Ideas feministas de Nuestra América

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D.2 Juana Paula Manso de Noronha, “Emancipación Moral de la Mujer”, Album de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros, n.1, Buenos Aires, 1 de enero de 1854

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Juana Paula Manso de Noronha, “Emancipación Moral de la Mujer”, Album de Señoritas. Periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros, n.1, Buenos Aires, 1 de enero de 1854[1]

[Texto rescatado por Marisa Muñoz]

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Cuando se toca una cuestión tan delicada como esta de que tratamos, preciso es hacerlo con suma circunspección, al paso que no debe desdeñarse todo aquello que tienda á dar vigor, fuerza moral y bases sólidas á las nuevas doctrinas.

Nuevas son en la América de Sud: en cuanto á Europa y Estados Unidos, la emancipación de la muger es un hecho consumado al que hace bien pocos meses ha puesto el sello la legislación inglesa, premiando abogados que revizasen las antiguas leyes (asáz inicuas, sea dicho de paso) y que presentasen otras nuevas, protectoras de la muger. Con efecto, así ha sucedido, y en Agosto de este año fue condenado á dos meses de prisión, un marido que había apaleado su muger, juzgando que se hallaban aun en aquellos dichosos tiempos en que era dueño de azotarla, y hasta de ponerle una soga por el pescuezo y llevarla á vender al mercado.

Con efecto, una gran nación como la Inglaterra, la mas libre del mundo, que tiene en su seno millares de instituciones filantrópicas, y que ha hecho á la humanidad el relevante servicio de estirpar el comercio de la carne humana, suprimiendo el tráfico de la exclavatura, no podía abrigar en sí misma una monstruosidad semejante, como la de conservar a la muger en el estado de la mas degradante y torpe esclavitud.

El progreso humano, ese gigante locomotor que pasa por sobre las costumbres y las leyes de los pueblos, había ya abolido de hecho esas infame usanzas; pero no obstante, la ley escrita existia como un monumento deforme, vetusto y desproporcionado, en medio de los graciosos, limpios y elegantes edificios de la época.

La Inglaterra, pues, arrancó esa página amarillenta é ininteligible del primer código de Rómulo, que, no autorizaba es verdad á matar el cuerpo, pero que asesinaba el alma; y en la última hoja del libro de oro de sus sabias leyes, llamó la abogacía ilustrada, para escribir los artículos de la ley que protege la mujer contra despotismo brutal que la agobiaba; y revindicando su derecho natural y legítimo, rivalida por eso mismo, su capacidad intelectual, dando garantías á su dignidad individual y redimiéndola de la ignominia y de la opresión á que había sucumbido, en la lucha desigual del débil contra la fuerza brutal: lavó asi la mancha que deshonraba y que era una protesta de sus otras instituciones tan gloriosas.

La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos, sus códigos: por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para si; el círculo que traza en derredor de la muger es estrecho, inultrapasable, lo que en ella clasifica crímen en él lo atribuye á debilidad humana: de manera que, aislada la muger en medio de su propia familia, de aquella de que Dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la humanidad por considerarse la fracción mas débil, son con todo obligadas á ser ellas las fuertes y ellos en punto á tentaciones son la fragilidad individualizada en hombre!

En todos los inconvenientes que resultan de su falsa posición; con un tutor perpetuo que á veces es lleno de vicios y de estupidez, la muger tiene con todo que bajar la cabeza sin murmurar, decirle á su pensamiento no pienses, á su corazón no sangres, a sus hojos no llores, y á sus labios reprimid las quejas!

Por qué? Si, por qué ese largo martirio que empieza y acaba con la vida de la muger?

Por qué se condena su inteligencia á la noche densa y perpetua de la ignorancia?

Por qué se ahoga en su corazón desde los mas tiernos años, la conciencia de su individualismo, de su dignidad como ser, que piensa, y siente? repitiéndole: no te perteneces á ti misma, eres cosa y no muger?

Por qué reducirla al estado de la hembra cuya única misión es perpetuar la raza?

Por qué cerrarles, las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y asi hasta la de trabajo, no dejándole otro pan que el de la miseria, ó el otro mil veces horrible de la infamia?

Sin una emancipación perfecta de la aberración, y de la preocupación, jamás podrá la muger elevarse á la altura de su misión y de los deberes que ella le impone. A pesar de su perspicacia natural, caerá en el absurdo. Tomará unas cosas por las otras y nunca podrá, malgrado sus mejores deseos, imprimir el impulso preciso á la educación de sus hijos, porque ella no se conoce á sí misma, y no conociéndose á sí misma, tampoco puede conocer el corazón ageno, y sí triunfando del barbarismo, su hermoso instinto de madre la guía, no sabe aplicar con acierto la fuerza de que dispone, porque sin el mas ligero conocimiento de la verdadera enseñanza moral, cae en el absurdo ó en generalidades, banales, plantas parásitas, que crecen en el corazón del niño, que mas tarde desarraiga la ilustración, ó que se hacen estacionarias en él y más de una vez están en oposición  directa con el espíritu moral de la justicia y de la razón.

Las clases altas y abastadas, con mas facilidad sacuden el dominio del error, su ilustración es fácil; mas, esa clase pobre, sumida en el barbarismo ó la prostitución, esa no se arrancará de ese estado sino con mas trabajo y perseverancia.

En este momento tan solemne para nuestra patria, en que la reacción del progreso y de la libertad es eminente, llamanos la atención de los encargados de la educación de la clase pobre. Mejoras no existen, edificar sobre los escombros del pasado es ocioso, no llena las necesidades de lo presente y mucho menos del porvenir.

Volveremos sobre este asunto, no ya con reflecsiones y raciocinios solamente, sinó que mas tarde, popularizaremos ciencias y conocimientos que yacían en el dominio del misterio y cuyo solo conocimientos que yacían en el dominio del misterio y cuyo solo conocimiento realizará la emancipación moral de la muger en mi país, y que mas tarde nada tendrá que envidiar a las americanas del norte.

En cuanto á las clases pobres, indicaremos los medios que no solo juzguemos, pero de cuyo resultado respondemos, por ser la simple aplicación de lo que hemos visto en otra parte. (continuará)


[1] pp. 2-4.

Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 12:07 pm

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