Ideas feministas de Nuestra América

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A.4 Sor Juana Inés de la Cruz, Redondillas. Arguye de inconsecuencia el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que causan

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Sor Juana Inés de la Cruz,[1] Redondillas. Arguye de inconsecuencia el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que causan

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Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para, pretendida, Tais;
en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual:
quejándoos si os tratan mal;
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis,
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere,
y quejaos enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis de afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesas e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


[1] A la criolla novohispana Juana Inés de Asbaje y Ramírez, se le conoció como Juana Inés de la Cruz, o Sor Juana. Fue la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII, y una de las y los mejores poetas del Siglo de Oro español. Nació en un pueblo de lengua náhuatl, San Miguel de Nepantla (Nepantla es un toponímico nahuátl de difícil interpretación, pues significa “lugar de en medio” o “lugar entre dos cosas”), en el actual Estado de México, en 1651, y murió en la Ciudad de México en 1695. Aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho compuso su primera loa. Debido a su precoz talento, a los catorce ya era dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Posteriormente, gracias a la protección de los marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de Nueva España por su erudición y habilidad versificadora. En 1667 ingresó en un convento de las carmelitas descalzas y permaneció en él cuatro meses, antes de abandonarlo por problemas de salud. Dos años más tarde entró en un convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Es probable que, en un principio, sor Juana Inés de la Cruz prefiriera el convento al matrimonio: “Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”, escribió en su famosa Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz, de 1691. Su celda se convirtió en punto de reunión de poetas, sabios y miembros de la corte, como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente del poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato, y también del nuevo virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quien le unió una profunda amistad. Asimismo, ahí llevó a cabo experimentos científicos, reunió una nutrida biblioteca, compuso obras y estudios musicales y redactó una extensa obra que abarcó desde la poesía y el teatro hasta escritos filosóficos. Es preciso detenerse en dos escritos: Primero sueño, quizá el poema más complejo de la poesía americana, de reminiscencias cartesianas acerca del saber, en el que introdujo elementos reflexivos de carácter filosófico; y la ya citada Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz, en la que contestaba al obispo de Puebla, Manuel Fernández de la Cruz, quien en 1690 había dado a conocer una Carta Atenagórica  donde sor Juana criticaba el Sermón del Mandato del jesuita portugués António Vieira sobre las «finezas de Cristo». Manuel Fernández acompañaba el escrito de Sor Juana de una Carta de sor Filotea de la Cruz donde, reconociendo el talento de la autora, le recomendaba que se dedicara a una vida piadosa, acorde con su condición de monja y mujer, y no a la reflexión teológica, reservada a los hombres. En su respuesta, Juana Inés reivindicaba el derecho de las mujeres al estudio, pues el conocimiento «no sólo les es lícito, sino muy provechoso». No obstante, la crítica del obispo la afectó profundamente, tanto que poco después vendió su biblioteca y todo cuanto poseía, destinó lo obtenido a beneficencia y consagró por completo su vida a la religión. Murió durante una epidemia de cólera que asoló México en 1695, mientras atendía a sus compañeras enfermas. Sus obras completas se publicaron en España en tres volúmenes: Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, sor Juana Inés de la Cruz (1689), Segundo volumen de las obras de sor Juana Inés de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del Fénix de México (1700).

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:26 am

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