Ideas feministas de Nuestra América

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B.8 María Leona Vicario, Comunicado y relación de sucesos sobre el allanamiento de su casa, El Federalista Mexicano, 9 de febrero de 1831

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María Leona Vicario, Comunicado y relación de sucesos sobre el allanamiento de su casa, El Federalista Mexicano,[1] 9 de febrero de 1831

[Texto transcrito del impreso original y proporcionado por Gabriela Huerta]

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COMUNICADO.

Señores editores del Sol: casa de vdes. febrero 7 de 1831.

Muy señores míos: no sé por qué motivo afirman vdes. en su editorial de ayer, que fui yo con escándalo á pedir al gobierno castigase á los señores Merino y Antepara por haber allanado mi casa la noche del 2 del corriente. No es cierto que haya yo ido à pedir tal castigo, ni lo solicitaría, aun cuando los referidos señores hubieran completado su crímen; porque mis ideas y sentimientos no están por pedir venganzas de los agravios que se me hacen. Fui únicamente á informar al E. S. Bustamante de lo ocurrido; para que, como primer magistrado de la república, tomára las providencias que creyera oportunas, á fin de que mi casa no estuviera espuesta á las travesurillas de los señores que contestan las razones con palos, cuyo idioma nos era desconocido; y en caso que S. E. no pudiera salir garante de que esos señores, ú otros de las mismas ideas de ellos, no me continuarían sus visitas, nada amistosas, tomar yo las medidas convenientes para evitarlas. Tampoco es cierto que mi marido me hiciera su apoderada; porque no teniendo frenillo ni pepita en la lengua que le impida defenderse, lo hará mejor que yo cuando le parezca oportuno; y á mi no me gusta defender á quien está en estado de poderlo hacer por sí mismo.

Todo esto y la inocencia de los sres. Merino y Antepara quedará aclarado en la relación sencilla de lo ocurrido que había empezado á estender y quería remitirla á VV. para que la pusieran en su periódico, con el objeto de librarme de las malas lenguas, como dicen las viejas; pero mudé de parecer, porque juzgué que era mejor guardar silencio.

VV. me han provocado á que lo rompa, y espero me hagan el favor de que, tanto este artículo como la relación que voy á concluir, salgan á luz en su periódico, para que el público se imponga de todo y falle como le parezca justo.

Cuanto asiente en mi relación es cierto, y en ella misma aparecen dos testigos intachables, que no dudo estarán prontos á sostener la verdad de lo que digo, siempre que se necesario.

De este modo, sres. editores, quiero hacer desaparecer el escándalo, que dicen VV. he dado, al tratar de ponerme en salvo de esas visitas que llaman extraordinarias, ya que en el día no está en uso llamarlos atentados, como se hubieran calificado en otros tiempos, y yo quedaré contentísima de no ser por vds. y por el público tachada de escán[dal]osa, lo que seria muy sensible á quien es de vds. como siempre, sin enojo y con toda sinceridad su afectísima servidora

Maria Leona Vicario.

Señores editores de… …  Se habla mucho en esta capital de la ocurrencia acaecida en mi casa la noche del 2 del corriente; y como en las diversas relaciones que se hacen de este suceso pueda alterarse alguna de sus circunstancias esenciales, me ha parecido conveniente para satisfacción y desengaño del público, referir yo misma el caso, tal como en realidad pasó.

Poco después de las oraciones de la noche, entraron en mi casa dos señores oficiales, para mí enteramente desconocidos; pero que dijeron llamarse Merino y Antepara; fueron recibidos con las atenciones de estilo, á pesar de lo muy sospechosa que me era su visita. Preguntaron por mi marido; y habiéndoles yo contestado: que habia salido, y que no volvería sino hasta las nueve y media ó las diez, se pusieron á hablar de cosas indiferentes: duró más de media hora su conversacion, y en toda ella conservé la tranquilidad natural de mi espíritu, sin haber manifestado, como ellos mismos podrán decirlo, síntoma alguno de inquietud, desconfianza o temor. Después de haber repetido, que el asunto que llevaban era personal con mi marido y que no podían comunicármelo, se retiraron, ofreciendo volver á la hora que yo les habia dicho. Se observó durante la visita, que dos militares, que despues se supo ser capitanes, se habian apoderado de la puerta; y cuando ésta se mandó cerrar por dos sobrinos mios que entraron á poco de haber subido los señores oficiales, se les contestó, que no se podía, porque estaban los gefes arriba.

Todo el aparato de la visita me hízo concebir recelos acerca de las intenciones de los señores que me habian favorecido con ella. Un sugeto conocido que entró luego que se fueron, siguió sus pasos, y oyó que se iban gloriando del susto que creyeron me habían dado. Esto me confirmó en la sospecha de que mi casa estaba vendida; y para precaver en lo posible cualquier atentado, determiné ir á informar de todo al señor general Bustamante, no para pedir castigos, como algunos siniestramente han querido persuadir, sino para implorar la protección de la autoridad pública, ó en caso que ésta no pudiese dispensarme, buscar por mi misma mi seguridad. Fuí aquella misma noche á palacio acompañada de los señores D. Juan Goríbar y D. Lorenzo Carrera; mas no habiendo logrado audiencia, sin duda por las muchas ocupaciones de S. E. volví la otro dia.

Recibída por el señor Bustamante, le hice una esacta relacion del caso á presencia de los señores que habian hecho el honor de acompañarme. S. E. me escuchó con atencion, y convino enteramente conmigo en todo lo que le espuse acerca de lo que mi marido escribia, en lo cual no estaba enterada, y si en sus escritos cometia errores ó se escedia de los términos regulares, debería ser reprimido por los mismos medios. A todo estuvo anuente S. E. añadiendo en apoyo de su opinión principios muy liberales que todos escuchamos con gusto. Mas apenas se presentó el señor comandante general D. Felipe Codallos, á quien se mandó llamar para providenciar sobre el caso, cuando la escena varió enteramente de aspecto.

Luego que empezó á hablar el señor Bustamante, fué interrumpido por dicho señor comandante, quien espuso que estaba impuesto del hecho por el mismo Merino que se lo habia referido. Que el objeto de la visita no habia sido otro, que pedir satisfaccion á nombre de Otero por lo que se habia dicho de él en un tal Federalista, que estaba públicando no sé que cosas contra aquel señor, y otros del gobierno. Que los señores oficiales habian ido como caballeros dando sus nombres, y que los custódios de la puerta que yo creia sargentos, no eran sino capitanes. Que se hacia indispensable contestar á palos á los escritores, y que él no habia de dar otra respuesta, pórque no sabia escribir, y que acostumbrándose en los Estados–Unidos los desafíos, estaba resuelto á dar palizas en vez de razones, y que esto estaba bien hecho.

Sorprendida  con las nuevas doctrinas del señor Codallos y del desembarazo con que las esponia á presencia del primer magistrado de una república libre, contesté: que supuesta la confesion del hecho nada tenia yo que hacer en el particular: que todo estaba indicando no solo la connivencia del señor comandante general, sino su positiva aprobación á los insultos premeditados contra mi marido; y en cuanto á la satisfaccion que se iba á pedir en nombre de Otero representé que no me parecia accion muy caballeresca ir cuatro hombres armados contra uno, asaltando las casas, aun que fuese dando sus nombres, pues esto lo que probaba unicamente era que los señores asaltadores no temian ser reprimidos por el gobierno, en cuyo caso debia cosiderarse disuelta la sociedad y restituida à cada una la obligación de defenderse por sí. Añadí que era muy estraño que en nuestro tiempo se hubiesen aparecido unos deshacedores de entuertos desconocidos en los siglos de la caballeria, pues entonces solo se sacaba la espada por los desvalidos ó doncellas, y ahora se nos dejaban, ver señores oficia[les]s que ban á vindicar el honor de Otero á garrotazos cuando este pudo ir solo á pedir la satisfaccion que se le creyese debido en el modo y términos permitidos por nuestras leyes, las cuales prohiben el desafio que las constumbres autorizan en los Estados–Unidos. El sr. comandante Codallos insistió en su liberal principio de escritos á palos. Llamé la atencion del sr. Bustamante sobre la barbariedad del sr. Codallos y este repitiendo siempre su doctrino no solo subvirtió las leyes que nos rigen, sino que comprometió la dignidad del gobierno, haciendole representar en el caso el papel mas humillante y depresivo. Dije por ultimo al sr. Bustamante que no siendo el Sultán de Constantinopla sino gefe de una república libre, no debia permitir que en su presencia se hiciese aquella burla de las leyes por un funcionario como el sr. Codallos. S. E. sin dar una respuesta decisiva, manifestò como que condescendia con las idéas del señor Codallos, pues prorrumpió en estas medias palabras. ¿Qué quiere vd? Insultan tanto……… y recordándole lo que habia dicho antes de la llegada del comandante general, concluí que habian ido á mi casa con las intenciones confesadas y justificadas por el señor Codallos, sino que mi objeto era saber si debia contar con la proteccion de la autoridad pública ò defenderme con independencia de ella como en el estado natural. S. E. contestó que en mi casa podia contar con seguridad pero que no podia responder delo que ocurriese fuera de ella. Es verdad que yo no iba á pedir imposibles, sino á conocer si podia fiar en el gobierno para mi defensa ó si este autorizaba ó toleraba los escesos de los visitadores de nuevo cuño.

No ha pasado otra cosa: los testigos estan prontos á confirmar la verdad de mi relacion si se dudáre de ella; y en este caso se añadirán circunstancias que por consideraciones al gobierno, se omiten ahora –Mexico 7 de febrero de 1831.

Maria Leona Vicario


[1] El Federalista Mexicano, Imprenta del Federalista a cargo de Sabino Ortega, México, tomo 1, miércoles 9 de febrero de 1831, núm. 11, pp. 3-4. El lema del periódico era: “Quid deceat, quid non: quò virtus, quò ferat error/Horat.” Y en su pie de imprenta reportaba: “MEXICO: 1831”. El Federalista Mexicano circuló de enero a abril de 1831. Impreso del Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional: Miscelánea 150, Ciudad de México.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:28 am

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