Ideas feministas de Nuestra América

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A.1 Canto de las mujeres de Chalco, siglo XV

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Canto de las mujeres de Chalco,[1] siglo XV[2]

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Una mujer: Pónganse ya listas hermanitas mías
vamos, vamos a buscar flores,
vamos, vamos a cortar flores.
Aquí perdura, aquí perdura
la flor de la hoguera, la flor del escudo
la que da horror a la gente, la que adiestra,
la flor de la guerra.

Otra mujer: Bellas son las flores:
con las de mi guirnaldas adórnate,
flores mías son, soy mujer de Chalco.
Anhelo las flores, anhelo los cantos,
ahí donde hilamos, ahí donde residimos,
y ahora elevo un canto al rey Axayacatito:
lo tejo con flores, con flores lo rodeo.
Como bella pintura es bello su canto,
es como flor fragante, olorosa que embriaga
en la tierra.

¿Qué hay pues? En eso mismo estimo tu palabra,
Oh criaturita mía, Axayacatito:
lo tejo con flores, con flores lo rodeo.

Otra mujer: Yo sólo levanto mi gusano
y lo hago estar recto:
con él daré placer a mi criatura Axayacatito.
Ay, mi chiquito y bonito rey Axayacatito,
Si de veras eres varón, aquí tienes donde ocuparte.
¡Ya no tienes tu potencia?
Toma mi pobre ceniza, anda y luego trabájame.
Ven a tomarla, ven a tomarla: mi alegría,
oh mi hijito, dame tú, hijito mío.
Entre alegres gozos estaremos riendo,
entraremos en alegría, y yo aprenderé.

La primera: Tampoco, tampoco… no te lances
por favor,
oh mi chiquito, rey Axacayatito…
Ya mueves, ya das la vuelta a tus manitas,
ya bien, ya bien quieres agarrar mis tetas:
¡ya casi corazoncito mío!
Tal vez vas a dejar perdida
mi belleza, mi integridad:
con flores de ave preciosa
mi vientre yo te tengo… allí está,
a tu perforador lo ofrendo a ti en don.

La segunda: La preciosa flor del oliente quetzal,
la flor de la guacamaya, la del cuervo
ya están en tu lecho de flores perfumadas…
ya están ahí tendidas.

Una vieja: Ya está tendido en tu dorada estera,
bajo un dosel de plumas de quetzal de bellos
matices.
Y yo en su casa estoy triste,
yo que soy tu madre… ya no puedo quizá hilar,
ya no puedo tejer… soy una niña,
soy una mujer noble y dicen que casada.
Estoy airada contra la gente,
con todo mi corazón la aborrezco en la tierra.
Alguna vez estoy cavilando y quiero ser mala
y poner la ruina… yo me digo niña,
pero he de morir.

Otra mujer: Aunque mi madre quiere morir
de tristeza,
yo tengo aquí mi marido: ya no puedo bailar
el huso,
ya no puedo acomodar el palo del telar:
¡te diviertes conmigo, niñito mío!
¿Qué remedio?… ¡lo haré!
¿Acaso así el escudo de plumas te embraza
en medio de la llanura? Yo me entregaré:
¡te diviertes conmigo, niñito mío!
Chiquito, hijito mío, tú, rey
Axayacatito: vamos a estar juntos,
acomódate conmigo, muestra tu virilidad.
¿Acaso no sé, acaso no conozco
a tus enemigos, hijito mío?
Pero ahora déjate a mí.

Otra mujer: ¡Eres una mujercilla,
tal vez nada logres!
Como concubina, sus flores, sus cantos
son sólo de mi hijito.
Ya no hay jugo, rey y señor mío,
Axayacatito: ni siquiera comenzaste.
Ya estás enojado, chiquito,
ya me voy a mi casa, mi hijito.
Tal vez aquí tú me embrujaste,
bellas palabras hiciste tuyas:
su semilla es sabrosa, tú eres sabrosa,
tal vez también hay conocimiento en nuestra casa.
¿Acaso me compraste, me adquiriste para ti,
hijito mío? ¿Acaso cambias por otra mi deleitación,
mi embriaguez? Tal vez ya desdeñas
y también te enojas, chiquito,
¡ya me voy a mi casa, mi hijito!

Axayácatl: Amiga mía, sacerdotisa:
ve cómo dura el canto asentado
en Cohuatépec y en Cuauhtempan,
sobre nosotros se tiende y pasa.

Mujer primera: Tal vez mi mujeril ser comete
locuras,
se apena mi corazón.
¡Qué remedio! ¿Qué haré yo, a quién tendré
por varón?
Aunque sea yo de faldellín, aunque sea yo
de camisa…
¡Nuestros hombres, nuestras criaturas!
Ven a sacar mi masa, tú rey Axayacatito,
déjate que yo te manipule…
¡Aún soy yo y tú eres mi hijito, aún soy yo
y tú eres mi hijito!
Dale placer y levanta el gusano nuestro,
¡una vuelta y otra vuelta!
¿No se dice que eres tú, hijito,
un águila y un tigre?
¿Acaso con tus enemigos haces travesuras?
¡Después, mi hijo, date placer!
Ya no tengo falda, ya no tengo camisa,
soy mujercita y estoy aquí:
viene a dar sus bellos cantos,
viene a ofrecer las flores del escudo…
¿Qué pues?… somos dos personas:
¡yo soy mujer de Chalco, soy Ayocuan!
Tengo gran deseo de mujeres como yo,
que son de Acolhuacan: tengo gran deseo de mujeres como yo,
que son de Tepanecapan.
¿Qué pues?… somos dos personas:
¡yo soy mujer de Chalco, soy Ayocuan!
Ya están avergonzados,
yo soy una concubina, hijito mío,
¿no me lo harán a mí
eso mismo que tú le hiciste a Cuauhtlatohuilla?
Poco a poquito, vayan desatando la falda,
vayan abriendo las piernas, tlatelolcas,
los que no van a la guerra ¡Huhu!
¡Pongan sus ojos en Chalco!

Mujer segunda: Deja que me aderece con plumas,
mamacita,
deja que me pinte la cara…
¿Cómo me verá mi compañero de placer?
Vamos a salirle al frente, tal vez se ponga furioso
el Xayacamachan de Huexotzinco.

Mujer primera: Yo mujer, en Tetzmelucan
me unté las manos de aceite de pino,
me las unté de jugo de maguey.
Y ya llego con mi falda color de tuna,
con mi camisa color de tuna…
¡Tengo que ver que se acaban!
Tengo gran deseo de los
de Xaltepetlapan: son huexotzincas,
y de los cautivos de Cuetlaxtla,
son los cuetlaxtecas traviesos…
¡tengo que ver que se acaban!

Mujer segunda: ¿Cómo está? ¿Recobra el juicio?
Me manda a llamar mi hijo el rey Axayácatl…
Con eso quiere pasar su rato de concubinaje…
Conmigo tendrás ya dos, hijito mío,
quizá lo quiere tu corazón…
¡cansémonos poco a poco!
Tal vez no muy de corazón, hijito mío,
le entras a tu concubina
por ser en mi casa.
Tal vez así lo quiere tu corazón…
¡cansémonos poco a poco!
¿Qué pues, así me lo haces, mi amante?
Vamos haciéndolo así.
Eres de veras un hombre…
¿qué es lo que revuelves?
¡Ah, corazoncito, ya estás ciñendo de flores
Tu palabra…!
Yo te digo mi hurdimiento.
Te hago recordar, hijito, mi agarradero…
¿qué es lo que revuelves, corazoncito mío?

La vieja: Yo soy una vieja mujer de placer,
yo soy la madre de ustedes;
soy una vieja abandonada, soy una vieja sin jugo.
Eso es lo que hago, y soy mujer de Chalco.
Yo te vine a dar placer, florida vulva mía,
Paladarcito inferior mío.
Tengo gran deseo del rey Axayacatito…
Mira por favor mis cantaritos floridos,
mira por favor mis cantaritos floridos:
¡son mis pechos!

Todas las mujeres: Tal vez va a caer en vano
tu corazón Axayácatl.
Aquí están tus manitas: con esas manos
tómame a mí.
Démonos gusto.
En tu cama de flores, en tu lugar de reposo,
hijito mío, poco a poco, recuéstate,
quédate tranquilo,
oh mi chiquitito, oh mi rey Axayácatl.


[1] En el mundo prehispánico, la poesía fue muy cultivada por los aztecas y sus aliados, que la llamaban “flor y canto”, dándole estatuto de arte y de filosofía a la vez. Las mujeres también se dedicaron a la creación literaria. De muchas ignoramos su nombre, pero no su obra: consejos de la madre a su hija pequeña, discursos de ancianas, exhortos de curanderas o palabras de una partera a la que va a dar a luz. Entre las poetas en lengua náhuatl, sobresale Macuilxochitzin, hija de Tlacaélel, cuyo poema épico da cuenta de la batalla de los mexicas y el ejército de Axayácatl y de la intervención que en ella tuvo un grupo de mujeres otomíes que, con sus súplicas a éste, impidieron la muerte del capitán que lo había herido: “Allá en Xiquipilco a Axayácatl/ lo hirió en la pierna un otomí,/su nombre era Tlílatl./ Se fue éste a buscar a sus mujeres,/les dijo:/ Preparadle un braguero, una capa,/se los daréis vosotras, que sois valientes./ Axayácatl exclamó:/¡Que venga el otomí/ que me ha herido la pierna!/El otomí tuvo miedo […]/Estaba lleno de miedo el otomí./ Pero entonces sus mujeres/ por él hicieron súplica a Axayácatl”. La autoría del Canto de las mujeres de Chalco se atribuye al poeta Aquiahuatzin de Ayapanco, quien lo redactó en 1430, recuperando los cantos orales de las mujeres chalcas al tlatoani Axayácatl; éstas desafiaban al vencedor de su ciudad para que les demostrara sus dotes sexuales. Es el texto erótico más largo de la poesía náhuatl.

[2] Poesía náhuatl: Cantares mexicanos. Manuscritos de la Biblioteca Nacional de México, Introducción y notas de Ángel María Garibay K., 3 vols., UNAM, México, 1968, tomo III, pp.55-60.

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Written by Ideas feministas de Nuestra América

agosto 1, 2011 a 10:05 am

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