Ideas feministas de Nuestra América

╰♀╮ ╰♀╮

F.26 Magda Portal, La liberación de las mujeres será la obra de las mujeres mismas, Lima, 1933

:.

Magda Portal,[1] La liberación de las mujeres será la obra de las mujeres mismas, Lima, 1933[2]

[Texto rescatado por Madeleine Pérusse]

:.

“El primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino.”

“El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella el proletariado.”

Federico Engels

Aplicamos el axioma marxista, seguras de que él interpreta el sentido de responsabilidad que tiene la mujer aprista en la lucha empeñada.

Situadas en el terreno económico, pero sin olvidarnos de los factores culturales y espirituales, hechos conciencia a través de los siglos, comprendemos que el medio de acción en el Perú es de los más difíciles. Y es difícil, porque los viejos prejuicios heredados de la colonia española y aclimatados en un terreno dúctil a la inacción y a la indolencia han logrado estructurar un tipo mujer que es el representante típico de las costumbres más arcaicas y conservadoras en uso. Flor de delicadeza y espiritualidad, a la mujer se le ha hecho consentir que ella sólo está llamada a ser la “reina del hogar”. Pero, de qué hogar? Acaso del hogar proletario o del hogar campesino, o del hogar de clase media? Seguramente, no. Más que reinas, esta gran masa silenciosa y anónima de mujeres, son domésticas y esclavas. Pero como la clase dirigente es la que impone su ideología y modela el espíritu de los dirigidos, éstos copian en malas copias, lo que observan en sus vidas muelles y cómodas quienes nunca han sufrido las consecuencias de la desigualdad social. Y nuestras mujeres católicas y severas, a quienes se hace consentir que la humildad es una de las grandes virtudes, han hecho de la sumisión una de sus normas de vida.

Sin embargo, la lucha económica, la crisis de los sistemas mal adaptados a nuestro  medio y desacordes con nuestra idiosincrasia latinoamericana, tenían que producir estos choques violentos que están estremeciendo a toda la América, ansiosa de transformar su actual organización. Y parte integrante de la sociedad, aunque tan mal se le haya considerado siempre, la mujer tenía que sufrir los vaivenes de la situación y soportar sus consecuencias.

La lucha económica ha sido el primer empujón de la mujer hacia la conquista de sus derechos. Obligada por la pauperización del medio, la mujer ha debido decidirse a salir a la calle, ocupando fábricas, talleres y oficinas para defender la vida de sus familiares que dependen de ella. Ha empezado asimismo a sufrir opresión de las clases explotadoras, en forma mucho más directa, porque la explotación al trabajo de la mujer se realiza en nuestro país con mayor crueldad y refinamiento que la explotación a los varones. Ha dejado el hogar, su centro, y lo ha cambiado por la fábrica, la oficina, el taller, donde consume todas sus horas del día. Pero la mujer no liberada aún, continúa siendo trabajadora en la calle y en la casa, donde realiza conjuntamente su misión de mujer doméstica. Ninguna ley la protege, porque las malas leyes que existen no se cumplen. Su relativa independencia económica perjudica su hogar y a sus hijos, pero la hacen sentirse un poco más libre, menos sujeta a la imposición familiar. Comienza su etapa de emancipación aunque bien dolorosamente.

El Aprismo le habla de sus derechos y de su situación de tremenda e intolerable injusticia frente a la lucha económica y a la sociedad. Y la mujer comprende claramente que está en el deber de luchar por conquistar todos sus derechos. Pero luchar, no como un apéndice del hombre, como su complemento indispensable, dependiente de sus altas y de sus bajas y atenta a sus instrucciones. Sino como un elemento consciente y activo, que tiene reivindicaciones propias y que asimismo, tiene capacidad y autoridad suficiente para reclamarlas.

Sometida a una disciplina, es un soldado más en la guerra contra las injusticias, pero un soldado que sabe a dónde va y cuál es la finalidad de la lucha emprendida.

Podemos decir que si la lucha social no reconoce sexos, porque ambos, hombres y mujeres, luchamos por derechos económicos idénticos, las mujeres que sufren una evidente desigualdad con respecto de los hombres, tienen más derechos que conquistar.

En nuestros países de mentalidad feudal burguesa, la mujer está en un nivel inferior respecto del hombre. Luchando al lado del hombre se iguala con él, pero ella no quiere que se le mire dentro de la lucha como un ser débil física e intelectualmente, incapaz de grandes acciones, ni redirigirse por si misma, sino como un ser pensante y actuante concorde con los dictados de su propia necesidad de emancipación integral.

No quiere que ni la libertad ni la justicia le vengan como un regalo más del hombre. Quiere que para apreciarlas mejor y disfrutarlas en plenitud, sean la obra de su propia acción y sacrificio. La lucha colectiva se convierte en lucha individual, cuando se mira desde el punto de vista de los intereses defendidos. El pueblo lucha por conquistas eminentes, de libertad y de mejoramiento económico. Lucha por su hogar, por sus hijos, por sus compañeros, pero en último término, lucha por él mismo, desposeído y oprimido. La mujer que lucha por sus hijos, por su familia y por su hogar, lo hace también por ella misma que anhela un puesto en la vida donde pueda respirar ampliamente el aire de la libertad y donde su personalidad humana, jamás expresada, jamás comprendida, tenga opción a manifestarse en toda su fuerza, capaz de acciones grandes y nobles. La lucha femenina es, pues, mucho más honda y total que la del hombre. Ella no sólo va hacia la conquista de una vida más humana y más digna en el aspecto económico, sino que  por los caminos de la pugna social, ella aspira a la conquista del derecho a revelar su propia personalidad, marginizada por el prejuicio y por la incomprensión.

Por eso es que su adhesión al Aprismo tiene tan importante significado. Fortalece el frente común de los luchadores y forma su propio ejército de combate que ha de conquistar todos los derechos femeninos.

He aquí, pues, la razón suprema por la cual es tan grande el fervor de las mujeres apristas. Horizonte jamás previsto en los enunciados “feministas” pasados de moda, donde las conquistas para el sexo femenino son hechas con “cuenta gotas”, el Aprismo le abre un campo pleno para que insurja en toda su fuerza y en toda su capacidad. Ninguna limitación, más que la de su propia capacidad, intelectual y física, las mujeres encuentran al fin el verdadero significado de la justicia y la igualdad. Campo sin competencias, sólo será posible la selección a base de mayor trabajo y mayor inteligencia. Pero en la obra social, y con el enunciado más justiciero, la acción será concorde con la propia capacidad. “A cada uno de acuerdo con sus necesidades y de cada uno de acuerdo con sus posibilidades”.


[1] Magda Portal (Lima, 1901-1989)  fue una poeta, escritora y activista política. Militante de izquierda desde su juventud, luchó por el cambio en el Perú y Latinoamérica, abogando por la incorporación social, política e intelectual de las mujeres, como condición fundamental del mismo. Exiliada por el régimen de Augusto Leguía por sus ideales políticos, conoció en México a Raúl Haya de La Torre y fue cofundadora del APRA. Durante sus años de militancia aprista, viajó por todo el Perú organizando grupos de mujeres, luchando por sus derechos civiles y buscando su participación en el aparato político. Profundamente antiimperialista, en 1950, rompió públicamente con el partido aprista por considerar que había traicionado sus ideales. Continuó su activismo político y siguió siendo, a través de sus acciones y numerosos escritos, una ardiente defensora de los derechos de las mujeres hasta el final de su vida.

[2] Magda Portal, El aprismo y la mujer, Cooperativa Aprista “Atahualpa”, Lima, 1933, p. 46-49. En: CENDOC-Mujer, CLIO – 230 años de historia de las mujeres en el Perú: 1700-1930, CD-Rom, Lima, 2007.

:.

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 2:37 pm

A %d blogueros les gusta esto: