Ideas feministas de Nuestra América

╰♀╮ ╰♀╮

F.17 Victoria Vásconez Cuvi, “Honor al feminismo”, conferencia con motivo de la inauguración de la Escuela Nocturna de Señoritas, Quito, 1922

:.

Victoria Vásconez Cuvi,[1]  Honor al feminismo, [2] conferencia con motivo de la inauguración de la Escuela Nocturna de Señoritas, Quito, 1922

[Texto proporcionado por Gloria Campos]

:.

Señoritas Presidenta y Socias del Centro Feminista “Luz del Pichincha”, Señoras, Señores:

Cuando el Diez de Agosto del presente año, acepté, agradecida, el honor que este Centro Feminista me otorgara, nombrándome su Presidenta Honoraria, prometí dar una Conferencia a las socias. Hoy, me es grato sobremanera ofreceros este modesto trabajo, impulsada por el deseo de prestar mi apoyo a esta Institución naciente.

Ante todo, felicito a las señoritas fundadoras de esta Sociedad y felicito, también, al entusiasta iniciador de ella, señor don Cornelio Cevallos.

Muy oportuna me parece la fundación de este Centro Feminista, porque la asociación es la energía poderosa con que la humanidad se presenta hoy, más que nunca, fuerte, para la conquista de sus ideales y derechos.

Y esto es lógico y claro, porque la asociación es poder y fuerza, es mutuo apoyo, comunidad de intereses, de medios y de fines. La mujer, más que el hombre, necesita asociarse, pues que poco o nada conseguiría al ir sola a defender sus ideales. Habéis hecho muy bien en asociaros, porqué, solas, os creen débiles e incapaces de ejercer derechos, mientras que, unidas por el vínculo de ideas y sentimientos idénticos, formaréis un núcleo que no podrá menos que ser respetado. La asociación ha sido en todo tiempo y será en el porvenir una de las mayores energías, en tanto que el aislamiento es sinónimo de impotencia y debilidad en las luchas de la vida.

Es inmensa, imponderablemente inmensa la fuerza del pensamiento y de la acción colectiva, y si esta fuerza defiende la razón y la justicia, tiene que resultar invencible.

Y, ¿cuáles son los ideales que defiende la mujer moderna?

EI feminismo que ha venido al mundo pausadamente, pleno de razón y de justicia, no esta como algunos espíritus presumen, ávido de obtener prerrogativas innobles ni de usurpar los derechos del hombre. La mujer, apta para todo y dotada de libertad, quiere ser libre; su inteligencia pide instrucción e ideales; su voluntad, medios para alcanzarlos y su delicadeza leyes que la protejan. EI feminismo viene a volver útil la vida de la mujer, tiende a dar trabajo y protección a la obrera, asilo y defensa al niño infeliz, consuelo a la anciana y enferma. EI feminismo no llega zahareño, amenazador ni duro para el hombre, sino, por el contrario, sonriente y fraternal, no quiere volver desapacible, sino altamente grata su existencia. La mujer no quiere ser subordinada ni superior al hombre, sino su igual, capaz de comprenderle y de ayudarle.

La emancipación digna de la mujer está, no tanto en el apoyo de la sociedad que la rodea, ni en las leyes que la favorecen, sino en las facultades de la mujer misma, en la eficiencia de sus ideales y en la firmeza de sus convicciones. Sí, yo tengo fe inmensa en su virtualidad poderosa; os digo convencida que es fuerte, aunque de ella se ha dicho que es muy débil, pues la gracia, el entusiasmo, la abnegación y el amor que la caracterizan, son atributos de naturalezas fuertes.

Esperemos en el triunfo del feminismo, que llega rico de promesas para el futuro, de bienes para la humanidad.

Ya estáis reunidas y dispuestas a partir hacia el campo que presenciará vuestros combates y fatigas, vuestras hazañas y triunfos. Bienvenidas, señoras y señoritas, a luchar por vuestros propios intereses, por los de este Centro Feminista y por los de la mujer ecuatoriana.

¿A dónde pensáis ir, y con qué medios contáis para explorar la nueva región que se esconde a vuestra vista?

El campo al que tenéis afán de penetrar esta guardado por fortalezas inexpugnables para los ojos vulgares, imposibles de derrocar para voluntades débiles; son fortalezas de viejas preocupaciones, a las que es necesario atacar de frente y contra las cuales urge combatir con energía hasta el fin.

Decidme, ¿estáis listas para la lucha, tenéis las armas prontas y el corazón animoso? Porque, debéis saberlo, no vais a la victoria sino a la conquista, y los laureles de esta obra no ceñirán nuestras frentes, sino las de las mujeres que nos sucedan.

Pero, la titánica empresa de la iniciación será vuestra; serán vuestras ideas las que darán luz en la ruta oscura del camino, y serán vuestros los primeros golpes contra esa roca de viejas preocupaciones.

¡Adelante! penetrad con paso resuelto en ese grande y enemigo país, armadas de la razón, poseedoras del derecho. Hablad alto y con valor de que vais a romper vuestras cadenas. Decid que la mujer, lo mismo que el hombre, tiene una inteligencia que debe ser cultivada; que se ha cansado, por fin, de no pensar por si misma, de no defender sus fueros y de ser consumidora de ajenas ideas y de recursos ajenos; que ella quiere beber de las fuentes del ideal para amar las nobles causas, los grandes problemas y enterrar, para siempre, el fárrago de frivolidad estéril, de pueril sentimentalismo y de enojosas preocupaciones, que han malogrado su vida.

Sin dejar de ser bella, delicada, elegante, la mujer moderna cree que en el mundo hay algo más que el vestido, las joyas, los consejos y placeres; ella cree firmemente que en el mundo hay conocimientos que adquirir, hay derechos que ejercer y deberes que cumplir.

La mujer moderna no es ya la niña mimada, que solo gusta de presentes y comodidades que se le otorgan por gracia, sino el ser humano que aspira al honor de ganarse la vida y de adquirir conocimientos con el afán bendito del trabajo; que ambiciona no solo bastarse a sí misma, sino aliviar a sus ancianos padres, ayudar al esposo pobre o enfermo, satisfacer las necesidades de sus pequeñuelos adorados, favorecer a los pobres, contribuir para todo lo que sea servicio de su Dios y de su patria, y si la fortuna la hubiera sonreído, conservarla, mejorarla, para su propio bienestar y el de sus semejantes.

Decid alto, muy alto, que la mujer que trabaja y que se esfuerza por conservar su dignidad, no come jamás el pan ni se viste de galas que sacrifiquen su honra; porque ella quiere invadir todos los campos de la actividad, a fin de procurarse los medios indispensables para vivir con honor. Ira a extraer de la prodiga tierra, madre cariñosa, los productos que necesite; ira a la maquinaria, a la fábrica, al taller, a la oficina, a todas partes, más nunca a sacrificar su dignidad, ni por todos los tesoros de la tierra.

Decid a la madre que ella será en gran parte responsable del mal de la sociedad y de la patria, si no sabe educar a sus hijas, para que ellas resuelvan con acierto los problemas tan graves de nuestra vida moderna.

Olvide la mujer sus frivolidades y sus bagatelas para recobrar su libertad de pensar y su aptitud para el trabajo. Intervenga en la vida social y funde un gran colegio superior, donde aprenda Filosofía, Literatura, Economía, Higiene, Ciencias, Idiomas y los fundamentos científicos de la Religión. Funde una Casa de Artes y Oficios, donde la obrera aprenda las cosas fáciles, que hoy absorbe el hombre solo, y que, no obstante, son apropiadas para ella. Funde pronto, muy pronto Sindicatos obreros femeninos, porque el sindicalismo es un apoyo mutuo, una inmensa cohesión, una gran fuerza, que pone al trabajo, y sobre todo al trabajador, al amparo de injustas explotaciones.

La causa de la mujer es causa santa, y debe consagrarse a defenderla con el conocimiento claro de su derecho y con el cumplimiento fiel de su deber.

Para que el feminismo no resulte despreciable y absurdo, es necesario que se establezca sobre la única base inconmovible que la humanidad respeta, la virtud.

Seria despreciable que se presentara a reclamar derechos la mujer viciosa, la que no tiene su nombre claro como la nieve, la mujer que mienta, que difame, que riña; la holgazana y amiga del placer; la que no es buena como hija, como esposa y como madre. Sería despreciable que intentara reivindicar derechos la mujer que no tuviera por el hogar el más ferviente amor, quien no supiera conservarlo limpio, ordenado, alegre y lleno de cuantas comodidades su previsión, su economía, y su industria, pueden proporcionar. Primero es empezar por la conquista de nosotras mismas, tener nosotras la razón para pedirla después a los demás; antes de embellecer la casa es necesario edificarla; antes de exhibir al mundo la estatua soberbia, hay que modelarla con anticipación.

Es indudable que la base del mejoramiento y progreso de una persona es su formación moral.

“Es vicio ordinario en los hombres, dice un ilustre autor, cuidarse por completo de las exterioridades y desdeñar lo interior; trabajar en lo aparente y que salta a la vista y desdeñar lo real y lo sólido; pensar con frecuencia en como deben aparecer a los ojos de los demás y no en como debe “ser”.

“Pero, en vano os propondréis formal’ excelentes magistrados sino formáis antes hombres de bien; en vano examinaréis el puesto que podéis ocupar entre los demás si no meditáis antes lo que sois en vuestro fuero interno. Si la sociedad erige un edificio, el arquitecto hace labrar primeramente una piedra y después la coloca en el edificio. Hay que formar el hombre interior y después meditar el puesto que ha de ocupar entre los demás y sino se realiza esto, las otras virtudes, por brillantes que parezcan, serán solo virtudes de aparato y que aplicadas exteriormente, carecerán de cuerpo y de realidad”.

La formación moral de la mujer es todavía más severa y exigente que la del hombre; ella, no podría dar un paso adelante en la adquisición de sus derechos, sino se preocupa ante todo, de su formación moral.

Porque, creédmelo, la importancia verdadera de la mujer no está en su belleza solamente, ni en su ciencia, ni en sus vestidos ni en sus modales; la importancia real de la mujer está, ante rodo, en la elevación  de sus ideas y en la firmeza de sus convicciones.

Pues bien, os lo aseguro, y podría probarlo, que la virtud es la armonía de nuestro ser, la fuerza y libertad del espíritu y la fuente del carácter; ella hace reinar la razón en las ideas y en las acciones la justicia, Si el hombre y la mujer no están guiados por la razón y no son fuertes por el carácter, se convierten en seres degenerados, esclavos de los mas bajos instintos.

La virtud no es una acción aislada sino un hábito de nuestra vida; es la esencia riquísima que sostiene y anima nuestro ser interno; la norma justa y primorosa que regula y dirige nuestros actos.

“La virtud sola, exclama Lacordaire, continua su reinado al través de los siglos, y no pueden los tiranos ni los embusteros detener la corriente que la lleva para ser la admiraci6n de los tiempos. Toda filosofía que la desdeña perecerá bajo el desprecio; todo partido que la rechaza es un partido vencido; toda amistad que no la tiene consigo, está falta de raíz y no tendrá duración; toda dicha en que ella no se deja sentir, es como una flor abierta por la mañana y marchita por la tarde; toda gloria que no va estrechamente unida a ella como una hermana, es una gloria ajada”.

A todas vosotras se os alcanza que para discurrir con paso firme por los campos de la moral y penetrar los misterios de nuestra voluntad juguetona y caprichosa, es necesaria la moral cristiana; porque ella cuando con serenidad se la contempla y sin prevenciones, se la estudia, es la fuente mas pura y el origen de la virtud y perfección más excelsas.

La mujer tiene que guardar en el fondo de su corazón, inmensamente delicado y sensible, el noble y caro ideal de la virtud cristiana. Por razón, por justicia, por gratitud y amor, tiene que defenderlo. “Como esfuerzo inmortal, como reacción invencible, como reconvención grandiosa contra la debilidad de los hombres, intervenga la mujer”, dice uno de nuestros mas grandes poetas.

La moderna corriente de las ideas orienta a los espíritus hacia un ideal de amor y solidaridad para resolver los grandes problemas de nuestro siglo. Es en gran parte la mujer quien puede realizar este dorado sueño de cultura; es ella penetrada de ideales cristianos, quien puede enseñar el amor y solidaridad sobre la tierra.

“Nuestro siglo, dice Ingenieros, está ya cansado de viejos y de enfermos, está harto de sombras que se agitan en la maldad y en  la sangre. Todo lo espera de una juventud viril  Desea seres capaces de amor y solidaridad”.

“Los grandes problemas sociales han de resolver o aliviarse con grandes corrientes de amor, dice Posada, con fuertes intervenciones del espíritu de caridad, con aplicaciones constantes de una conducta desinteresada de abnegación, de tolerancia”.

Decidme, no es el cristianismo una gran corriente de amor, de abnegación, de tolerancia? No son la solidaridad y el amor lo que proclama Jesús en sus máximas divinas?

Consecuentes con estos principios nos hemos congregado para defender los intereses femeninos y vamos a trabajar por la patria. Cumpla la mujer con sus deberes cívicos, en la manera que le corresponde. Atenúe  los odios de partido y sea lazo de fraternidad entre los ecuatorianos. Cuando el patriotismo, la probidad y el valor, no resplandezcan en los corazones, lance la mujer la voz de alarma, falange que defiende todo noble ideal, estreche al punto y refuerce sus filas, y novia, esposa, madre, amiga o hermana póngase al frente, y devuelva, regenerados, al campo del honor a los que fueren cobardes  o venales.

Hoy, día de gloria, aniversario inmortal de la Independencia del noble pueblo guayaquileño, vaya para nuestras gentiles hermanas del Guayas el saludo de este Centro Feminista. Las heroicas quiteñas del Diez de Agosto de 1809, las igualmente heroicas guayaquileñas del Nueve de Octubre de 1820 y las mujeres todas del Ecuador, tejieron coronas de laurel para los valientes, prodigaron consuelos, lucieron bálsamos sedantes y níveas vendas para los heridos de combates memorables. El hogar de la mujer ecuatoriana, como el inmortal de Manuela Cañizares, está siempre abierto para refugio y calor de patrioticos ideales. Saludemos a nuestras hermanas del Guayas en el clásico aniversario de su gloriosa independencia.

Aceptad mis agradecimientos por la bondadosa atención con que me habéis favorecido y mis votos porque vuestra Sociedad vaya siempre adelante por el camino del progreso. Todo lo podéis conseguir si estáis unidas y si os preocupáis, como de la primera de vuestras conquistas, de la formación moral.

He dicho.


[1] Victoria Vásconez Cuvi, Honor al feminismo, Imprenta Nacional, Quito, octubre de 1922, pp. 1-13.

[2] Conferencia sustentada en la Universidad Nacional de Ecuador por Victoria Vásconez Cuvi, presidenta Honoraria del Centro Feminista “Luz del Pichincha”, con motivo de la inauguración de la Escuela Nocturna de Señoritas. Escritora, activista de la promoción al voto (que en Ecuador se lograría en 1929), Victoria Vásconez se batió siempre por un alto grado de educación de todas las mujeres ecuatorianas.

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 2:11 pm

A %d blogueros les gusta esto: