Ideas feministas de Nuestra América

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D.11 E.R. (probablemente Emilia Rimbió), “Familia”, Violetas del Anáhuac, México, 1888

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E.R. (probablemente Emilia Rimbió), [1] “Familia”[2], Violetas del Anáhuac, México, 1888

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 “La sociedad más antigua y la única natural, dice J.J. Rousseau, es la de la familia”. –Hay derecho para negar igualmente las dos proposiciones que encierra esta frase del contrato social. La Familia no ha sido ciertamente la sociedad más antigua; porque la concepción de esta forma social supone un desarrollo intelectual y moral que no ha podido efectuarse sino después de una larga serie de años desgraciados. Si nos faltan hechos históricos para demostrar materialmente un estado anterior al de la Familia, la causa es muy sencilla; es que la tradición sólo empieza con la Familia, y porque han sido necesarios los recuerdos del hogar doméstico para hacer entender las primeras palabras de la historia. Pero consultando la naturaleza humana, estudiando los destinos del hombre que para llegar á cada uno de estos estados ha necesitado iniciaciones sucesivas, es permitido afirmar que la idea social ha debido ser por mucho tiempo trabajada antes de elevarse á la sublime concepción de la Familia. Antes del matrimonio ha existido la unión vaga y temporal; antes que la familia, ha existido la comunidad que ciertos políticos han considerado como una novedad, sin embargo de que se remonta más allá de los tiempos históricos. No se necesita otro argumento para hacer justicia á esas teorías de otra edad que aparecen como nuevas á fuerza de ser demasiado viejas.

En cuanto á la otra paradoja de Rousseau, que consiste en mostrar á la Familia como la única sociedad natural, no es más que la consecuencia del error fundamental de este filósofo, siempre preocupado con un pretendido estado natural que opone al estado de sociedad. Hemos tenido ya más de una vez ocasión de probar que no había para el hombre otro estado natural sino el estado social; y este estado social se desarrolla por una serie de transformaciones que todas descansan en la naturaleza y organización humana. Si la Familia es, pues, una sociedad natural, lo que estamos lejos de negar, no lo es menos una ciudad, porque ésta dimana del desarrollo de la Familia; y la nación lo es también, porque no es más que el desarrollo de la ciudad.

Rousseau no ha querido nunca considerar como hechos naturales más que los antiguos, olvidando en sus divisiones arbitrarias, que las deducciones y desarrollos de un hecho son tan naturales como el hecho mismo.

De todos modos el estado de Familia ha producido una revolución inmensa en los destinos humanos. Si el hombre social no ha empezado con ella, con ella empieza al menos el hombre histórico. Se podrían en este sentido aceptar como verdaderas las lecciones del Génesis sobre la aparición del primer hombre. El primer hombre no se manifestó sino con la primera pareja humana; y, admitiendo la existencia de los preadamitas, permanecería sin tradiciones y sin recuerdos, porque estaba sin Familia.

Lo que ha hecho sin embargo considerar á la Familia como la primera institución social, es que con ella nacieron las grandes instituciones que han servido de base á todo el derecho de la antigüedad, el matrimonio, el poder paterno y la herencia. Además, en medio de ellas se desarrolla la religión, presidiendo á las ceremonias nupciales, uniendo la Familia en el culto del hogar doméstico, y consagrando las sepulturas con el culto de los antepasados.

Así es que con la Familia se manifiesta el pensamiento religioso; con ella empieza el pensamiento histórico. La Familia hace de los dos sexos un solo individuo y crea el sér colectivo; pero sus ceremonias religiosas, pone al hombre en comunicación con la divinidad; y con la consagración de las tumbas forma un lazo eterno entre lo pasado y el porvenir.

Auspicios, matrimonio y sepultura, hé aquí, pues, las tres grandes instituciones sociales que se encuentran resumidas en una sola: la Familia.

La Familia era también el fundamento de la sociedad pagana. Esta es también la opinión de Vico, que ha basado en la Familia toda la mitología griega; y aunque sus ingeniosas explicaciones puedan ser negadas, no por eso dejan de manifestar un estudio profundo de los misterios de la antigüedad.

Vamos á reasumir en algunas palabras la teoría de este sabio filósofo.

Cuando los primeros hombres personificaron, bajo el nombre de JÚPITER, la idea de un poder superior dueño del cielo y armado con el rayo, la segunda divinidad que crearon fue el símbolo del matrimonio. JUNO es hermana y mujer de Júpiter, porque los primeros matrimonios, consagrados por los auspicios, tuvieron lugar entre hermanos y hermanas, Juno impuso á Hércules grandes trabajos; esta frase, traducida del lenguaje político al lenguaje vulgar, significa que la piedad acompañada de la santidad de los matrimonios forma en los hombres grandes virtudes.

DIANA es el símbolo de la vida más pura que gozaron los primeros hombres desde la institución de los matrimonios solemnes. Ella busca las tinieblas para unirse á Eudymión. Castiga á Acteón por haber violado la religión de las aguas sagradas, que, con el fuego, constituyen la solemnidad de los matrimonios.

APOLO es el dios de la luz, es decir, de la luz social, que rodea á todos los héroes nacidos de matrimonios solemnes, de uniones consagradas por los auspicios.

Tras de los dioses del matrimonio vienen los dioses de las tumbas; después de Júpiter, Juno y Diana, los dioses MANES.

Después, los padres de Familia no encontrando en los frutos espontáneos de la tierra alimento bastante, queman los bosques y empiezan á cultivar el suelo. Estos primeros ensayos de la agricultura se expresan simbólicamente por tres nuevos dioses: VULCANO,  el fuego que fecunda la tierra; SATURNO, llamado así de Sata, semillas; y CIBELES, ó la tierra cultivada.

En fin, los combates de los padres de Familia contra los vagabundos que invadían sus tierras dan lugar á la creación del dios MARTE.

Hay, ciertamente, algo de seductor en este cuadro alegórico en que todas las virtudes y todos los conocimientos parecen salir á la vez del seno del hogar doméstico para enseñar á los hombres los beneficios de la Familia. Todos los elementos de la sociedad civil y religiosa se ven creados por ella; porque el padre de Familia es sacerdote, juez y legislador.

No es esto sólo; no había ni identidad de raza, ni continuidad, y, por consiguiente, ni pasado, ni porvenir. Pero en el matrimonio legal, con la Familia nació el sentimiento de la identidad. El hombre pasa del estado accidental al estado estable, del estado pasajero al estado perpetuo. Toma un nombre, y el nombre se conserva en la Familia. El hombre adquiere así el conocimiento de su inmortalidad.

Con el estado fijo nace la propiedad, sublime concepción de la inteligencia humana: por la idea de propiedad triunfa el hombre de la naturaleza y avasalla todas las fuerzas exteriores que le amenazan. La propiedad queda, además, consagrada por las tumbas, las cuales deben considerarse, según la hermosa expresión de un escritor de la antigüedad, como los lazos del género humano, foédera géneris humani.

Al mismo tiempo que la propiedad, se manifiesta la autoridad. En las primeras edades las dos palabras son sinónimas. Auctor significa al mismo tiempo padre, soberano y propietario.

La Familia sólo se compuso al principio de padre é hijos. Pero pronto los hombres que habían permanecido en la comunidad de mujeres y de bienes, y por consiguiente expuestos á todas las violencias que trae consigo este estado vago y desordenado, se vieron precisados á pedir protección á los padres de Familia, fuertes ya por su unidad y ricos por sus propiedades. Estos recibieron á los desgraciados refugiados y mataron á los que osaban hacer correrías por sus tierras. Pero estos refugiados sólo fueron protegidos por los padres de Familia bajo la condición de que ganarían ellos su vida trabajando para sus protectores. Por tanto fueron sus clientes, sus servidores, fámuli, y de aquí viene el nombre de familia. Por consiguiente, la Familia comprende no sólo á los hijos sino á todo el séquito de servidores, los cuales sometidos enteramente á la autoridad del jefe de la Familia no tenían otro nombre que el suyo, todas sus individualidades si confundían en una sola. Pero los hijos del jefe se llamaban líberi (libres) y los servidores vérnae. Observamos además que esta última palabra tiene una terminación femenina, como si el principio activo ó libre no estuviese en ellos. Balance pretende que la palabra mulieres que se encuentra en la ley de las Doce Tablas, significa hombres de una raza inferior. Del mismo modo explica los pueblos de amazonas. Esta hipótesis algo atrevida está sin embargo justificada por todas las ideas de la antigüedad.

En efecto, esta protección concedida á los fámuli es enteramente material; no eran admitidos á disfrutar de los beneficios morales y civiles de la sociedad que los acogía, se les alejaba de todas las iniciaciones religiosas y, por consecuencia, de todos los derechos: para ellos no hay no auspicios, ni matrimonios, ni tumbas consagradas; no hay, pues, ni propiedad, no herencia, ni pasado, ni porvenir; no tienen tampoco Familia, porque no son más que los miembros inferiores de la Familia del jefe cuyo nombre llevan.

En esta época era ilimitada la autoridad de los padres de Familia. Sacerdotes, guerreros y legisladores garantizaban la seguridad de las Familias por medio de terrores saludables, y contenían con penas crueles á los hombres groseros cuya naciente inteligencia dirigían.

Fueron necesarios sin duda bastantes años para organizar el gobierno de la Familia, y este no era más que un estado social fraccionado sin unidad y sin poder para el porvenir. Así es que los padres de Familia debieron aproximarse, asociarse y concentrarse en una morada común. Este fue el origen de los pueblos ó ciudades.

Los pueblos no fueron al principio sino la exacta imagen de la Familia. A los padres sólo pertenecían todos los derechos; sólo ellos consultaban los auspicios, contrataban los matrimonios y consagraban las tumbas; ellos únicamente tenían la propiedad y la autoridad. Sus hijos, aunque libres, no tenían derechos civiles hasta la muerte de sus autores, y los servidores permanecían en la misma dependencia que antes, sin cualidades y sin nombres. Domados por la severidad del gobierno de la Familia, los hombres se encontraban preparados á obedecer al gobierno civil. La autoridad soberana que perteneció á la reunión de los padres ó Senado en las ciudades. Los Senadores se llamaban patres; su raza, gens patricia; la ciudad res patria: y de aquí viene la palabra patria, cuyo sentido primitivo es asociación de los padres.

Esta soberanía colectiva, que tenía por base y por modelo la soberanía individual de cada padre de Familia, formaba como se ve una aristocracia pura; esta fue también la sola aristocracia completa, porque cada uno de sus miembros reunía en sí todos los atributos de la soberanía, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y estos poderes se reasumían en uno solo, el poder religioso.

En Roma, estos derechos permanecieron generalmente confundidos en las mismas manos, y cada padre podía ejercer á la vez las funciones de sacerdote, de legislador y de guerrero. Pero en todo Oriente, después de la primera época, se obró una división en las funciones, los padres de familia se apropiaron diversas funciones políticas. Los unos se reservaron el culto, los otros la legislación, los terceros la guerra. Desde entonces se establecieron las castas.

Estas fueron, pues, en su origen una verdadera debilitación del poder que pertenecía al padre de familia. Ningún individuo se encontraba entonces en plena y entera posesión de la soberanía. Ninguna casta podía ejercerla sola; se necesitaba una reunión para que a soberanía fuese completa.

Este sistema de castas, que disminuía la autoridad individual del padre de Familia, fortificó además á la misma aristocracia, porque resultaba una potencia gerárquica que oponía á todos los esfuerzos del pueblo excluido tantas barreras cuantas clases había que destruir.

Así es que, en Occidente, cada Familia tenía á su cabeza el soberano, sacerdote, legislador y guerrero; en Oriente había Familias de sacerdotes, de legisladores y de guerreros, y se necesitaba el concurso de las tres Familias para componer la Familia soberana.

De aquí se sigue que en Oriente las clases inferiores no podían hostilizar más que á la clase que se encontraba inmediatamente sobre ellas; y suponiendo un triunfo, encontraban después un nuevo enemigo que lo hacía aún dudoso. En Occidente, por el contrario, y en Roma sobre todo, en que cada padre de familia había conservado la plenitud de la soberanía, cuando se atacaba al patriciado, toda la soberanía se encontraba comprometida y como, según el derecho romano, la soberanía era individual y un solo derecho confería los demás, la menor reclamación de los plebeyos adquiría una importancia que nos explica el por qué había esa tenacidad en la resistencia. Así es que cuando los plebeyos pidieron que se les permitiese el matrimonio connúbium, era pedir al mismo tiempo el derecho de ser admitidos á la religión del hogar, al culto de las tumbas, era el derecho de tener una familia suya, un nombre propio; era el derecho de propiedad y de herencia, etc.- De modo que esta cuestión, que fue la causa de largas y violentas luchas, no descansaba, como muchos historiadores creen, en el derecho de casarse con los patricios. Ellos solicitaban para sí connubia frátrum (los matrimonios de los hermanos) y no connubia cum pátribus.

Fue pues preciso ceder al fin á las incesantes reclamaciones de los plebeyos, y, desde entonces, con el matrimonio obtuvieron los privilegios de la Familia y con éstos los de pueblo ó ciudad. Porque lo más notable de la constitución antigua, es que los derechos civiles llevaban consigo los derechos políticos, ó más bien se confundían unos con otros; y así debía ser, porque la ciudad no era más que la imagen en grande de la familia, y porque la constitución política no era otra cosa que el desarrollo de la constitución doméstica.

No hemos, pues, entrado en vano en todos estos detalles históricos: la Familia es el símbolo de toda la civilización política y religiosa de los tiempos antiguos. El padre de Familia lo vemos siempre armado de la espada de la justicia ó del cuchillo de los sacrificadores, como Bruto y Abraham; y el sublime infanticida de la plebeya Virginia no es acaso más que una alegoría de las nuevas conquistas de la clase inferior, alzándose al nivel de los patricios por un sangriento holocausto.

Hoy la Familia no es una institución política, sino puramente civil. El padre de Familia no es ni un feroz pontífice ni un juez inexorable: su poder es una tutela pacífica, su soberanía un mandato de confianza. Los hijos son particularmente independientes de él; y su dependencia civil depende de su debilidad. Las pesadas cadenas que los ligaban á su autor han sido reemplazadas por los lazos intelectuales del afecto y del reconocimiento.

Hoy no hay culto del hogar. El paganismo, cuyos símbolos habían sido tomados de todas las tradiciones de la Familia, había dejado en pie esa religión de los dioses Lares, que eran, por decirlo así, los padres de los dioses de la patria. El culto individual subsistía al lado del culto social. Pero á medida que la patria crecía, el hogar se aminoraba, y los dioses de las ciudades. Después de éstas vinieron las naciones, y á cada desarrollo social, la Familia veía disminuir su importancia política, ó más bien cada desarrollo no era más que una transformación de la Familia que perdía parte de su individualidad tomando una nueva forma. Así es que, la ciudad no fue más que la Familia de las Familias; la nación fue la Familia de las ciudades; por fin, el Cristianismo, proclamando la fraternidad de todos los hombres y la unidad de todas las naciones, proclamó la Familia del género humano.

E.R.


[1] En Violetas del Anáhuac. Periódico literario redactado por señoras, directora: Sra. Laureana Wright de K., año I, tomo I, número 51, México, 25 de noviembre de 1888, pp. 574-575. El uso de las letras iniciales de nombre y apellido es una forma de mantener el anonimato, pues sólo pocas lectoras podían reconocer en esas iniciales y las ideas expuestas los artículos de sus conocidas o conocidos. A veces hombres de prestigio escribían para periódicos femeninos, pero no querían ser reconocidos. En otras ocasiones, las autoras de varios artículos no querían que su nombre apareciera demasiado. Las iniciales “E.R.”, de acuerdo con la investigación sobre las colaboradoras de Violetas del Anáhuac de Rosa María González Jiménez (Las maestras en México, Universidad Pedagógica Nacional, 2008), pertenecerían a Emilia Rimbió. En Violetas del Anáhuac, aparecen firmados con estas iniciales otros artículos: “Civilización” (año I, tomo I, número 45, 14 de octubre de 1888), “Libertad” (año I, tomo I, número 47, 28 de octubre de 1888), “Autoridad” (año I, tomo I, número 55, 23 de diciembre de 1888).

[2] Este artículo sobre la familia, revela una pluma fluida, conocimientos históricos, mitológicos, filosóficos y jurídicos. Es interesante resaltar que para su autor/a la familia inicia la civilización y de ninguna manera es “natural”, remitiéndose más a la idea de contrato social de Hobbes que al de Rousseau. También valdría la pena subrayar cómo por textos como éste, es fácil reportar en la cultura de las elites de la época una dependencia absoluta de los referentes europeos, fueran éstos relativos a la mitología griega o a la jurisdicción romana. No hay una sola referencia a las instituciones familiares pre-hispánicas, por ejemplo.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 12:37 pm

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