Ideas feministas de Nuestra América

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F.9 Adelaida Velasco Galdós, “¿Feminismo?”, Guayaquil, 1914

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Adelaida Velasco Galdós,[1] “¿Feminismo?”,[2] Guayaquil, 1914

[Texto proporcionado por Gloria Campos]

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(A la Señora Doña Ángela Carbo de Maldonado)

Es un hecho real y positivo que la mujer de todas las edades ha ejercido poderosa influencia en los destinos de los pueblos. La historia de los pasados siglos tiene páginas admirables de virtud y heroísmo femenino, que honran y dignifican a la mujer; y así a través de los tiempos, seguirán viviendo circundadas por la inmarcesible aureola de la gloria, los nombres de Volumnia y de Veturia, salvadoras de la Roma Primitiva: de Genoveva, impidiendo la destrucción de París por las hordas bárbaras de Atila; de Juana de Arco, la doncella de Orleans que, levantando el espíritu publico de sus compatriotas combate e impide que caiga Francia bajo el dominio inglés, de Isabel la Católica, que fue el alma del descubrimiento del Nuevo Mundo.

Y hermosos y confortadores se nos presentan hoy esos ejemplos al contemplar el puesto que equivocadamente se le quiere señalar a la mujer en la evolución actual. Utópicas y engañadoras teorías de un mal entendido y peor comprendido feminismo, que jamás la podrá enaltecer ni honrar, ha invadido desgraciadamente muchos cerebros y sino basta echar una mirada hacia Inglaterra donde un considerable número de mujeres, queriendo usurpar derechos incompatibles con su sexo y condición, emprenden una campaña violentísima, que llama la atención del mundo entero, forman escándalos, atacan y rompen los vidrios de los Ministerios; incendian los teatros de Dublín; destrozan cuadros celebres de los museos de arte y otras mil barbaridades, que siempre a los gritos de: “¡VOTEN POR WOMEN SI!, terminan con la conducción de muchísimas de ellas a las cárceles públicas.

 Y aunque si bien es verdad que únicamente en Inglaterra es donde han tornado medidas radicales a fin de conseguir su objeto, no menos cierto es, que en diferentes capitales europeas, se nota la tendencia a seguir el pernicioso ejemplo de las hijas de Albión y tanto, que en Suecia, no solamente se efectúan casi a diario, sesiones en los clubs feministas, sino que últimamente en meetings formidables, se ha pedido a voz en cuello el voto para la mujer. En la capital de Francia abiertamente han manifestado también que el sufragio femenino debe existir y la voz autorizada de Mme. Robert Mirabaud, escritora distinguida, secundada por la Condesa de Puhga, delicada poetisa que, con el pseudónimo de Braga, publica inspiradas composiciones y por la no menos inteligente Mme. de Schlumberger, acaba de manifestar en una conferencia publica, que si la mujer, como ha tenido ocasión de manifestar en diferentes ocasiones, es muy capaz de reemplazar al hombre con ventaja en todas las carreras y desde el momento que le supera en juicio, puede por lo tanto, prestar al Estado importantes servicios, sobre todo en los ramos de beneficencia.

Para corroborar mis afirmaciones -dice la conferencista-he visitado barrios en Paris, donde los socorros están muy mal distribuidos; he visto cuadros tétricos, sombríos, en hogares donde no hay pan ni hay lumbre; donde la miseria se ha enseñoreado, muriendo tantas veces en esos antros de desolación y ruina, mujeres infelices e inocentes pequeñuelos, que no han tenido ni siquiera un rayo de sol, donde calentar sus entumecidos miembros.  Y viendo estos cuadros terribles, continua:

¿Dejaremos nosotros de tomar profundo interés por mejorar la situación de la mujer y el niño?

Yo creo que la ilustre Señora tiene sobrada razón para deplorar esos cuadros sombríos y creo también, que su corazón sensible de mujer inteligente y buena, se habrá conmovido profundamente en presencia de tanto horror e infortunio. Pero así mismo, en mi humildísima opinión, no creo que con la participación de la mujer en los comicios populares ni con los cargos que pudiese tener en los asuntos del Estado, mejorarla en nada la desesperante situación pintada por ella a grandes rasgos. Creo que sí, con profunda convicción, que de otra manera más noble, más digna, más propia del sexo, se pueden remediar muchos males, enjugar muchas lagrimas y llevar a las bocas hambrientas y a los hogares helados, el trozo de pan y lumbre que les falta.

Alguien dijo que Dios dio a la mujer una fibra mas delicada: la del sentimiento; por eso su corazón se conmueve fácilmente ante la desgracia ajena. Le legó también un talismán precioso, para hacer el bien: la caridad. ¿Y no seria acaso, más bello, para el corazón humano, que las mujeres inculcaran y predicaran con fervor esta práctica sublime, consoladora y santa?

No se diga jamás a una mujer, que su puesto está en los comicios populares.

Desde el hogar puede triunfar: he ahí su lugar, he ahí su santuario. ¿No es un espectáculo hermoso y más que hermoso, conmovedor, el hecho ya citado, en que las lágrimas y ruegos de la mujer-madre de Coriolano, tuviesen más elocuencia, que las súplicas y amenazas de audaces e intrépidos guerreros? A través de los tiempos, aún vibra la respuesta de “¡Madre, sálvese Roma y piérdase vuestro hijo!”.

No se pretenda, pues, inculcar en el corazón de nuestras mujeres, esas engañadoras y perjudiciales ideas.

Que esos proyectos absurdos e inconcebibles no tengan nunca favorable acogida en el hogar ecuatoriano, que para hacer obras meritorias y laudables, no se necesita usurpar derechos impropios del sexo. El hogar le impone una misión más noble, más augusta, más digna, como hija, como esposa o madre y si se quiere en la evolución actual, que el adelanto de la mujer, marque otro rumbo para la marcha rápida del progreso humano, que sea en buena hora. Que se le señale un  camino más amplio,  más seguro, para que se escale desde el hogar hasta donde le sea posible los tabernáculos del saber, porque una mujer de pluma, una mujer artista, que manteniendo su alma buena y su corazón sensible, tremola muy en alto el pendón  del saber y de la ciencia, -la luz de la idea, reflejada en la gracia femenina- como dijo Saint-Beuve, es un espectáculo muy hermoso, digno de figurar en el concierto de la civilización y del progreso.

Que se la eduque, que se la ilustre, pero que sea siempre la mujer alma de Balzac, perfectamente preparada para arrastrar en el futuro, sin flaquezas, sin temores, las vicisitudes de la vida y al hablar de la educación, digamos de la educación cristiana, porque como dice un ilustre escritor, es la que al prepararla para ser mujer, cultiva al mismo tiempo su corazón y su cabeza y es la única que dulcifique sus horas, no en una edad determinada, sino en todas las edades de la vida.

Que surja, pues, en nuestra Patria, una aurora de luz y de progreso, que la enaltezca, que la dignifique que la honre y sea siempre la mujer ecuatoriana lo que ha sido y es al presente: piadosa, buena, consagrada a hacer el bien sin ostentación y por último que sea un ejemplo. Aún más: algo así como un símbolo.


[1] El feminismo católico de Adelaida Velasco Galdós (Guayaquil 1894-1967) representa una visión poco conocida, algo anacrónica y por ello nunca rescatada, de la reflexión de las mujeres latinoamericanas divididas entre la cultura tradicional, la filantropía y la capacidad crítica. Escritora muy precoz, a los doce años publicó su primer artículo en El Grito del Pueblo. En 1907 fue presentada a Rosaura Emelia y Celina María Galarza, que con Teresa Alavedra, publicaban la revista femenil mensual de literatura y variedades titulada La Ondina del Guayas. Tras la muerte de su madre en 1912, empezó a colaborar en las revistas Juventud Estudiosa, Ariel y Novedades. En 1914 se acercó a El Hogar Cristiano, revista didáctica y religiosa editada por las señoras de la Asociación de la Prensa Católica de Guayaquil y Ángel Carbó, quienes preconizaban la obediencia de la mujer en el ámbito del hogar siguiendo el ejemplo de la Virgen María en Nazareth. En el número de Junio de ese año escribió “¿Feminismo?”, tratando de justificar la mejora en la enseñanza para las mujeres sin cambiar la estructura de la familia tradicional: “No creo que con la participación de la mujer en los Comicios populares ni con los cargos que pudiese tener en los asuntos del Estado mejoraría su desesperante situación” […] No se pretenda pues inculcar en el corazón de nuestras mujeres, esas engañosas y perjudiciales ideas. Que esos proyectos absurdos e inconcebibles no tengan nunca asidero en el hogar ecuatoriano…”. Estas ideas convivían con una mujer muy activa, ferviente defensora del activismo social –de corte filantrópico- de las mujeres. Por ello, en 1936, fue designada representante por Ecuador en la Comisión Interamericana de la “Liga Internacional de la Mujer por la paz y la libertad”, con sede en Washington. Ahí tomó contactos epistolares con las principales mujeres del continente, a consecuencia de lo cual asumió en 1938 la iniciativa mundial para solicitar a la Academia de Ciencias de Suecia, el Premio Nobel de Literatura para Gabriela Mistral. Asimismo, hacia finales de su vida, se acercó a posiciones liberales y en 1953 escribió en El Universo un artículo meditado y enérgico en favor de la libertad de la poeta argentina Victoria Ocampo, editora en 1938 del poemario Tala de Gabriela Mistral, a quien sólo conocía por relación epistolar.

[2] En El Hogar Cristiano, N° 81, Guayaquil, julio de 1914.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 1:51 pm

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