Ideas feministas de Nuestra América

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I.16 Isabel Custodio, “Gloria y desaparición de una mujer. Alaíde Foppa, la que piensa”, Excélsior, Ciudad de México, 10 de enero de 1981

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Isabel Custodio,[1] “Gloria y desaparición de una mujer. Alaíde Foppa, la que piensa”, Excélsior, Ciudad de México, 10 de enero de 1981[2]

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En la Grecia de Pericles el renombre de una mujer era obtenido exclusivamente por el silencio que envolvía su nombre: “gloria de una mujer, noción contradictoria en sus términos, es que se hable lo menos posible, para decir su valor como blasfemarla, en relación con los hombres”.

Decir la gloria, forma griega de decir la muerte, exaltando la virtud, o más bien, para traducir lo intraducible: el valor. Logos, gnomo, bouleuma palabras queridas de Alaíde, en donde en la ciudad griega, ese club de hombres, se las prohíbe a las mujeres.

Logos define la palabra, fundamento de la política, la razón, de las cuales el hombre sabe hacer buen uso, el discurso de la gloria que enaltece los grandes hechos: gnomo define la inteligencia y también la decisión política, la de la asamblea del pueblo; bouleuma define la deliberación y como dirá Aristóteles “la mujer no está desprovista pero le falta la autoridad que a un proyecto le da fuerza de ley”.

La historia de Alaíde instala sobre la escena trágica la contradicción femenina del silencio y de la palabra: Alaíde cree en el logos, al mismo tiempo que en el silencio, el silencio la desaparece pero ella desaparece después de haber roto la censura que le impondrían a su discurso, ella desaparece por matar con palabras, palabras escritas, palabras que gritan.

Imposible gloria femenina, que solamente da el silencio -pero callándose ¿cómo hacer saber que nos callamos, cómo confiar al discurso de alabanzas esa gloria huidiza, y siempre perdida? Alaíde, habla. A mujeres es cierto, que saben guardar los secretos de las mujeres (¿y qué pasa entonces con la gloria que sólo la ciudad distribuye?). ¿Cómo evitar inversamente, que la palabra no tome la existencia de las cosas, o de los hechos?

Más que de todo, de Alaíde se temía la voz, que un día tomarían las cosas muertas, las tinieblas cómplices. Y entonces ahora su condición de desaparecida adquiere “glorioso” renombre por una vuelta de la voz pública:

Zeus nos dio un destino funesto, a fin de que seamos más tarde cantadas por los hombres”. (Eurípides)

Conjunción imposible la de la mujer y su desenvolvimiento y la del hombre (griego o de la ciudad), que sabe repartir a las mujeres en las cajas de un juego bien organizado: las cortesanas para el placer, las esposas para tener hijos legítimos, y ningún otro caso está previsto.

Añadamos que hace falta detener una parcela del saber, robado a no sé cual divinidad, y así el sentimiento de la propia consideración, cosa poco fácil para las mujeres. Orgullo, honor, fiereza, gloria, dignidad: las designaciones de esta autonomía cambian; lo que se debe uno a sí mismo. El valor es un arma peligrosa para el hombre, falla fatal para la mujer que, en la violencia de la represión de la cual es objeto, debe tomar para sí la triste recompensa de la abnegación.

¿Cuántos exilios y deportaciones ante la amenaza del Estado, cuántas huidas en la noche cierran nuestros labios en el polvo de los caminos, terrenos vagos, a partir de tales palabras?

El miedo a la madre hace que los hombres la resientan, ello se comprende: el amo siempre tiene miedo de su esclavo. El fenómeno es conocido: le es necesario al amor creer en la verdad, al dominador en la mentira que le sirve para legitimar su fuerza. Así el bárbaro es tomado realmente como el ignorante, el judío como pérfido, la mujer como amenaza a la hegemonía masculina. El amo vive rodeado de enemigos y agitado por los fantasmas -que proyecta sobre sus víctimas- y si las mujeres tan temidas retomaran sus derechos ¿no serían ellas lo que decimos tan fuertemente que son: seres devorantes y apasionados, furias a la cuales nos hizo falta mutilar y encadenar?

Alaíde, la que piensa… la que piensa la generosidad, la ternura, la profusión de la ayuda, la fidelidad a sus discursos, la exuberancia, la inteligencia de su fuerza llevada hasta el final.

Mi pregunta seria: ¿quiere el gobierno de Guatemala emular la Grecia de Pericles, en donde (ciudad-léase: hombres), mutila, obscurece y calla las palabras con razón?

 


[1] Isabel Custodio miembro fundador del grupo feminista Las Reinas, es una feminista muy difícil de catalogar, polémica y activa desde principios de la década de 1970. Considera que la liberación de las mujeres pasa por la educación. De sí misma dice: “He sido feminista toda mi vida, milité en el feminismo y publiqué durante veintitantos años artículos en los periódicos sobre esta corriente”. Ha publicado una inquietante novela histórica sobre una hacendada villista en tiempos de la Revolución Mexicana (La Tiznada, 2008) y una crónica de su noviazgo con Fidel Castro, antes de iniciar la revolución en Cuba (El amor me absolverá, 2006)

[2] En Isabel Custodio, La Eva disidente, Editorial Katún, México, 1991, pp.7-9.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 8:18 pm

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