asociación Colombiana para el Estudio de la Población. ACEP, los miembros de su Junta Directiva y los directores ejecutivos Julio González Molina y Alfonso Santamaría Urrego, respaldaron decididamente este proyecto de publicación y divulgación. A estas instituciones y personas quiero manifestarles mi agradecimiento.

Por otra parte, la colaboración y entusiasmo de los autores fue siempre un estímulo. En el corto plazo de menos de un año se recogió, seleccionó, editó y publicó el material. Algunos artículos son traducciones de trabajos divulgados en otros idiomas pero de difícil acceso para los hispano-parlantes; sin embargo, la mayor parte de los artículos fueron escritos especialmente para esta colección y muchos representan la revisión de informes de investigaciones más amplias, con el fin de darle una amplia difusión y trascender el reducido número de lectores. Por toda la paciencia demostrada por los autores a través del amplio archivo epistolar durante el proceso de edición y mediante repetidas correcciones solicitadas y la revisión de traducciones, van mis amplios agradecimientos.

La responsabilidad de la selección temática y de la revisión del material fue compartida con Carmen Diana Deere y Nohra Rey de Marulanda, en su calidad de miembros del Comité Editorial, su dedicado e inteligente trabajo fue necesario para llegar a una escogencia final, dada la amplia gama de material remitido lo que prueba el interés en el tema. El periodo de trabajo del Comité constituyó una experiencia conjunta de creación y debate, pero, sobre todo, de aprendizaje como grupo, lo que además de útil y grato es poco común. A ellos se debe el enriquecimiento de buena parte del material en su proceso de revisión.

Debo destacar también la labor de quienes como secretarías, editores, diagramadores, traductores, y asistentes, apoyaron esta publicación. Para Nancy Castro L., Martha de Henríquez, Humberto Rojas, Francisco Leal, Patricia Prieto, Aída Martínez, María Cristina Suaza, Juanita Rivera H. y Mara Viveros V, mi gratitud. Finalmente, el esfuerzo que representa este trabajo va dedicado a los cientos de miles de mujeres para quienes deseamos una sociedad más justa y las que, en este momento, quiero personificar en Claudia María y Marta Biviana por ser ellas quienes más cerca están de mis afectos.


[1] Magdalena de León (editora), Sociedad, subordinación y feminismo. Debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe: Discusión acerca de la Unidad Producción-Reproducción, Vol. III, Asociación Colombiana para el estudio de la población, Bogotá, 1982, pp.1-9

[2] En 1974 en el Instituto Di Tella se organizó la conferencia “Perspectivas Femeninas en la investigación de las Ciencias Sociales en América Latina”, la cual tuvo seguimiento con un seminario de entrenamiento en investigaciones en Cuernavaca, México; en 1977 se realizó en México el Primer Simposio Mexicano y Centroamericano sobre investigación de la mujer; en 1978 el Instituto Universitario de Pesquisas Sociales de Río de Janeiro celebró la conferencia sobre la mujer y la fuerza de trabajo en América Latina; en julio de 1981 se realizó en Bogotá en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, y en el mes de noviembre del mismo año se llevó a cabo el Primer Seminario Latinoamericano de Investigación sobre la Mujer en Costa Rica; finalmente, también en noviembre de 1981, se celebró el Seminario Regional Latino-Americano de Programas de Estudio sobre la Mujer en Río de Janeiro.

[3] Entre las publicaciones de las anteriores reuniones se cuenta: June Nash y Helen Icken Safa, edts. Sex and class in Latinoamerica (New York: Praeger Publisher, 1976), Elu de Leñero, ed. La mujer en América Latina, (dos volúmenes), México: Editorial Sepsetentas, 1975, América Indígena. Volumen XXXVIII, nº 2, Abril-Junio, 1978, Demografía y economía, Vol. XII, nº 1, 1978, Nueva Antropología 2, Nº 8, 1977, y editores Vozes prepara una publicación sobre Mujer y Fuerza de Trabajo.

[4] Navarro, Marysa, “ Research on Latin American Women”, en  Sing, 1979, Vol. 5, nº 1.

[5] Graciarena, Jorge, “Notas sobre el problema de la desigualdad sexual en sociedades de clase” en CEPAL,  Mujeres en América Latina. Apuntes para una discusión. México, Fondo de Cultura, 1975.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 8:30 pm

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