Ideas feministas de Nuestra América

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F.21 Zulema Arena Lavín de L., “El divorcio”, Santiago de Chile, 1923

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Zulema Arena Lavín de L.,[1] “El divorcio”, Santiago de Chile, 1923[2]

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Para conseguir la perfecta reorganización de toda una mal constituida sociedad, se imponen disquisiciones y un improbo estudio, que correspondería a cerebros fecundos e inteligentes, capacitados para analizar concienzudamente y eficazmente asuntos de tan palpitante necesidad y llegar a definiciones que por su capital importancia, no merecerían quedar en el obscuro desierto de la indiferencia.

El enorme porcentaje de matrimonios fracasados, acarrea el completo derrumbe de innumerables hogares y expone a la sociedad a una absoluta desmoralización. Si detenidamente observamos, desde el punto de vista de la civilización del siglo en que vivimos, consideraremos que es el divorcio, un factor importantísimo, para el progreso de la moral y por tanto su ley, de imperiosa necesidad, en todo país civilizado.

El vasto programa que cabe al Feminismo, debe considerar como primordial y suya, esta materia que abarca todo un problema trascendental, de vital interés y de muy difícil solución.

Para la consecución del tan humanitario y elevado ideal, que debieran encarnar nuestros más conspicuos legisladores, serían poderosos contribuyentes, profundos estudios psicológicos, sociológicos, anatómicos y la heroica voluntad de algunos de nuestros parlamentarios, que noblemente abandonen el egoísmo y la abyección, enemigos reñidos tal vez de sus propias conciencias.

Además, cada ciudadano y cada ser consciente, tiene el derecho de ser una personalidad original y propia, capaz de emitir la luz de su pensamiento y de lanzar ideas emergentes de la experiencia, que diariamente absorvemos en el didáctico libro de la vida, que en cada una de sus páginas, nos presenta una axioma o una lección de severa enseñanza.

Contemplemos en la pragmática, la constitución actual del matrimonio, base de las sociedades y en sus grandes vicisitudes, hallaremos ejemplos suficientes, para convencernos de la triste realidad.

Generalmente en los casos de matrimonios fracasados, los cónyuges en resguardo de las apariencias que una mal entendida moral exige, optan por la separación de acuerdo y bajo un mismo techo, pues no puede existir fusión entre dos seres que íntimamente se aborrecen. Los hombres han hecho las leyes y por tanto para ellos favorables. En este caso se autorizan y resguardan su libertad de acción, sometiendo sin embargo a la mujer, al servilismo oprobiosamente obligado y a pagar con toda su vida la equivocación de un momento.

¿Qué hubiéramos de exigir si aquí fuera el epílogo de la dolorosa tragedia? Más, el corazón de la mujer absolutamente desposeído del amor sentimiento al cual, todos tenemos derecho como poderoso estímulo en nuestra existencia, no está exento de sentir la nostalgia de otro corazón, que análogo en sentimientos, puedan al pasar de la vida encontrarse, comprenderse y mutuamente fundirse en la funesta llama de un Amor ilegal, que las leyes de los hombres condenan, mientras que la ley imperiosa e inmensamente sabia de la Naturaleza ordena.

¿Y somos todas las mujeres heroicamente capaces de someternos a las excelsas divinidades de un amor platónico?

La inclinación genésica es una fuerza irresistible, que está dentro de nuestro ser. La Naturaleza no confiere privilegios a castas, virtud ni sexos y considero que las mujeres heroínas de su deber, lo son en su mayoría más que por virtud, por temperamento.

Inutilizar la vida moral y física de la mujer, cuando está apta para desempeñar la sagrada misión que las leyes naturales le imponen, es una rebelión injustificada contra la omnipotente Naturaleza, es absurdo, es inhumano e inmoral y debemos convencernos, que cuanto más moral sea la legislación de un país, más debe empeñarse en legalizar las situaciones irrevocables, pues no es moral la de apariencias, sino la de verdad.

El divorcio es absolutamente necesario y vendrá, porque la avanzada civilización de nuestro joven país, la reclama.

ZULEMA ARENAS LAVÍN DE L.

Santiago, 2 de Julio de 1923

 


[1] Feminista chilena activa en las décadas de 1920 y 1930; se enumera entre las fundadoras del Partido Cívico Femenino, constituido en 1922, un año después del Partido Femenino Progresista Nacional.

[2] Zulema Arena Lavín de L.,  “El divorcio”, en Acción Femenina,[2] revista del Partido Cívico Nacional, n.12, Santiago de Chile, agosto de 1923.

El 12 fue un número dedicado a la escritora feminista Inés Echevarría Bello de Larráin (Iris). Ésta era nieta de Andrés Bello y nació en Santiago el 22 de diciembre de 1868. Huérfana de madre desde el nacimiento, su tía, Dolores Echevarría, le brindó una instrucción tradicional: recibió clases de religión, francés e inglés. Sus institutrices “trataron de enseñarme a tocar piano y a cantar arias, pero fue inútil y de costuras, petits points y otras insulseces de ese estilo no quise saber nada”, recordaría ella más tarde. El 10 de abril de 1902 contrajo matrimonio con el capitán Joaquín Larraín Alcalde con quien procreó cuatro hijas: Rebeca, Iris, Luz e Inesita. Dueña de una personalidad compleja y poco usual para su época, Inés realizó un viaje a Tierra Santa en 1900, durante el cual se reveló la escritora que había en ella. En 1905 publicó con el nombre de Iris Hacia el Oriente, Recuerdos de una Peregrinación a la Tierra Santa, una reflexión metafísica sobre los escenarios del alma. Desde entonces, las veladas en su casa se convirtieron en verdaderas tertulias literarias, a donde llegaban escritores famosos. En 1910 publicó cuatro novelas, Tierra Virgen, Perfiles Vagos, Emociones Teatrales y Hojas Caídas. En ellas expresaba su rechazo a todo lo establecido: Iglesia, régimen parlamentario y al Partido Conservador. “Yo sólo nací a los treinta y ocho años, antes era un títere movido por hilos invisibles, productos de mi origen y educación. Ahora soy Iris”. El 4 de octubre de 1922, se convirtió en la primera mujer de su país en ser académica en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Su obra, feminista y crítica de las desigualdades sociales imperantes, no faltó de lirismo y pasión por la historia. Entre 1930 y 1943 publicó Cuando Mi Tierra fue Moza o Amanecer, Cuando Mi Tierra Nació o Atardecer y Cuando Mi Tierra Era Niña o Noche. Posteriormente, una especie de diario íntimo titulado Por Él y la novela Entre Dos Siglos (1937). La tragedia acompañó la vida de la escritora feminista: el 30 de junio de 1933 su hija Rebeca Larraín fue asesinada por el esposo, Roberto Barceló, un conservador. La causa seguida en contra de éste, impulsada por la vehemencia de la madre, terminó en el fusilamiento de Barceló, el 30 de noviembre de 1936. Inés Echeverría murió el 13 de enero de 1949.

En Chile, desde 1900, las mujeres de las elites  se profesionalizaron, algunas intelectuales cuestionaron las diferencias culturales entre varones y mujeres, las mujeres de clase media lucharon por sus derechos civiles y políticos y las mujeres de los sectores populares adquirieron un oficio a través de la educación técnico-profesional. De ahí la creación del Partido Cívico Femenino en 1922. Acción Femenina (1922-1939) fue el órgano de difusión del Partido Cívico Femenino, y junto con La Alborada, un periódico de trabajadoras que salió de 1905 a 1907, representan dos ejemplos del desarrollo de la prensa de mujeres de principios del siglo XX.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 2:22 pm

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