Ideas feministas de Nuestra América

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C.6 REPRESENTACION que las maestras, oficiales y demás empleadas de la Fábrica de Tabacos de esta ciudad, dirigen al supremo gobierno, pidiendo no se adopte el proyecto de elaborar los puros y cigarros por medio de una máquina. México, 1846

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REPRESENTACION que las maestras, oficiales y demás empleadas de la Fábrica de Tabacos de esta ciudad, dirigen al supremo gobierno, pidiendo no se adopte el proyecto de elaborar los puros y cigarros por medio de una máquina. México, 1846[1]

[Texto rescatado por Eulalia Eligio González]

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Exmo. Sr.- Las que abajo firmamos, maestras, oficiales y empleadas todas de la Fábrica de Tabacos de esta ciudad, ante V. E., con el respeto que le es debido y como mejor proceda parecemos y decimos: Que ha llegado á nuestra noticia que el Sr. D. Rafael Adorno se halla actualmente en Inglaterra, de orden del gobierno supremo y con los fondos necesarios para traer una máquina que elabore los puros y cigarros que ahora se hacen á mano, y de cuyo trabajo subsisten, como nosotras, en la república, más de treinta mil familias menesterosas é infelices.

Muy directamente interesadas en este proyecto, y llenas por otra parte de confianza en la ilustración y filantropía de V. E., hemos creido no llevaria á mal, que por medio de este ocurso, le expusiésemos ligeramente algunas de las observaciones que atacan semejante proyecto. En un negocio del cual depende nuestra subsistencia y la de nuestras familias, debe sernos permitido levantar la voz hasta el poder, establecido para la protección de todos.

Sin un conocimiento perfecto de la máquina ideada, no nos es posible, Exmo. Sr., entrar en su exámen, para averiguar si ella puede o no suplir perfectamente la mano de obra; sin embargo, y á pesar de los admirables progresos de la mecánica, entendemos que será muy difícil obtener labrados del gusto del público por medio de una máquina, cualquiera que sea; en razón de que hoy el operario, en cada pieza, necesita examinar la calidad y estado de los materiales y hacer las compensaciones necesarias. Para que cada puro ó cigarro tenga la cantidad de tabaco que le corresponde, y para que quede con la presión conveniente, es indispensable atender á su cernido, á la mayor o menor humedad que tiene, al grueso del papel y á otras circunstancias que se compensan; y una máquina cuya acción es por necesidad rápida y uniforme, no podrá apreciar estas circunstancias, y en consecuencia producirá labrados tan uniformes en su apariencia, como desiguales, y por lo mismo, poco servibles en la realidad.

Ni puede decirse que para salvar estas dificultades que todos los materiales que se empleen serán iguales, porque es absolutamente imposible. Ningún recurso hay para igualar todas las hojas del tabaco que se emplea en la fabricación de los puros; ningún medio posible para fijar un mismo grado de humedad á todos los cernidos, y menos aun para conservarla sin alteración ningún papel tampoco podrá encontrarse que ofrezca esa igualdad. Por otra parte, entendemos que no debe olvidarse que es absolutamente indispensable hacer labrados de clases muy diversas para contentar el variado gusto de los consumidores, y á no ser que en cada fábrica se multipliquen extraordinariamente las máquinas, lo cual, en vez de economías traerá gravámenes, el nuevo invento no podrá satisfacer los pedidos, y de aquí resultará la baja de los consumos, que es el peor mal que la renta pueda sufrir.

Mas prescindiendo de este punto, y suponiendo que en efecto la máquina proyectada supliese tan bien la obra de mano que la hiciera inútil; cabalmente en este concepto merece examinarse con la mayor detención, si los males que trae consigo el procedimiento mecánico, no son con mucho superiores á los bienes que pudiera producir, de manera que siempre hubiera de ser justo y conveniente prescindir de él.

Las circunstancias especiales de este negocio son de tal naturaleza, Exmo. Sr., que para decidir la cuestión, es preciso no aplicar ciegamente los principios económicos que han ensalzado el progreso de las máquinas, sino examinarlos en su comparación con este particular, porque solo así será posible apreciar las circunstancias que modifiquen ó hagan inaplicables aquellas teorías. Nosotras nos limitaremos á raciocinios muy obvios y a hechos muy palpables, dejando á la ilustración de V. E., que considere la cuestión de una manera profunda y verdaderamente científica.

Es hasta ahora un principio indisputable el de que no se debe atender únicamente al mayor aumento de los productos, sino también a la igual y equitativa repartición de los beneficios de la industria sobre todas las clases de la sociedad; de manera, que el escesivo aumento de riqueza ó de bienestar, que refluye en una minoría á espensas de la mayoría, se condena igualmente por los principios de la economía, que por los de la moral  y de la política. Los defensores de las máquinas lejos de contradecir este principio, se apoyan en él, demostrando que en los procedimientos industriales, la invención de una máquina cede en beneficio de todos, porque aumenta los goces con la mejora de los productos, porque multiplica las comodidades de la vida y el número de los consumidores con la baja de los precios, porque con el aumento de los consumos da ocupación a un gran número de operarios, y abre ademas un vasto campo al establecimiento de otras industrias, que á su vez aumentan los goces del hombre civilizado y ofrecen ocupación al trabajo. El maravilloso arte de la imprenta sirve comúnmente de ejemplo para exponer a la vista las ventajas de un mecanismo que ha puesto los libros al alcance de todo el mundo, y que ocupa hoy en su producción una cantidad de capitales y un número de trabajadores infinitamente superior, á lo que habia en el tiempo de los copistas.

En el presente caso nos parece que las circunstancias especiales de este negocio, lo ponen fuera de la aplicación de esos principios generalmente verdaderos. En primer lugar, respecto de la perfección de los labrados, ya hemos indicado que ella no habrá de conseguirse por la adopción del procedimiento mecánico, de manera que el consumidor no tendrá que ganar bajo este aspecto, que es el que más le interesa de todos. Por lo que hace á la baratura del efecto, el primero y más importante de todos los beneficios de las máquinas, en este caso no podrá lograrse. V. E., sabe que los salarios que se pagan en las fábricas, son de tal suerte miserables, que apenas bastan para una subsistencia muy moderada, y que forman una parte muy pequeña de los gastos de la empresa. Comparando estos gastos con los que se harian adoptada la máquina, y agregando el importe de ésta y sus reparaciones, á primera vista se conoce que serian muy pequeños los ahorros, y aun dado el caso que estos ahorros no se aplicaran al provecho del erario, sino que se repartiesen á los consumidores, ¿qué aumento vendría á darse a cada uno de ellos? ¿qué provecho traería este aumento?

En los productos de la industria que se aplican á las primeras necesidades de la vida, toda disminución en el precio trae consigo inmensas ventajas, porque aumentan en unos los medios de satisfacer esta necesidad y llama al goce de esa satisfacción á multitud de personas que antes carecian de ella. En un objeto cuyo consumo es de mero capricho, el interes público no puede hallarse de la misma manera comprometido en el aumento del consumo. De que un individuo pueda dentro de algun tiempo fumar al día tres ó cuatro cigarros mas de los que hoy consume, por el mismo gasto que actualmente hace, no se sigue ningun aumento de bienestar; ni tampoco crecerán la comida y provecho general de la población, porque el incentivo de la baratura haga mas general el gusto de fumar. La diferencia entre los actuales y los futuros precios, será por otra parte tan pequeña y tan insensible, que tampoco debería esperarse que su empleo en la satisfacción de otras necesidades pudiera aumentar el bienestar de la población. Lo probable es, que cada persona continuaría gastando en este objeto la misma cantidad, y de aquí ningun bien se seguiria, dado que las economías del nuevo procedimiento se aplicasen á los consumidores y no á aumentar los provechos de la renta.

Más en uno ú otro caso, si ni los productos se perfeccionaban, ni se conseguian los benéficos efectos de la baratura tampoco se abria un nuevo campo á la industria aumentando la comodidad y el número de los trabajadores, á la manera que se aumentan en las mas industrias. La pequeña diferencia de los precios no aumentaria los consumos, de modo que las máquinas ahorrando el trabajo personal ocupasen siempre mayor número de trabajadores; ni tampoco se descubren otras industrias que nacidas de ésta pudiesen acrecer los recursos de la población laboriosa, los goces de la consumidora, y la riqueza del Estado. Muy por el contrario, la adopción de la maquinaria produciria el funesto efecto de dejar entregadas á la miseria á la multitud de familias que hoy subsisten de esa industria; lo que si constantemente es un mal grave, lo sería mucho más por las circunstancias particulares en que nos hallamos.

La miseria actual de las clases laboriosas, en gran parte producida por la perfección de la maquinaria, es un hecho innegable, porque á pesar de todas las teorías se le ve incesantemente. En los países más industriales de Europa se palpa todos los días no solo la disminución de los salarios y el aumento del trabajo, bajo cuyo peso sucumben y se degradan las clases obreras, sino también que á la invención de cada máquina, multitud de trabajadores quedan ya sin ocupación y precisados á vivir de la caridad pública ó del robo, o á sucumbir materialmente al hambre. Y ¿si esto sucede en los países donde el movimiento de la industria es vivísimo, donde incesantemente se descubren nuevos procedimientos y plantean nuevas industrias qué será de una nación donde las subsistencias son difíciles y la industria se halla atrasada? Esta no es cuestión de teoría sino de hecho: si mañana se despiden á las operarias cuyo trabajo sea ya inútil, ¿en qué parte encontrarán éstas una ocupación?

El gobierno, señor, que debe cuidar de todas las clases de la sociedad y que ha de atender a su subsistencia porque la vida es el primero de todos los derechos, y porque con esas clases entregadas á la ociosidad y á la miseria nunca podrá hacer orden, moralidad ni progresos de cualquier clase, no debe ni puede desatenderse de esta dificultad. El tiene en sus manos la suerte de todas estas familias, y antes de quitarles el único recurso de que hoy viven, es necesario que examine si no va á pronunciar contra ellas una terrible sentencia de proscripción, condenándolas á una miseria irremediable. Si el giro de tabaco fuese libre, el interés personal disculparía tal vez al empresario que apelase á este medio de ahorrar los costos y aumentar los beneficios. Convertido ese ramo en una especulación del gobierno y sacrificados al monopolio todos los intereses al poder público no es lícito poner en una balanza un pequeño aumento en sus ganancias, y en la otra la ruina de un número considerable de personas morigeradas y menesterosas: un gobierno entre estos dos intereses debe estar siempre por aquel en cuyo favor hablan la moralidad y la filantropía. De otra manera ese aumento de la renta se decretaría á espensas de los miserables á quienes se quita el trabajo, y vendría á producir los efectos de una contribución impuesta sobre una sola clase, calculada sobre la miseria, y cuyo resultado seria el de privar á esa clase no de alguna parte de sus rentas, sino de cuanto tienen; y, ya se ve que este procedimiento fuera inicuo.

Desde que se anunció, Exmo. Sr., la idea de que ahora nos ocupamos, nos fue preciso pensar de qué trabajo podríamos vivir el día que éste nos fuese arrebatado, y nunca hemos descubierto siquiera un vislumbre de esperanza. Nuestra situación particular no puede ocultarse a V. E. Si en el estado actual de nuestra sociedad es indudable que la ocupación y el trabajo escasean aun para los hombres, no es menos cierto que las mugeres, se encuentran reducidas á una situación aun más desgraciadas. Todo está calculado sobre la base de que las familias subsisten á espensas del gefe de ellas, y cuando éste falta, cuando una madre tiene que cuidar del mantenimiento y educación de los hijos, ó porque las hijas ó las hermanas se ven obligadas á proveer á su propia subsistencia, en la actual organización de la industria puede decirse muy bien que no encuentran recursos, pues que fuera del servicio doméstico tan repugnante por su humillación, en las artes manuales que desempeñan apenas hallan un trabajo muy escaso y una recompensa mas miserable todavía. De aquí depende la espantosa miseria en que están sumidas multitud de familias, y el que las fábricas de puros y cigarros se hayan considerado hasta ahora como un asilo para estos infortunios, como un recurso para tan deplorables miserias.

V. E. sabe de una manera exacta el número de mugeres que asisten diariamente á las fábricas de puros y cigarros, y sabe muy bien que todas subsisten de lo que ganan en el día. Su trabajo no es variado, ni lucrativo, ni adecuado á la salud, ni exento de las incomodidades propias de toda ocupación manual; y sin embargo, la especie de independencia que en él se disfruta, la seguridad que se tiene de que no faltará, las hacen considerar su situación como muy ventajosa. Familias enteras han gastado su vida en esta tarea penosa, y no pueden resignarse con la idea de que perdieron la única industria que tienen, el único recurso con que de ellas dependen. Su situación es tan precaria é interesa de tal manera á todos los hombres para quienes no es indiferente la suerte de las clases miserables, que no esperamos que nuestra súplica sea desoida por el gobierno.

El invento que se trata de establecer es por lo antes expuesto demasiado funesto; él no mejora los productos; no aumenta los consumos; no alivia al trabajador; no acrecenta la riqueza nacional; no ofrece a la industria nuevos progresos; en su mas feliz aplicación solo produciría un ahorro al erario, y en compensación de este aumento de productos que iria á perderse en el abismo de las necesidades públicas, trae consigo la miseria y la ruina de multitud de familias dignas de una mejor suerte. Sin culpar, Exmo. Sr., las intenciones de la administración que con ligereza adoptó ese proyecto, nosotras no hacemos a la actual el agravio de creer que arrastrada por un mal entendido celo fiscal empeorara la situación de las clases mas infelices. El Exmo. Sr. presidente no querria unir su recuerdo al de una medida de desolación, ni cargar con las lágrimas de miles de familias á las que privará de todo recurso. La humanidad, la justicia y el verdadero interés público, abogan por nosotras; y así, en conclusión:

A.V. E. respetuosamente suplicamos se digne a desechar el proyecto de elaborar los puros y cigarros por medio de una máquina, así como cualquier otro que prive del trabajo á las personas que hoy hacen dichos labrados y subsisten únicamente de tan pobre industria.

México, 24 de Abril de 1846.- Exmo. Sr.- Luisa Ahumada.- Filomena Herrera.- Por Manuela González.- Filomena Herrera.- Felipa Ramírez.- María Alvarez de Caro.- Jesús Quiroga.- Gumersinda Bonilla.- Guadalupe Segura.- Joaquina Jiménez.- Guadalupe Garrido.- Loreto Mancilla.- Soledad Torijano.- María Montes de Oca.- Manuela Rosas.- Margarita Vidal.- Teodora Miñon.- Margarita Díaz.- Merced Mancilla.- Guadalupe Parada.- Manuela Ayala.- Teodora Guarneros.- María Neria.- Modesta Espíndola.- Estefana Espíndola.- Juana García.


[1] Folleto encontrado en la Biblioteca del Departamento de Investigaciones Históricas (INAH).  Publicado en El Monitor Republicano, Ciudad de México, 3 de mayo de 1846, núm. 437.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:52 am

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