Ideas feministas de Nuestra América

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E.6 María Muñoz, “A la mujer”, La Voz de la Mujer, 8 de enero de 1896

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María Muñoz, “A la mujer”, La Voz de la Mujer, 8 de enero de 1896

[Texto rescatado y seleccionado por Marisa Muñoz y Liliana Vela]

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A vosotras, compañeras de trabajo e infortunios, me dirijo, a vosotras que sufrís como yo la doble esclavitud del capital y del hombre.

Algunas de nosotras hemos abrazado el bello ideal anarquista porque comprendemos que sólo con la amplia libertad que ésta proclama, podemos ser felices.

Los hombres todos, proletarios lo mismo que burgueses, y todas las clases dominantes, siempre han tenido a la mujer en la mayor ignorancia para poder así con más facilidad dominarla, ha procurado mantenerla siempre en la esclavitud, y para impedirle que saliera de esta triste condición la ha rodeado de preocupaciones necias; ha menospreciado su trabajo; su influencia en la sociedad y la ha anulado; en la familia la ha postergado al segundo lugar; ha creado el honor para que a la que no quiera ser esclava la sociedad la desprecie.

Estoy segura de que muchas de mis compañeras de información al leer esto dejarán asomar una sonrisa de desdén a sus labios; les parecerá lo que digo un absurdo o simplemente una broma; mas si ellas se detienen a reflexionarlo, entenderán que lo que les digo no es ninguna ilusión mía, sino el reflejo de lo que pasa en la sociedad.

También sé que a la pudiente señora que va al teatro de la Ópera esto le causará risa; es natural, ella aunque tenga que ocultarse, satisface todos sus deseos; tampoco le importa a la honrada matrona esposa del doctor tal o cual, porque ella mientras que aparenta que va a hacer una obra de caridad, aprovecha ese tiempo para hacer lo que la estúpida sociedad burguesa prohíbe.

Si una de nosotras proletarias se entrega a un hombre que ama, es al punto considerada como una prostituta y despreciada hasta por sus mismas compañeras, como si se hubiera degradado, cuando no ha hecho más que seguir los impulsos de su corazón.

En cambio, si un hombre fuese virgen al tálamo nupcial sería despreciado y serviría de risa a sus amigos y a la misma que consideraría deshonra no ser tan virgen ella.

Hasta este extremo ha llegado la estupidez humana; hasta considerar justa, aceptable y buena la ley del embudo.

Nos hacen creer en un Dios Todopoderoso para que por temor a un castigo imaginario no procuremos cambiar de vida; nos dicen que todos somos hijos de Dios, y sin embargo vemos que ese Dios debe ser un padre muy injusto cuando tiene a la inmensa mayoría de sus hijos en la miseria y obligados a trabajar para satisfacer los gustos y los caprichos de los que deberían ser sus hermanos; nos dicen que Dios castiga el adulterio, y sin embargo nosotros sabemos que las señoras más encopetadas que como más instruidas deberían conocer más a Dios, son con pocas excepciones las que más engañan a sus maridos, y lo que es más gracioso, los curas, esos humildes ministros de Dios, son los que ellas eligen para satisfacer sus necesidades sexuales. No creáis queridas compañeras que exagero en lo que estoy diciendo, si os es posible, averiguad lo que el señor del Carril hizo con el cura de Belgrano cuando lo encontró con su esposa. Hace poco tiempo fue llevado preso otro cura (también en Belgrano) porque estaba cumpliendo con los preceptos de Dios.

Todos los hombres: los ricos, los pobres, la señorita high life y la respetable matrona hacen en su cuestión de amor lo que quieren, todo está permitido para ellos y nadie osara atacar los derechos adquiridos. Sólo la mujer proletaria es la que está obligada o debe temer las consecuencias de un desliz, porque para ella no habrá perdón; ella debe callar y sufrir; ella debe ir a la fabrica o a la tienda y escuchar con agrado las estupideces que el gomoso y presumido dueño o dependiente le diga; si quiere ser honrada tiene que conformarse con contraer ciertas enfermedades que dañan horriblemente su organismo, tiene que rebelarse contra la naturaleza, porque le han quitado el valor para rebelarse contra la mentira y el crimen.

A nosotras no se nos quiere más que por el provecho que podemos dar, ora satisfaciendo los apetitos de los hombres, ora para que trabajemos sin descanso, sin acordarse jamás de que nosotras también tenemos un corazón capaz de sentir generosos impulsos y una inteligencia que puede concebir y asimilar ideas científicas y nobles.

A la delicada señorita que no tiene que ganarse el pan que lleva a la boca se la aprisiona dulcemente en una dorada jaula. A nosotras brutalmente se nos obliga a seguir la voluntad de otro…

La esposa del burgués puede gozar de las caricias del amor. La del trabajador apenas si tiene tiempo de escuchar los soeces insultos que éste en su desesperación le dirige.

La madre burguesa vive tranquila porque sabe que su hijo tiene un brillante porvenir y no lo matarán en la guerra. La trabajadora, en cambio, pude estar satisfecha porque después de muchos trabajos y privaciones para criar a su hijo, éste será un defensor de la patria… o vivirá como ha vivido ella: en la miseria, en la ignorancia y con la alegre perspectiva de morir en un hospital o en una prisión. Tendrá el inefable consuelo de que si su hijo es soldado y su esposo está en huelga, haga fuego sobre él; en cambio podrá para compensar estos beneficios morirse de hambre sin maldecir a los causantes de su desgracia, porque entonces sería una mala patriota.

Compañeras: puesto que todos van contra nosotras, puesto que sobre nosotras quieren desahogar todos sus iras y hacernos blanco de sus infamias, rebelémonos, pero rebelémonos de una manera enérgica, que no dé pábulo a que nos sigan considerando como seres débiles e incapaces. No besemos más la mano que nos abofetea; no seamos por más tiempo ruines y cobardes; sigamos el ejemplo de esos compañeros que supieron arrostrar la muerte por una causa justa.

MARÍA MUÑOZ

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Revista La voz de La mujer, Año I, N° 1, Buenos Aires, 8 de Enero de 1896, reproducción de cubierta, original perdido, facsimil microfilmado, Archivo Cedinci. – Fuente: http://www.casadelbicentenario.gob.ar/cdmujeres/contenido/vida-publica/vida_publica_publicaciones_galeria.html

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 12:54 pm

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