Ideas feministas de Nuestra América

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I.7 “El adentro – el afuera”, Las Mujeres, nº 4, Bogotá, octubre de 1978

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“El adentro – el afuera”,[1] Las Mujeres, nº 4, Bogotá, octubre de 1978

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El hombre es callejero, audaz y fuerte, dice el sentido común. La mujer es casera, asustadiza y débil, responde el sentido común en su monólogo. La casa es de la mujer. La calle es de los hombres y de las mujeres perdidas.

Esta división que coloca el hombre “fuera” y a la mujer “dentro”, es la asignación de lugar social más general en correspondencia con esa primera división llamada sexual y a ella corresponde una asignación de funciones y de características legitimadas de tal manera que parecerían leyes naturales.

El “adentro” es el espacio de la familia, la intimidad, lo privado, el afecto. El “afuera” es el espacio de lo público, la historia, lo objetivo.

En el “adentro” tiene la mujer su lugar propio y aun ahora en que el “afuera” vuelve a abrir sus puertas para ella, el “adentro” sigue pegado a ella como si fuera una prolongación de su naturaleza.

La casa, lo doméstico, lo privado son otorgados a la mujer por el sentido común lo mismo que la debilidad, la ternura, la comprensión, la falta de imaginación, la belleza, etc., etc., y las funciones que implica. Valorados todos ellos como secundarios, de escaso valor social e histórico, no obstante las declaraciones que sobre la familia o la madre se hagan.

Mientras para las mujeres ganar el espacio del “afuera” significa una conquista, para los hombres tener que ocupar un lugar en lo doméstico distinto del que ocupa, es denigrante, motivo de burla y de chistes crueles.

Así pues la mujer que miraba esperanzada la conquista de ese “afuera” como signo de su liberación, encontró que aunque su espacio de movimiento se había ampliado, que aunque podía ocupar lugares antes vedados para ella, seguía vinculada como por un cordón umbilical a lo que se considera SU función, SUS características femeninas.

La “conquista” del “afuera” no significó realmente más que la doble jornada de trabajo y todo un diluvio de discursos que la llamaban a no perder su lugar, ni sus características femeninas, esas que la hacen sombra delicada, sombra tierna, bella, comprensiva, secundona, etc., etc.

Hay algo que ofrezca menos duda al sentido común (aun en aquellos casos en que se muestra dispuesto a dudar de todo) que el carácter netamente femenino de la función-ama-de-casa? LO DUDO. El reino del hogar sigue siendo un reino netamente femenino y para el sentido común ser mujer y asumir este lugar es una misma cosa.

De esta manera, aunque el mundo moderno ha extremado su democracia hasta proclamar a los cuatro vientos que todo lo que hacen los hombres puede ser hecho por las mujeres, aún no se oye la afirmación inversa.


[1] Texto del feminismo organizado desde una perspectiva socialista por grupos colombianos de finales de la década de 1970, ha sido recopilado del DVD que acompaña el libro de María Cristina Suaza Vargas, Soñé que soñaba. Una crónica del Movimiento Feminista en Colombia de 1975 a 1982, JM Limitada, Bogotá, 2008.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 7:40 pm

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