Ideas feministas de Nuestra América

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C.2 Anónima/o, “De la influencia de las mujeres en la política”, México, 1842

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Anónima/o, “De la influencia de las mujeres en la política”,[1] México, 1842

[Texto proporcionado por Gabriela Huerta]

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¿Quién no ama á las mugeres? Ningun hombre es feliz ó desgraciado sino por ellas. Su influencia, como la de la lengua, segun Esopo, es generalmente la mejor ó la peor de todas las cosas; y sobre todo, en su historia política jamas puede encontrarse el menor rasgo de un justo medio. La muger adorada ó aborrecida siempre se ve perseguida ó protejida; Cárlos X es por ellas segun las circunstancias, el modelo de los reyes caballeros; Bonaparte es el tigre de Córcega. El tire de Córcega, título que ha sido inventado por las marquesas del barrio de San German. Escuchemos si no á Madama de Staël hablando de Napoleón en sus diez años de destierro, y veamos las lágrimas que derramó sobre aquella cabeza ilustre, modelo del amor propio humillado. Leamos las Memoria de Madama Roland, y sus elocuentes plegarias a favor de los Girondinos. Sigamos á Carlota Corday en el tribunal revolucionario, y veremos aquella calma imponente, y aquella noble fiereza de una pasion satisfecha. Murat acaba de perecer herido de un golpe mortal por la mas hermosa y mas blanca mano. Todas estas mugeres son sublimes, apasionadas, pero no han tenido demasiada influencia, porque les faltaba un pueblo de mugeres capaces de comprenderlas: han pasado como un brillante meteoro muy por encima de su sexo para ilustrarlo ó alentarlo; y la modestia de sus contemporáneos se ha limitado á decir de ellas al elogiarlas, que eran hombres.

¿Y por qué no habrían quedado en la clase de mugeres? ¿Acaso faltaba vanidad á Madama Staël, ó deseo de brillar á Madama Roland? Desgraciadamente es lo que las ha perdido: así es que cuando llega el instante de aplicar su admirable talento á la causa pública, la rudeza positiva de Napoleon, destierra á Madama de Staël á Coppet; y la comision de salud publica envia al cadalso á Madama Roland. De aquí se deduce que estos dos bellos ingenios femeniles, no se habían elevado sino para tener la desgracia de los seres privilegiados, dotados mas profusamente de la naturaleza que se ha mostrado en ellas con la mayor prodigalidad. Estos tristes resultados son debidos sin duda á la ignorancia en que los hombres han dejado después de tantos siglos á la mas bella mitad del género humano, con respecto á los grandes intereses políticos que necesitan conocer, tan bien como ellos mismos.

¿Podrá creerse que una guerra que diezmará a sus hijos, que una ley que puede cambiar su posición social, o que una revolución que acaso va á comprometer la seguridad de sus maridos ó de sus padres, no tenga importancia alguna para las mugeres? No, sin duda. Pues bien, si no se les enseña nada sobre aquellas altas cuestiones en que su sexo debe hacer un gran papel, y en que tanto deben jugar su valor, sus consejos y sus lágrimas, el resultado no será otro que obligarlas á seguir á ciegas la fortuna de sus padres ó de sus esposos, sin saber lo que pasa á su derredor, como aquellos pasageros estúpidos que á bordo de un buque ignoran absolutamente el mecanismo y artificio con que se dirige en medio de las aguas. De aquí proviene lo raro que es encontrar hoy una muger capaz de dar consejo útil á su marido en esta larga serie de vicisitudes politicas, en que se suceden las revoluciones tal vez con mas frecuencia que las estaciones. Estrañas aun á los primeros elementos de los negocios públicos, é inhábiles por lo comun para jurar de la gravedad de las crísis mas vulgares, ¿cómo podrán las mugeres venir al auxilio de nuestra conciencia, ó de nuestra energía en aquellos momentos decisivos en que la menor inconsecuencia puede perdernos?

Lejos de esto, frecuentemente las mugeres son las que nos pierden. Su virtud que se indigna al solo pensamiento del menor olvido de un deber, su gusto esquisito por las comodidades, y su sagacidad enemiga del ridículo, no les impiden colocarnos subvente en el precipio en que todo hombre publico pierde para siempre su consideracion. La mayor parte de los diputados acaso se ven comprometidos en los cuerpos colegiados por el deseo de mejorar la posición de sus mugeres, y de obtener algun destino para sus parientes ó un cómodo porvenir para sus hijos. Hay muger que se llenaria de cólera y de indignación al aspecto del menor regalo que le daria á conocer las miras de un seductor, y que sin embargo se apresura á recibir ofrecimiento ó el despacho de un empleo ó de una diputacion para su marido. Así se corrompen las conciencias politicas al par que las costumbres; y mugeres por lo comun virtuosas, son muchas veces los autores de estas corrupcion.

Mas ilustradas sobre la fragilidad de las cosas políticas, las mugeres deberían moderar en vez de exitar en sus maridos ese furor de empleo-manía, y aun enseñarles á salir de una posicion equívoca con aquel modo ingenioso con que saben tambien sustraerse de los riesgos de una conversación demasiado acalorada ó de un compromiso. Pero estas reformas saludables nunca podrán efectuarse bajo la influencia del actual sistema de educación femenil. Mientras que las artes superficiales sean como lo son hoy en la mayor parte de las casas de educación de las mugeres, las únicas bases en que quiere fundarse su instruccion; mientras que nuestras jóvenes solo tengan que dar un salto desde el catecismo y la almohadilla hasta el lecho nupcial para adquirir un rango en la sociedad política, nada bueno debe esperarse de la influencia del bello sexo, y continuaremos viendo siempre el triste espectáculo que se presenta hoy á nuestra vista: las discusiones del bello sexo solo estarán reducidas al adorno de los peinados, lo mas ó menos largo de los vestidos, y lo mas o menos vistoso de las telas.

Es necesario desengañarse; por desgracia esta es la ocupacion de las mugeres de este siglo; y mientras que todo anuncia un nuevo órden social, las mugeres, indiferentes espectadoras de esta gran crísis, están muy lejos de prepararse á un acontecimiento de tanta importancia. Reducidas á su bondad natural, tienen lágrimas en abundancia a favor de todos los desgraciados, compasión para todos los heridos, y bastante afecto con respecto á aquellas personas á quienes aman; pero difícilmente encontrará un esposo en los brazos de su muger, aquella firmeza que sostiene, aquella energía que da valor, y aquellos consejos oportunos de que necesita mucho mas de lo que se cree generalmente. ¡Dichosos aquellos ingenios, que luchando á pecho descubierto con semejantes preocupaciones, pudiesen hacer mas firmes á los hombres, al aspecto de la desesperación ó de la tristeza de sus bellas compañeras! Porque en efecto, ¿con qué ojos podrán ver la pérdida de sus hombres, de sus empleos ó de su industria destruida por la tempestad de las revoluciones, si solo tienen á su lado á una muger que por lo comun carece de instrucción sobre el estado político de su país?

Es indispensable, por lo mismo, cambiar de sistema, y ya es tiempo de que los hombres, por lo menos los jóvenes, procuren mejorar la educacion de sus mugeres, haciéndolas adquirir los conocimientos útiles que no han recibido en su educacion antes de tomar estado. Que dejen por algun tiempo la dedicacion esclusiva al piano ó al canto; que abandonen la multitud de niñerías que prolongan tanto la infancia del género humano y la menor de edad, por decirlo así, de las mugeres; que les hablen de los grandes inte-reses sociales, y que las instruyan del modo mas conveniente, para que sean las compañeras del hombre y no sus esclavas. De este modo, hermosas siempre con la belleza de sus encantos, y bastante ricas con sus virtudes, conseguirán con su talento cuanto no hayan podido conseguir con su buen sentido. Pero ¿dónde podrán encontrarse esas mugeres de buen sentido? ¡Será tiempo oportuno cuando hayan llegado á la vejez! ¿Y la moral tendrá buen olor cuando se escuche de una boca sin dientes? Es pues indispensable que la instrucción del bello sexo se proporcione á las jóvenes, armándolas del saber necesario para responder á quienes solo tratan de pervertir su inocencia con floridas galanterías. Mientras mayor mérito é instrucción tenga una muger, estará mas al abrigo de la seduccion y de los reveses de la fortuna.

Las lágrimas sorprenden á mis ojos al pensar en la suerte de esta interesante porcion de la especie humana, á quien se adula y lisonjea durante ocho ó diez años de su vida, para desdeñarla en seguida durante mas de treinta. Conozco jóvenes encantadoras condenadas á ganar cantidades miserables á fuerza de penosas tareas, mientras que veo á otras disfrutar de un lujo que solo el vicio puede proporcionarles. ¿Por qué las mugeres no podrán aspirar á un porvenir como los hombres? ¡Triste reflexion para las que parece no haber sido llamadas á participar de los bienes intelectuales!

(Traducido para el Panorama, del Diario de las mugeres).


[1] Artículo traducido del Diario de la mujeres (Journal des femmes. Gymnase littéraire, París, 1832-1837), en la revista Panorama de las Señoritas Mejicanas, imprenta de Vicente García Torres (1811-1894), calle del Espíritu Santo número 2, Ciudad de México, 1842, pp. 99-102.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:41 am

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