Ideas feministas de Nuestra América

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B.3 Manuela Garaicoa y León, Carta al general Sucre, 11 de junio de 1822

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Manuela Garaicoa y León,[1] Carta al general Sucre, 11 de junio de 1822[2]

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Guayaquil, junio 11 de 1822,

Mi General:

Por fin nuestros votos se han cumplido; ya el glorioso pabellón de Colombia está tremolado en el antiguo templo del Sol y los dignos y primeros independientes de Quito disfrutan ya de las beneficencias que su constitución y sabias leyes derraman sobre ellos; y U. recibirá las bendiciones de éstos por haberles conseguido este bien tan deseado por su pericia militar, por sus virtudes cívicas, por su labor, y por un conjunto de perfecciones que le constituyen nuestro libertador: por lo que me congratulo con usted pues que me pertenezco a los ilustres Quiteños, por haber derramado allí mi sangre y haber padecido con ellos tantas privaciones.

He recibido con indecible placer la enhorabuena que por medio del benemérito Coronel Illingworth ha tenido U. la bondad de darme, por haber cumplido mi hijo con el deber que le impuso la naturaleza y el honor; pero yo digo que a las órdenes de un General tan sabio y valiente, no habrá ningún oficial que no sacrifique su vida, y si él pierde el brazo, según me dicen, habrá perdido una crecida parte de su existencia y yo mi vida; pues su actual situación me renueva la memoria de cuanto por mí ha pasado en Quito.

Reciba U. las más finas expresiones de toda mi familia.

Penétrese U. de la exención de mis sentimientos y de la cordialidad con que me repito su reconocida y fiel amiga. Q.B.S.M.

Manuela Garaicoa de Calderón


[1] Guayaquileña de una familia a la que pertenecieron varios próceres de la Independencia de Ecuador, Manuela Garaicoa y León fue una de las más fervientes defensoras y propagandistas del derecho de las y los americanos a regir el propio destino político. Con Manuela Espejo, Mariana Matheu de Ascásubi, Manuela Cañizares y Álvarez, Rosa Zárate y Ontaneda, María Ontaneda y Larráin, María de la Vega y Nate, Antonia Salinas y Josefa Escarcha se vio involucrada en la revolución quiteña de 1809. Tras el fusilamiento de su marido, el criollo cubano Francisco García Calderón, quien ejerció el cargo de contador de las Cajas Reales en la Audiencia de Quito y apoyó el primer grito de Independencia en 1809, acompañó a sus hijos Abdón y Francisco Calderón en la lucha anticolonialista de la segunda guerra de Independencia (1820-1828). A los dieciséis años, Abdón participó en la batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, siendo herido de gravedad, y falleciendo a causa de ello catorce días después. Cuando Manuela Garaicoa recibió la carta del general Sucre informándole sobre el estado de su hijo, le respondió con una carta que demuestra su temple de luchadora.

[2] En: Jenny Londoño, Las mujeres en la Independencia, Colección bicentenaria, Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura, Quito, 2009, pp. 123-124.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 11:15 am

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