Ideas feministas de Nuestra América

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D.8 Ercilia García, “La mujer y los enemigos de su ilustración”, La Violeta, Monterrey, 1 de abril de 1888

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Ercilia García,[1] “La mujer y los enemigos de su ilustración”,[2] La Violeta, Monterrey, 1 de abril de 1888

[Texto rescatado en el archivo familiar por Marta Nualart]

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No nos extraña que alienten todavía espíritus díscolos que se ensañen contra la ilustración de la mujer y le estorben bajo pretestos verdaderamente fútiles su marcha intelectual; no nos extraña porque siempre en todos los pueblos, en épocas anteriores, y en algunos aún en la presente, la mujer ha sido considerada como un ser inferior al hombre, propia solo para proporcionarle deleites y satisfacción de sus caprichos. Bien es verdad que al presente, en la mayor parte de los pueblos, se le concede ya el privilegio de ser la compañera del hombre, y se le da el título de cara mitad del género humano; pero siempre sin que traspase los umbrales del hogar doméstico, es decir sin que salga de la esfera en que, bajo distinto modo, pero con igual objeto, se le ha mantenido; se quiere que la mujer, lejos de iluminar su inteligencia con los fulgentes rayos de la ciencia, permanezca encerrada en la cocina; sin apartarse del lavadero, de la costura ó de la plancha, ó arrullando al niño que está en la cuna, y que solo aprende como única ciencia la del -todo fiel cristiano-. Para algunos, la mujer que toda su vida se ciñe á estas condiciones es la verdadera mujer, la verdadera esposa, la verdadera madre; una mujer que escribe, una mujer que hace versos, una mujer que procura penetrarse en los augustos misterios de la ciencia, que piensa, en fin, y quiere enriquecer su inteligencia con el gran caudal de los conocimientos humanos, para más tarde formar también su corazón por medio de esos conocimientos y preservarse así de las asechanzas del mundo, de las cuales es el hombre el solo autor; una mujer en fin, que tales ambiciones tiene, no es mujer, es un marimacho que olvida sus tareas domésticas, es la usurpadora de los derechos del hombre, del titulado rey de la creación………¿Cómo es posible, exclama éste, que el ser débil, á quien se ha pretendido desde la antigüedad mantener en la más completa abyección, quiera ahora igualarse al hombre, aunque esto lo haga obedeciendo á las leyes naturales del progreso humano, y probando palmariamente tener una inteligencia tan vasta como la del hombre y tan capaz para abarcar todos los conocimientos que éste pueda poseer? ¡Imposible! La mujer no debe salirse del límite que se le ha marcado, del hogar, es decir, no debe abandonar la cocina o el lavadero, no debe olvidar que vino al mundo tan solo para ser madre, sólo así cumple su misión sobre la tierra.

Que semejantes ideas se propalasen en aquellos tiempos de oscurantismo y de barbarie o se propalen aun en los pueblos donde aun no ha penetrado la luz de la civilización, en que la mujer, aunque dignificada por el gran filósofo de Galileo, es vista, sin embargo, todavía con desprecio por el que siempre ha pretendido llamarse su señor, pase; pero en la actualidad, en la época de los grandes descubrimientos, y en un país como el nuestro, que marcha al pináculo de su grandeza al frente de la civilización, tales ideas son un absurdo.

Los anteriores conceptos nos los inspiró la lectura de nuestro muy estimable coleguita “El Colegio Independencia” de Mazatlán, que redactan las alumnas de aquel Instituto, y en el cual refutan las ideas vertidas en contra de la ilustración de la mujer por un escritor de «El Correo de la Tarde» de aquella misma ciudad.

 Nosotras no leímos el artículo que tan digna y acertadamente refutan nuestras compañeras de “El Colegio Independencia;” pero á juzgar por lo que ellas manifiestan, el escritor de “El Correo de la Tarde” es de los que participan de las ideas que dejamos sentadas al principio.

Y eso no es todo, sino que también otro escritor que se firma Lerdo, en “El Pacífico”, periódico de aquél puerto se pone del lado de “El Correo,” manifestando entre otras cosas: que las niñas del Colegio Independencia se han asombrado porque el redactor de «El Correo de la Tarde» les ha dicho alguna verdad amarga; y añade: que la mujer ha nacido para ser madre de familia, no para ser orador como Castelar, ni poeta como Juan de Dios Peza, ni escritor como Juan Montalvo, ni electricista como Edison, ni matemático como Leseps, ni pintor como Rubens, ni geógrafo como Julio Verne, ni literato como Campoamor; que las niñas han sido creadas por la naturaleza para ser más tarde buenas madres de familia etc., etc.

Lo dicho: para ciertas gentes no es posible que la mujer viva sola y continuamente la vida intelectual. El hombre se ha constituido su tutor y para ella ha hecho enmudecer la naturaleza. Sólo á él le es permitido analizar y dar razón de las cosas que existen. A la infeliz mujer únicamente se le permite presenciar, como un niño pequeño, las grandes funciones que diariamente se presentan en el mundo material, en el mundo moral y en el mundo intelectual. Heredera, como el hombre de un gran patrimonio, de todas sus propiedades, no se le entrega (y esto cuando mucho) sino algunas alhajas, una pluma, una aguja, un instrumento y un catecismo mudo que no comprende, y para entenderle necesita un intérprete, el cual la llena de preocupaciones, le encadena poco á poco la conciencia y la hace aun más desgraciada.

Una mujer que estudia, que raciocina para discernir, que razona para juzgar, no puede, á juicio de algunos, ser buena madre de familia; cuando que está plenamente demostrado por la experiencia, que mientras más ilustrada es la mujer, es más virtuosa, y sólo así puede reputarse como la maestra de la humanidad, porque instruida y educada intelectualmente podrá con mayor facilidad instruirse y educarse é instruir y educar moralmente á sus hijos.

La historia nos presenta el ejemplo tristísimo de la corrupción de los pueblos mientras la mujer, sumida en la ignorancia, gimió bajo las cadenas del despotismo varonil: á medida que la civilización avanza, la mujer ha ido levantándose de la postración en que se le ha mantenido, y los pueblos han purificado y moralizado radicalmente sus costumbres.

Sin embargo, el Sr. Lerdo de “El Pacífico” dice: que la experiencia le enseña y que contra los hechos no hay palabras, que cuando se convierte á la mujer en notabilidad de cualquier cosa, brilla en todas partes, menos en el hogar, sitio señalado por la naturaleza.

Semejante aseveración está por completo desmentida con los hechos, y, como dice muy bien el Sr. Lerdo, contra hechos no hay palabras. Vea si no lo que ha dicho el distinguido escritor Sr. Francisco Sosa en una biografía que hizo de la eminente poetisa michoacana Sra. Esther Tapia de Castellanos.[3] El Sr. Sosa copia parte de una carta que en contestación á otra suya le escribió la distinguida poetisa y en la cual dice lo siguiente: “Con oportunidad recibí su muy grata y no había tenido el gusto de contestarla, como deseaba y debía, por haber tenido á tres de mis hijos con fiebre escarlatina: hoy que están aliviados, mi primer cuidado es escribir á Vd. para manifestarle mi profundo reconocimiento por la honra que quiere dispensarme haciendo que mi nombre figure en la galería biográfica que está publicando en “El Nacional,” honra á que no soy acreedora bajo ningún título.”

“En las breves palabras que anteceden ─ añade el Sr. Sosa ─ se hallan reveladas las más excelentes dotes que honrarán á la Sra. de Castellanos: su apego al cumplimiento del deber como madre, y su modestia como poetisa. Este solo rasgo basta para enaltecerla.

“Creese generalmente ─ sigue diciendo el biógrafo ─ ocasión propicia es la que hoy se nos presenta para tratar este asunto, que la mujer que se dedica al cultivo de las letras mira con desdén ó abandona por completo las costumbres y tareas propias de su sexo, perdiéndose para el hogar la que en el mundo literario llega á obtener un puesto más ó menos distinguido. Si en otras partes ha sucedido tal cosa, no nos propondremos averiguarlo; pero sí nos es dado asegurar que en nuestra patria no se ha verificado así, y lo comprueba lo que ya hemos manifestado acerca de la poetisa michoacana objeto de estos apuntamientos biográficos.”

La notable escritora Sra. Laureana Wright de Kleinhans, directora de “Violetas del Anáhuac” de donde tomamos lo anterior, refiriéndose al mismo asunto agrega:

“Después de lo expuesto con tan galana elocuencia por el inteligente escritor que hemos citado, diremos que no solamente está en lo justo y en lo cierto, sino que podemos probar que el bello tipo moral de la Sra. Tapia de Castellanos es el tipo genérico de todas las mexicanas que han cultivado las bellas letras, y que hasta hoy, no sólo no hemos visto ninguna que por ello abandone las gratas y nobles obligaciones del hogar, sino que hemos encontrado verdaderos modelos de abnegación y de constancia en el cumplimiento de los deberes íntimos. Desde Sor Juana Inés de la Cruz, que fue siempre el ángel protector de sus compañeras de clausura, y que contrajo la enfermedad que la llevó al sepulcro á consecuencia de los trabajos y las veladas por asistir á las que se hallaban enfermas; Isabel Prieto de Landázuri, que fue notable por sus virtudes como esposa, como madre y como amiga y Dolores Guerrero, que durante su corta existencia y en la flor de su juventud se constituyó jefe y madre de sus hermanos menores, hasta las que hoy sacrifican sus horas de descanso á su propio adelanto y al adelanto común de sus compatriotas han certificado con su vida y con sus obras que la mujer que raciocina y piensa cumple mejor con sus deberes porque se halla en posibilidad de comprenderlos.”

  Ya ve pues el Sr. Lerdo y con él los enemigos de la ilustración de la mujer que sus apreciaciones respecto de ésta no tienen razón de ser, y que, lejos de serle perjudicial la adquisición de los conocimientos humanos, le es muy útil y provechosa, porque así comprenderá y practicará la verdadera virtud y sabrá cumplir dignamente con su misión, siendo no sólo la madre sino la primera maestra de sus hijos.

¿O se quiere que la mujer sea simplemente madre? Entonces suprímanse las escuelas y los institutos de educación para la mujer, ábranse conventos por todas partes, enciérresele en ellos, retrocédase aceleradamente en la marcha de la humanidad y se obtendrán centenares de madres como sucedía en otros tiempos de no muy grata recordación.

Afortunadamente para la mujer y para nuestra patria, la época de su decaimiento social ha pasado para nunca más volver……

Por otra parte: también enseña la experiencia (y contra hechos no hay palabras), que todos los pueblos donde la mujer no ha cultivado ni cultiva su inteligencia con la fecundante savia de la ilustración, son los que se ven más atrasados bajo todos los aspectos; mientras que por el contrario, los pueblos cuyas mujeres no encuentran trabas en su marcha intelectual, y nutren su entendimiento con el vivificante manjar de la ilustración, son los que se hallarán á la altura de la civilización moderna.

Sin ir tan lejos; en los Estados Unidos, por ejemplo, según las noticias que nos trae la prensa de aquella nación, hay en la actualidad más de 3.000,000 de mujeres que buscan honradamente su subsistencia dedicadas á diversos trabajos: unas ejerciendo la teneduría de libros, otras la tipografía, otras la litografía, otras la telegrafía, el comercio, el periodismo, la medicina y hasta la abogacía.

¿Y se puede decir que la gran República no marcha al frente de la civilización? ¿Y se puede sostener en conciencia que sus mujeres por atender á sus ocupaciones científicas no gustan de cuidar de su casa, de sus hijos, de su esposo, en una palabra, de cumplir con sus ocupaciones domésticas? No, desde luego, porque los hechos hablan por sí solos.

Con lo expuesto basta y sobra, á nuestro juicio, para desvanecer las ideas retrogradas y los erróneos juicios que acerca de la mujer abrigan los pocos enemigos de la ilustración que existen al presente; y de no, ahí está en nuestro favor la gran mayoría de la prensa no sólo de nuestra República sino de todo el mundo civilizado que habla por nosotras y con ella, la aprobación de todas las gentes sensatas y progresistas de la época.

LA REDACCIÓN


[1] Ercilia García fue una poeta de Monterrey, Nuevo León, en el noreste de México, que en 1887 decidió fundar un periódico enteramente hecho por mujeres en su ciudad natal. El periódico tuvo una mención en una recopilación de las poetisas mexicanas mandada hacer por Carmen Romero Rubio, esposa del dictador Porfirio Díaz, para presentarla a la Comisión de Literatura de la Exposición de Chicago.

[2] La Violeta. Quincenal de Literatura, Social, Moral y de Variedades. DEDICADO A LAS FAMILIAS, Directora Ercilia García, Secretaria María Garza González, Tomo I, Num.13, Monterrey, México, Abril 1 de 1888.

[3] Esther Tapia de Castellanos (1837-1897). Escritora. Publicó su poesía en los periódicos de Morelia. Durante la Intervención Francesa frecuentaba hospitales y daba recitales poéticos para recaudar fondos para los enfermos; sus poesías iban dirigidas a exaltar la defensa de la soberanía nacional. Entre sus principales obras figuran: Flores Silvestres y Cánticos de los Niños. Su producción fue editada bajo el título de Obras Poéticas, en dos volúmenes.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 12:23 pm

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