Ideas feministas de Nuestra América

╰♀╮ ╰♀╮

F.32 Concha Michel, “Prólogo” a ¡Alto!, de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Ciudad de México, 1950

:.

Concha Michel,[1] “Prólogo” a ¡Alto!, de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Ciudad de México, 1950[2]

:.

Estudiando la obra inédita de Doña Juana Gutiérrez de Mendoza, me ha sido conferido el honor, por la hija de tan ilustre dama, de hacer este prólogo, honor que acepto con todo mi entusiasmo, ya que reconozco en Doña Juana a una de las figuras más grandes de la revolución mundial, entre hombres y mujeres.

La obra de literaria revolucionaria de Doña Juana, viene desde el nacimiento del presente siglo, ya que desde 1901 aparece en los primeros números de Vesper, periódico de combate contra la arbitrariedad y tiranía porfiriana. Después fue apareciendo, hasta su muerte, la variadísima obra de tan extraordinaria mujer. Abarcaba Doña Juana, desde la sátira, prueba de ello, “El ejecutivo de mi cargo”. Contrastando este género, con su obra poética tan inspirada y bella; viene luego el aspecto histórico-social en “Por la Tierra y por la Raza”; en seguida su obra pedagógica en su estudio intitulado “Escuela de Responsabilidad Social de la Mujer”. Hace precisamente 28 años que Doña Juana hizo el trabajo que ahora presentamos al público. Me advierte Laura, -la hija de Doña Juana-, que su madre había pensado cambiar el título del presente trabajo; pero como no lo hizo la propia autora decidimos publicarlo tal como ella lo dejó. Alto! Es el título original y así se queda.

¡Alto! Esa es la voz de alarma que hace 28 años emitió esta mujer. El lector podrá juzgar de la razón de su llamada. Yo la justificó, sobre todo porque sé exactamente a qué se refiere. Muchos la juzgarán localista o nacionalista. Yo que la conocí, sé que tenía razón en cuanto al “pochismo”, servilismo y tantos complejos de que padecen muchas gentes mexicanas incapaces de fortalecer en lo más mínimo a su raza de la que reniegan y a su suelo al que traicionan y venden vilmente.

La razón principal de esta publicación es la de rendir un homenaje a su memoria en el 75º aniversario de su natalicio. Es para mí un gran honor el de unirme a las descendientes de una mujer tan respetable, y naturalmente, tan querida por su hija y nietas, con las que estoy completamente identificada en afecto y estimación hacia la enorme mujer que no sólo supo ser madre de sus propios hijos, sino que abarcó a otros huérfanos de la lucha agraria y a todos los combatientes de la Revolución Nacional.

Hace ocho años que murió Doña Juana Gutiérrez de Mendoza, y con ella perdió México a una de sus más fuertes defensoras. En uno de los primeros párrafos del Alto, estudio del cual nos estamos ocupando, dice la autora: -“ Entre los “super-hombres” que nos conducen- no que nos guían, -“que nos conducen”-; hay quienes pretenden estar perfectamente orientados, tanto que sin escrúpulos de ninguna especie aseguran que su camino es el mejor, y no sólo nos invitan, sino que a veces nos obligan a marchar por él cuando tienen la oportunidad de indicarnos con la punta de la bayoneta”. Toda la razón amparaba a Doña Juana al marcar su Alto en los momentos de la lucha fraticida entre el pueblo de México durante la Revolución del siglo XX, que ya nos lleva cincuenta años, y en hechos vamos como los cangrejos. ¡Qué diría Doña Juana si presenciara este momento en que nuestros “conductores” solo nos dan la esperanza de la bomba atómica!… Doña Juana se negaba en absoluto a seguir ese camino, y continúa: “No hay pues tal camino, ni es posible que lo haya. Las huellas que nos obligan a seguir no conducen a ninguna parte; trazan un círculo vicioso que recorremos sin avanzar, sin ir un palmo de donde han ido los que nos precedieron, sin alcanzar mas que el mismo resultado de bienestar para los conductores y de malestar para los conducidos. Este hecho está perfectamente comprobado. Los mismos choques que con tanta frecuencia nos destrozan, prueban que a cada instante nos encontramos en un laberinto sin salida o que lo que hacemos es marchar en sentido inverso, según la conveniencia de nuestros conductores.

Claro que para los críticos de Doña Juana, era absurdo que hubiese una mujer que no se dejara conducir ya que era en realidad una orientadora y verdadera guía; pues su vida entera fue consagrada a luchar por el mejoramiento del pueblo mexicano. Que lo nieguen –que no lo harán- sus compañeros de lucha, aunque muchos de ellos ya estén sepultados; como Emiliano Zapata, Gildardo Magaña, Antonio Villarreal, etc., y otros, que es como si estuvieran muertos, pues esos están sepultados bajo el dinero, precio que importó la venta y traición del pueblo de México.

Otro aspecto sumamente valioso de la obra escrita de Doña Juana en su defensa tan valiente y honrada del indígena mexicano. Esta admirable mujer presenta con orgullo su origen materno. Véase su obra publicada “Por la Tierra y por la Raza” Doña Juana, como Eulalia Guzmán, luchó incansablemente por demostrar al mundo la grandeza de espíritu comprendida en la raza indígena mostrando en esta obra publicada los más originales aspectos de la belleza y enorme estético y ético de nuestras antiguas culturas.

Es lamentable que de una obra tan importante como “Por la Tierra y por la Raza”, se haya publicado un número tan reducido de ejemplares, los que, naturalmente, están completamente agotados y casi nadie conoce. En dicho libro, presenta Doña Juana varias de las ceremonias rituales del antiguo México, o del México pre-histórico, que eran completamente ignoradas por nosotros. Algunas de esas ceremonias fueron liquidadas por los horribles castigos que contra ellas imponían los conquistadores a quienes su fatuidad e hipocresía les vedaba entender su significado y trascendencia ante la vida y sus leyes; además, ante la sensibilidad a la belleza natural y sana; sin las mutilaciones del concepto convencional impuesto por los fanáticos conductores europeos.

En fin: aquí esta el trabajo de Doña Juana, el que por primera vez será conocido y juzgado. Habrá quienes lo aprueben, también quienes lo ataquen. Yo lo considero valioso en cuanto a la justicia que ampara a Doña Juana al atacar los prejuicios, complejos y traiciones que hacen a México los malos mexicanos. Yo la justificó plenamente cuando dice: “la mediocridad criolla desprecia vanidosamente lo nacional. La clase privilegiada, desde los de rancio abolengo, hasta los advenedizos, hasta los improvisados se han encargado de ahondar la herida; unos enviando a sus hijos a los planteles de educación extranjera y los otros mostrando orgullosamente sus camisa traída de los EE.UU, expresando para ellos, y su calzado de “marca americana” y manufactura nacional.” Justifico a Doña Juana, no porque sea indebido adquirir conocimientos en el extranjero, en los casos de que éstos sean de mejorar los planteles nacionales, mandan a sus hijos fuera del país, precisamente los “conductores” de México, los que más obligados están a vigilar la superación cultural del país que dicen representar. Los otros, son simplemente casos de ridículo; pero que además muestran aspectos de inferioridad y de ignorancia muy lamentables.

Doña Juana no desconoció que los problemas que afectan a México, son de carácter internacional; ella lo que exige es que haya conocimiento y consciencia de los orígenes locales, nacionales de nuestros problemas para que estemos en condiciones de contribuir en algo a la dignificación de la humanidad en su conjunto. En fin ella habla lo suficientemente claro y bien expresado para que yo trate de defenderla antes de que se le ataque: se que hay muchos revolucionarios, inclusive de los honrados que no justificarán la tesis de este trabajo que damos a conocer; pero en realidad hay distancias infranqueables todavía hasta entre los dirigentes del movimiento social de México, y esto es desconcertante para nuestro pueblo. Todavía hay mucho que hacer para lograr la UNIDAD NACIONAL: estamos muy fragmentados en grupos que aunque amamos a nuestro país, a nuestros diferentes grupos raciales, a nuestra cultura antigua y la que va perfilando la mestiza, todavía no hemos constituido una sola fuerza o nos ignoramos unos a otros.

También es difícil juzgar a Doña Juana por un solo trabajo, que no es ciertamente el que más ha interesado. La culminación de la concepción y madurez de Doña Juana, está en su República Femenina. Ese trabajo solo fue publicado en dos pequeños folletos; pero aunque pequeños, no dejan de ser enormes en su contenido ideológico. En ellos está sencillamente la parte integrante a la doctrina revolucionaria internacional, pues son principios fundamentales que colocan a la mujer en condiciones de poder aportar una nueva fuerza y una nueva acción a este movimiento de transformación social en el que se han embarcado generaciones y países enteros, y del que sólo quedan unos cuantos náufragos debilitados.

A reservar de lograr la publicación de las otras obras de Doña Juana, principalmente las citadas con anterioridad o sean: “Por la Tierra y por la Raza” “Escuela de Responsabilidad Social de la Mujer” y “La República Femenina” voy a permitirme hacer aquí algunos comentarios de esta última obra porque quiero dar a conocer la grandeza y precisión de los puntos de vista de esta mujer extraordinaria.

Es sorprendente que Doña Juana, sin haber tenido la menor conección con mujeres mundialmente conocidas por su obra social, como Clara Zetkin, alemana, y Alejandra Kollantay rusa, hayan tenido tanta similitud en sus puntos de vista respecto a la participación de la mujer en la transformación del sistema de organización capitalista, el régimen de organización colectivista, o de interés común. Es que la personalidad cerebral y sensitiva de Doña Juana corresponde a la categoría de las mujeres ilustres del mundo tales como en México, Sor Juana Inés de la Cruz, Leona Vicario, etc. Tanto Sor Juana como Leona Vicario abarcaron siglos en su concepción de justicia y superación social; pero Doña Juana corresponde al siglo veinte y en él expresó los conceptos correspondientes a su época, aun que los problemas sean los mismos de muchos siglos atrás. Por eso encontramos mayor afinidad entre esas dos mujeres que cité antes: Clara Zetkin y Alejandra Kollontay.

Doña Juana, en su enorme esfuerzo de lucha por la superación íntegra de la organización social de México, encontró los mismos motivos de crítica para los dirigentes de ese mismo esfuerzo en Rusia. Voy a demostrar esa similitud: -habla Doña Juana en la República Femenina:- “Hasta aquí el hombre ha suprimido a la mujer substituyéndola en sus funciones sociales, pero no puede hacerlo indefinidamente por cierta que fuera la omnipotencia de su fuerza de acción y de absorción”.

“El resultado de esa supresión ha sido desastroso; la obra social cuya ejecución corresponde a la mujer, no se ha realizado porque el hombre no sabrá ni podrá nunca realizarla, pues aún queriendo, por razón natural la desvirtúa.

“La vida no se mutila impunemente; no se suprime de ella la parte que se quiera sin que se resientan las consecuencias. La vida se impone tal como es y por esta razón, en la vida de los pueblos, se impone, en determinado momento, la integridad de sus elementos sociales. Tal es el momento actual.”

Y en otro párrafo de su obra, continua Doña Juana: – “Por supuesto que la mujer, habituada a la condición de apéndice secular, no tiene una idea de su existencia propia, ni una idea precisa de su personalidad, ni un punto fijo de orientación; la mujer no sabe más que imitar al hombre; por eso lo primero que reclama es una boleta electoral y el primer sitio que pretende ocupar es una Curul en el Congreso, exactamente como los hombres cuando llegan a la edad legal”. Y llegando a las conclusiones dice Doña Juana: – “Es evidente que la mujer misma ha de encargarse de resolver directamente sus propios problemas, como representante, lo mismo que el hombre, de una especie en cuya procreación tiene una responsabilidad directa, puesto que no es un elemento accidental o secundario, o substituible, sino que por el contrario, en la reproducción y conservación de esa especie es insibstituible y desempeña funciones únicas de indefinida prolongación”. Ahora hagamos comparación con las conclusiones a que en el mismo aspecto llegó Clara Zetkin:

1º.- “ESPECIAL ORGANIZACIÓN PARA MUJERES”. 2º.- “Especiales demandas para mujeres”, y 3º.- “Convocar a un Congreso mundial de mujeres para formular su propio Programa en el que se abarcarán sus propias necesidades, aspiraciones y facultades”. De aquí se concluye que Clara Zetkin, como Doña Juana, veía la urgente necesidad de que la mujer precisara mundialmente, sus programas y finalidades propias, no esa incorporación indiferenciada y confusa en que han ahogado tan brillante posibilidad de la integración de la mujer a una etapa de organización superior a la actual pues ese Congreso Mundial para que las mujeres fusionaran sus fuerzas y facultades, nunca se llevó a cabo en Rusia. Pero antes de analizar esto, quiero mostrar la afinidad ideológica entre Doña Juana y Alejandra Kollontay, y eso ignorándose una a la otra. Cuando los dirigentes de la revolución social en Rusia insistían en el aplazamiento indefinido para tratar los problemas de orden moral, les contesta Alejandra Kollontay: – “La experiencia de la historia enseña que la elaboración de la ideología de un grupo social, y consecuentemente, de la moral sexual también se realiza durante el proceso mismo de la lucha de este grupo”. Alejandra Kollontay se refiere aquí al movimiento social mundial, no sólo a la revolución de Rusia. Se dirá que me he salido del tema, pues no es La República Femenina de Doña Juana, sino el ¡Alto!, el trabajo que hoy publicamos; pero quiero demostrar que con solo estar frente a los mismos problemas se puede llegar a las mismas conclusiones, por muy distantes que se encuentren las gentes. Hubiera sido maravilloso que ese Congreso mundial de mujeres se hubiera celebrado, tal como Lenin lo aprobó al tratar el asunto con Clara Zetkin y que Doña Juana hubiera estado en él. Cuantas desviaciones de la lucha mundial se hubiera evitado. Y cuántos sacrificios de millones de gentes exterminadas en la guerra pasada se hubiera rescatado. Para mí, eso precisamente significa la intervención consciente de la mujer en la lucha para superar las bases de esta organización que estamos combatiendo. Eso precisamente es el ¡Alto! al que llamaba Doña Juana Gutiérrez de Mendoza en Acatlipa Morelos hace 28 años, durante la lucha agraria de México.

Por ahora, juzgue libremente el lector este pequeño fragmento de la obra escrita de Doña Juana. Ya publicaremos su obra completa, y se le hará justicia, a una mujer a quien tanto le debe nuestro movimiento social aunque mutilado en la actualidad.

Ciudad de México a 9 de diciembre de 1950.

Concha MICHEL.


[1] De Concha Michel, las feministas Gracia Molina-Enríquez y Carmen Lugo Hubp dicen: “Una de las primeras mexicanas que viajó a la lejana Unión Soviética y a los países socialistas, compositora de corridos revolucionarios, compiladora de la música popular del México profundo, activista política y militante de izquierda […] perteneció al Partido Comunista Mexicano desde 1918, fue auténtica revolucionaria de honda convicción, siempre crítica del machismo que imperaba en la izquierda” (Mujeres en la Historia, Historia de Mujeres, Ediciones Salsipuedes, México, 2009, p. 315). Su amistad con Juana Belén Gutiérrez es un hito de la colaboración entre feministas radicales, más allá de su vinculación a partidos. El libro Dios-principio de la pareja es un texto radical en el que Concha Michel, desde una posición de reivindicación de los valores de las mujeres, postula su programa para erradicar la discriminación contra las mujeres, así como para manifestarse contra todas las opresiones e injusticias. En este libro Concha Michel construye su filosofía con el feminismo construido en diálogo con Juana Belén Gutiérrez, la filosofía marxista, el pensamiento de los Rosacruz y la filosofía mesoamericana originaria.

[2] Prólogo a ¡Alto!, de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, s.p.i., Ciudad de México, 1950.

:.

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 2:50 pm

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. […] vía F.32 Concha Michel, “Prólogo” a ¡Alto!, de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Ciudad de Méxi…. […]

    • ¡Gracias! Qué bueno que nuestras ancestras alimentan nuestras historias.

      Ideas feministas de Nuestra América

      septiembre 20, 2013 at 8:57 pm


Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: