Ideas feministas de Nuestra América

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D.12 Laureana Wright González de Kleinhans, “Dolores Correa Zapata”, Violetas del Anáhuac, México, 1888

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Laureana Wright González de Kleinhans,[1] “Dolores Correa Zapata”, Violetas del Anáhuac, México, 1888[2]

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Gran trabajo nos ha costado vencer la modestia de la distinguida poetisa y estimable señorita con cuyo nombre encabezamos este artículo, á fin de obtener algunos de sus datos particulares para poder dar á luz su retrato y apuntes biográficos, aunque no sea con la extensión que ella merece y que nosotros desearíamos.

Esta inteligente é inspirada poetisa, cuyo carácter, bellas cualidades, ilustración y talento, somos las primeras en admirar, nació en Teapa, una de las risueñas y pintorescas poblaciones del Estado de Tabasco. Fueron sus padres D. Juan Correa, originario de Mérida, y Doña María de Jesús Zapata, de San Juan Bautista.

El eminente escritor é historiador yucateco, D. Lorenzo Zavala, fue su tío abuelo, hallándose por lo mismo ligada con los lazos del parentesco á la sentida poetisa Getrudis Tenorio Zavala, nieta del mismo escritor, y cuya biografía hemos publicado anteriormente, sintiendo no haber podido completar el cuadro de estas primeras escritoras yucatecas con los retratos y biografías de las Sritas. Rita Cetina Gutiérrez y Cristina Farfán, cuyos datos nos ha sido imposible conseguir.

Muy al contrario de lo que generalmente sucede con los descendientes de personas ilustres en cualquier sentido, que son la mayor parte de las veces insignificantes ó nulos, en la familia de la poetisa que nos ocupa, el talento ha sido hereditario, pues no sólo ella sino varios de sus hermanos y parientes han enriquecido y enriquecen diariamente las bellas letras con sus brillantes producciones.

Como todos los genios verdaderos, que siendo espontáneos sólo necesitan del pulimiento de la educación para perfeccionar y no para constituirse, según acontece con los que sin grandes dotes naturales llegan á hacerse por la fuerza del estudio escritores sin idea, rimadores sin poesía, cortas fueron las enseñanzas que recibió y pocos los maestros que cultivaron su naciente capacidad, siendo más bien sus dedicación y buen sentido los que desarrollaron sus precoces disposiciones, debían hacer de ella una correcta y elegante escritora.

Siendo muy niña, la trasladó su familia á Mérida, donde aprendió las primeras letras. Expulsado su padre á la Habana en unión de otros liberales, durante la aciaga época del imperio establecido en México por la Francia, á su vuelta del destierro se vio precisada la familia á abandonar á Yucatán regresando á Tabasco.

Allí, por falta de establecimientos de educación para la mujer, continuó estudiando sin más dirección que la de sus padres, pues sólo tuvo profesor de francés por algún tiempo.

Habiendo adquirido grandes adelantos en sus conocimientos, aunque á penas tenía edad suficiente para ello, entro á dirigir, acompañada de la señora su madre, el colegio María, donde permaneció muchos años, logrando formar aventajadas discípulas, y establecer el primer instituto para niñas, en que se ensanchó el círculo de los ramos de enseñanza que hasta entonces se daba á la mujer.

Desde muy temprano comenzó á desarrollar en su alma virgen y soñadora la afición á la poesía, y en el año de 1879 colaboró en el “Recreo del Hogar”, periódico literario, fundado por la poetisa yucateca Cristina Farfán de García Montero, que antes hemos mencionado, y en cuyo periódico comenzó á publicar sus producciones, animada por el distinguido vate tabasqueño, Lic. Limbano Correa, pariente suyo.

Desgraciadamente no correspondiendo su fortaleza física á su energía moral, por ser su constitución muy delicada por naturaleza, las asiduas tareas escolares quebrantaron de tal manera su salud, que tuvo que renunciar á sus clases, y en año de 1884 vino á México en compañía de su hermano D. Alberto, editor actualmente del periódico infantil titulado: “El Escolar Mexicano.”

Mas como las grandes inteligencias difícilmente pueden despojarse del hábito del trabajo y del atractivo del estudio, que es el alimento de su alma y el incentivo de sus nobles aspiraciones, la ilustrada preceptora, que por mil circunstancias había ganado un lugar distinguido en el profesorado, quiso tener de hecho el título honorífico que de derecho poseía, y á poco tiempo de haber llegado á esta ciudad, presentó examen en la Escuela de la Encarnación, habiendo sido uno de los sinodales el eminente geógrafo D. Antonio García Cubas, y habiendo obtenido una justa y unánime aprobación. Además, teniendo más tiempo disponible, se dedicó con mayor constancia á la literatura, y publicó una bella é interesante colección de poesías titulada “Estelas y Bosquejos”, á la vez que otras muchas, que han sido insertadas en varios periódicos de esta capital.

Como igual favor ha obtenido este semanario que la distinguida poetisa se ha dignado honrar con su valiosa colaboración, nos abstenemos de emitir juicio alguno sobre sus composiciones, que seríamos incompetentes para calificar, y seguras de que los suscritores que favorecen nuestra publicación han formado ya sobre ellas el ventajoso criterio que merecen, nos limitamos á darle nuestro voto encomiástico y el sincero aplauso de nuestra admiración por la sensatez, claridad y belleza de sus interesantes producciones.

En cuanto á sus cualidades personales, si públicamente la Srita, Correa Zapata es digna del aprecio general por el talento é ilustración que se desprende de su elocuente pluma, no lo es menos privadamente por su afabilidad, por su fina educación y por la sencilla y franqueza de su carácter, bellísimo distintivo de todos los hijos de aquella libre y exuberante zona, donde vieron sus ojos los principales destellos de luz.

Al presentar á nuestra lectoras estos ligeros apuntes sobre la vida y obra de esta laboriosa sostenedora del adelanto femenil, deseamos que sus virtudes y su aplicación tengan muchas imitadoras entre nuestras compatriotas, que como ella, se interesa por el progreso y la cultura de la mujer mexicana, cediendo su presente al porvenir.


[1] Laureana Wright González (Taxco-Guerrero, 1846-Ciudad de México, 1896), poeta, periodista, ensayista y feminista mexicana, luchó por la emancipación de las mujeres tanto desde sus escritos como desde la dirección de diversas revistas y semanarios, entre ellos Violetas del Anáhuac. En particular, defendió el derecho a la educación femenina como motor de superación y de liberación. Hacia el final de su vida se acercó a los ideales revolucionarios del zapatismo.

[2] En Violetas del Anáhuac. Periódico literario redactado por señoras, directora: Sra. Laureana Wright de K., año I, tomo I, número 46, México, 21 de octubre de 1888, pp. 542-543.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 12:39 pm

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