Ideas feministas de Nuestra América

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I.1 "Cartel de presentación", La Revuelta, n.1, septiembre de 1976

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“Cartel de presentación”, La Revuelta,[1] n.1, Ciudad de México, septiembre de 1976

[Documento proporcionado por Eli Bartra]

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El Movimiento de Liberación de la Mujer en México busca con esta publicación crear un órgano de difusión del feminismo en nuestro país. Sin embargo, ante la diversidad de corrientes y enfoques que ha tenido y tiene el feminismo nos vemos en la necesidad de precisar qué entendemos por feminismo. Para nosotras representa la lucha de las mujeres contra su opresión y explotación específicas –subrayamos la palabra específicas para indicar, de este modo, que la finalidad del feminismo no sólo es la de poner de manifiesto y luchar contra la opresión y explotación que sufren las mujeres en nuestra sociedad, debido a la división de clases- que sufrimos por el “simple hecho” de ser mujeres. Sostenemos que la mujer asalariada es doblemente explotada: una obrera no sólo es explotada por el patrón, sino que además es oprimida y explotada como ama de casa. Nosotras, sin perder de vista la división clasista de la sociedad, nos proponemos luchar contra el sexismo, es decir, contra la división de la sociedad por sexos, que nos discrimina como personas en todos los niveles: en la escuela, en la casa, en la calle, en el trabajo.

A partir de una concepción  feminista de nuestro mundo, el movimiento de Liberación de la Mujer se propone, por un lado, luchar por una serie de reivindicaciones o logros parciales que se puedan obtener dentro del sistema en que vivimos con el fin de conquistar algunos derechos que no tenemos hasta el presente: Queremos obtener el derecho a abortar libre y gratuitamente. ¡Queremos ser dueñas de nuestro propios cuerpos! Necesitamos guarderías para dejar de ser exclavas de los hijos. Exigimos la equitativa repartición del trabajo doméstico entre hombres y mujeres.

La mujer debe aprender a concebirse como ser humano independiente, autónomo y no subordinado, no inferior. Sólo cuando la mujer tenga una concepción propia de sí misma, de la sociedad en donde hasta ahora han dominado los hombres, de la historia que es la historia de los hombres, existirá una base real para la solidaridad, para la lucha común de hombres y mujeres. La mujer debe liberarse del estrecho papel de madre-esposa que le ha sido impuesto durante siglos.

Por otro lado, el objetivo último por el que luchamos es imposible lograrlo dentro de este sistema, ya que implicaría la disolución de la familia patriarcal, la total socialización del trabajo doméstico, de la educación… etc. y la verdadera liberación de la mujer y de todos los hombres.

El movimiento surgió en México, como en muchas otras partes, de una necesidad de unión. Del desencanto, la insatisfación, la frustación que las mujeres experimentamos en el aislamiento de la vida cotidiana surge la necesidad, en principio tal vez puramente instintiva, de unirse con otras mujeres. La necesidad de comunicación, el deseo de saber el porqué de todos estos sentimientos es el primer denominador común de las mujeres.

Por medio de la comunicación, el intercambio de ideas sobre las experiencias vividas individualmente, las mujeres cobramos conciencia de que no se trata de problemas individuales, de que nuestros problemas son también los problemas de otras mujeres y de que son, a fin de cuentas, problemas sociales.

La toma de conciencia nos lleva necesariamente a actuar hacia afuera y a buscar formas de organización que nos permitan llevar adelante la lucha para que aumente día con día la conciencia de mujer en las mujeres.

Nuestra lucha nos impone, por el momento, una autonomía con respecto a los hombres. En todas las organizaciones o partidos políticos mixtos, los que propugnan un cambio, para no hablar de los otros, se sigue manteniendo a la mujer en su papel tradicional; además, la cuestión de la opresión de la mujer es considerada como un problema secundario, subordinado, que “ya se resolverá después del cambio social”.

Para nosotras no habrá ningún cambio real si no participamos con nuestras propias demandas y si no luchamos desde ahora por alcanzar la liberación de la mujer.

Con base en esta autonomía y dadas las ilimitadas dificultades que se nos presentan para difundir nuestras ideas y expresarnos en los organos de difusión existentes, hemos decidido sacar nuestro propio periódico. Ya no queremos que otras escriban sobre nosotras. Ahora nosotras escribiremos de y para nosotras.

Consideramos que un periódico feminista representa un arma más para concientizar. Pretendemos con este primer número, iniciar la discusión, el intercambio de ideas y la comunicación entre mujeres. Queremos, además, aprender algo que tradicionalmente nos ha sido negado: expresarnos de múltiples maneras.

LAS MUJERES TOMAMOS LA PALABRA


[1]  El colectivo feminista La Revuelta, que publicó también durante la segunda mitad de la década de 1970 en forma colectiva el periódico del mismo nombre, fue conformado por varias mujeres que se encontraron en el Neo-Feminismo en México; en momentos llegaron a ser una veintena de escritoras, filósofas, fotógrafas, actrices, maestras, etcétera; el grupo inicial estuvo conformado por Eli Bartra, María Brumm, Chela Cervantes, Bea Faith, Lucero González, Dominique Guillemet, Berta Hiriart y Ángeles Necoechea.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 7:25 pm

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