Ideas feministas de Nuestra América

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C.8 Juana Manuela Gorriti, “Juana Azurduy de Padilla”, Buenos Aires, 1892

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Juana Manuela Gorriti,[1] “Juana Azurduy de Padilla”*, Buenos Aires, 1892

[Texto escogido por Rosario Galo Moya]

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I

Util y provechosa es, ahora que la molicie de nuestras costumbres ha enervado el espíritu de la muger haciéndola esclava del lujo sin otro entusiasmo que el de la vanidad ni mas culto que el de su propia belleza, bueno y provechoso es, decimos, despertar la memoria de mugeres excepcionales de otro tiempo; de aquellas que, guiadas por los preceptos de la iglesia y por los dictados de su corazon, acompañaban al esposo á todas partes, siguiéndole en el llano ó en la montaña, por laderas y precipicios, sin otro culto que el de la Patria.

Una de esas heroinas fué Juana Azurduy, nacida en 1781 en Chuquisaca.

Casada á los veinticuatro años de edad, hermosa y de arrogante porte, la noche de bodas tuvo que abandonar el lecho nupcial para seguir á su esposo Manuel Asencio Padilla en la guerra tremenda que los patriotas sostuvieron contra las aguerridas tropas españolas del Alto Perú.

Y si á la par que el caudillo patriota hízose temer por su valor y arrojo, del Río Grande al Pilcomayo, por sus virtudes y bondad se hizo querer de cuantos la trataron y amar de sus subalternos quienes tenían en ella una madre afectuosa.

II

Encargada por su esposo de guardar el Villar, después de rechazadas las huestes de aquel que en la sorpresa que pretendieron hacer á Chuquisaca, ocupada por el Coronel de la Hera y donde ella, en medio de las balas, alentara á los suyos, supo rechazar y poner en fuga las tropas realistas que la atacaron, y en persona, arrancar de manos del Abanderado el estandarte del Batallon Centro.

III

Dias después, el 14 de Setiembre de 1816, vió caer á su lado á aquel con quien habíase unido; pero ella, lejos de desfallecer ante esta catástrofe que enlutaba su vida, encerró sus lágrimas en el fondo del corazon, cobró nuevo ánimo, y asiendo la bandera azul enarboló el signo de los libres y guió las huestes de su marido á los mas heróicos combates.

Sitiada por los enemigos en un cerro árido, sufrió durante un mes, los horrores de la sed y el hambre, dando á los suyos el ejemplo de la mas estóica abnegación.

Algunos caudillos que, como la viuda de Padilla combatian, tuvieron envidia de esa gloria femenina y comenzaron contra ella una hostilidad que la desalentó…

Un día dió á sus tropas un nuevo jefe  y se retiró á las Provincias Unidas del Río de la Plata donde mi padre, que mandaba entonces en Salta, la recibió con los honores que se tributan á los héroes.

Allí, siendo yo muy niña, en 1822, tuve el honor de conocerla.

El loor á sus hazañas flotaba ante mis ojos como un incienso en torno á aquella muger extraordinaria y formábala una aureola.

Su recuerdo, está vivo todavía en mi mente cual si ahora la viera con sus largos vestidos de luto y su semblante sereno y meditabundo.

Padilla fué uno de los grandes caudillos de esa guerra jigantesca.

En aquel tiempo, para los guerreros, no habia otro grado que el de héroe y tal fué Padilla.

Mas tarde, á los que sobrevivieron á aquellos mortíferos combates, la Patria los hizo Generales y Mariscales.

IV

En 1824, cuando Ayacucho dió la libertad á América, Juana Azurduy dejó Salta para volver á su país.

¿Qué fué de ella?

Desapareció como esos astros que alumbran el espacio y se pierden en la inmensidad.


[1] Juana Manuela Gorriti fue una de las novelistas más renombradas del siglo XIX. Famosa por sus tertulias literarias convocadas durante décadas en Lima y Buenos Aires y por sus más de setenta novelas, memorias, biografías y colecciones de cuentos, todavía representa una figura ejemplar de liberación femenina por su vida aventurosa y sus escritos. Nació en Horcones, hacienda situada en la provincia de Salta, Argentina, el 15 de junio de 1818, en plena época revolucionaria, en el seno de una familia dedicada a la causa de la independencia. Su padre, José Ignacio Gorriti, combatió al lado del General Belgrano en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813), fue delegado al Congreso de Tucumán en 1816 y también gobernador de Salta en dos ocasiones. Fue la séptima de ocho hijos. Pasó sus primeros años en el rancho de Horcones, donde su padre era comandante de una fuerza armada, primero como coronel y después en calidad de general.  Cuando tenía seis años, una de sus tías se la llevó a Salta para estudiar en una escuela de convento, pero como la niña no pudo tolerar que la encerraran, se enfermó y poco después volvió a su casa, acabando así su educación formal. Se convirtió en una lectora ávida de cualquier libro que caía en sus manos, y escribía cuentos desde muy joven. El 13 de noviembre de 1831, después de varios años de guerra civil, el general Gorriti, quien combatía en el lado unitario, fue derrotado por el federalista Juan Facundo Quiroga, el temido “Tigre de los Llanos.” El general Gorriti huyó a Bolivia con 2 000 personas; murió en Chuquisaca en 1835. En 1832, Juana Manuela conoció a Manuel Isidoro Belzú, oficial del ejército boliviano, y se casó con él en 1833, a los catorce años. En los altos círculos sociales bolivianos, se hablaba mucho de la conducta poco decorosa de los cónyuges: Belzú tenía muchísimas amantes, y su esposa era muy amiga del presidente Ballivián.  Nacieron de esta unión dos hijas, Edelmira y Mercedes. Cuando Belzú fue desterrado por conspirar contra el gobierno, su mujer y sus hijas le acompañaron al Perú. Pero Belzú volvió a Bolivia solo; en 1848 encabezó un golpe militar. Gobernó como dictador hasta 1850 y como presidente constitucional de 1850 a 1855. Gorriti permaneció en Lima con sus hijas, y para mantenerse abrió una escuela primaria y también un colegio para señoritas. Inició una serie de veladas literarias que atrajo a los escritores más destacados de la época, como Ricardo Palma, Carolina Freire de Jaimes, Abelardo Gamarra, Juana Manuela Lazo de Eléspuro, y muchos otros. Gorriti tuvo otros dos hijos en Lima: Julio Sandoval y Clorinda Puch. Aunque nunca reveló quiénes eran los padres, Clorinda y Julio vivieron muy abiertamente con su madre. Clorinda murió en la adolescencia, pero Julio seguía siendo el compañero fiel de su madre hasta que ésta murió.

Bolivia había padecido golpes militares en 1857, en 1860, y en 1864, el último cuando Melgarejo derrocó a Achá. Justo cuando Melgarejo estaba consolidando su poder, Belzú retornó de Europa, reunió a sus tropas y marchó hacia La Paz, donde fue aclamado por las multitudes. Su hija Edelmira encabezó los combates callejeros contra Melgarejo. En el momento de proclamar su triunfo el 28 de marzo de 1865, Belzú fue asesinado por el propio Melgarejo, que simuló abrazarle y le apuñaló. En esa misma época, Juana Manuela Gorriti estaba en La Paz para visitar a sus hijas; como en Lima, había abierto una escuela para señoritas y escribía prolíficamente. Aunque nunca se había reconciliado con su esposo, y que se sepa, no tuvieron contacto directo en los veinte años desde su separación, cuando le comunicaron la muerte de Belzú, se encargó de restablecer el orden. Como viuda ejemplar, Gorriti exigió que le entregaran el cuerpo de Belzú y, apoyada por sus hijas, organizó un velorio al que asistió muchísima gente. Más de ocho mil personas, principalmente mujeres, se reunieron en las exequias de Belzú para escuchar la oración de Gorriti que rendía un elocuente tributo a la gran popularidad pública de su marido. Gorriti se convirtió en la figura que encabezaba un movimiento que exigía venganza por la muerte de Belzú y, por este motivo, al poco tiempo tuvo que salir de Bolivia. Volvió a establecerse en Lima. Cuando los españoles sitiaron a Callao, Perú, en 1866, Juana Manuela Gorriti se convirtió en una heroína de la resistencia peruana, arriesgando su vida una y otra vez para rescatar heridos. Luego le fue concedida la condecoración más importante otorgada por el gobierno peruano al valor militar: la Estrella del 2 de mayo. Publicó varias versiones de sus memorias de esta invasión.  Volvió a Argentina en 1886; murió en Buenos Aires en 1892.

Entre las obras principales de Juana Manuela Gorriti se encuentran: Un año en California, El Nacional, Buenos Aires, 1864. Revisado y reimpreso en Panoramas de la vida como “Un viaje al país del oro”; Sueños y realidades. Ed. Vicente G. Quesada. Intro. José María Torres Caicedo. Epílogo y selección de reseñas periodísticas de Vicente G. Quesada. 2 vols. Casavalle, Buenos Aires, 1865. Segunda edición, con prol. José María Torres Caicedo. 2 vols., Biblioteca de “La Nación”, Buenos Aires, 1907; Biografía del general Don Dionisio de Puch. n.p., París, 1868. Vida militar y política del general Don Dionisio de Puch. 2a edición, corregida y aumentada, Imprenta Hispano-americana de Rouge Hermanos y Comp.,  París,  1869; El pozo del Yocci. Paris: n.p., 1869. También ed. prol. Arturo Giménez Pastor, Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatura Argentina, Sección de documentos, Serie 4, Novela, vol. 1, 5, Buenos Aires, 1929; Panoramas de la vida; colección de novelas, fantasías, leyendas y descripciones americanas. Prol. Mariano Pelliza. 2 vols. Casavalle, Buenos Aires, 1876; Misceláneas; colección de leyendas, juicios, pensamientos, discursos, impresiones de viaje y descripciones americanas. Intro. y Biog. Pastor S. Obligado, Imprenta de M. Biedma, Buenos Aires, 1878; El mundo de los recuerdos. Félix Lajouane editor, Buenos Aires,1886; Oasis en la vida. Félix Lajouane editor, Buenos Aires, 1888; La tierra natal. Prol. Santiago Estrada. Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1889; Cocina ecléctica. Félix Lajouane editor, Buenos Aires, 1892. 2a. ed., Librería Sarmiento, Buenos Aires, 1977. Pról. y ed. de Miguel Brascó; Perfiles (Primera parte), Félix Lajouane editor, Buenos Aires, 1892.

* En Perfiles (primera parte), Buenos Aires, Félix Lajouane Editor (Librairie Génerale), 1892; incluido en Obras Completas, Salta, Argentina, Fundación del Banco del Noroeste, 6 vols., 1992 (edición a cargo de Alicia Martorell).

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:59 am

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