Ideas feministas de Nuestra América

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C.4 Josefina Bachellery, “Educación de las mujeres”, 1842

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Josefina Bachellery, “Educación de las mujeres”, 1842[1]

[Texto proporcionado por Eulalia Eligio González]

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CARTA PRIMERA

Ya sabes hace tiempo, mi querida Angélica, que he formado el proyecto de reunir mis ideas sobre la educación del bello sexo, y que sobre un asunto tan grave como fecundo, he meditado largamente por gusto y por deber, con el ánimo de publicar algunas reflexiones nuevas.

He medido la estension de empresa tan vasta, y si me he decidido á arrostrarla, ha sido para dejar á mis hijas y á la tuya los resultados de una larga experiencia adquirida en la carrera de la enseñanza, en donde tantas veces me has dicho; que una vocación especial me había colocado. Debes presumir, amiga mia, que si  no esperase encontrar algo nuevo en esta materia, y su no tuviese el designio de estudiar algunos puntos que no han sido observados ni resueltos todavía, no dejaria correr mi pluma obscura sobre esta cuestión tan grande y tan hermosa, que ha hecho la celebridad de muchas mujeres, que la han tratado á la verdad, con un talento notable.

Sin embargo, si hay en mí alguna temeridad, no creo que la haya en mi intención de presentar nuevas reflexiones sobre la materia. No me siento con suficiente audacia y temeridad, sino por el deseo que aliento de darle una forma bastante atractiva para ser comprendida. Hasta hoy, tú lo has visto, Angélica, la educación de las mugeres no se ha considerado principalmente sino bajo del punto de vista limitado é incompleto de la vida privada, y Madamas Neh´er, Guizot y tantas otras escritoras, han reducido sus sabias exhortaciones y sus ilustres consejos, á la influencia de la familia, á los cuidados y á la vigilancia de la madres; y á este fin han dirigido sus observaciones tan delicadas como juiciosas.

Ellas no han podido tampoco agotar todo lo que hay que hay que decir sobre la educación de las jóvenes, en el seno de la casa materna. Sin imaginar hacerles el mas ligero reproche, no puedo menos de notar el vacío que han dejado como instrucción práctica, y me veo obligada á ver que lo que les falta de método, acaso ha provenido de que han puesto la misma solicitud en ilustrar el talento de las jóvenes, que en cultivar su corazón, mientras que seria preciso tener á un nivel ambas potencias.

Hay otra objeción bastante fuerte contra los mejores libros que tenemos hasta hoy sobre educación de las mugeres, y es, que están escritos para las clases altas, y no para las familias de la clase media.

Las jóvenes sin dote y de una mediana condicion, que están llamadas hoy á hacerse por sí mismas su porvenir, así como los hombres á buscar en su valiente inteligencia esa instrucción real que conduce al talento y constituye la fortuna, raras veces encuentran en estas lecturas una enseñanza capaz de animarles y socorrerlas.  Estos consejos del interior, en donde todo pasa en la calma con órden y medida, no están aun al alcance de las profesiones aventureras que se componen de industriales, de artistas, de profesores, de operarios, de labradores que desean para sus hijos días de prosperidad y de dicha, sin dejarles otro patrimonio, que el del trabajo y la paciencia.

Yo aprecio como cualquiera, esas disertaciones llenas de razon y de saber, esos cálculos minuciosos é incesantes que obligan á la muger á salir de la cuna, y que revelan tan bien los gustos, el instinto y las debilidades de su infancia. Más de una privilegiada de nacimiento ha adquirido en esas máximas de la moral mas severa, en esos preceptos de la mas caritativa virtud, principios de fuerza y de bondad, que la han podido guiar felizmente en medio del mundo. A estas diferencias delicadas de las conveniencias, á estas precauciones multiplicadas, y á este casquillo que cuenta con los gestos y detiene los pasos de las discípulas, ¿no crees, amiga mia, que solo las ricas pueden darle semejante acompañamiento?

Tú has admirado como yo este estudiado análisis de los hombres y de las cosas del mundo; has podido reconocer en ese lenguaje elegante y puro, en esa pintura tan fielmente colorida, los caracteres y pasiones ambiciosas de las altas clases, la última de las tradiciones del gran siglo.

Pero ¿qué provecho directo pueden sacar nuestras hijas, te pregunto, de esa direccion impresa á los ocios de la vida, de esas lecciones de gusto y de elegante sencillez en el seno de la opulencia y de la presunción? ¿Qué necesidad tienen las madres sin fortuna de enseñar el mejor modo de dirijir los dominios hereditarios á sus hijas, cuando no pueden llevar al matrimonio sino una profesión honesta y lucrativa que asegure su independencia y su honor?

Sin detenernos en teorías, y tomando los hechos tales cuales son, es incontestable que hoy la sociedad marcha por caminos nuevos que admiran á los observadores y reflexivos. Todo está libre á nuestro rededor, un impulso estraño y misterioso nos arrastra á un movimiento rápido y desordenado. Todos corren, cada cual se apresura: el gran pensamiento de la salud ocupa todas las almas; pero es el pensamiento de la salud material. Se creería ver la inmensa mezcla del pueblo de Dios perseguido por el abrazo opresor de Faraon. Todos se precipitan, quieren salir, escaparse, atropellan á los medrosos para contemplar, al abrigo de las vicisitudes sociales, á la multitud insensata que se agita y se confunde. Y será extraordinario que semejante perturbación haya hecho indispensables importantes modificaciones en la educación mujeril?

La misma necesidad, la misma imprevisión, la misma manía de lujo y de igualdad que dan á los jóvenes pobres los vestidos de seda que á las clases ricas, exigen un adorno conveniente para su alma. En todas partes la instrucción de las mugeres se adquiere igualmente sin discernimiento y sin temor del porvenir. Nadie sabe cuál será la mano poderosa que establecerá la armonía en medio de este caos. Es cierto que hablando siempre á nombre de la moral de nuestros padres, ya no es el mismo el lenguaje que es preciso hacer escuchar si queremos que se nos escuche. Antes el grande arte en la educación de las mujeres, era contenerlas en la vida privada en una situación preventiva que les prohibia el uso de moverse y de pensar, y se reducia todo á infinitas precausiones y á una vigilancia excesiva. Antes de cualquiera otra cosa, se cuidaba de mostrar á los abuelos el nombre puro y sin tacha de la familia. La muger no tenia otra función que ejercer que la de esposa y madre, y sin inteligencia, jamas debía salir del hogar doméstico. Hoy por la necesidad ó por la suerte, debe disponerse á rivalizar con la instrucción de los hombres. No se si debamos aplaudirnos; porque creo se encuentra mas veneno que felicidad en las espesas ramas del árbol de la ciencia. Sea como quiera, en este reino pacífico del trabajo y de la industria, en que las mugeres participan de la vida peligrosa y agitada de los hombres ya hace tiempo, un gran número de ellas marchan solas, libres y señoras de su destino, sin que haya habido una voz ilustrada y amiga que haya venido á enseñarles la sabiduría y la fuerza en medio de la libertad; no aquella sabiduría negativa que consiste en secuestrarse al mundo, sino la que impide encallar al traves de los escollos.

Yo me propongo, como habrás ya advertido, amiga mia, acudir á las necesidades presentes de la educación privada de las jóvenes sin bienes de fortuna, é indicar nuevos recursos á la moral y á la instrucción. En cuanto á la educación pública, este es un asunto casi nuevo sobre el cual no esiste sino unas cuantas páginas de Madama Campan. Hay, sin embargo, mucho que decir y hacer sobre las casas de educación: desearía indicarte las habitudes rutineras de las directoras y las preocupaciones arraigadas de las madres de familia: creería urgente bosquejarte el personal de los profesores y mostrarte su porvenir mediocre é incierto. Te hablaría de la debilidad de los métodos y de la frivolidad de los estudios. Me esforzaria, sobre todo, con respecto á mejoras, sin escederme nunca de los límites de lo posible, porque la práctica, en mi concepto, es la única que puede llegar hasta la perfeccion. Tú no ignoras cuántas innovaciones materiales pueden intentarse e introducirse, cuántos progresos y perfecciones pueden obtenerse por principios mas favorables á las adquisiciones intelectuales. No dudas, finalmente, que no soy capaz de producir ideas avanzadas sobre la educación de las mujeres; pero ya adivino, sin embargo, el pensamiento que te preocupa y que disimulas. ¿No es verdad que dices en tu interior que todo esto es nada, y que donde me aguardas es en el artículo de la emancipación? No creas tenga el designio de eludir esta cuestión. Te haré mi sincera profesión de fe sobre este asunto: sabes bajo qué aspecto considero la educación social de las mujeres; qué remedio quisiera para sus males; y por qué camino desearía hacerlas participar de las mejoras que tienen derecho á esperar, lo mismo que los hombres del movimiento civilizador.

Lejos de mí esas teorías ardientes de esa lógica febricitante, que lo destruye todo sin edificar cosa alguna. Y no porque desprecie esa voz de igualdad que se hace oir en estos últimos tiempos, puedo rechazar la palabra de emancipación que ha venido á resonar en nuestros oidos como un rumor desconocido que aterra. Semejante clamor jamás ha podido producirse por el capricho aislado de una voluntad individual, se nota en él un síntoma evidente de una posición falsa en la existencia actual de las mugeres que hace presentir una reforma. No es fácil prever cómo, ni en qué tiempo haya de operarse este cambio, y aun ignoro si estará en nuestro interés desear su cumplimiento.

El genio del mal tendrá siempre tanta parte en los acontecimientos del mundo, que es preciso hacerse indiferente á las diversas transformaciones que se efectúan en las leyes humanas.

El dia en que se sancionen nuevos derechos para las mugeres, será acaso el que indique otros deberes y nuevas cargas que pesarán sobre ellas. Su suerte no es lo mismo que la de los pueblos, y su condicion no podria soportar un gravamen en los grados de la escala social.

Muchas veces resulta de tantas ideas estrañas como agitan sordamente á las almas, que las viejas fundaciones de la moral antigua, vacilan y pierden su seguridad: si se agregan las ideas del materialismo, á penas podrá concebirse la crisis que no puede ir sino empeorando en vez de mejorar.

Cuando por una fuerza providencial, cuya ley ignoramos, los lazos religiosos que unen la sociedad á Dios llegan á romperse, no intentéis soldarla, ni imaginéis mucho menos formar otra con las piezas rotas. Esta es una obra gigantesca que solo es dado producirla al Creador eterno. Más prudente será en estos tiempos de duda, buscar en su razón inteligente y libre la fuerza individual que nos proteje, y refugiarse en lo interior de la conciencia y de la voluntad, que nos han quedado durante estos largos años de intermitencia, como un seguro y consolador abrigo, que la desmoralización no puede atacar. Entonces la educación es la que lo puede todo, porque obra aisladamente sobre el corazón y sobre el alma, con lentitud y á toda hora. Yo diria pues, para llegar directamente al fin: que las mugeres que se hallan mas espuestas por su naturaleza dulce y fácil, á recibir las funestas impresiones de las engañadoras esperanzas, ó de los exagerados dolores que rodean el mundo, tienen hoy mas necesidad que nunca, de emplear en su propio favor el saber y el discernimiento que disfrutan, y del que usan antes de aprobar y de escoger. Solo una estensa y sólida instrucción, puede inspirarles la dignidad de su ser, y salvarlas de la seductora lisonja que se goza en conservarlas en la ignorancia, para infatuarlas y perderlas.

Mientras mas reflexiono en la grandeza del asunto que me ocupa, tanto mas descubro el inmenso número de puntos accidentales que abraza: quiero, sin embargo, darte una idea de las materias que me propongo tratar, y he aquí el contenido de algunos capítulos:

De los métodos.

Madamas Necker, Campan, Remusat, Guizot, &c.

Fenelon, Fourrier y Jacotot.

Emancipación de las mujeres.

Escuelas normales: educación profesional y profesiones mugeriles.

Manuales: educación pública y particular.

Comunidades religiosas de mugeres

De la acción sobre la voluntad.

Del sentimiento religioso.

Lenguas, artes y ciencias.

Influencia de la lectura.

De la belleza, los gustos y aptitudes.

Consideraciones sobre el matrimonio y el celibato de las mugeres.

La vida de familia.

Y la influencia del bello sexo en la sociedad.

Me seria fácil aumentar todavía esta larga lista, aunque á la verdad ella sola es bastante para ocupar un grueso volumen; pero quiero reducir mi programa, y deseo que lo apruebes. Dime ahora, mi querida Angélica, ¿cuál será el soplo inspirador á quien deba invocar para escribir páginas que sean dignas de tan noble asunto? ¿En dónde encontraré ese fuego divino que anime y fecunde el trabajo de obra tan larga? Yo confio en el pensamiento que me ha sugerido esta empresa, cuento con el sentimiento profundo de la ternura mas viva, con el amor de madre, fuente deliciosa é inagotable en que Madama de Sevigné bebía las palabras de perfume y de miel que tan elocuentes se deslizaban de su boca al recuerdo de su hija adorada.  Me tendría por dichosa, si una sola madre desconfiada, compelida por el temor de su incapacidad, accediese á mi solicitud y condujese hasta el fin la instruccion completa de sus hijos, yo bendeceria mi tentativa si á mi voz emancipadora una jóven pobre y acobardada por la reprobacion que deprime las inteligencias, pudiese levantarse independiente y señora de sí misma en el momento de sucumbir bajo el peso de su debilidad y de su inercia.

En tí también me apoyo, mi querida amiga, y espero que tu ilustrado y libre juicio me sostendrá en la larga carrera de este viaje. ¡Adios, pues! Como un esplorador atrevido é intrépido, deseoso de recorrer tierras desconocidas, parto alegremente: mi cielo es puro: la esperanza infla mis velas. Ya te contaré las aventuras de mi lejana travesía.

Josefina Bachellery

 

 

CARTA SEGUNDA

BASE DE LA EDUCACION MUGERIL

Has recibido mi carta, Angélica, y has tenido la bondad de animarme y aplaudirme. Desde entónces, la tarea que he emprendido no me deja un momento de reposo, y se ha convertido para mí en una idea fija que me persigue á todas partes y me aguijonea á todas horas.

Penetrada de la gravedad que debo dar á mis palabras, é interrogando las luces de lo pasado, queriendo marchar con seguridad, he invocado la experiencia de las tradiciones y de la sabiduría; pero tú lo sabes, mi amiga; la verdad es una belleza salvaje que huye como una sombra luego que comienza á divisarse: no tengo, pues, la presunción de decirte, que he encontrado la base única y absoluta sobre que debe estribar hoy la educación del bello sexo: pero en seguida, podrás ver que me he aplicado á buscarla. Desde luego, no he juzgado útil remontarme al origen del sentimiento y de la conciencia. Temiendo extraviarme en las misteriosas tinieblas de las abstracciones filosóficas, he creido muy espuesto encerrar en una definición esas cuestiones nebulosas que abarcan lo infinito y lo incomprensible. Mas puedo asegurarte, que á pesar de mi estrema debilidad, tengo una fe ardiente en la Omnipotencia de Dios; y si para mí el hombre no es mas que un viajero ciego que camina titubeando, no olvido que la Providencia le conduce por la mano, y que su voz dulce y penetrante le salva del peligro, siempre que presta el oído á sus inspiraciones.

Hasta hoy, se ha visto á la educación de las mugeres apoyarse en la filosofía, en la obediencia, en las leyes civiles, en una moral independiente de la religion ó en la religion misma. Despues se han ensayado algunos sistemas para conducir al sexo á la felicidad y á la perfeccion por los acontecimientos del mundo y los goces interiores de la familia; otros, en fin, esperan hoy encontrar la resolucion de este problema en la industria.

¿Mas puede creerse que las doctrinas filosóficas y la ciencia social sean bastante para conocer y conducir los destinos morales de los pueblos, cuando se ve que sus códigos no tienen valor sino cuando han sido dictados despues de sucedidos los hechos que los transforman sin cesar? Así, pues; sin inquirir el principio infalible que debe servir de vehículo á la libertad, yo estoy cierta que el hombre, habiendo nacido para obedecer, debe ser hecho para querer, ya se agite en su fuerza, ya se adormezca en su indolencia, ha de poder dominar siempre los atractivos que hacen latir su corazon, lo mismo que los impulsos que le oprimen.

Si nos fuese dado penetrar las leyes eternas que presiden á las aspiraciones del alma, así como conocemos los instintos inmutables que velan en la conservacion material de nuestro ser, la moral seria universal é invariable: en lugar de tener esa movilidad que desazona al alma cristiana de Pascal, llegaría á hacerse fácil de practicar por todos; y la educación que ve tantas veces vacilar la base sobre la que se esfuerza en apoyarse, seria una ciencia positiva, cuyo cultivo produciría por todas partes frutos sazonados y agradables.

¡Pero vano deseo! ¿De qué sirve espresar votos inútiles, ni entristecerse por esta inevitable diferencia? Aunque úna moral en su naturaleza, hija de las costumbres y los usos, parece que se diversifica según los climas, que cambia según los tiempos y lugares, que recibe su carácter de las leyes y de la religión, y que modifica sus preceptos según las necesidades y las ideas de cada nación.  Así es que los pueblos primitivos no han oido sino una fórmula teórica que vino á enseñarles las lecciones que era preciso dar á la infancia, y que con la primera madre comenzó la educación familiar y social.

Preguntad en el origen de los tiempos á la inteligencia humana, ensayándose en adivinar el enigma de nuestros deberes sobre la tierra: ilustrada por la razon y guiada por la conciencia, ella sabe ya hacer practicar la justicia y moderar el fuego de las pasiones: sorprendida de las maravillas de la creación y de la grandeza divina, eleva el alma por las artes y el corazón por la moral, haciendo imitar las obras de la naturaleza y las perfecciones de Dios. Se ve al anciano experimentado, recomendar á la juventud la prudencia y el olvido de sí mismo; el poeta admirado, se hace escuchar con entusiasmo, repitiendo el himno santo que enseña á dar gracias al cielo por un beneficio; después se estiende mas lejos en cantos doloridos que deploran y acusan al crímen, dirigiendo los generosos pensamientos del hombre por la senda de las nobles acciones.

Mas entre estos conciertos de poblaciones que pasan y desaparecen, y que desde la cuna hasta la tumba modifican estos acordes, se oye una voz que domina á todas las demás, un voto que se repite sin cesar y cada vez mas urgente. ¿De dónde viene esa impotente plegaria que se prolonga de siglo en siglo y que resuena con mas fuerza que el bramido del océano alterado por las tempestades? ¿Por qué esas nubes de incienso que oscurecen el azul de los hemisferios? Si quieres conocer la causa de un clamor tan grande, te responderé: la felicidad es lo que el alma demanda constantemente á aquel que ha puesto en ella el pensamiento de este insaciable deseo.

Las tradiciones mas remotas nos muestran al hombre persiguiendo la felicidad sobre la tierra, al traves de todas las concepciones que puede crear su fecunda imaginacion. La idea de la felicidad es innata en nosotros; es una ilusion, una quimera que cada uno percibe á su modo. La sabiduría antigua y moderna han repetido: que el principio del mal y la perfeccion de nuestra naturaleza, se oponen á su realizacuion completa aquí abajo: los individuos, lo mismo que las masas, la siguen bajo una ú otra forma, pero con toda la fuerza de sus facultades, y el anhelo mas puro del sentimiento religioso; su más cara esperanza es todavia la felicidad que lo eterniza en la vida futura. Es preciso admirar que la moral y la educacion, hayan colocado sus fundamentos sobre esta enérgica expresion de la propia felicidad. Parece difícil encontrar una palanca mejor para sostener al mundo.

¿Y qué, la felicidad, esa esperanza vaga, esa satisfaccion universal que no puede existir, seria el principio fundamental de la educacion? ¿Para rodear á los hombres de felicidad, seria necesario educarlos? Si hubiese felicidad en la tierra, debería hallarse en todas partes, y cada uno podría saciarse sin molestia y sin obstáculos en su deliciosa fuente. Pero bien lejos de esto el egoísmo impío, la envidia que arranca los suspiros sofocados, el engaño y la inquietud son lo que se encuentra en el mundo y fábulas y vacilaciones, siempre destinadas á combatir al hombre que debe estar preparado por el contrario, para la lucha y la conquista. Es preciso que la infancia, lo mismo que la edad madura, estén aguerridas contra este porvenir, y triunfen de las privaciones y de la desgracia; que aquella aprenda á vencer su funesta volubilidad, y que esta se afiance incesantemente contra el cruel pensamiento de la desesperacion.

La educacion debe acostumbrar á la juventud á soportar el tormento y los disgustos que abundan en la vida, endurecerla contra el dolor, hacerla complaciente, y mostrarle el camino del buen éxito y de la gloria, en la paciencia y el trabajo.

¿Y no es la religion el apoyo mas seguro e irresistible, que la educacion debe desear y escoger? Sí, mi querida Angélica. Yo siento la necesidad de recoger un poco mis ideas, antes de desarrollarse mis íntimas convicciones, y de confiar, aunque con timidez, á tu amistad, los pensamientos que vienen á asaltarme en masa, en asunto tan grave y tan profundo.

¿No creis, amiga mia, que seria necesario dividir esta última cuestion en dos partes, haciendo una distincion entre la religion y el sentimiento religioso?

Si alguno me preguntase: si la educación puede encontrar una base inalterable en el sentimiento religioso, en ese principio vital, por decirlo así, que brilla en el corazón al par que las ideas, los rasgos casi divinos del hombre sobre la tierra, sabrían responder por mí.

¡Cuánto lamento esa árida filosofía que se esfuerza en encerrar las potencias del alma en la estrecha esfera de la razon aislada, mientras que las mas notables facultades reclaman la inmensidad, y demandan lo infinito!

Así vemos cómo se desdeñan hoy las lecciones engañosas de los filósofos, cuando se priva de respuesta al niño que pregunta: ¿Quién hace tronar el rayo, crecer la yerba y brillar el sol? Se requiere acaso extinguir este sentimiento tan maravilloso, que enseña á los poetas el lenguaje sublime, que inspira á los legisladores encargados de trasladar el Verbo eterno de Dios, así como se ven esos gérmenes ligeros, esas moléculas viajeras conducidas desde lejos por los vientos rápidos, detenerse sobre las altas cimas que deben recogerlas y fertilizarlas.

Si la educcion debe beber en la fuente del sentimiento religioso, la voluntad que hace el genio y el amor, que produce la justicia y la bondad. Delante de la tumba que se entreabre al choque inesperado que rompe cruelmente la amistad, cuando la razon demanda la paciencia, ó al menos la distraccion que lleva al olvido, es el único que sabe consolar.

Si amiga mia, es preciso escuchar esa voz interior, y querer esta invisible cadena que liga al hombre á Dios: es preciso que la educación elija esta roca de la playa, para edificar el faro luminoso que conduce al puerto á los pasageros que se estravian, ó á los náufragos que han perdido toda esperanza. Sí. El sentimiento religioso es la base mas estensa y mas fuerte que pueda cimentar la educacion, porque es el grito de la conciencia libre é inteligente, que habla eternamente el mismo lenguaje al corazón de todos los hombres.

Pero en medio de las religiones sociales sujetas á las vicisitudes de los siglos, ¿podrá ser la religion la base universal exclusiva de la educacion? Creo que no. En efecto, la educacion existe independiente de las religiones particulares que unen á los hombres entre sí; la educación es un bien de que gozan los escépticos y los creyentes, los que creen y los que dudan.

En todos los siglos y en todas los países, no conozco sino tres principios que deban servir de regla universal á las acciones humanas, y de bases fundamentales á la educacion, que son: el sentimiento del Infinito, la conciencia y la razon.

A la razon pertenece el exámen, la libertad interior y todo lo que es del dominio de la libre inteligencia; algunas veces la sumision exterior á las convenciones existentes, es un deber que la sociedad reclama. Esto es lo que constituye con el sentimiento religioso, tres virtudes bien distintas. Por el sentimiento del Infinito, la elevacion sublime del corazon se dirige al seno del Eterno, y vuelve á descender como un dulce rocío para verter lágrimas sobre los sufrimientos de la humanidad. Por la razon se desarrolla la libertad intelectual, y por respeto á la sociedad, aprende á someterse á las obligaciones que ella impone.

Cultivar el sentimiento religioso, debe ser la primera virtud de la educacion: obedecer á su razon y á su conciencia á toda costa, es la segunda. Conformarse con los usos cuando son convenciones sagradas en un pais, es el tercero y no menos meritorio.

En otros términos: la educacion toma su origen de la fe religiosa y del ejercicio de la inteligencia independiente, guiada por la conciencia y la razon; y de las habitudes de una sumisión constante á las conveniencias necesarias de la sociedad.

No sé, amiga mia, si después de haber aceptado los cálculos generales que he avanzado, apreciarás el trabajo que voy á desenvolver. Ni sé si encontrarás las leyes que indico tan justas que merezcan tu sanción. Sin embargo; leelas dos y tres veces, considera atentamente al mundo en su realidad actual y en su invariable é indestructible estructura, y acaso verás que fuera de estos firmes apoyos y de estos antiguos principios sobre los que he meditado largo tiempo, no podemos conducir á nuestros hijos sino por un camino movedizo y sin salida. El amor maternal no es ciertamente el que debe colocar su enseñanza entre dos madres: nosotras no tenemos necesidad de alentarnos mutuamente á la ternura hácia nuestras hijas: en los imperiosos deberes de mi profesion han ocupado todo mi pensamiento y todas mis atenciones; y tú, que has consagrado á los cuidados de tu querida Laura largas y penosas vigilias, lo único que te resta que hacer, es ensayar y examinar las bases que me he esforzado en manifestarte. Por mi parte, he reflexionado maduramente los dogmas saludables que he evocado y que he practicado por deber sobre la gran familia que la Providencia confia diariamente á mis cuidados; pero el estudio del corazon y de la ciencia del mundo me han enseñado á amarlos; y con toda la sinceridad de mi alma, despues de hacer buscado ardientemente si habría otros mejores, he proclamado estos como los mas sabios y fecundos.

Me resta, pues, concluir esta carta, que encontrarás tal vez lenta y difusa, hablarte de la industria en sus relaciones con la educacion de las mugeres. Creo inútil hacer observar, que la industria que no es sino una aplicacion á la inteligencia, ha abierto por el trabajo nuevos caminos á sus esfuerzos y á su actividad. Buscaré el idealismo, los cambios de felicidad que puede encontrar nuestra época en ese atractivo del lujo y de la riqueza que forma su esperanza y su fe, y procuraré mostrarte lo que las mujeres pueden adquirir en moralidad, en dignidad y en inteligencia en esos tan rápidos progresos de la materia.

Ya te he oído discurrir de la educación moderna, ó mas bien, de la instrucción profesional; porque me parece que debe pertenecer á la estensa esfera que abraza la instrucción, y te  hablaré de ella en mi próxima carta.

Tendré gusto en pintarte el atractivo y la diversidad de las profesiones de las mugeres,  y las ventajas reales que les resultarian de una enseñanza teórica, universal y demostrada en su misma práctica, y te haré conocer las mejoras que lograrian en su posición social.

Haciendo concordar mis previsiones con las bases fundamentales que he establecido, te mostraré cómo la moralidad sobre que me apoyo, puede por sí sola instituir con certidumbre y solidez una fundación tan importante, y cómo puede recoger las vocaciones y fortificar el corazón y el alma con su fertilizadora autoridad.

Adios, querida mia; hasta otra vez: no olvides indicarme lo mas pronto tu primera impresion, tan luego como hayas leido mis pensamientos. Josefina Bachellery

 

 

CARTA TERCERA

EDUCACION PROFESIONAL DE LAS MUGERES

Paris 20 de Noviembre de 1838.

Mi querida amiga; envidio tu morada tranquila y silenciosa, lejos del tumulto de Paris que roba muchas horas al pensamiento y lo hace disipado. Tú tienes mas reposo de espíritu que yo, para acabar bien la obra que te ocupa. Me dices que tu libro está concluido y solo te falta revisarlo, el mio apenas comienza. Tú te has visto menos ligada y mas favorecida, has vivido en un mundo de armonía y de esperanza, has sembrado sobre tus pasos flores olorosas, y cuando el invierno haga sentir su helado soplo en nuestro rededor, tú, feliz poeta, respirarás en tus retretes misteriosos, el aire dulce y embalsamado que aquellas exhalen.

Yo, bien lo creerás, ando por vegas mas áridas y severas; mi camino, aunque trazado de antemano, tiene sus obstáculos; á veces temo que mi gravedad provoque la monotonía y la tristeza; si escapo á los arrebatos del entusiasmo y del delirio, no por esto querria abandonar á la rápida corriente de las reflexiones vulgares, particularmente las que tengo el designio de examinar contigo, la nueva cuestión de las profesiones especiales.

Recordarás que á este propósito te decía yo en mi última; y bien, amiga mia, yo no sé cómo toco esta materia en la presente carta, en el momento que ella ocupa á dos hombres que ejercen altas funciones administrativas. Tú que te nutres de las concepciones que tienen un carácter notable de sociabilidad, y que te dedicas á observar con atencion entre los proyectos que se trabajan aquellos que se distinguen por su grandeza y fecundidad, habrás seguido con igual interes que yo la controversia que se ha suscitado sobre las posibilidades de una institucion nacional, destinada á la enseñanza de profesiones á las jóvenes.

Nadie pone en duda la oportunidad de tal fundacion: por todas partes el genio activo de la época, y la ciencia económica con su espíritu organizador y positivo, reclaman en nombre de la potencia industrial la universidad de trabajadores. El convencimiento de las mejoras importantes que deben resultar del aumento de las fuerza productivas, pide con instancia un taller que sirva de modelo á los aprendizages, una vasta escuela abierta á todos los estados.

Una vez admitida la necesidad de no dedicar á la mayoría de los jóvenes al encanto de las bellas letras; una vez convenido que para gran parte de las carreras que abrazan, deben considerarse como una carga inútil las humanidades griegas y latinas, yo pediria con igual título una reforma equivalente en la educacion de las mugeres.

¿Qué se hace, en efecto, a favor de una multitud de personas, que gozando de comodidades al presente, están amenazadas de grandes privaciones para lo futuro? ¿De qué sirve entregarlas tanto tiempo á los conocimientos mediocres y vanidosos que consumen sin resultado los mas bellos años de su existencia? ¿De qué utilidad son esos principios de artes, enseñadas á medias y abandonadas despues, esas nomenclaturas incompletas de geografía é historia, esos nombres bárbaros de tantas razas dinásticas?

Será razonable la educacion que deja correr inútilmente la sabia pura y precoz de la infancia? Tiempo ha que estoy condenada á llorar mas que nadie, la desgracia de que se paralicen las bellas cualidades de la inteligencia en el vacío de las teorías. Es preciso convenir en que medios análogos empleados para la educación de las mugeres, presentan escollos y peligros, semejantes á los que se señalan para las facultades intelectuales de los hombres.

En vista de las dificultades que rodean hoy á la educacion, no parece sino que se complace la ciencia en cubrirse de un obscuro velo para hacer indispensable un dispendioso número de maestros; parece que ha tomado á su cargo espantar el espíritu y la débil razon de los niños, á fin de hacerlos incapaces de moverse sin el auxilio de aquellos.

La educacion general en Francia, que no está del todo conforme con el libro de la moral, único permanente que debia ponerse en manos de la adolecencia, diseminadas por todas partes las nociones de las bellas letras y de las bellas artes, parece tener el intento de dar absoluta preferencia á las profesiones literias y poéticas, con detrimento de las demas.

Si la educacion de los hombres es lenta y prolongada, la de las mugeres está dispuesta de manera que consume los dos lustros mas bellos de su vida, en repetir trabajosamente los verbos irregulares y defectivos. La gramática, he aquí el primer libro que se presenta á los ojos inquietos y distraidos de una niña: un enigma perpetuo, una reunión de geroglíficos sin arte y sin plan, es lo que se ofrece á un espíritu que no habia vivido hasta entonces sino por los sentidos, ni comprendido otra cosa que las imágenes. Todavia para dar á una educanda la profesion de maestra, deberia ponerse en duda si seria conveniente hacerla aprender el código clásico de las leyes del idioma.

La declamacion, la elocuencia, el arte del literato, el del poeta mismo, solo piden un modelo, y los ejercicios que encierren son independientes de la sintaxis y del análisis gramatical, que se adquieren despues. Rachel comprendió á Racino ántes que la ortografía: acaso jamas la habría sabido si se le hubiese enseñado únicamente con los tratados de Letellier ó Chaptal.

En las otras carreras indicaría yo como medio de grande utilidad, la enseñanza del libro que tuviera una relacion inmediata con cada profesion: por ejemplo la vida ó las memorias de un grande artista, ó de algun célebre inventor industrial, serian un manantial excelente para el alumno de industria: la enseñanza profesional debería procurar esta clase de libros á todos los estados, y componerlos para los que no los tuvieran.

Un libro tal, rico de hechos tradicionales, escrito en estilo animado, con un objeto general y práctico, serviría para enseñar la lectura y ortografía á los alumnos: en él encontrarían las nociones de geografía, de historia y de literatura, y que les fueran útiles: gustarian de leer este libro en que se encomiaba el estado que habian preferido, y se propondrian imitar al maestro ilustre que cuenta su vida y sus trabajos, al obrero ó al famoso artista cuya gloria viesen resaltada.

Pero antes de pasar á la aplicación, temo no haber insistido bastante sobre la indispensable necesidad de esta organizacion nueva de enseñanza, que puede ser una ancla de salud en los dias de afliccion.

Acuérdate, amiga mia, de la admirable profecía del filósofo ginebrino: “y quiero absolutamente que Emilio aprenda un oficio, por que nos acercamos al estado de crisis y al siglo de las revoluciones.” El siglo vino en efecto, y vino imponiendo á todos la serena obligacion de trabajar. ¡Pobre Juan Jacobo! Él que exigia de las mugeres tanta actividad, que las queria tan ocupadas, tan atentas á los trabajos de la casa; él que no nos amaba frívolas é insustanciales, ¿qué habria dicho si hubiera visto á su alumno, privilegiado por la riqueza y el nacimiento, reducido bajo el nuevo régimen á una pequeña renta y atormentado por la suerte? Le habría pesado, estoy segura de ello, no haber dado á Sofia compañera de su Emilio mas que las cualidades industriosas de una muger casera, en vez de una profesión productiva que hubiera disminuido su ansiedad, doblando sus recursos.

La reaccion está ejecutada: despues de la crisis, el estado de paz casi general, comienza á causar el acrecimiento desmesurado de poblaciones que la incuria aglomera sobre unos mismos puntos: nuestros deseos y nuestras necesidades se multiplican en razon inversa de nuestras tierras y de nuestras fortunas, que se dividen y estrechan. En este estado de cosas, la llegada acelerada de la industria conduciendo á sus cohortes y gefes á la conquista del mundo material, exige que una educacion previsora ensanche su influencia y multiplique sus resortes, para contener y regularizar la nueva carrera de las activas masas. Yo no creo que pueda desentenderse de una solicitud tan imperiosa.

Considerad lo difícil de nuestra posición en medio de las tentaciones del lujo y de la opulencia; por todas partes las palabras de progreso y de felicidad, y las satisfacciones ofrecidas á todos los deseos hacen resonar en nuestros oídos sus falaces promesas. Buscad en este laberinto cuál sea la prevision realmente eficaz que nos proteja y presida nuestros destinos futuros. El trabajo mismo, que deberia ser una salvaguardia para las mugeres que tienen oficio, no es frecuentemente sino ocasión de faltas y debilidades.

Yo no sé que disgusto y qué vértigo las hace desdeñar locamente lo que hay de bello y honroso en las profesiones á que están dedicadas; ignoran, sin duda, la gracia atractiva, el mérito real de las delicadas obras que producen sus manos industriosas, y por una desgracia digna de lamentarse, guiadas de la inconstancia y la ciega impericia, interrumpen ó abandonan una condicion honesta y asegurada, por correr tras el brillo pasagero de una vida ociosa que las corrompe hasta perderlas.

No son el prestigio del bien parecer y las mas esquisitas comodidades, la sola causa que concurre para que las mugeres sin fortuna se hagan desgraciadas á sí misma y lleven la inmoralidad al seno del órden social; hay otra muy poderosa, y es la de que acompañando una idea de superioridad á la educacion literaria, haciendo mas aprecio del estilo correcto y de la palabra erudita, que del pensamiento, se ha propagado la falsa creencia de la desigualdad de las clases inferiores,  sin advertir que con esto se daba un nuevo estímulo á las pretensiones de elevacion que alimenta siempre el orgullo.

Si en vez de ajar la suerte de las clases obreras con la desigualdad intelectual de los rangos, se hubiera proclamado una igualdad respectiva, una misma consideracion á todos los géneros de trabajos necesarios para la ecsistencia de la sociedad; si se hubiera reconocido la igualdad posible de las profesiones, tan distinta de la igualdad quimérica de las fortunas, de los rangos y de las costumbres; si se hubiera inaugurado la igualdad inofensiva de la inteligencia, la sola que Dios ha concedido á todos, ¿quién podría calcular los saludables efectos que tan sabio pensamiento habría producido para la perfeccion de los trabajos humanos, para la felicidad de los individuos y para el reposo de las sociedades? ¿No es claro que entonces, aprendiendo cada uno á estimar su estado, estaria muy lejos de las aspiraciones funestas de la turbulenta ambicion?

Sin embargo, creo habértelo dicho, Angélica; yo puedo gemir por la degeneracion y la anarquía de las ideas morales; pero no me siento con misión para pronunciar anatema sobre los errores del siglo, ni para dar pábulo á sus preocupaciones. Es preciso aceptar los hechos existentes, una vez que las naciones en delirio repiten, Dios lo quiere; una vez que arrastrada por una fuerza irresistible la vida humana parece estar destinada á caminar envuelta en la tormenta de los negocios y de la actividad productora; con una velocidad igual al movimiento precipitado de los astros: así sea enhorabuena; nosotros debemos ver los objetos con los colores y sombras que les da la realidad.

Yo no creo hacerme poco favor con decir que el gran siglo de progreso de que tanto blasonamos, tiene una parte desfavorable para las mugeres. Esa tierra prometida de imaginada igualdad por la que suspiran algunas, solo llegará, y acaso pronto, ofreciéndoles la tranquila seguridad de que disfrutaron en otro tiempo. Lejos de halagarlas con praderas encantadoras y fiestas incesantes, preciso es que sepan que el porvenir les abre una arena cubierta de ocupaciones continuas, y les prepara deberes mas rigorosos que nunca.

Yo considero á la educacion profesional, como la providencia de las mugeres, como la verdadera escuela de la sabiduría y felicidad: ella es la que ha de realizar esa igualdad, ó mas bien, esa independencia virtuosa reservada á un gran número de ellas, y que se presenta como una necesidad que las obliga á proveer por sí misma á su subsistencia futura.

Una institucion tal en la que se enseñaran con liberalidad todas las profesiones: una comunidad industrial en la que se elevara la inteligencia y la razón de la niñas, mostrándoles la importancia de las obras que se les confiaran; en la que se habituara á las educandas á la práctica de las virtudes sociales por el respeto y la igualdad de las profesiones, seria un pensamiento liberal y piadoso, digno y verdaderamente de toda la proteccion de los soberanos.

Y no se diga que no hay en los trabajos industriales motivo alguno que pueda elevar el espíritu y revelarle su importancia y su dignidad: motivos, los hay, solo falta un método para presentarlos, del cual me ocuparé mas adelante. Es verdad que el artesano y el obrero medianos están reducidos á una condicion pasiva y mecánica; pero también lo es que fácilmente podrá levantárseles desde los grados inferiores que ocupa el simple oficial de taller, hasta los superiores que pertenecen al artista.

Mostrad á una artesana el modo con que, indagando la razon y la sabiduría de cada parte de sus obras, pueda llegar á admirar la inteligencia humana en la obra material que forman sus manos: mostrádselo, y entonces cada una de esas obras bien comprendida, sometida al cálculo y constituido el resultado de una larga reflexion, se le presentará como un espejo en que se reflejará la belleza, poder y perfeccion del espíritu humano, tanto como se refleja en una obra de literatura, de moral ó de filosofía.

Lo diré sin temor: así como el que sabe buscar y contemplar á Dios lo encuentra igualmente grande en la pequeña planta del prado, que en el espacio inmenso de los cielos, del mismo modo se puede contemplar al espíritu humano en la obra inteligente del artista, como en la maravillosa composicion de una epopeya sublime.

El artesano que conoce su objeto y lo alcanza, dando á sus obras la perfeccion de partes que forman un todo bien acabado, es mas artista que el obrero de palabra; que el literato que no comprende que en todo género de trabajos y profesiones puede hallarse la moralidad, la poesia y la identidad posible de inteligencia.

Honrada y distinguida la educacion profesional, cada alumna sentirá toda la dignidad de su ser en el estudio del estado que haya escogido, y la cultura de su espíritu la llevará á desenvolver y perfeccionar sus instintos morales. Penetrada del valor y belleza de su inteligencia, vivirá contenta en la situacion en que la haya colocado la Providencia, porque allí encontrará la conciencia de su igualdad, y los encantos de una poesia propia y personal.

“La poesia, revelada á todos las inteligencias, dice una de nuestras mugeres ilustres, seria un sentido de más que acaso todos los hombres son capaces de adquirir, y que haría las existencias mas amplias, mas nobles y felices.”

Este pensamiento, no te recuerda, amiga mia, el tipo de una joven casta y sencilla de la clase obrera; aquella Genoveva, la artesana, la florista, cuyos días debieron ser puros y calmados, si Andres, ese letrado vulgar, ese meditabundo sin energía, no hubiera venido á sacarla de la realidad y á robarla su dichosa vocacion para envolverla en el torbellino científico?

¿Por qué el autor de un libro tan poético no comprendió toda la moralidad que podría sacarse de su obra?

Yo no sé todavía cuál será la vocacion de mis hijas; mas yo quiero, y la razón me aconseja tenerlas preparadas á un estado, para cuando lleguen á la edad en que posean toda la fuerza de voluntad propia para abrazar alguno. Sea que estén destinadas á las artes, á la industria, á las ciencias, al comercio ó á la enseñanza, la educacion profesional libre y privada que comienza á recibir, tiene ya el noble objeto de hacerlas aprender un oficio. No hay peligro, no hay inconveniente alguno para la educacion, por brillante que sea, en hacer adquirir los conocimientos que exige la práctica de una profesion necesaria.

Sea cual fuere el género de estudios á que se dediquen las educandas, es necesario á todo precio acostumbrarlas á no considerarlo como un juego y un pasatiempo: así lo aconseja la prudencia para que la educacion no quede en tentativas infructuosas.

Pero es necesario advertir que la educacion profesional debe proponerse formar oficiales y no artistas; una vez aprendido el oficio, el talento y la inteligencia emancipada son los únicos que hacen al artista verdaderamente digno de este nombre.

Toda profesión tiene su arte y su poesía, su ciencia y su literatura; todo estado posee su utilidad y su gloria.

Si nuestra época abunda en jóvenes prodigios de saber y de habilidad, no es porque las inteligencias del siglo XIX sean superiores á las de los siglos anteriores, sino porque ya se comienza á dudar menos de la comprensión y fuerza de inteligencia de los niños, y porque se les enseña la lengua de la música, del dibujo y de las artes, casi al tiempo de comenzar á pronunciar la lengua materna. Convencida de estas ideas, pienso que mi hija á la edad de quince años, se encontrara en estado de vivir honradamente del fruto de su trabajo. Es por tanto cierto, que primero se debe tratar de hacer conocer el valor intrínseco del oficio, para elevarse despues á las alturas del arte. A la edad de que hablaba yo antes, se debe tener ejercitada la memoria y adquirida la destreza y práctica necesarias para vencer toda clase de dificultades: tambien es preciso que la educanda tenga á ese tiempo la conciencia de su valor y la fe de su propio voluntad; que pueda comprender la unidad del oficio y del arte, y poseer el sentimiento del infinito que encierra cada profesion.

Si es la música, por ejemplo, á la que se dedica mi hija, es necesario que á los quince años sepa su lectura, tenga agilidad en los dedos y haya comprendido todo el mecanismo del arte, para que al menos le quede el oficio, si algun obstáculo imprevisto ó la falta de voluntad, vinieren á suspender los progresos continuos que conducen al arte.

A la misma edad, la joven laboriosa que haya comenzado temprano la pintura, debe haber adquirido viveza para los toques, buen gusto para la colocacion de colores, y facilidad para poder copiar todos los géneros con esactitud, lo que será bastante para que pueda ganar su subsistencia en la clase de copiante. Nótase bien, que para llegar á ejecutar las obras de imaginacion ó de imitacion de la naturaleza, este es el camino mas racional y seguro. Ni se tema que con este método solo se formarán prácticas ignorantes; todo lo contrario: mi pensamiento es que cada cual saque de su profesion la erudicion que encierra, y adquiera en provecho de su arte los conocimientos que tienen relacion con él.

Ya ves, por lo que llevo dicho, amiga mia, que la educacion puede tomar una vida nueva en las profesiones, convertir en activo é inteligente el destino de las mugeres, hacerlas marchar cerca del hombre y seguirle cuando se eleva, en lugar de permanencer inertes y pasivas á su lado, como la planta parásita que solo florece con el auxilio de la encina que le da abrigo.

Nada hay que pueda hacer progresar á la muger y ennoblecerla, como el influjo prodigioso de una vocacion decidida que la incline á abrazar un estado que venere y profese como un culto: y nadie podrá negar la eficacia de este influjo, porque nadie podrá demostrar la inferioridad de nuestra inteligencia, ni afirmar que en las profesiones compatibles con nuestra organizacion física, no seamos capaces de los mismos adelantos que nuestros maestros.

Si se me objeta la inutilidad de hacer entrar las profesiones en la academia de las mugeres porque hay estudios especiales y aprendizajes bajo la direccion de las familias, responderé que esta falta de método hace que se libre á la casualidad la enseñanza de muchas profesiones, particularmente á la casualidad la enseñanza de muchas profesiones, particularmente las mas lucrativas y seductoras; diré también que hay elecciones funestas hechas sin razon ni previsión, que hay perniciosos influjos y maestras inmorales; diré por último, que las profesiones se adquieren, pero que las falsas suposiciones y las rutinas intimidan á las mugeres y les hacen perder el tiempo.

La universidad profesional de mugeres suplirá esta insuficiencia, y ofrecerá además la enseñanza de la moral sana y fértil, alimento espiritual aplicado al trabajo en todas sus faces y en todas sus creaciones.

Yo no ignoro que una institucion tal no podría improvisarse en un dia; pero al menos que no se desprecie su urgencia ni las ideas que la confirman. La edad media ofrecia un asilo contra el abandono y la miseria, á las hermanas de los mayorazgos: ella sabia calmar las penas de las almas afligidas, dando un pensamiento divino, un esposo celestial á todos los corazones destrozados: nuestra época, que ni sabe consolar á los espíritus tristes, ni dar quietud á los seres que se mueven, pudiera sin embargo, hacer progresar la moral y la dignidad humana enseñando el respeto y amor á la condicion en que Dios no haya puesto, y ofreciendio á las jóvenes pobres un porvenir cierto por el don generoso de las profesiones; donde apreciable que pudiera elevarlas á la gloria que alcanza el talento.

Aquí termino esta larga carta, en la que espero encontrarás algunos nuevos principios de importancia para la educacion privada y pública de las profesiones. Me resta solo entrar en los detalles de un plan orgánico, trabajo de que me ocuparé próximamente al tratar de las vocaciones. =Adios, por hoy, y mi afecto por siempre.=

 

 

CUARTA CARTA

Continuacion de la educacion profesional y vocaciones en general.

Dícese con verdad, que se puede juzgar del grado de civilización de un pueblo, viendo la parte de libertad que concede á las mugeres; sin embargo, la civilizacion y la libertad que aumentan la lid y el trabajo, han visto mas de una vez al progreso detenerse ó desviarse del camino. La era de la industria, endulzando las costumbres violentas y la rudeza primitiva del hombre, librándole de esos gefes ambiciosos y sanguinarios que colocaban en primera categoría el arte de defender su vida y privar de ella á sus semejantes, fue un progreso para él; pero la mujer no estuvo jamás en esta alternativa; bien al contrario, cuando mas guerrera y llena de aventuras era la vida del señor, tanto mas se deslizaba tranquila en medio de agradables ocupaciones, la existencia de su querida esclava.

Nuestra época, haciendo del matrimonio un negocio comercial en que se prefiere el dinero á las perfecciones del alma y del cuerpo, no está bajo este aspecto en progreso respecto de lo pasado, que apreciaba grandemente las virtudes domésticas de las mugeres, y que por lo comun no buscaba en las jóvenes mas que la suavidad de carácter, la modestia y todas las cualidades personales.

¿Recuerdas, amiga, haber visto pintados en el sublime libro de la mas remota antigüedad, los graciosos cuadros de la vida de familia en el tiempo de los patriarcas? ¿No son ellos la imagen simbólica de la vocacion casera en su espresion la mas ingenua, la mas tierna? Traspórtate á la Mesopotamia, y llégate á la fuente sombreada de palmeras; ¿ves allí á una joven modelo de pudor, á una vírgen bellísima rodeada de sus compañeras y ocupada como ellas en sacar agua? Es Rebeca, la esposa prometida á Isaac por el Dios de Israel.

Yo no se que atractivo indecible añaden á la belleza esas ocupaciones tan simples y comunes de la mujer. La hija de Bahuel, llevando un cántaro á la espalda, y apagando la sed de Eliezer, no fue, en verdad, reconocida por éste á la vista de signos que indicaran grandeza y elegancia. Si indagas por qué el enviado de Abraham pone en las manos de Rebeca los aretes y brazaletes; por qué le presenta los vasos de oro; si les ves enumerar con gusto los ganados y riquezas de Abraham, sin informarse de los tesoros y haciendas de la nieta de Nachor, y vendrás á concluir que en aquellos tiempos, diferian grandemente de los nuestros, las costumbres del matrimonio.

“Está decidió por el Eterno, responde Laban á Eliezer; toma á Rebeca y parte; que ella sea la muger del hijo de tu señor; así lo ha dispuesto el Altísimo.” Entonces el enviado se postra en tierra, y adora al señor; despues conduce á la joven sin dote, al pais de Canaan á la casa de su esposo.

Muy lejos estamos de los tiempos del Génesis y de las costumbres patriarcales; es preciso no confiar en cosas cuyo valor desmerece todos los días. Nuestras hijas pueden ser hermosas y buenas, espresarse con facilidad y modestia, conocer la economía y órden interior: algo mas; bien pudieran poseer la noble simplicidad, las virtudes y talentos domésticos de Nausicaa, y conducir una casa con esa actividad sábia y previsora que hacia la admiracion de nuestros abuelos; si no tienen dote, ó es muy corto, temed para ellas el aislamiento y abandono.

El siglo XIX, avaro y calculador, mira un estado positivo como un capital, como una renta á la que computa los productos netos y determinados que ha de rendir.

Cuando las ideas dominantes no llevan al claustro, y cuando, por otra parte, han acabado muchas de estas santas mansiones, ¿cuál deberá ser la suerte de una joven sin fortuna, sin profesion y sin apoyo en el mundo? Esta es mas irresistible objeción que puede hacerse á aquellos que creen todavía que las atribuciones naturales de las mugeres consisten puramente en la direccion de la casa.

Y si se suscitaran quejas, porque con la educacion profesional se separa á las mugeres de los cuidados y deberes de la maternidad, yo replicaría que no es tal mi pensamiento; diría también que al ver las tendencias actuales, no he hecho mas que acomodarme á una necesidad que nos ilustra sobre nuestros verdaderos intereses; y añadiría, por último, que lejos de separar la educacion profesional á las mugeres de la ciencia de la casa, al contrario, la noticias de comercio y administración rural, les darian los conocimientos teóricos y prácticos, relativos al desempeño de aquella funcion.

Es preciso, ademas, advertir que la fundacion de casas de asilo, la multiplicacion de escuelas, la instrucción esparcida que tiende á trasformar la domesticidad en profesion, y la industria mercantil, tan ingeniosa en proveer á las mas pequeñas atenciones de la vida usual, han disminuido considerablemente la carga en otro tiempo tan esencial y complicada de las amas de casa. Todas estas consideraciones nos obligan á convenir en que las cualidades de la economía doméstica, reputadas antes por de la mayor importancia, no deben ocupar el primer lugar en la educacion de las mugeres.

Una obrera hábil, alerta y laboriosa que se perfecciona en su profesion, que se hace el árbitro de su suerte, que adquiere comodidades, que es el orgullo y el sosten de sus ancianos padres, ¿no presenta la idea de un destino mas bello y moral que el de la joven desocupada que se consume en el ocio, y que detenida por las falsas consideraciones que sugieren la molicie y la soberbia, se ruboriza á la simple idea de abrazar una profesion?

¿Se deberá desdeñar ó condenarse al olvido en la educacion de las mugeres, la posición de la artista que forma su talento, que consigue renombre y fortuna, y que despide un reflejo de gloria y de ventura sobre su familia entera? Yo pienso al contrario, que se debería conducir á las mugeres empeñosamente por un camino que ofrece tanto movimiento y emulacion.

Tiempo hace que las mugeres reflexivas y estudiosas sin ostentacion, se ayudan á sí mismas, y se muestran dignas, en verdad, de ser ayudadas por el cielo y por las instituciones de los hombres.

Bastante instruccion, lujo y aparato; grandes recursos existen para la educacion de las altas clases; pero tambien las jóvenes sin fortuna tiene derecho á que se les dé la instruccion que les procure un estado. Por lo que á mi toca, cuando levanto la voz á favor de la clase laboriosa á que pertenezco, y cuando la exhorto al valor y perseverancia, siento que me dirijo á quien tiene gusto y necesidad de escucharme: bien se que el estruendo de la moda y de los salones, y el eco atareado que repite tantas opiniones discordantes, no se ocuparán de uno solo de mis pensamientos; este es un mal que me aflige porque puedo retardar el éxito de ideas que juzgo útiles: por lo demás, ¿qué importa? Cuanto tengo que decirte sobre la educacion de las mugeres, se referirá siempre á esa porcion de la sociedad, merecedora de grande interes y servicios.

Ya juzgarás, Angélica, por la importancia que doy á la educacion profesional, si deberé cumplir con empeño, la promesa que te hice en mi última carta, de hablarte de las vocaciones.

Segun las definiciones empleadas por el uso, la vocacion seria un movimiento interior, un llamamiento secreto que nos dice el género de vida á que Dios nos predestina. También se ha dicho que la vocacion era un voto de la naturaleza, al cual no se debia jamás resistir: se ha ido mas lejos, afirmando que habia vocaciones de tal modo permanentes y soberanas, que mandaban con autoridad, se hacian lugar á despecho de los obstáculos, y se colocaban por sí mismas en el rango supremo que les tenia asignado el destino. Como en estas materias está abierto á todos el campo de la observación, aventuraré algunas reflexiones sobre el asunto, y añadiré alguna cosa á las ideas adquiridas, así como otros añadirán despues á las mias.

Cuando se estudia la cadena misteriosa de las evoluciones sociales, se descubre un principio doble que perpetúa su movimiento en el órden de las vocaciones, que son consideradas siempre como privilegiadas ó nefastas. El dogma del bien y del mal, pretendiendo reproducir por todas partes su analogía, ha querido ver naturalezas celestes, al lado de aquellas que se arrastran penosamente por la tierra: él ha establecido en el mundo de la inteligencia una escala inmensa, en cuya cima ha colocado á las criaturas divinas, á los arcángeles del genio y del saber, y á sus pies á las vocaciones rastreras, á las almas serviles condenadas por siempre á la ignorancia y abatimiento. En el mundo material ha dicho á los unos: desde vuestro nacimiento sereis llamados á la riqueza; y á los otros. Estais destinados á la miseria: á estos, recibiréis el apreciable don de la belleza; á aquellos, tendréis las repugnantes marcas de la fealdad.

Sin la aparición del cristianismo, existiria todavia en todo su rigor la red de fierro de las demarcaciones sociales, y el reinado embrutecedor de las castas, comprimiria incesantemente á los pueblos, con su escandalosa fatalidad. El cristianismo, llamando á todos los seres á la conquista de la felicidad eterna, proclamando la igualdad sublime del espíritu, y prometiendo desatar en el cielo lo que fuera desatado aquí en la tierra, rompió las cadenas de las vocaciones afrentadas, y borró la mancha original de los estados.

La inteligencia del último esclavo, levantada á la altura de esas almas estóicas, de esos espíritus selectos, diseminados en las escuelas filosóficas de los tiempos antiguos, es una renovacion  prodigiosa de la que estamos muy distantes aun, de haber sacado todas las consecuencias que puede producir. Declarar que todo hombre posee la facultad de conocerse, la voluntad de vencerse á sí mismo y hacer de estas ideas el principio de la salud de todos, fue un noble motivo de emulacion, fue un vehículo admirable ofrecido á la humanidad.

Cuando se dijo que la inteligencia, ese rayo salido del foco resplandeciente de la luz divina, estaba formada de una esencia que es igualmente pura, envuelta en el cuerpo mas ruin, y animando la mas humilde existencia, que cuando brilla sobre una frente levantada por el destino, se debió preveer que no tardaría en hacerse lugar el reinado de las capacidades, y que se ennobleceria la vida laboriosa.

Pronto, en efecto se ensanchó la esfera de las profesiones, que se distribuyeron libremente entre todos; y las vocaciones nuevas, creadas por el trabajo y la inteligencia, no tardaron en marchar á la par con las vocaciones hereditarias y de derecho divino, quedando así demostrado, que bastara propagar la educacion, para que se multiplicase el número de los elegidos en las sociedades.

Sin remontarse á tiempos anteriores á la grande reforma política ejecutada en Francia, se verá que los votos de la iglesia, los deberes de la familia, y la dirección de la casa, eran las solas ocupaciones de las mugeres que la educacion tenia cuidado de cultivar; las otras profesiones eran obscuras ó despreciadas, y las artes estaban condenadas á la servidumbre. La educacion general, procediendo hasta entonces con la mira de una organizacion moral ó religiosa esxlusivamente, debió, al ocuparse de las vocaciones, limitar su estension; pero al presente, que no son la carrera monástica y los trabajos del interior de la casa, las únicas ocupaciones atribuidas á las mugeres; hoy que se trata de prepararlas en gran parte para la condición directa y determinada de las profesiones de arte ó de industria de todas clases, fácilmente se concibe que las vocaciones deben ocupar un lugar importante y nuevo en la fijacion de las aptitudes y en la direccion de las elecciones: este es acaso, el momento de examinar con escrupulosidad lo que se entiende exactamente por vocacion; de precisar mejor esa disposición que se dice innata en nosotros, eso que se tiene por un llamamiento digno de seguirse como la voz de los oráculos. ¿No seria prudente indagar si se deberá establecer que las vocaciones, tan caprichosas en sí misma, tan vagas y difíciles de conocer; si las vocaciones que á veces aparecen tarde y otras se suspenden temprano, serán la regla única y la medida mas cierta para guiarnos en la decision de los estados? Te diré todo mi pensamiento: yo no veo en las vocaciones mas de un gusto dominante que casi siempre nace en medio de las circunstancias que nos rodean; yo no encuentro nada de fatal, nada de irrevocable en esas inclinaciones que nos agradan, ni en esas repugnancias que nos molestan: yo nada veo que la educacion y la voluntad no puedan convertir á su antojo en penas ó en placeres. Tómense todas las organizaciones antes de la edad de las desigualdades convencionales de la sociedad, y se encontrarán en todos los seres, deseos, versiones y simpatías semejantes. ¿Será preciso que la educacion se canse ó desespere, ante vocaciones tardías, inciertas ó soñolentas? ¿deberá agotarse en contemplar los infinitos matices de la movilidad caprichosa? ¿deberá agotarse en contemplar los infinitos matices de la movilidad caprichosa? ¿crees que deba arrebatarse de admiracion, interrumpirse ó eclipsarse ante esas vocaciones de eleccion que no piden, se dice, mas que una débil cultura para elevarse á altas regiones? Yo afirmo, al contrario, que teniendo todo individuo un destino activo que llenar en este mundo, la educacion, que no puede medir la elevación que alcanzará cada uno, tampoco puede excluir á nadie; ella pertenecerá á todos sin escepcion; ella no podría rehusar á persona alguna sus lecciones ni su asistencia, pues son tan necesarias para el alimento de las inteligencias, como es indispensable el sustento material para la vida del cuerpo.

Jamas se ha hablado tanto de las vocaciones nativas, del genio y de las disposiciones naturales, como hoy que los reinos de la tierra, la gloria y las distinciones de todo género, están en vísperas de caer en poder de las capacidades adquiridas, del valor intelectual, del talento y el saber. Si hubiéramos de dar crédito á los Solones y Licurgos de la época actual, seria bien simple y fácil la tarea de la educacion; ya no se trataria de elevar las almas haciéndolas conquistar la fuerza moral que conduce á la virtud; toda inteligencia iria por sí misma á colocarse al lugar que le correspondía en las zonas trazadas por la nueva ciencia, los pueblos no tendrian mas que marchar á alinearse en la cuerda; y en vano el dedo de Dios habría borrado las demarcaciones superiores que residian en la fuerza física y la belleza corporal, si de nuevo se nos había de sujetar á obedecer á la casualidad del nacimiento, que solo conoce lo arbitrario en sus reprobaciones y en sus favores.

De este modo se anularia el libre albedrío y se pararia la carrera de la voluntad ante las vocaciones privilegiadas basadas sobre la excelencia de las fibras intelectuales.

Con facilidad se adivina cuán eminente seria entonces la tribu de la predileccion, la cual juzgaria las organizaciones, poniendo límites y trazando de un modo indeleble los lineamentos reguladores de cada destino.

Admítanse, si se quiere, las clasificaciones de todos los órdenes; pero no se afirme que en cada generacion hay para cada individuo vocaciones escritas y marcadas por la naturaleza orgánica.

Las caprichosas revoluciones y los contrarios movimientos que se ejecutan en los destinos de un mismo pueblo y de un mismo individuo, nos muestran el influjo incesante de las instituciones humanas sobre los hábitos y las costumbres. La educacion se presenta siempre á nuestra vista como señora de las vocaciones, y acomodando las inteligencias al género de vida, á las opiniones y á los diversos gustos que reclaman la necesidad y el tiempo.

Las vocaciones individuales pueden obedecer á la voz del deber y de la voluntad, como las de los pueblos se doblegan á la palabra de los legisladores ó al mandato de los déspotas. ¿Seria por seguir la vocacion conforme á la organizacion moral y física de las mugeres, que se daba á las jóvenes espartanas la misma educacion que á los hombres, enseñándolas á correr en el estadio y á lanzar el tejo y el venablo en presencia de los reyes, de los magistrados y de los jóvenes, á quienes escitaban á la gloria ya con elogios, ya con ironías? Era una condición bien cruel, y muy distante del sentimiento maternal que conocemos al presente, la que llamaba á las mugeres espartanas á la vocacion de madre: una de ellas, habiendo recibido la noticia de que su hijo habia muerto en el campo sin abandonar sus filas, respondió: “Que lo entierren, y que su hermano vaya á ocupar su lugar.”

La edad media, según su genio y sus necesidades, inspiró á un tercio de las poblaciones que encerraba en los claustros, la vocacion del celibato. Pregúntese á un musulman lo que piensa de la vocacion de las mugeres, y responderá que Mahoma las llama á la reclusión y al reposo.

La educacion no tiene que indagar los derechos nuevos de la mujer, ni las futuras vocaciones sociales que la Providencia hará predominar en ella: su mision es fecundar en las generaciones á quienes enseña é instruye, toda la fuerza intelectual y moral de las facultades cuyos gérmenes ha prodigado el Criador.

Mr. de Bonnald define al hombre una inteligencia servida por los órganos. Yo creo que la educacion debe preferir la definicion del fundador de la enseñanza universal, que llama al hombre ó á la mujer una voluntad servida por una inteligencia. Con Mr. de Bonnald, podria creerse en las vocaciones fatales que deberían nacer de la desigualdad material de los órganos; con el pensamiento de Mr. Jacolot, mas religioso y vasto, las vocaciones son libres como la voluntad.

No hay mas que una sola inteligencia que obedece á todos los gustos y á todos los deseos; pero la conciencia es el juez de la eleccion, la razon hace mover á la voluntad, y se somete á la moral que traza el deber.

Mas no se trata de apelar á la naturaleza; el natural de la infancia, como el de la edad viril, es casi siempre la indolencia y la pereza; si se hubiera de consultar á los caprichos y movilidad de los niños; si se hiciera consistir el estudio en el atractivo y el placer, los resultados morales é intelectuales quedarian grandemente comprometidos. A menudo se habla de esas naturalezas felizmente dispuestas, de esas organizaciones aparte que comprenden todas las cosas sin trabajo; se citan inteligencias que hacen en una hora lo que á otras cuesta dias enteros de atencion y estudio: estos son fénix que estoy por encontrar todavía; yo siempre he visto que el niño que no se aplica; que el alumno no disipado y frívolo se cansa pronto del nuevo deber, del modelo ó trozo de música que puede variar á su gusto, lo mismo que de los estudios durables que se le imponen; que la niña destruye con igual velocidad el juguete que la divierte, como el cansado libro en que aprende á leer. Precisamente porque cuesta muchos esfuerzos, y tiene mil dificultades que vencer, es por lo que se da grande aprecio á la posesion del talento y de la ciencia: no hay profesion, por clara que sea, que no cueste suspiros y lágrimas. Si la razon y la fortaleza no asegurasen incesantemente las profesiones vacilantes, no se verían mas que despojados fluctuantes y hábitos colgados de los espinos que están al margen de los senderos que conducen á las profesiones.

Examinado el órden actual de los estados á que se consagran las mugeres, se notan en cuatro divisiones distintas: la vocacion religiosa, la enseñanza, las bellas artes y la industria.

La profesion monástica, constituida desde tiempos muy antiguos, se perpetúa bajo la proteccion de la Iglesia.

La única enseñanza profesional que existe organizada para ellas, es el conservatorio de música; todavía no se ha fundado para ellas una escuela de dibujo y de pintura: se ven levantar suntuosos palacios, escuelas espléndidas destinadas al estudio de las bellas artes, y no hay quien pregunte por qué tantas mugeres que contrarían en la práctica del dibujo y de la pintura una profesion lucrativa, no tendrán derecho á ocupar una parte de esos anfiteatros? ¿por qué no les alcanzarán el provecho de los benéficos recursos que esas escuelas prodigan á los jóvenes que las frecuentan? Si la fundacion del conservatorio ha sido de urgente necesidad, es preciso convenir en que ha presentado dificultades de mucha magnitud, ante las que sin embargo, no ha retrocedido el genio organizador del imperio: mas cada una de estas especialidades, pide un capítulo aparte, que yo me propongo someter á tu exámen.

No he olvidado que te prometí con mi última carta, ocuparme de los pormenores de un plan orgánico, para la enseñanza de las profesiones industriales. No hayas á creer que he formado el designio de trazarte las proporciones materiales de tal institucion, á menos de hacer una obra ideal, de concebir un proyecto de fantasía sin aplicacion posible, no se pude creer una concepcion de algun valor, si no se poseen dimensiones y documentos ciertos para la realizacion del plan. Lo que se puede hacer con utilidad, es franquear materiales al pensamiento que concina el conjunto de tal edificio: yo deseo principalmente, hacer conocer la posibilidad de su creacion.

Las comunidades religiosas del tiempo pasado, las de nuestros dias, y la casa real de S. Dionisio, tan sabiamente administradas por mugeres, bastarán para manifestar que ellas poseen las cualidades necesarias de órden y de economía, el carácter y la gravedad esenciales para la direccion de grandes establecimientos; el grado de instrucción á que han llegado hoy las mugeres, permite encontrar en ellas todos los conocimientos que necesita la enseñanza de las profesiones industriales. ¿No se podria ver tambien como una base importante, un elemento práctico, fecundo en resultados, el principio admitido en los aprendizajes de asignar un salario al aprendiz, despues de dos ó tres años de tiempo y de trabajo, empleados gratuitamente en la adquisicion de un estado? Este modo serio y real de ver los estudios profesionales, seria absolutamente distinto de la enseñanza de las teorías y de la aplicación seguida hasta el dia, ó jamas tendrán los alumnos medios de ganar su vida al salir de los bancos de la escuela.

Grandes ventajas resultarían de reducir á práctica la enseñanza, de producir y fabricar realmente como sucede cada dia en todos los talleres industriales, en donde se utilizan hasta los primeros ensayos de los mas jóvenes principiantes.  Este método daría una importancia saludable á todos los trabajos, facilitaría la economía de materiales, daría á los estudios el aspecto de ocupaciones serias y productivas, y acostumbraria á los alumnos de la industria á la brevedad y esactitud: una medida tal, les formaria un carácter atento y aplicado, muy distinto de las inclinaciones frívolas y disipadas de los alumnos de la enseñanza general, que tienen tanta propensión á adquirir los hábitos indolentes y ligeros, de los niños de la clase rica.

Se puede presumir que la fundacion de una enseñanza tan poco conocida como la de las profesiones industriales, debe presentar numerosas dificultades. ¿No seria importante fijar la jerarquía de las profesiones mas seductoras, y mas ventajosas unas que otras: pues bien, cuando se viera al mayor número de los alumnos decidirse por los mismos estados á despecho de las vocaciones que se dicen naturales, ¿en qué sentido convendría obrar? ¿no seria urgente establecer graduaciones de estado, no permitir el ascenso á ciertas profesiones consideradas superiores, sino despues de haber salido excelentes en las que se consideran inferiores?

Tambien convendría guardarse de seguir el órden adoptado en la fabricacion de los talleres ordinarios, en los que se fracciona la confeccion de las obras en una multitud de partes diferentes: fácil es conocer que subdividiendo así un arte por trabajar con brevedad, se emplea un procedimiento de esplotacion, un espediente de fortuna creado por los empresarios, cuya costumbre es antiprogresiva, y no puede formar sino prácticos ciegos y rutineros.

Por esto me parecería muy bien que se admitieran en una enseñanza tan social como la de las profesiones, el principio de la emancipacion intelectual. Con este pensamiento de las inteligencias independientes, inspirado á todas las voluntades, la perfeccion no tiene límites, y todo individuo puede adquirir una originalidad distinta, si él sabe desconfiar de la movilidad que, en vez de concentrar su atención entera á un solo punto cuyas relaciones son infinitas, pasa de un objeto á otro creyendo encontrar siempre nuevas percepciones.

Las mugeres dedicadas á las profesiones, tiene todavía mas necesidad de emanciparse que los hombres, para que su inteligencia no sea subyugada, ¿por qué se dejarian imponer fracciones de estado, cuando son capaces de concebir y de practicar el conjunto? Importa principalmente, enseñar á todas la confianza en la voluntad propia: cuando se sabe querer, no hay estado mediano, ni posicion por obscura que sea, que no se pueda mejorar. Se creería que abandonándose á la atraccion de una vocacion seductora, la inteligencia debia duplicar la velocidad de sus adquisiciones: frecuentemente sucede así; pero la fuerza de la voluntad viene muchas veces á debilitar la regla, multiplicando las escepciones: así como se ve crecer el afecto de una madre hácia el hijo desgraciado y malo que aumenta su pena, del mismo modo se ve al alumno cultivar con amor el ingrato estudio que le cuesta tantos esfuerzos y vigilias.

Hay un peligro real en hacer consistir en las vocaciones nacientes la esperanza de la enseñanza, y en tomarlas por signo precursor de grandes obras; porque en definitiva, toda vocacion no tiene valor, sino cuando viene á acreditar en la mitad de una carrera, los méritos de un renombre noblemente adquirido.

Pero es necesario terminar ya esta carta: siento haber dicho poco sobre una materia tan estensa: otro dia te hablaré de las vocaciones que enseñan.

Hasta otra vez, querida amiga; al dejar la pluma me considero doblemente feliz, tanto porque he llenado mi objeto, como porque mi pensamiento ha quedado mas libre para consagrarse todo entero á ti. Josefina Bachellery.

 

 

CARTA QUINTA

VOCACION DE LA ENSEÑANZA.

Si es cierto, amiga mia, que hay cierto resplandor en las disposiciones, ó cierta voz secreta que nos llama á la eleccion de las profesiones, á la que es preciso responder con una sostenida perseverancia, que no hay ciencia ni genio que no demande continuos estudios, ni moralidad que no se forme sin habitudes contraídas penosamente y en fuerza de tiempo, convendrás en que lo que mas importa á toda vocacion, es la elevacion de alma y el poder de la razon. Siempre existirán estados muy penosos que llenar; para desempeñarlos, se requiere una gracia especial venida de lo alto, ó un mandato espreso de la sociedad misma, y sin esto, un gran número de personas estarían condenadas al sufrimiento: parece que esta necesidad es bastante para hacer presumir que la ley del sacrificio debe durar tanto como el mundo.

Lo pasado de donde hemos salido, y lo que nos ha quedado de sano y de moral despues de tantas vicisitudes subversivas, todo tiene impreso ese carácter civilizador y religioso. Para constituir una vocacion, la moralidad que regia en los últimos siglos, sabia, consultando los gustos y aptitudes de sus elegidos, rectificarlos y conducirlos: ella se aplicaba á fortificar á la debilidad, insistiendo en los preceptos del deber: ella señalaba con el dedo la obra que se había de ejecutar, y como Dios y la felicidad futura sean el objeto y el fin de todas las cosas, por rebelde que sea la inclinación contraria, mas de una voluntad inflexible termina por sucumbir ante el terror del eterno castigo.

Me han ocurrido estas reflexiones al hablar de la vocacion de la enseñanza por la resignacion que ella exige, pues no conozco una condición que mas necesite buscar fuera del mundo la recompensa de sus méritos. En nuestros días, esta carrera ha tomado una estension notable entre las mugeres. Sin una direccion  suprema como tienen los hombres, algunas mugeres hábiles, solamente para utilizar sus relaciones de familia, esplotan la enseñanza como una industria; otras, perteneciendo á las clases pobres, escogen esta vocacion, sin una instruccion prévia, como un arbitrio para escapar de la miseria. Sin embargo, ninguna alma capaz de aspiraciones generosas, puede encontrar en ninguna otra situación un medio mas feliz de hacer el bien.

La que solicite una grande y rápida fortuna, no es ciertamente en la carrera de la enseñanza donde debe buscarla; pero sin penetrada del deseo de ser útil á sus semejantes, quiere encontrar la dicha en la propia satisfaccion y en los gustos serios y sencillos, puede dirigirse por este camino, no obstante la multitud de concurrentes: tan rara vez se encuentran en ellas las calidades esenciales de esta profesion, que todas las que dentro de sí misma estén seguras de su capacidad para dirigir á otras, se hallarán siempre bien con una profesion que les proporcionará una suerte modesta y honrosa.

Yo creo que para formarse idea exacta de los deberes de la enseñanza, es necesario distinguirlos de la enseñanza pública de los de la privada. Aunque el cargo de preceptora particular tenga sus rigores y sus exigencias, aunque pida virtud é instruccion  poco comunes, se puede desempeñar con menos dificultad que el de preceptora de enseñanza general. La direccion de una ó dos niñas, no es comparable á la de una clase entera. Tal maestra que conserva suficiente presencia de espíritu para hacerse obedecer de una sola educanda, no tiene muchas veces ni entereza ni habilidad para mandar á mayor número.

Las obligaciones morales, y la práctica de la enseñanza pública, son mas difíciles y graves de lo que se imagina: parece que la profesion de maestrra deberia ser el prolongamiento natural de la instruccion ordinaria; pero lo cierto es que todavía me pregunto á mí misma, cómo un gran número de mugeres viven satisfechas de un empleo de que se encargan con tanta ligereza.

Por desgracia no hay para las mugeres ningún establecimiento en que puedan encontrar la direccion suprema y las teorías de la enseñanza pública que son tan indispensables: la instruccion se ha estendido y fortificado entre las mugeres de un modo notable, y se ha ejecutado este movimiento por imitacion de los hombres y bajo la inspiracion de las familias. El progreso de las instituciones públicas dirigidas por ellas, ha sido un resultado mas bien que una causa, porque constantemente las han detenido en su carrera, la ignorancia y las preocupaciones. Acaso las maestras tímidas y superficiales, como son la mayor parte de las mugeres permanecerán todavía por mucho tiempo estrañas é indiferentes á los brillantes trabajos de enseñanza que los hombres mejoran, así como á los nuevos puntos de vista que se dirigen diariamente. La señal mas cierta de la nulidad moral y científica de las mugeres que gobiernan las grandes casas de enseñanza, es su empeño de frecuentar el mundo, y el fastidio que esperimentan por los estudios y las lecturas; su repugnancia para ocuparse de explicaciones penosas, por gustar en su residencia habitual de todas las dulzuras de una vida de lujo y de regalo. Una prueba evidente de la incapacidad y vanidad lamentable de las maestras jóvenes, es el desprecio con que miran la instrucción de las principiantes, y la grande indolencia que manifiestan respecto de las niñas tiernas. Causa compasión ver á aquellas despreciar y desconocer un estudio tan bello, y las provechosas observaciones que pudieran hacerse de las primeras luces de la niñez, por dedicarse únicamente á la enseñanza de las clases superiores. Se desconoce con frecuencia una profesion tan noble y útil, porque se sirve con altivez y se juzga humillacion encargarse de minuciosidades y de la trivialidad de los multiplicados servicios que reclaman.

En cuanto á la enseñanza privada, ya sabes lo que sucede. Cuando una joven se presenta en una gran casa para ser maestra de las niñas, lo primero que ignora es el tamaño de las obligaciones propias del trabajo que desea emprender: respecto de este punto, se encuentra muy lejos de participar de los escrúpulos que ocupaban al inmortal preceptor de Emilio: la grande preocupacion de las dos partes contratantes, es la negociación; el sistema de enseñanza que haya de seguirse, es lo de menos. Ademas, se sacrifica voluntariamente la instrucción y los méritos esenciales de una excelente maestra, á la necesidad de un mediano talento musical; se escoge de preferencia un mentor artista, en consideracion á la agilidad de los dedos. El piano parece que se ha hecho el objeto principal de la enseñanza de una niña y su educación, se mira como una cosa accesoria. Tal es la frivolidad con la que se trata las mas veces un negocio tan serio. “Para hacer á un hombre, decia Rousseau, se necesita ser padre,” y yo diria, para  hacer de una niña una mujer, se necesita ser madre. Una madre que enseñase á sus hijos, les comunicaria segunda vez la vida, y añadiría la maternidad de la inteligencia á la de la naturaleza. Nada puede igualar á la felicidad de una madre que se gloría de haber contribuido por sí sola á la educacion de su hija: las madres que se desembarazasen de esta apreciable carga, cúlpense á sí misma si los progresos y carácter de sus hijas no corresponde á sus deseos. Qué ¡vuestra paciencia y vuestra mansedumbre se han cansado al primer ensayo! Vuestro humor se agria muy al principio; habeis entrevisto cuanto había que hacer, y por un módico salario, pedís todo esto á una estraña que tiene bajo su cuidado otras muchas niñas; creis que basta un diploma para hacer todas estas maravillas: pues os lo repito, la vocacion de la enseñanza privada, consiste sobre todo en el desprendimiento y la moralidad. Pero baste os digo con asegurar que ella es igualmente accesible á las madres pobres, como á las que han sido colmadas de los dones de la fortuna. El buen éxito de los estudios no exige la ciencia y talentos que generalmente se piensa; Montaigne puede venir á auxiliarme en ente punto. “No cesan, dice, de atronarme los oídos con las dificultades de la enseñanza, y el cargo de un maestro es repetir lo que se le ha dicho, con el agregado de observar los ánimos para hacerles gustar de las cosas, escogerlas y discernirlas, abriendo algunas veces el camino á los discípulos, y otras dejando que ellos se le abran: yo no quiero que él invente y hable solo, sino que tambien escuche á su discípulo cuando hable”.

Así es como debe cubrirse con un velo la erudicion, y disfrazarse el saber delante de la paciencia. Despues de Montaigne, se ha dicho que seria mucho mas fácil á los maestros hacer muestras de lo que saben, que obligar á los alumnos á hablar, y examinar á cada paso si han fijado la atencion en el objeto de su estudio. Además, con la obra material, el resúmen ó modelo especial para cada arte ó ciencia, se fijan juntamente la atención de maestro y discípulo, y es mas fácil corregir los defectos en que este incurra, siempre que á aquel no lo abandonen jamas la exactitud y la constancia. Porque no se trata solo de asegurarse si el alumno ha visto y trabajado bien, si no si ha procurado hacerlo. La repeticion, el trabajo y la ingeniosa naturaleza, harán lo restante.

Si por lo que va espuesto vemos los cuidados que requiere una educacion aislada, ¿qué pensaremos de una directora de pension, que tiene gran número de educandas, y de la maestra que enseña á una clase numerosa?

Yo quisiera, amiga mia, no omitir nada de la dificultad y de las miserias de la enseñanza pública en la época actual: yo creo que en todos tiempos ha sido necesaria, atendida la condición de las preceptoras, y la constante oposicion de la edad madura y razonable, con la de la loca juventud, una dosis de amenidad y de constancia, que haga la gloria y la santidad de esta profesion: el consuelo mas dulce, y el socorro mas eficaz que puede recibir, es el de ser apreciada por la confianza absoluta de los padres, y el de formar un todo con la moral fija y viva que se practica fervorosamente y con entusiasmo en el interior de las familias; porque entonces la enseñanza no tiene los escollos que presenta en épocas de duda y de desórden moral, tales como las del tiempo en que vivimos: entonces la enseñanza se convierte en una funcion religiosa, respetable y colocada en una jerarquía que hace fácil el ejercicio de la autoridad, y representa atractivos á la obediencia. Hablar una hora o dos sobre un arte ó una ciencia, cautivar un auditorio juvenil por lo brillante de las demostraciones, nada prueba en cuanto á la serenidad del alma y la excelencia del carácter que es preciso tener para pasar su vida entera en dirigir niños.

En este punto, la mas humilde maestra de escuela de un pueblo que conserva su calma y su dulce paciencia en medio de los rústicos troncos que la rodean, es tan acreedora al aprecio, como la directora de un gran establecimiento confiado á su cuidado. Es preciso haber ejercido semejante profesion, para tener una idea de las aflixiones que produce en las personas que la desempeñan, cumpliendo fielmente con su conciencia. Como la impasible roca resiste á la tormenta que se renueva sin cesar, la profesora de enseñanza, debe oponer el valor y la dulzura al aturdimiento y ligereza de la niñez y de la juventud. Para desempeñar sus difíciles funciones, se necesita de todo el vigor y animacion que presta la juventud, á la que únicamente respeta y obedece en nuestros desgraciados tiempos la juventud; sin embargo, antes de los treinta años, no es fácil que una mujer haya podido adquirirse un nombre respetable en el ejercicio de la enseñanza, adoptando á sus alumnos con la ternura y dedicacion que tendria con sus hijos propios.

No basta tener ciertos gustos literarios, poseer el talento de agradar y de presentarse con los modales y el lenguaje de la sociedad cultivada; no es bastante un exterior severo, ni poseer aquella exactitud que impone el deber sin escederse de él por ningún motivo; estas son cualidades vulgares con las que si el mundo se contenta, es solo á falta de otras mejores, y que por lo común acompañan á las distracciones y á la frivolidad de las costumbres del gran mundo.

En general, cuando yo veo á una joven que aspira á ser profesora de enseñanza, complacerse en una lectura á la moda, tomar placer en un elegante bordado ó en un gracioso tapete que destina para su uso, en medio de sus alumnos desatentos cuya petulancia exige una instantánea vigilancia, hago tristísimos presagios. Cuando la veo demasiado cuidadosa de su compostura y de sus adornos personales, ó por el contrario, muy negligente en su vestido ó peinado, o muy familiar con sus discípulas, y que al oir la hora de la salida de la clase deja divisar en su semblante el mismo júbilo que manifiesta un niño al desembarazarse del estudio como de una carga pesada que abruma sus débiles hombres, no la creo muy digna de la confianza que han hecho de ella los padres que le han acordado la suya.

Yo reconozco la marca invariable de la vocacion franca á la enseñanza en una joven, en su amor á los niños, en verla siempre rodeada de sus alumnos, y en que todos sus pensamientos se dirigen á la perfeccion y á la solicitud de la pequeña grey confiada á su cuidado. Piadosa y modesta, siempre exacta y puntual á la hora en que debe empezar los diversos ejercicios de la escuela, buena y llena de confianza para con sus discípulos, y haciendo que todo sirva á su instruccion, son las circunstancias que la constituyen una madre adorada de sus tiernas hijas, y un modelo seductor que las grandes imitan por instinto y por placer.

Por el grande atractivo que encuentra en las lecturas serias y provechosas, se puede adivinar cuál es la que aspira dignamente al importante arte de la enseñanza. Su pequeña biblioteca puede dar una idea del juicio y sensatez en sus estudiso. Fenelon es su modelo de razon elocuente y de sabiduria persuasiva: Bossuet, Massillon y Fleuri, le sirve para estudiar en ellos el talento de la palabra, la elegancia de la forma y el calor de la espresion. Hay tambien los mejores moralistas y las obras de educación escritas por mugeres célebres. La literatura está despues como una distracción, y á estas cualidades, agrega por último, un sentimiento profundo por las artes, sin la menor afectación y con toda la bondad y gracia del saber.

Despues de esta aplicación y de una voluntad tan firme de progresar en un camino tan estrecho, dime, amiga mía, ¿si podrá dudar ninguna joven profesora con respecto á su porvenir, y si no encontrará en todas partes señales sinceras de afeccion y de interés? Creeme, existencia consagrada de este modo á la felicidad de los demas, no es una posicion comun, que se busca como tantas otras por el brillo ó riqueza que proporcionan. Los disgustos que presenta, las raras perfecciones que exige retraerían á cualquiera, á no ser por la fuerza del pensamiento religioso. Al ver la austeridad de conducta y la abgegación estrema que demando para esta vocacion, acaso se pensará que la educacion de las comunidades ó conventos, es la que me parece mas adecuada. No pienso de este modo.

Venero y aprecio las instituciones religiosas, las considero como un asilo misterioso, y un refugio consolador para algunas almas aisladas, á quienes reanima todavia la fe; pero en clase de instrucción, no las creo útiles. Debe reconocerse la estabilidad, el principio de órden y asociación que hacen su poder y su seguridad; pero en los tiempos presentes, la enseñanza que se da en los conventos, no está de acuerdo con la civilización actual. ¿Cómo concebir en efecto, la enseñanza en todo lo que toca hoy á las ardientes investigaciones de las inteligencias, á la dirección esencial de las cualidades del corazón, á las relaciones del mundo, de las costumbres y del interés, á todos los lazos de familia, á la independencia, y á la diversidad de las ideas, de las situaciones que componen la vida real y animada de una sociedad como la nuestra, cuando las separa una barrera impenetrable? ¿Cómo dar consejos prácticos y señalar los escollos, cuando no se tiene sino sagacidad negativa, cuando solo se pueden ofrecer precauciones preventivas para el uso de las personas ricas, ó procurar conocimientos limitados y oscuros, destinados á las generaciones pasadas? ¿De qué manera las artes divinas y la ciencia fecundarían el retiro del claustro? ¿Ni cómo podrían difundir los conocimientos científicos y artísticos las corporaciones, cuyos estatutos inmudables les hacen ver con horror todo progreso? No es á la verdad el estado en que se encuentran hoy las comunidades religiosas, tal que pueda pertenecerles la educación de las mugeres. Las costumbres en esos lugares son demasiado pueriles y minuciosas, y emplean mucho tiempo en prácticas exteriores, para dejar de producir cierta inacción en el espíritu en cualquier otra materia que no sea el sentimiento religioso. La vocacion de la enseñanza está necesitada á buscar en otra parte su fuerza y su luz. Al poder individual, á la iniciativa libre y espontánea de la inteligencia,  y al impulso tanto moral como activo de las madres, deberá sus adelantos la educacion femenil, mas bien que á la lentitud de los procedimientos usados en las escuelas públicas.

Sorprendida por la marcha ascendente de una razón y de una madurez desconocidas hasta ahora de la mugeres, todos se esfuerzan á secundar su celo sin poner límites á su instrucción: a ver esa avidez que las anima, todo el mundo se apresura á trabajar en su elevación y su felicidad, pero con la condición de medir la suma de ideas compatibles con su complexión natural.

La educacion pública, y libre de las comunidades religiosas, no son las que han de dar á conocer que las mugeres tienen un valor intelectual igual al de los hombres, pues que solo pueden ofrecer principios restringidos á las necesidades de la época, que exigen para el bienestar material de las mugeres, una instrucción positiva.

Pero la enseñanza maternal no está contraída á someterte á estas doctrinas que adormecen las facultades; por esta razon yo estoy convencida de que la instruccion de las mugeres producirá los frutos mas maduros y brillantes. Una mujer ocupará una posicion social, dando pruebas de la superioridad de su talento, igual al de los hombres.

La instruccion pública de las mugeres finalmente, permanecerá todavía por mucho tiempo débil, si se atiende á que ella se regenera por las ideas y las ciencias nuevas, y que encuentra todo su vigor en el poder intelectual de las mugeres, sin el que nada puede cimentarse en la educacion. Josefina Bachellery.

 


[1] Por una Madama Josefina Bachellery, “Educación de las mujeres”. Recopilación de: Panorama de las señoritas: periódico pintoresco, científico y literario; contiene varias viñetas, algunas láminas sobre acero, estampas y música litografiada, Tomo I, México, 1842.  Cinco cartas: pp. 177-183, 214-221, 241-250, 321-333, 517-525. 

Panorama de las señoritas fue una revista profundamente comprometida con la educación de las mujeres; no sólo invitó a escritoras y escritores mexicanos a expresarse sobre el tema, sino compró, tradujo y difundió obras de escritoras francesas como Madame Josephine Bachellery quien, en 1838, había escrito un ensayo promoviendo la educación de las mujeres en todos los campos, no sólo la música, para que pudieran llegar al matrimonio sin llevar una gran dote, sino un trabajo honesto. En el momento de la redacción del texto, finalmente publicado en México en 1842, las condiciones de la educación de las mujeres blancas y mestizas claras, de los sectores acomodados de México, no eran muy diferente a las francesas.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:47 am

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