Ideas feministas de Nuestra América

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I.4 Eli Bartra, “La organización de las mujeres”, La Revuelta, Ciudad de México, 1976

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Eli Bartra, [1]  “La organización de las mujeres”,[2] La Revuelta, Ciudad de México, 1976

[Texto proporcionado por la autora]

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EL MOVIMIENTO FEMINISTA EN MÉXICO se encontraba, hasta hace poco, integrado principalmente por el conjunto de grupos más o menos numerosos, coordinados o no, que desempeñaban un papel autoconcientizador a través de los pequeños grupos de toma de conciencia y de estudio, los que a la vez realizaban, de diversas maneras, una práctica política para expandir más allá del grupo la problemática de la mujer. Con base en el acuerdo general sobre ciertos aspectos fundamentales (la lucha por el aborto libre y gratuito, la defensa de las mujeres golpeadas, la lucha contra la violación) las mujeres se habían movilizdo también públicamente.

La creación de un movimiento feminista amplio ha sido siempre nuestro objetivo. Sin embargo, las cosas parecen complicarse cuando cada quien entiende por movimiento algo distinto.

Para nosotras un movimiento feminista es (o queremos que sea) la existencia de innumerables grupos autónomos de mujeres que se van creando a partir de sus necesides personales y colectivas especificas. Esta especificidad dependerá, evidentemente, tanto de su condición de mujer como de la clase, etnia y edad a la que pertenecen. Esto es, mujeres de diversos sectores y clases sociales se agrupan (en general con las del mismo sector o clase) para iniciar el proceso de toma de conciencia que las llevará a buscar las formas concretas de la lucha contra la condición que viven y que rechazan.

Resulta claro que, por lo general, son las mujeres de la pequeña burguesía ilustrada las que inician este proceso de toma de conciencia, aunque, paradójicamente, en su grupo social los efectos de la opresión y la explotación recaen menos brutalemnente.

Ahora bien, de qué manera se puede iniciar el proceso de toma de conciencia en las mujeres que por su situción socioeconómica no tienen fácil acceso a la “información” es una cuestión importante y bastante polémica. Las ideas al respecto se sitúan en dos extremos con sus variantes intermedias: por un lado, se piensa que las mujeres más conscientes deben llevar a otros sectores su conciencia y sus experiencias para desempeñar el papel de vanguardia organizativa; por otro, se manifiesta la posición de que son las mujeres más claras de cada sector social y que conocen, además, las necesides reales de ellas, las que deben iniciar sus propias formas de organización de acuerdo con su realidad concreta y no de acuerdo con lo que la “vanguardia ilustrada” piensa que son su realidad y sus necesidades.

Pensamos que a nivel masivo, por lo general, la conciencia no se genera de manera espontánea; por lo tanto, es necesario que la gente que, por las circunstancias que sea, ha tenido la posibilidad de darse cuenta antes que otra de su condición, comunique su conciencia, y lo idóneo es que la comunicación se dé entre las mujeres de una misma clase o sector con formas de vida, de pensamiento y de expresión similares.

El movimiento feminista puede entenderse como una especie de red que se va extendiendo de manera horizontal y va cubriendo todo el territorio en los diferentes ámbitos en que se encuentran ubicadas las mujeres.

Esta concepción se podrá visualizar como una red de vasos comunicantes que crece a medida que las mujeres vamos despertando, vamos abandonando la inmovilidad y actuamos para permear en todas las esferas públicas y privadas, y esta concepción, asimismo, parece que se opone a otra que podríamos llamar vertical, o mejor, piramidal. Esta última sería la organización política con un núcleo rector y coordinador que promueve, desde arriba y en este caso desde el centro, es decir el Distrito Federal, la formación de una asociación de masas por medio de la afiliación.

A partir de estos dos esquemas sobre el movimiento, vamos a apuntar ahora cómo vemos su funcionamiento y su papel como vehículo de lucha social.

Si lo vemos como una red, con caracteristícas de organización horizontal, se entiende como un movimiento eminentemente antijerárquico, descentralizado, que busca eliminar al máximo la formación, es fundamentalmente una vía para que las mujeres descubran poco a poco el por qué de su condición socialmente subalterna y hallen colectivamente las formas más adecuadas de lucha contra ella.

Ha de pasar mucho tiempo para que las mujeres masivamente lleguen a tener una “conciencia para sí”, sin embargo, pensamos que aquí y ahora podemos seguir combatiendo “con las armas de la crítica” al sistema patriarcal; por el momento quizá sólo se trate de ganar batallas. Las mujeres concientes y en rebelión impugnan todos aquellos mecanismos opresores del universo privado y del público, muchas veces de manera individual, sobre todo en el ámbito familiar o interpersonal, pero con la fuerza que dan una conciencia y una lucha colectivas; las mujeres que forman parte de este amplio movimiento de liberación llevan a cabo cotidianamente las pequeñas batallas contra su opresión. Pequeñas batallas que finalmente resultarán decisivas para ganar la guerra: un cambio radical de nuestra sociedad.

La militancia en un movimiento de esta naturaleza no viene a ser como una actividad más de la persona, sino que toda actividad está determinada por la militancia; la vida política (militante) no se encuentra desvinculada de la vida personal o laboral sino que constituye una unidad.

En el proceso de toma de conciencia se van dando formas de expresión, de comunicación y de acción cualitativamente diferentes a las formas que adoptan las organizaciones dominadas por los modemos patriarcales.


[1] Eli Bartra, filósofa y feminista mexicana, es una de las pocas activistas que en la década de los 70 enfrentó la crítica a la cultura filosófica presentando una propuesta estética de la producción artística de las mujeres y sus repercusiones materiales. En 1975, fue una de las fundadoras del periódico del colectivo La Revuelta. Es hoy profesora-investigadora del Departamento de Política y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, donde ha fundado y coordinado el área de investigación “Mujer, identidad y poder” y su posgrado en Estudios de la Mujer. Ha publicado decenas de artículos y capítulos de libros sobre mujeres, género y arte, feminismo, así como sobre cuestiones de metodología. Es coautora del libro La Revuelta. Reflexiones, testimonios y reportajes de mujeres en México, 1975-1983 (Martín Casillas, 1983) y de Feminismo en México, ayer y hoy, (UAM, 2ª ed. 2002). Es autora de Mujeres en el arte popular.De promesas, traiciones, monstruos y celebridades, (UAM/Conaculta-FONCA, 2005), de Mujer ideología y arte, (Barcelona, Icaria, 1994; 3ªed., 2003) y En busca de las diablas. Sobre arte popular y género, (Tava/UAM-X, 1994). Compiladora de la antología Debates en torno a una metodología feminista, (UAM-X, 1999), de Creatividad invisible. Mujeres y arte popular en América Latina y el Caribe, (PUEG/UNAM, 2004), así como de su versión en inglés Crafting Gender. Women and Folk Art in Latin America and the Caribbean (Duke University Press, Durham/Londres, 2003), y de Museo Vivo. La creatividad femenina (UAM-X, México, 2008). Ha sido profesora visitante en diversas universidades de los Estados Unidos, Oceanía, América Latina, Asia y Europa.

[2] En Eli Bartra, María Brumm et al., La Revuelta (Reflexiones, testimonios y reportajes de Mujeres en México (1975-1983), Martín Casillas Editor, México, 1983.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 7:36 pm

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