Ideas feministas de Nuestra América

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A.5 Doña Ana de Zayas, Carta dirigida a los sacerdotes de la ciudad de Puebla, fecha aproximada 1690-94

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Doña Ana de Zayas,[1] Carta dirigida a los sacerdotes de la ciudad de Puebla, fecha aproximada 1690-94[2]

[Texto rescatado y proporcionado por Concepción Zayas]

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Veamos la cartilla qué dice. Sar-za, ardiente. Ser-piente, vuélvete o truécate. Cír-culo perfecto es para el prelado. Sor-tija de topacios es para ti buena. Sur-ca los mares.[3]

¿Quiere decir su Majestad que yo estoy como la zarza ardiente sin quemarme?,  

¿que me trueque de hormiga en serpiente?, que el padre Joaquín Robles es bueno para confesor mío (este es el anillo de Topacios que hice para el dedo de Dios) que me disponga para guerras en agua. ¿Qué serpiente es ésta? ¿Es la serpiente del paraíso? No, que aquella fue una serpiente  en quien el diablo se metió para engañar a Eva. ¿Es acaso la serpiente de metal que servía para sanar de las mordeduras de las otras serpientes? Tampoco. Pues, ¿qué género de serpiente es ésta? Allá lo verán vuestras reverencias, que sólo digo por ahora que la mordedura que yo diere, sólo Dios la puede sanar.

Tengo entre mis hijos uno que siempre juega conmigo a adivina quién te dio[4], y algún día adivinará quién le dio. Ya he dicho que mi juicio no es portátil, y que cada día no está Dios obligado a hacer milagros. Todos los que quisieren ser mis hijos, lo primero que han de aprender en esta escuela es la Prudencia. En siendo uno prudente, entonces sabe más que las culebras; y por eso digo en el Espejo de confesores, que algunos maestros no están enseñados a aprender y por eso no han aprendido a enseñar. No es lo mismo examinar un espíritu que probar un espíritu. Por eso no tengo yo otro oficial de platero entre todos mis hijos sino sólo al padre Joaquín de Robles, éste sabe aquilatar el oro, porque éste sabe amar[5]. Y si me dijeren que si los otros no saben, responderé que unos hacen lo que saben  y otros saben lo que hacen. Y ya tengo dicho[6], que también tengo yo espinas entre mi zarza, como entre mi salsa. Por esto fui hormiga en san Agustín, porque me trataron con amor y caridad en este santo convento, pero a donde me trataron de matar, he de ser serpiente y he de morder, como ya dije, y he de echar polvos de Juanes y he de cortar brazos y piernas, porque soy lo que soy delante de Dios, y no otra cosa. Y si san Francisco fue por un camino todo de humildades, Elías fue por un camino todo de valentías y celos. Yo voy por donde me guía la poderosa mano de Dios, con una valentía esforzada, que es lo mismo que un espíritu doblado. Dirán vuestras reverencias que Cristo a todo callaba y yo a todo respondo, es verdad, y digo, si os digo la verdad, ¿cómo no me creís? En las Espuelas de oro digo que al que me huyere le he de meter el aguijón hasta el alma, que para eso soy abeja. Es menester, padres míos, mucho para ser maestros de espíritu y uno que se parezca, a quien a mí me enseña (que es Jesús) no he hallado en mi vida. Dirán, vuestras reverencias, parece que estás enojada, y por eso muerdes. Es que soy tan serpiente como prudente, y tan prudente como serpiente, y cada uno me procure conservar de la manera que quisiere, que para todos tengo, y ya he dicho que yo no vine en la sábana de san Pedro, aunque soy tan mala sabandija.

Pero veamos qué señala la mano de Dios[7] en la cartilla, esto señala[8]:

haz-lo que te mando. Es-cribe. His-toria grandiosa es. Os-tenta locuras. Us-a donaires. Pero ya que mi esposo me manda decir donaires, oigan vuestras reverencias un cuento viejo.

El famoso Apeles pintó dos cuadros parecidos, en ellos pintó árboles, fuentes, prados, ciudades y diversas cosas: puso él un cuadro a la vista de todos los maestros oficiales y aprendices del arte de la pintura para que cada uno dijese su parecer, venía uno y decía: si aquel río se despeñara más intrépido, estuviera mejor. Y va Apeles y lo ponía de aquella manera. Venía otro y decía; si aquel pajarillo tuviera el pico más largo estuviera mejor. Todo lo que todos dijeron fue pintando Apeles, y cuando acabaron todos de dar su parecer estaba el cuadro hecho una confusa Babilonia, un monstruo. Entonces puso el otro cuadro al pueblo Apeles, y dijo: éste pintó Apeles y éste otro pintó el parecer de todos.

Pintóme Dios a mí, como cosa de su mano, y mostróme al pueblo por la mano del padre Manuel de Alcalá, que fue el que me sacó al balcón del rigor (sin advertencia), habiendo de ser con advertencia. Cada uno ha dado su parecer sobre mí, porque me dijo mi esposo haz lo que te mandan todos, que yo soy la cabeza de todos. Ya lo he hecho y me hallo como el cuadro de Apeles, pero ¿qué dice Jesús a esto? Yo (dice) sacaré de ti una mariposilla singular de mi mano . Y entonces dirá Jesucristo, ésta pinté yo, pero ésta pintó el parecer de todos. Esta mariposilla dulce, amable y provechosa pinté yo, no pinté yo en ella lo que de ella se dice, no tiene mi esposa querida lo que de ella se dice, no tiene mi mariposa demonio, ni tiene nada, sino una intención santísima.

No soy yo, padres míos, la que me defiendo, no soy yo la que me santifico, que Dios es el que es, y el que ha de sacar en limpio mi fama, como sacó la de su santísimo hijo Jesús; y pues yo a imitación suya padezco (y aun por eso pago las culpas ajenas), no porque no merezca deshonras por mis pecados me ha de defender de malas lenguas. No digo yo que ningún sacerdote tiene mala lengua, pero sólo Dios sabe lo que de mí dijeron, y quién lo dijo. Dirán, vuestras reverencias que Jesús no escribió nada de lo que de su Majestad dijeron, es verdad, pero no soy perfecta como Jesucristo. Y todavía me duele el juicio. Lo que más me enfada es, ahora, el que todos me dicen que busque confesor, y ninguno me quiere confesar, todos ponen dificultad (…)[9]. Ya les doy a escoger a vuestras reverencias, veamos si me dan uno de todos éstos y si no es de éstos no me quiero confesar en mi vida, sino una vez cada año, que Dios no me manda otra cosa. ¿No habían vuestras reverencias visto serpientes? Pues ahora las verán, si no quieren ver hormigas; yo aseguro que sólo en san Agustín me verán hecha hormiga, y que si me quiere ver su señoría, sepa que soy linda dama, y tan linda que soy la dama de Dios.[10]


[1] Ana de Zayas firmó con herméticos alías: La Salamandra, la Serpiente, el Águila Caudal, la Paloma… Sus escritos transmitían un mensaje ético de herencia humanista y se dirigían a los sacerdotes de la Puebla de los Ángeles, ciudad donde esta mujer vivió durante la segunda mitad del siglo XVII. Fue procesada por la Inquisición en 1694 porque valoraba su relación directa con la divinidad por encima de los representantes eclesiásticos, y con ello violó una de las reglas sociales más importantes de su tiempo. Tampoco se sometió a su marido, un hombre violento, a quien finalmente abandonó. La complejidad de sus escritos sólo se entiende con relación a las sectas heterodoxas surgidas a partir del Renacimiento en Europa y cuyos ecos arribaron a la Nueva España principalmente a través de los jesuitas, orden con la que doña Ana mantuvo una relación estrecha. Las prácticas espirituales que ella defiende igualmente la ligan al primer grupo de alumbrados erasmistas procesados por la Inquisición española durante el siglo XVI. Éstos se inspiran en una larga tradición de origen neoplatónico en la que se cree que el perfecto, prudente o virtuoso alcanza tal sabiduría que no necesita someterse a ningún dictamen más que el de Dios, de hecho, el objetivo final de tal conocimiento es convertirse en Dios. He aquí la filosofía que sustenta la libertad y fortaleza de Ana de Zayas, así como el lenguaje alegórico que emplea en parte de sus escritos. Doña Ana, además, mantuvo una actitud sincrética, abierta, gracias a la cual pudo aprovechar el ejemplo de valentía de mujeres que sí habían alcanzado la legitimidad eclesiástica, como Teresa de Ávila o Catalina de Siena (Concepción Zayas).

[2] Carta rescatada por Concepción Zayas del Archivo Histórico Nacional de Madrid, folios  7 al 10: “De diferentes papeles de doña Ana de Zayas”.

[3] Al margen del escrito la autora apunta: La Biblia. El círculo perfecto es para el señor obispo”. Cabe aclarar que todas las palabras que aparecen subrayadas así fueron escritas en el original, el subrayado, según doña Ana, distingue la voz de Dios que directamente ella transcribe sin interpretación. Las referencias que pone al margen se refieren a títulos de otros escritos suyos.

[4] Al margen: Revolcada, a quien le toca, le toca”.

[5] Al margen: “En las Espuelas de oro”. La manifestación de fortaleza que apreciamos en doña Ana de Zayas engloba toda una actitud filosófica y que se ve reflejada en obras como el Enquiridion de Erasmo: “el Enquiridion no tiende a otra cosa que a hacer presentir ese estado de inquebrantable seguridad […] invita a sentirse participante de una sabiduría humana que sobrepasa al individuo infinitamente.” Bataillon, Erasmo y España …, p. 196.  Las pasiones, según Erasmo, no deben negarse sino estar consciente de ellas, conocerlas; sigue el holandés a los peripatéticos que las equipararon con “espuelas” que incitan a la virtud. Ibidem, p. 197. Con relación a todas estas ideas, Ana de Zayas titula uno de sus escritos: “Unas espuelas de oro, para caballeros de Cristo”. AHN, Inquisición, 1731, expediente 34, “De los diferentes…”, f. 14v. Es probable que en su anotación al margen ella se refiera a este escrito suyo.

[6] Al margen: “En la Tentativa”.

[7] Al margen: “En el Círculo perfecto”.

[8] Al margen: “En la cuenta”.

[9] Aquí la autora pone una larga lista de sacerdotes y afirma que, si no es con ellos, no desea confesarse.

[10] Al margen: “Juego de Damas”.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:34 am

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